domingo, enero 27, 2013

Sorpresas





Lo malo de la moda es que rara vez es divertida. Los diseñadores se toman demasiado en serio esa "forma de fealdad que es necesaria cambiar cada seis meses" como diría Wilde y, si hay humor, es más bien en la lectura de la ridiculez, de la pedantería y demás que hacen los consumidores o que ven los espectadores de la jauría de la moda. Sin embargo, Jean Paul Gaultier es una notable excepción. Gaultier siempre ha sido el enfant terrible de la moda francesa porque hacía desfilar a putas, enanos, obreros de la construcción, obesos, gigantes... todos ellos pintados como puertas, lo mismo con una serie de tatuajes que envidiarían los de Moana de Flaherty que con piercings, con ligueros... Gaultier nunca tuvo miedo a ser vulgar y, quizá por eso, nunca lo fue. Gaultier supo extraer la esencia de la vulgaridad y volverla refinada igual que sus chulos marineros están muy homosexualizados en su rampante heterosexualidad y ése es el acierto de Gaultier.

Sus colecciones tienen un lenguaje tan limitado como extenso. Podría parecer para el ojo inexperto que ver un desfile de Gaultier es ver siempre el mismo desfile de Gaultier pero eso no es cierto. Es a nosotros a quienes parece que los "otros", los demás, son todos iguales. En realidad, Gaultier una vez saca a princesas de la amazonia y a otras a veinteañeras con síndrome de Diógenes. A veces son reinas guerreras en ropa interior inspirada en el XVIII y otras son la novia perdida, la novia herida, abandonada a las puertas de la felicidad marital.

Y siempre hay sorpresas y diversión. Como en su colección de Alta Costura para Primavera Verano 2013 en la que la virgen inmaculada de la novia es... bueno, la madre del mundo. 

martes, enero 15, 2013

Joie De Vivre


La fotografía es un arte duro. Para empezar, muchas personas no lo consideran arte y, continuando en esa estela, al captar lo real, estrictamente lo real, el tema de cuál es nuestro mundo siempre está ahí, palpable, como una verdad evidente. Una imagen no puede resumir una sociedad ni un momento. En una foto no está la temperatura, la humedad, el grado de asfixia, el calor de las sonrisas y las pasiones ni el frío de la envidia y la indiferencia. Se pierde el juego de miradas, generalmente, y sus protagonistas acaban, sí, congelados, de alguna forma, entre tiempos, en un tiempo perdido que no es sino el de la memoria pero el de la memoria desubicada porque uno está en la foto sin estar y está viéndose a sí mismo en la imagen y está siendo visto por otros y captado por una cámara. Un hombre acaba convertido en fotosensibilidad analógica o código binario digital y la belleza, el sol y el tiempo quedan presos para siempre dentro de la imagen.

En realidad, las fotos le gustan a todo el mundo. Incluso a los que dicen que no les gustan. Y, la verdad, es que para ser un arte de tanto grado de técnica, qué poca técnica tiene. Es dar a un botón y ya... y, sin embargo... uno puede ver a dos chicas que posan, muy maquilladas, muy altas, contra un verja toda estilizada, en tonos pastel veraniegos y con sandalias. La cara algo tostada por el sol y la calle proyectándose al infinito como avisando de que habrá vejez y decadencia para esta plenitud hermosa de hoy. Y también puede ver el sueño del verano y de la primavera que hay, por ejemplo, en este día de invierno. 

domingo, enero 06, 2013

Pulcritud



Hay un proverbio chino que dice "la gente se arregla todos los días el cabello, ¿por qué no el corazón?". Me recuerda a ese pensamiento sobre que "la belleza es la perfección del alma"