martes, diciembre 25, 2012

Tiempo De Navidad










La tradición de hacer portadas de navidad se ha perdido en casi todas las ediciones de Vogue salvo en el Vogue inglés quizá porque tienen una tradición más viva (mercadillos navideños y todo el jaleo post reina Victoria). Sin embargo, revisar los distintos números deja un sabor de boca muy a sociología. Por Vogue han pasado cientos de artistas tanto del dibujo como de la fotografía: Picasso en 1945 dibujó la portada del especial de Navidad (la tercera imagen) que está, innegablemente, imbricada en la historia del mundo actual: el arco iris brilla sobre la victoria de Samotracia en las primeras navidades sin guerra y Eduardo García Benito dibujó otras tantas o Pierre Roy (penúltima y antepenúltima). Ahora la cosa va de fotos. Y la verdad es que Kate Moss molaba en 2001, vestidita de navidad como una reina... así que felices fiestas.

martes, diciembre 18, 2012

Mujer De Carácter




En 1990, Helmut Newton fotografió a Julia Roberts. Eran los años de fama por Pretty Woman para la "novia de América" y del inicio de la historia de una de las películas más destacadas de la historia del cine. A Pretty Woman le ocurre un poco como a Casablanca, es una de esas películas que mientras se hacen no se sabe, y cuando salen, vaya si se sabe

El papel de prostituta redimida y redentora consagró a Julia Roberts como una actriz definitiva para las comedias románticas. Tras ella llegaron Notting Hill o Novia a la fuga también con Richard Gere y, sobre todo, Erin Brockovich, por la que ganó un Oscar a Mejor Actriz y conquistó la Alfombra Roja con aquel Valentino vintage que inició, de alguna forma, todo el establishment de hoy.  

Helmut Newton odiaba fotografiar a actrices porque decía que siempre le preguntaban: "y ahora, ¿a quién interpreto?" y que él se ponía enfermo ante tal incompetencia. Es curioso esto, porque a Helmut Newton le gustaban -todas- -y mucho- las mujeres. Tampoco le gustaba que las actrices fuesen, en general, más pacatas que el resto de sus modelos y no estuvieran dispuestas a dejarse fotografiar desnudas o con ropa interior provocativa o en poses de dominatrix. Hoy, incluso Ellen Von Umberth, tiene fotos de actrices con un tono erótico pero siempre comme il faut lo que, por otro lado, en mi opinión, quita toda la gracia. En estas imágenes, uno reconoce a Newton. No el auténtico Newton que le ponía correa a la criada que señoreaba Claudia Schiffer y que, en venganza, se tiraba a su marido pero sí el Newton con su propia marca. Y eso se agradece. 

Quizá es porque le pareció curiosa la cara de Julia Roberts, al menos eso le decían a ella en los castings cuando se inició, que tenía una cara rara (y que no sería una estrella). Ya. 

miércoles, diciembre 12, 2012

La Belleza Natural


¿Qué es exactamente lo natural? Es, sin duda, una buena pregunta. Las revistas de moda proclaman que llega el reinado de lo natural (que es ir maquillado para que no lo parezca e ir arreglado como si lo hubieras escogido a ojos cerrados) y, al tiempo, cualquiera se pregunta si lo natural no es, precisamente, producirse. Heidegger y Ortega tuvieron grandes discusiones sobre si la esencia del hombre era la técnica y sobre el tema ecologista -"verde"- que hoy tanto nos preocupa. Al final, en lo único que se pusieron de acuerdo en los años cuarenta, tras la II Guerra Mundial, fue en que la técnica no es un fin, sino un medio. No cuenta nada por sí misma pero la técnica es la verdadera esencia del ser humano.

Al margen de las reflexiones filosóficas sobre lo que el teutón dijo en aquella conferencia sobre el habitar, el construir y el pensar y lo que el español le respondió, la cuestión, tan antigua como el mundo, es si existe lo natural, el estado cero, la raíz de lo que somos. 

En el mundo de la moda se anhela la auténtica belleza. La belleza sincera y honesta porque, como decía Baudelaire, la crítica tiene que ser pasional y parcial porque si no ni es crítica ni es nada. La crítica artística ha quedado así encallada en el curso de los tiempos como el juicio sobre la verdad, la bondad y la belleza de algo: un objeto, algo abstracto -una película, una melodía...- o, incluso, una persona. 

¿Y por qué no?

Es curioso lo que dicen las imágenes de nosotros. Aunque todos anhelamos la belleza verdadera, a veces nos perdemos en la artificiosidad y en la técnica como fin. Quizá el ejemplo más claro sea el de Kate Moss. Cuando apareció en The Face, desnudita en las campañas de Calvin Klein, toda huesos, piel y perfume, era tan sincera que dolía. Tenía una cara monísima, un cuerpecito de escándalo con los huesos de la cadera ideales para el placer y era fresca, precisamente lo que vendía el americano, fresca como la ropa de interior y sencilla. Sin trampa ni cartón. Una chica flaca, mona y con el toque mágico que hace que algo sea excepcional. Sin embargo, a finales de los 90s -en 1999 se tiñó el pelo de un rosa insufrible- se fue haciendo autoconsciente de sí misma y produciéndose. Los niveles de producción de la vida de Kate Moss han llegado a su colapso a día de hoy en que no es más que una mala modelo, un icono en sus horas bajas, que publica a la desesperada sus memorias y que firma colecciones para TopShop que han hecho que sus ingresos se multipliquen. Se ha casado, ha salido en Vogue USA con el último vestido diseñado por Galliano y no sabemos de ella nada interesante. Incluso ha dejado de ser un style icon. Hay otros más nuevos y más frescos. 

En la imagen, esta con Carolyn Bessette Kennedy casada con el hijo del presidente Kennedy y toda una estrella fulgurante de lo natural. A Carolyn le llamaban la mujer de negro porque siempre vestía de ese color y forma parte de la historia de la moda cuando se casó con aquella columna de seda blanca de Narciso Rodríguez en 1996. Tenía un yate, mucho estilo y un atractivo que no era el europeo de Moss sino el de los Hamptons americanos y la vida de los anuncios de Ralph Lauren, Tommy Hilfiger y Calvin Klein. Más americana, imposible. 

En la imagen, ambas están en la cúspide de su belleza. Sin embargo, frente a la mirada algo huidiza de la Kennedy, no muy aficionada a las fotos y auténticamente sorprendida, la de Moss es preparada: pone su famosa pose de la boca abierta (aunque aquí aún enseñaba los dientes), la cabeza echada para atrás y ojos seductores. Es, además, mucho más guapa que Carolyn Bessette Kennedy. Y, sin embargo, yo solo tengo ojos para la "otra". A la que ya no recordamos porque murió de repente.