viernes, octubre 26, 2012

Negra Y Blanca


A todos nos impresiona la estética de los años 20s con sus vampiresas que se confunden con chicos delgados. 

En los años 20s gustaban las mujeres delgadas, muy delgadas, que se pintaban los labios en público, fumaban con fruicción y que bebían copas de champagne hoy con Zelda Fitzgerald y mañana en un club de jazz negro. Las mujeres de los años 30s que las sucedieron cambiaron drásticamente el cánon de belleza pues aunque se mantuvo algo de la importancia de la línea recta en su aspecto también había un no se qué más... contundente en el aire quizá por el ascenso del militarismo que condujo a la II Guerra Mundial, quizá porque se tomaron más en serio su época que los livianos y frívolos vivientes entre el 25 y el 29 (los auténticos Locos Años 20) o porque las chicas, más independientes, desayunaban leche con dos huevos que calentaban en un hornillo que guardaban en el armario de su habitación en vez de en la casita familiar -padres- hasta que se mudaran a "su" casita familiar con su maridito con el paso por Vassar por el medio.

Es difícil de decir pero la cosa es que aquellas máscaras casi de Kabuki que eran los rostros de las mujeres "modernas" de los 20s y aquellos cuerpos de atleta, de efebo, de adolescente, de San Sebastián que lucían envueltas en prendas de Chanel se convirtieron en mujeres con pechos erguidos, caderas marcadas y cintura estrecha además de labios rojos, el pelo largo y zapatos de tacón alto. De las Artemisas de la década anterior nada se sabía. Eran más bien Afroditas y Heras según la perspectiva de los fascismos y del cine -lo que es la democracia y el capitalismo-. 

Me impresionaban más las locas de los años 20s que las desequilibradas de los 30s. Aunque estoy de acuerdo en que las mujeres de los 30s eran más guapas, las de los 20s eran más inquietantes. Mucho más. Y Man Ray, con su fotografía "Negra y blanca" lo muestra muy bien. 

domingo, octubre 21, 2012

LV Es Mucha Gente


 Unas enormes escaleras mecánicas bajan, como del cielo, transportando a las modelos. Los centros comerciales están de moda. Surgen por todos lados como las setas. Pequeñas poblaciones que, de repente, reviven gracias a un centro comercial. ¿Y por qué no?, ¿acaso vivir en Albuquerque (que está tan perdido que ni sé cómo se escribe) implica no tener cultura suficiente para comprar, por ejemplo, la última colección de Marc Jacobs? Por primera vez en la historia del mundo, vivir en el quinto pino no te excluye de nada. Lo primero, por Internet y lo segundo, por los centros comerciales. Una maravilla. Vas allí y tienes un día perfecto. Veinticuatro horas de diversión para toda la familia. Es como irse a vivir a Las Vegas y pasar por París, por Roma, por Venecia, por Gucci, por Dior, por McDonalds, Starbucks, por las tragaperras, por los fuegos artificiales, por los camiones monstruos y las acrobacias de los motoristas. Porque, para qué vamos a engañarnos, este modelo es completamente americano. Va la suegra, la madre, el padre, los niños... y comen, compran, sudan, corren y juegan, gastan algo de dinero y para casa. Sin embargo, ahora no se queda la cosa ahí, ahora para Louis Vuitton los centros comerciales son lo más.


Una pareja de modelos vestidas de cuadros amarillos y blancos abrió el desfile de primavera verano 2013 de Louis Vuitton, todo geometrismo (tendencia que ya se había visto en la colección de Marc Jacobs para su propio nombre en la Semana de la Moda de NY para verano de 2013) y marketing. El amarillo, chillón, te traslada a una de esas heladerías de Estados Unidos en los 50s donde podías encontrar una pandilla de motoristas y a chicas con sujetadores cónicos y grandes ojos de gato. No son nada sexies pero son como un sorbete: monas y refrescantes que es lo que parece que a las mujeres les gusta ser, sobre todo, por el éxito de la pasada colección de primavera verano 2012 de Marc Jacobs para Louis Vuitton: todo azúcar y candidez. 


De hecho, la colección tiene un aire de continuación. Ahora es menos fifties y más sixties pero la idea es la misma. Lo que los hombres desean encontrar en una mujer parece quedar relegado a un muy lejano segundo puesto porque estas chicas compran porque comprar es divertido y porque ser guapa y estar guapa es divertido. Por favor, esto son los sesenta: padres divorciados, perder la virginidad en la parte de atrás de un coche tras el baile de graduación del instituto y la sensación de que todo esto puede acabar cualquier día porque o vienen los comunistas o nos sueltan una bomba atómica. El país -EE UU- es joven (como su presidente: JFK) y el mantra de la generación no es "haz el amor y no la guerra" -eso se lo dejamos a los que fuman maría- sino "consume, compra y sé feliz". 


O muy corto o muy largo, o muy cerrado o muy abierto. El concepto de los gemelos, del yo y mi otro yo (yo y mi alter ego) está sobre la mesa en Louis Vuitton. En general son niñas buenas pero con un punto chillón. Son la niñita de papá y la camarera que masca chicle del auto-bar. No hay que tomárselas muy en serio porque es evidente que están un poco locas. Son chicas, van juntas a todas partes (al baño, a clase, a la cafetería...), llevan lazos en el pelo y se ríen demasiado fuerte. El juego de las modelos a pares podría distraer, podría pecar de frívolo (en LV casi siempre hay un exceso de ruido, de cosas que suben y bajan, de accesorios y música estridente) pero la verdad es que funciona.  Así, en 33 pases, vemos 66 modelos sin cansarnos. Eso está bien, no hay nada peor que desfiles eternos con prendas cambiadas de color... 


Además, los 60s no fueron la civilización de la individualidad sino la de la homogeneidad total (escondida bajo horas de psiquiatra e intentos de ser original). Al final todos deseamos que nuestro hijo sea "normal" y no vaya al loquero, tenga pareja, hijos y tal. Que no le vaya demasiado mal. Eso es lo importante. Hubo algunos en los 60s que se creyeron lo de la Era Acuario y tal pero no pasaron de irse a Ibiza y poco más. Sin embargo, los 60s trajeron la semilla del low cost que hoy conocemos y, especialmente, de la producción en serie de, por ejemplo, Inditex. Coco Chanel se hizo famosa de nuevo (ya estaba olvidada tras la II Guerra Mundial y su exilio en Suiza) gracias al Elle americano porque, en Europa y más concretamente en París, poco pusieron de su parte para con aquellos trajes de chaqueta sin más ni más que Coco lanzó al horrorizarse con el New Look de Dior. 


Por si fuera poco, Coco Chanel en los 60s se chifló por las copias. Los diseñadores vivían en una obsesión constante -y justificada- porque otras cadenas (americanas, sobre todo) compraban uno de sus trajes y luego los copiaban más baratos. Entre eso y la guerra fría, es comprensible el "estado de alerta" de la música del desfile de LV (que a mí, personalmente, me crispa los nervios). No hay ni una pizca de hilo musical agradable para comprar en el centro comercial sino más bien un espíritu "taxi" de Nueva York -verbigracia del amarillo/blanco- que imprime rapidez a todo. Rapidez y furia. Coco Chanel dinamitó todo lo del no poder dibujar en los desfiles y el vender un par de modelos para cubrir el riesgo del espionaje de moda (el concepto de hacer un Carine Roitfeld hates Balenciaga and loves Max Mara ya estaba visto y superado). Abrazó a un hombre que vendía chaneles -ejem- como los suyos -ejem- en la calle y (aparte de provocar ríos de furia y de tinta por parte de los diseñadores y la prensa francesa) consiguió lo que quería porque de pronto todo el mundo empezó a llevar esos trajecitos chanelescos y se olvidaron de aquellas locuras de Dior (corsés, faldas casi al tobillo y caderas anchas).


Así, estos 60s tan americanos se imponen en Louis Vuitton. A algunos críticos, a Sarah Mower de Vogue.com por ejemplo, el desfile le recordó a un juego de ajedrez. Esto de las piezas por arriba y por abajo ya lo hizo Alexander McQueen hace unos cuantos años pero con más drama. Aquí todo es más light y menos perturbado. Hay uniformidad porque Chanel decía que una bailarina solo tenía sentido en su fila de muchas bailarinas y que por sí sola era absurda y también hay minimalismo y felicidad. Un poco prefabricado todo pero es que así fueron los sesenta con sus batidos llenos de anilinas y sus gominolas y Buicks llenos de pintura para tapar las rozaduras. No se puede decir que la colección no sea bonita y veraniega, lo es. Dan ganas de comer helados, quedar con las amigas para beber té muy frío y engatusar a algún chico guapo para irse a dar un chapuzón a la piscina. Todo envuelto en un halo de ingenuidad y, si no buen gusto, por lo menos sí de rabiosa actualidad. Va a ser verdad eso de que la vida es un centro comercial: llegas, entras en las diferentes tiendas, compras y te vas. Y mientras te cruzas con mucha gente. 

miércoles, octubre 17, 2012

Helmut Newton

Helmut Newton para Vogue USA en mayo del 75. Todo era más divertido entonces. Al menos, en Vogue.

“Las fotografías de Newton son fotogramas de una elegante película erótica, tal vez titulada Medianoche en la Mansión o Tardes en Super-Cannes, una película virtual que nunca se ha proyectado en ningún cine sino en el interior de nuestras mentes durante los últimos cuarenta años”. J.G. Ballard

lunes, octubre 15, 2012

Nº 5




No es un viaje.
Los viajes terminan pero nosotros continuamos.
El mundo gira y nosotros giramos con él.
Los planes se desvanecen.
Triunfan los sueños.
Pero adonde quiera que vaya.
Ahí estás tú.
Mi suerte, mi destino.
Mi fortuna.
Chanel Nº 5.
Ineludible.


El nuevo anuncio de Chanel Nº5 con Brad Pitt ha llegado para quedarse. Por primera vez en la historia de la marca, el frasco de perfume más famoso del mundo, tiene la esencia de un hombre, la cara de un hombre y la psicología de un hombre


¿Por qué? 
¿Qué es lo que ha hecho que se marque un punto y aparte en el mundo de la publicidad?
Porque, si alguien tiene dudas sobre si lo marca, lo marca.



Los publicistas dicen que hacer un anuncio para un perfume es lo más difícil del mundo porque no puedes decir "qué bien huele" o "con extractos de café y unas notas de gardenia en la entrada para acabar con unas notas de salida con un ligero toque de bergamota". Lo primero, no se puede decir. Lo segundo, no le importa a nadie. Un perfume es, sobre todo, su envoltorio. Por ello no hay que infravalorar el diseño del frasco y parece que hay un nuevo hálito renovador en Chanel en lo referente a esto pues el paso previo al diseño de su último perfume, el Nº 5 negro inspirado en Venecia titulado Coco Noir, nació precisamente de lacar en negro el frasco del famoso primer perfume completamente químico de la historia, el Nº5. 


Generalmente, la publicidad de perfume sigue un esquema bastante típico que es el poner en lenguaje audiovisual las características que tiene el tipo de mujer -u hombre- que usa la fragancia. En el caso de los antiguos perfumes de YSL, por ejemplo, se veía a París y a mujeres muy bien vestidas. Cuando diseñaba para transgredir, YSL se desnudó y salió así en la publicidad. En el caso de Eau Sauvage de Dior, la publicidad mostraba a un hombre con un toque salvaje pero con humor: un macho alfa con un lado tierno cuando cae en las redes de su amada. 



Porque, para qué nos vamos a engañar, el sexo vende muy bien en perfumería. De hecho, vende tan bien que, en general, los frascos de los perfumes de mujer tienen una forma redondeada y los masculinos tienen un envase que recuerda a formas fálicas. Por ello, la historia más antigua en la publicidad de perfumes es: chica conoce chico (anuncio para mujer) o chico conoce chica (anuncio para hombre. 



Por ello, esta publicidad de Chanel es desconcertante. Es cierto que lo que hace Brad Pitt es narrar una carta de amor. Imaginamos que a una mujer. Pero, a una mujer que, no vemos. Porque, la presencia de la mujer en el anuncio -y digo la mujer- resulta ser inexistente o, mejor, no ser. Porque, usando un elegante ejercicio de metalenguaje, el referente del amor de Brad Pitt es, en realidad, el Nº5. No ella, ella no. Es el perfume



Ama al perfume.
Ama una esencia.



Esta es la clave del anuncio. Amamos la esencia -lo auténtico- de una persona. ¿Y qué es un perfume sino una "esencia"? Así, Brad Pitt, que en ninguno momento se identifica como Brad Pitt sino que es un reflejo -la esencia, de nuevo- del hombre soñado e inalcanzable, nos dice qué es lo que aman los hombres. El hombre. El Hombre. Porque aquí todo es muy básico. El Hombre, La Mujer. El Perfume. El Amor. 



Me gusta, especialmente, el uso de la palabra "ineludible"". Es un término muy sofisticado que, a día de hoy, no se usa por el común de las personas. Es, en el último segundo, cuando ese "ineludible" cae con todo su peso. Marca una diferencia. Chanel no es para todos. El Número 5 no es para todos. Es como entrar en un club secreto, exclusivo, en el que está tu hombre perfecto, el perfume perfecto -tu perfume- y tú misma. Para tí.



Por ello, alegra la vida y el corazón que en Chanel se alejen de fuegos artificiales, del anuncio más caro de la historia -en el que Nicole Kidman (la mujer más famosa del mundo según el anuncio) corría envuelta en un vestido de plumas bajo la batuta del director de Moulin Rouge- y escojan a Brad Pitt, que parece pillado de improviso -sin smoking, sin producción- en una habitación gris a medio iluminar. Habla y mira a la cámara y todo lo que se mueve es la luz, muy suave y nada agresiva. Es, incluso, shakespiriano. Vamos entrando cada vez más y más en Brad Pitt, en su mente. Pasamos del plano medio -a la cintura-, a un plano corto y a un primerísimo primer plano que se abre al mundo, a la ciudad iluminada, quizá a la noche estrellada y al color y, por supuesto, a Chanel Nº5 para acabar, de nuevo, con un primer plano de Brad Pitt y la verdad: "ineludible". 


Ineludible.

La buena publicidad hace feliz.

domingo, octubre 14, 2012

La Dama De Rojo


 -¿Estoy bien?

-Mmmm...
-¿Mmmm...?
-Te falta algo.
-Pues te aseguro que en este vestido no cabe nada más. 
-Quizá haya algo en esta caja... 



Pretty Woman es esa película que marcó un antes y un después en la historia del cine, del amor y de las historias del chico conoce a chica y viceversa porque, además de retratar a la perfección la sociedad decadente y posmoderna de los 80s, muestra a unos personajes que lo tienen todo y no tienen nada. Sin embargo, más allá de todas las consideraciones fílmicas, la peor película sobre los sueños nunca escrita y nunca vista es, eso que todos queremos ser, un clásico. Clásico es lo que vuelves a ver cuando lo ponen por televisión y sabes que, además de verlo, va a sacarte una sonrisa. 


Es imposible ver Pretty Woman y no emocionarse cuando Vivien va a la ópera. Y está tan, pero tan, hermosa.

lunes, octubre 08, 2012

Roland Barthes

Kate Moss de John Galliano en el número de Octubre de Vogue USA de 1999.

Roland Barthes es conocido por analizar el rostro de Greta Garbo como si fuera una máscara africana o una calavera azteca, quizá una momia egipcia. Sin embargo es un filósofo que no se ha limitado a la belleza por sí misma, esa belleza de Garbo que trascendía la pantalla. Greta Garbo era la gran estrella de los 30s, la dama del cine por excelencia, aunque la gente opinaba que Marlene Dietrich -Goebbels la adoraba aunque sin ningún tipo de reciprocidad- tenía mejores piernas. 

Sin embargo, Rholand Bartes no se hizo famoso sólo por eso ya que también se dedicó a reflexionar sobre la moda. Así dijo: "se sabe que la vestimenta no expresa a la persona sino que la constituye. O más bien es sabido que la persona no es otra cosa que esa imagen deseada en la que la prenda nos permite creer".

Si analizamos desde ese punto de vista lo que significa la moda, obtendremos algo muy distinto de lo que en principio habíamos imaginados. Nos vestimos para los otros dijo Schiaparelli y, señaló que, especialmente, las mujeres se visten para dar envidia a las otras mujeres. La moda femenina, la industria más potente del mundo, se basa en el deseo. No en un deseo positivo -estar guapo, estar bien, ir acorde con el espíritu de los tiempos, mantener el capitalismo y el empleo o lo que sea- sino por un deseo más bien de un tono verde envidia: ser mejores de lo que somos y ser mejores que los demás. 

Todos los creadores visualizan un prototipo de mujer, una especie de arquetipo físico-psicológico para el que diseñan. Muchos hablan de su madre como inspiración aunque rara vez esa progenitora coincide con su mujer ideal. Sin embargo, cuando una clienta compra una marca, podemos afirmar que se identifica o busca identificarse con el espíritu de la marca.

Cuando una mujer lleva un vestido rojo, probablemente, quiera ser una mujer Valentino. ¿Qué es eso? Una mujer con la vida resuelta en cuanto a lo económico y con un abanico de posibilidades delante de ella que probablemente se inspira en aquella desconocida radiante que destacaba sobre el resto, vestida de rojo, en la Ópera. La dama misteriosa. Este es el cuento del seductor seducido. Cuando, en vez de Valentino, escoge, por ejemplo, Stella McCartney la ecuación es sencilla. Stella McCartney diseña para ella misma. Una generación cuyos padres partieron los 60s y los 70s, modernos, preocupados por la vida sana y el ecologismo pero también por ser cool e ir a la moda. O sea, un poco como John Lenon pero si la pesada de Yoko Ono. En los años 30s, por ejemplo, las señoras de Chanel eran libres, elegantes y muy bellas. Todas eran un poco remedo de la propia Coco Chanel que se hizo su moda como "Robinson su cabaña", a medida que las necesidades iban surgiendo porque Chanel diseñaba según veía, conocía y precisaba. En cambio, las chicas de Schiaparelli eran modernas, surrealistas y divertidas. Duraron poco. Pero también las de Chanel. Todo muy en la "onda" de los efímeros tiempos de entreguerras.

La moda, señores, semiótica: significados e información. Piensen un poco en sus referentes estéticos y en su armario. Quizá sean sus sueños -o sus pesadillas-. Tranquilos, tiene fácil arreglo: Z...a...r...a!. 

domingo, octubre 07, 2012

Marc Jano




Jano era el dios romano de las dos caras y, el ser camaleónico, es un adjetivo frecuentemente usado para describir a Marc Jacobs. No es que sea decir mucho de un diseñador al que se le presupone que su mejor colección fue la que hizo su equipo cuando él se estaba desintoxicando pero lo que se puede decir de Marc Jacobs es que es un buen estilista.


Personalmente, opino que le falta impronta y carácter para ser un buen diseñador pero suele hacer estupendos ejercicios de combinación de prendas y de estilos sacados del tiempo. Un día cita a Eddie Segdwick y, al siguiente, prefiere a Anna Karenina. Después de la Belle Epoque escoge unos marchosos años 20s que saben más a Cantando bajo la lluvia que a lecciones de historia de la moda, antes prefirió a Portero de noche y luego a las secretarias de Mad Men. Otras veces, en cambio, prefiere el drama. A veces incluso escoge pesadillas galácticas. Y, casi temporada tras temporada, y especialmente este verano de 2012 con sus chicas sacadas de un tiovivo con nubes de algodón en las manos y falditas de plumas, vestiditos calados y mucha ñoñería ha conseguido triunfar.


Sin embargo, para el verano de 2013, sin duda, Marc Jacobs se ha hecho Jano. Su resort fue divertido, interesante, atractivo, lleno de colores y de vitalidad. Se inspiraba en los gitanos y en su serie de estampados buceaba tanto en Lacroix como en el pop art de Warhol -inspiración recurrente para el post grunge Marc Jacobs-. También había aires de Biba, Londres años 70s y de Giorgio Saint Angelo. Todo era divertido, pronto a caducar y muy luminoso y optimista. Te podía gustar o no, pero daban ganas de comprarlo porque sí, como esas piruletas inmensas de las tiendas de caramelos antiguas o como los globos de helio para niños con forma de Bob Esponja -Marc es muy fan- y de La Sirenita o Nemo. Y eso auguraba un buen pret a porter para el verano de 2013, que fue, en comparación, algo decepcionante aunque chic.


De hecho, la colección era, incluso, interesante en los volúmenes y las proporciones. Enormes faldas pantalón caían después de vestidos que acababan en la rodilla, la línea recta predominaba y le daba un aire a la vez romántico y nostálgico pero muy actual -como si Carolyn Besette Kennedy se hubiera hecho gitana y pop- y los escotes cubiertos de lentejuelas bien usadas combinaban con faldas acampanadas y camisetas de geek que, juntas, resultaban fascinantes, como las ilusiones ópticas. 


Los accesorios eran delirantes: zapatones casi ortopédicos que sacaban una sonrisa y un ¡oh! de asombro. El patchwork, técnica de costura tan utilizada por los denominados gypsies en Inglaterra, era usado en su justa medida y, lo mejor, había -bajo el atrezzo- prendas tan naturales, tan deseables, tan sencillas y ponibles que a uno, automáticamente, le atraía la colección. Pantaloncitos con un trench corto con algo de volumen -un peplum pero bien hecho-, vestidos que parecían camisetitas estiradas para ser más largas y que eran muy muy chics y vestidos de noche estampados con flores de colores brillantes y un acabado reflectante que harían las delicias de la moda de noche de los años 30s pero con un punto 2.0.


Incluso Marc Jacobs volvía a su lenguaje de temporadas pasadas: seda estampada de su colección flapper y escotes en la espalda -que estuvieron de moda tras la I Guerra Mundial- y volúmenes de su colección ferroviaria pero bien desarrollados y con entidad hasta el punto de que las lánguidas gitanas del principio se convertían en fértiles meninas del final. Ni siquiera se podía disimular un toque grunge y de feísmo noventero de Prada, incluso en los cortes y en la presentación sobre fondo monocromo que hacía resaltar más y mejor los acabados. En definitiva, estupendo. 

Bien, tras todo este ir y venir de ideas e inspiraciones afortunadas, de cosas "guays" y deseables, de colores que te hacían aborrecer todo lo de invierno y esperar a que saliese un rayo de sol para ir a la hierba a disfrutar del amor, de la benevolencia de los dioses y de las tarjetas de crédito y las cestas de pic nic, la Semana de la Moda de Nueva York presenta un Marc Jacobs que se aparta sideral y radicalmente de su propuesta para el resort -algo que suele pasar, sin duda- pero que, a mí -y soy de los pocos, lo sé- me convence. No me fascina pero me gusta.


La cita con la que Marc Jacobs habla de su colección de pret a porter para el verano de 2013 es con una apología del sexy distinto, la inefable bibliotecaria de Prada, sí. “Young girls need to learn that sexiness isn’t about being naked,” dijo nada más presentar su colección. Había rayas, muchas rayas. Luego, en París, hemos visto a Van Noten con  cuadros, así que lo geométrico y el pop estarán, evidentemente, a la cabeza de las tendencias para el verano de 2013 por lo que, la colección, se verá en muchas revistas. Las rayas tienen su punto de fascinación, especialmente el vivo color rojizo y los suaves tonos crema que se ondulan sobre un fondo blanco y, la mayoría de las prendas, eran favorecedoras -algo raro, como todos sabemos-. 


Las faldas con el ombligo al aire -que nunca deben salir de las pasarelas- eran realmente chics aunque los puntos flojos de la colección eran las inspiraciones demasiado obvias. Cortes que ya se vieron en la Alta Costura de primavera verano de 2007 de Chanel diseñada por Karl Lagerfeld donde los vestidos de noche se desintegraban hasta deshilvanarse en el bajo y las chicas de Prada que eran secretarias con revolcones en papel de oro y de plata e incluso algo del antepenúltimo Raf Simons, el penúltimo verano de Jil Sander por Simons.


También hay un montón de inspiración en los 60s. No son ya los de las secretarias de pechos cónicos que también sacó Prada cuando Marc Jacobs presentó su colección sixties en Vuitton sino unas chicas mucho más divertidas, mucho más liberadas y mucho más locas. Las otras podían ser unas depresivas, unas psicóticas bipolares asustadas de la llegada de la menopausia sin niños ni marido pero éstas, éstas amigos están simple y llanamente locas. No son hippies, eso es otra cosa. Una primavera fugaz que se desvaneció al fin del resort de 2013. Sin embargo, han cogido lo que les ha interesado de los 60s y preconizan lo mejor de los 80s: monos para Studio 54 y estampados psicodélicos que harían enfrebrecer a Warhol. Y, sin duda alguna, los monos son lo mejor de la colección.


Hasta que aparecen los monos psicodélicos han desfilado por la pasarela prendas olvidables, muy olvidables. Bonitas, sí. En algunos casos. Y prescindibles: jerseys con Mickeys bordados -Marc Jacobs siempre decepciona diseñando mujeres fuertes-, camisetitas estiradas hasta ser vestidos y bermudas sin ton ni son que se alternan con gorgeras con volantitos que reptan por el cuello. Los accesorios tampoco son nada del otro mundo, zapatitos de niña buena con taconcito original, bolsitos de mano rígidos para guardar el móvil, un par de billetes, las llaves y las ilusiones de la cita y nada más. Pero, cuando hay monos ochenteros, todo cambia. 


En general, la noche de Marc Jacobs es bastante prescindible cuando no muy mediocre. Parece mentira pero hacer buenas prendas de noche, elegantes, con cuerpo, con carácter y con estilo es muy difícil. No se trata de poner una falda acampanada y un río de lentejuelas y, además, es más difícil innovar en esas siluetas pues se esperan unos códigos muy concretos para esas prendas. El pantalón está, además, injustamente tratado en el mundo de la noche.


 Sólo en momentos concretos de la historia de la moda reciente se ha podido llevar con libertad por las mujeres y, aún más, para la noche. En la Belle Époque, Poiret diseñó pantalones harén para las mujeres que causaron escándalos por doquier. Una guerra más tarde y dos décadas de por medio, en los años 30s estaban reservados para las mujeres de bandera que iban acorde al fascismo y a los tiempos: así Chanel diseñó pantalones de satén blanco inspirados en el vestuario de los obreros y Elsa Schiaparelli los bordó en oro y con botones y se vio más o menos bien. Tras la II Guerra Mundial fueron borrados del mundo de la noche al regresar la hiperfemineidad con Dior. Sólo tras el cambio de valores hippies y la llegada de los 80s y de una nueva sociedad de la Guerra Fría el pantalón de lamé, los monos con grandes escotes y todos los excesos que se pudieran reunir se vio bien y se deseó. Sin embargo, en los 90s volvió a morir y, a día de hoy, parece que su principal valedor es Raf Simons que en su primera colección para Dior para verano de 2012 ha dado todo el protagonismo a esa prenda. 



No se puede decir que la colección de Pret a porter de verano de 2013 sea maravillosa, no lo es. Es una colección con prendas interesantes, muy ponibles y muy actual pero no tiene encanto, a diferencia del resort de 2013. Reafirmada la tendencia de los dibujos geométricos sacados del op art y del pop de Warhol así como la vigencia de los 80s reafirmada por la exposición del MET sobre el punk para el 2013 y del grunge y el rock and roll en Vogue París y en las diferentes colecciones que se han visto en la pasarela (Dries Van Noten, por ejemplo), el PAP de Marc Jacobs tiene un lugar asegurado en los editoriales de moda de todas las revistas de tendencias pero, el encanto, la gracia y el deseo, en realidad, están un poco antes: en la dulce primavera gitana del resort del verano 2013.

sábado, octubre 06, 2012

Liz Taylor Y Dior



Yo también opino, como Warhol, que sería muy glamuroso reencarnarse en un anillo de Liz Taylor (que, por cierto, odiaba que se refirieran a ella como "Liz"). Elizabeth Taylor, Dame Elizabeth si lo prefieren, se ha convertido en la inspiración de la última colección de Raf Simons para Dior, la segunda desde que tomó las riendas de la casa y la primera de pret a porter que firma para ellos. Así, el verano de 2013 en Dior, que se inspira en el movimiento, en la energía y en lo cambiante, no puede haber encontrado mejor musa que los ojos violetas, azulados, de la Taylor.


La inspiración, sin embargo, no se queda sólo en los lindos pozos de la dama. No. Concretamente, la línea de los vestidos de noche con los que cerró la colección se basa en un modelo de Dior que llevó Liz Taylor en 1961 a los Oscar y con el que ganó, contra Shirley McLaine, la estatuilla a mejor actriz principal por BUtterfield 8 -Una mujer marcada-. La Taylor diría que trabajar en esa película había sido horrible para ella pues sólo lo hizo porque tenía una obligación con el estudio justo antes de irse a rodar Cleopatra. Además. afirmó que no le gustó su personaje por ser bastante "estúpida". Puso como condición que trabajara su marido, Eddie Fisher y, por lo visto, el rodaje fue infierno para todos. La cosa es que, al final, -con traqueotomía incluída- se llevó el Oscar.


La década de los sesenta era aún la década de los cincuenta -como Mad Men enseña tan bien- y sólo en los setenta veríamos algo de lo que atribuimos a los sesenta. Así, en 1961, Liz Taylor (y otras de las invitadas) aparecieron llevando vestidos encantadores de los 50s con el volumen que Christian Dior había diseñado para las mujeres con su New Look o línea Corola presentada en febrero del 47 que se basaba en un look muy femenino, con faldas de cintura muy estrecha y volumen en la cadera que acababan bajo la rodilla y el pecho marcado y cónico, todo envuelto en flores. Había una inspiración victoriana en todo ello y el vestido de Liz Taylor es una prueba de ello.


El desfile de primavera verano de 2013 de Dior ha sido definido por Simons como la búsqueda de la "libertad". Sin embargo, a diferencia de la libertad ácrata, anárquica y heterodoxa de Galliano, Simons, inspirado y afectado por la deconstrucción y simplicidad de los 6 de Amberes y de la escuela de Bélgica -en su trabajo se pueden rastrear ecos a las colecciones Martin Margiela (a quien admira) o de Dries Van Noten-. En verano de 2005, Simons fue designado diseñador de Jil Sander y su fama fue in crescendo  hasta que en abril de 2012 fue escogido director creativo de Dior


El unir la sastrería con las tendencias callejeras lo aprendió Simons de Jean Paul Gaultier aunque esto no se ha reflejado en ninguna de sus colecciones en Dior y tampoco en sus últimas colecciones en Jil Sander -especialmente la Diorísima de su despedida-. Cathy Horyn, en el ojo de mira estos días por su polémica con Hedi Slimane -el nuevo chico de YSL, ah no, de Saint Laurent París (es que le ha cambiado el nombre) que se hizo famoso por sus famélicos trajes en Dior Homme y que, si hubiera jugado bien sus cartas y seguido en Dior (se fue porque no le dejaban hacer ropa de mujer y tuvo un fugaz je ne sais quois con la fotografía -aburrida-) quizá fuera el nuevo director creativo de la sección femenina- dijo que el trabajo de Simons en Jil Sander era perfecto, que causaba furor y puso su trabajo en paralelo con Alaia y Lagerfeld. Lo dijo en 2007. Desde entonces, fue el adalid del salto de Simons a Dior y le ha cuidado en sus críticas. Sin duda, me gusta Raf Simons. Y son tan bonitos los ojos de Liz...  

lunes, octubre 01, 2012

Sexy Y Clásico, Lanvin


Flores y metal ha sido el escenario que Alber Elbaz ha preparado para su flamante colección de pret a porter de primavera verano de 2013. No se puede decir que la mujer de Elbaz en Lanvin esté evolucionando mucho desde hace unos cuantos años pues, a diferencia de en sus inicios en la firma, parece que Elbaz ha encontrado unos recursos que le son rentables, le gustan, favorecen y que con ellos se basta y se sobra. Esta estrategia -darle a la clientela lo que la clientela quiere- es exitosa aunque aún está por determinar si sólo lo es a corto plazo. Los desfiles de Lanvin no dejan de estar en un bucle: vestidos con estampados metalizados con forma de caras o de cuerpos (en este caso), trajes de noche cortos y con tul y volantes de colores brillantes (más o menos cálidos según la temporada y, en este caso, tirando más bien a metalizados y a una paleta menos brillante y más encerada que en otras ocasiones) y trajes en negro para la mañana con monos brillantes de lentejuelas y joyería exagerada. 


Y, en este caso, la colección tiene todos esos tópicos buceando bien en el imaginario del creador. Es coherente, bonita, ponible, elegante y sofisticada y, si es solvente y no sólo repetitiva, es porque Elbaz apuesta por el sexy. En general, las mujeres de Elbaz para Lanvin son muy femeninas, preciosistas, finas y muy monas. Diseña para un tipo de mujer muy claro que tiene en la cabeza que en París hay un encanto especial y un estilo concreto: liviano, con predominancia de los tonos negros, corto para el día y la noche y con un toque a la moda aunque nunca tan tendencioso como para poder adivinar a simple vista si es de esta temporada o la pasada.


En cierta manera las mujeres de Elbaz sí que son decididas aunque a veces pequen de cursis. De hecho, guerreras de la fe, de las tendencias y de la resistencia se han visto en sus colecciones sin sonrojar a nadie ni provocar arqueos de ceja. Por otro lado, eso no ha impedido que firmas como H&M hayan colaborado con Elbaz y creado una colección cómoda, frívola y divertida porque parece que Alber Elbaz quiere hacer de su moda algo divertido y que no nos tomemos tan en serio los desfiles de París. Olvidemos la retórica y la sociología porque, al final, todo esto son vestidos. Así sus campañas de publicidad han tenido modelos bailando al ritmo de Pitbull y modelos no profesionales que han sido fotografiados -como hizo Gaultier desde su origen apostando por la multiculturalidad- por ser viejos, altísimos, niños pequeños, jóvenes, blancos o negros. 


La primera parte del desfile ha estado formada por una serie de pases inspirados en el smoking y en su deconstrucción y renovación que podrían haber hecho las delicias de YSL si los hubiéramos visto en una pasarela con su nombre o con el de su nuevo flamante director creativo: el ex chico de Dior, Hedi Slimane. Y esto tiene sentido porque Elbaz fascinó al mismo Yves Saint Laurent quien le puso al mando de sus colecciones de pret a porter tras retirarse (aunque no duró mucho después de que la casa fuera absorbida por el conglomerado comercial del grupo Gucci y Tom Ford se ocupase de ella en sustitución de Elbaz). A diferencia de lo que se ve en firmas como Marchesa, Stella McCartney bajo su propio nombre, aquí hay patronaje. Todo tiene unos cortes que hacen que favorezcan las prendas y que se adapten al cuerpo con una caída elegante.


De hecho, Elbaz ha afirmado que ha buscado inspiración en "los clásicos" y en definirlos tanto dentro como fuera. Así, el diseñador que afirma que no puede hacer un desfile basándose en una sola idea, logra encajar a sus rosas de metal en el mundo del día a día (negocios, amor, fiesta, excentricidad, liviandad, hora de estar en casa y hora de ponerse en marcha) con sus prendas que pueden parecer un simple traje negro para ir a la oficina pero que se convierte en una prenda multifaceta pues la vemos en corto y con solapas de smoking para ir a una sofisticada presentación de arte en una galería o en un vestido con aberturas muy sexies para ir de "cacería". 


El movimiento y el cambio son, evidentemente, dos partes importantes del desfile de Elbaz que, a diferencia de cuando diseña para chicas "monas" que sueñan con vestidos de tul, tiene un buen componente de sexualidad y de una sexualidad que ha sido definida por los críticos internacionales como "fast and furious" (según la edición digital de Vogue USA, por ejemplo). La asimetría, los cortes que muestran de repente la cadera, un gran escote en la espalda o pronunciadas uves que enseñan pecho aparecen en las propuestas de Elbaz para el verano de 2013 en una colección bastante oscura. Aunque esta no es la primera vez que Elbaz propone una primavera poco luminosa, sí es la primera en la que el poder es tan sobrio, tan evidente al mismo tiempo en su simplicidad, pues, cuando hemos visto tanto negro en Lanvin siempre ha sido en invierno y con un aire casi frívolo, como de melodrama de Hollywood de los años dorados del cine donde todos fuman en boquilla y hay un asesinato en una habitación cerrada.


Así, colgando al cuello de sus modelos torques de oro que podrían salir de una fantasía sadomaso con estilo, Elbaz apuesta por los bodies ochenteros con grandes escotes y atados y cintas de sueño húmedo que se retuercen y reptan por el cuerpo de las modelos. La serie de prendas negras del principio es de ensueño. Quizá no es muy veraniega en cuanto a la gama de colores (en otras ocasiones los rojos brillantes y los rosas dulces y empalagosos han llenado el "ojo" de las fashionistas") pero es indudablemente una colección muy veraniega porque nos hace recordar eso de que "la primavera, la sangre altera" y que el verano es propicio para el libertinaje. Todo un acierto, muy sutil, además. Y eso siempre es bueno.


Así que sí, la mujer de Lanvin convence esta temporada. Al menos hasta que los monos brillantosos, los vestidos ochenteros con mangas jamón y la pedrería hacen su aparición a la mitad del desfile. Sobre esta parte de la colección no hay mucho que decir porque esas piezas no aportan nada. Es evidente que el pantalón (igual que en el Dior con aires de Jil Sander de Simons) es la parte que centra la atención de Elbaz en Lanvin y donde se concentran las propuestas interesantes. Pantalón y reconstrucciones del traje pantalón (en vestido, por ejemplo). El lado maximalista de la propuesta decae en interés y provoca un poco de aburrimiento porque, aunque está bien, ya lo tenemos muy visto. Sin embargo, es comprensible que aparezcan: repito, hay que dar al público lo que el público quiere.


La llegada del color se hace esperar pero aparece. En realidad, más que los colores, pues hay una predominancia del blanco y del negro como en el desfile de Marc Jacobs para el verano de 2013 presentado en Nueva York, lo que importa son los tejidos. Es evidente en la colección que, igual que Ricardo Tiscci para su colección de pret a porter de primavera verano de 2013 en Givenchy, Elbaz quiere volver a lo esencial: a la pureza y a lo preciso. La pureza se ve en el poco color que aparece y también en la precisión de los cortes, en las telas con un punto tecnológico -como las de las colecciones Ghesquiére en Balenciaga que parecen neopreno- y las novedades en la sexualidad y la coquetería de siempre pero en su versión agresiva.


Los complementos dan el toque de gracia al desfile, discretos pero con algo que decir. Zapatos con pulseras de strass y puntiagudos pero también plataformas con glitter y piel de reptil. También hay botas de cowboy labradas -tendencia especialmente gracias a Isabel Marant- y, ¡gracias!, sandalias. Casi transparentes pues las tiras son de color carne, de tacón bajo y de aspecto cómodo pero elegante. Lo más interesante, sin duda, son los bolsos: pequeños, inútiles y casi pops porque, las cajas rígidas y cuadradas del inicio parecen cámaras de fotos antiguas y las bomboneras de esmalte negro del final parecen petacas de alcohol para los locos años 20s. Sin duda son como vaginas dentadas, lo que veía Freud en ese adminículo femenino tan práctico y poco práctico al tiempo.


La sexualidad, lo sexy, no siempre aparece en las colecciones de Lanvin y, de hecho, es desde hace unas cuantas temporadas de forma más o menos abierta donde se puede entrever lo "agresivo". Es verdad que se combina con los "clásicos" que Elbaz ya ha conseguido asentar en Lanvin (aunque esta vez no hay volantes ni tules) con una fuerza que se ha visto en colecciones pasadas (otoño invierno de 2011) pero hay algo nuevo -si bien la experimentación de Alber Elbaz parece haberse parado cuando ha encontrado el lenguaje de tules y volantes- y lo nuevo no es sólo la actitud sino toda la deconstrucción del smoking que alcanza un cénit de creatividad para Alber Elbaz que, por muy deseadas que fueran sus propuestas, se estaban resumiendo en chica fina y rica busca novio prometedor y quizá llegue virgen al altar tras petición de mano en la Torre Eiffel. Ahora no hay nada de eso y, al contrario del amaneramiento y remilgos que se le pueden echar en cara a Elbaz en sus colecciones algo cursis y pastelosas, aquí hay poder, un poder digno de Yves Saint Laurent cuando se plantó y diseñó smokings para mujer y también una sexualidad digna del Gucci de Tom Ford que desplazó a Elbaz en YSL porque todo es rígido, cuadrado e imponente y los cortes son muy muy sexies. Pues es verdad, flores y metal es una buena conclusión. Si es que decimos tanto con los detalles...