viernes, abril 27, 2012

La Reina


A todos nos gustan las mujeres poderosas. Lagerfeld dijo de la Schiffer que es una gran actriz de cine mudo. En mi opinión, la Schiffer solo es una gran actriz de instantáneas porque no aguanta en movimiento. No tengo ni idea de cuál es la razón. De Maria Antonieta decían que era una persona que solo existía en movimiento, que tenía mucha gracia en sus movimientos y que, por su carácter, su personalidad refulgía siempre que andaba, bailaba, gesticulaba... pero no cuando estaba en silencio, absorta, concentrada... Sin embargo, la Schiffer es justo al contrario. Los pómulos rectos, los ojos abiertos, la mandíbula endurecida, la clavícula hercúlea, las manos en tensión, el áspid proyectando sombras sobre el cuerpo, la serpiente de oro enroscada en el brazo sin atreverse siquiera a morder a tan bella dama... me encanta la Schiffer en este instante, encaja tan bien en una reina egipcia. Paradójicamente la germana no podría estar más lejos de aquella Cleopatra nubia o incluso de Nefertiti pero es la rubia, la alta, la esbelta y la sofisticada y acerada modelo, la única mujer de piedra, como si fuera una estatua egipcia. Sin duda, reina.

lunes, abril 16, 2012

Barras Y Estrellas


No puedo decir que Lagerfeld no sea un buen fotógrafo en muchas ocasiones pero siempre desconfío de él cuando firma sus trabajos en blanco y negro porque no tiene profundidad física o emocional. Es desconcertante, pues, la importancia del tratamiento de la luz cuando se trata de la ausencia de todo color pero es que la fotografía en su misma esencia es luz y, por ello, no puede sino resultar tan esencial como desconcertante. Cuando Lagerfeld coquetea con Claudia Schiffer en medio de un prado rebosante de luz blanca casi mediterránea pero más bien centroeuropea es radiante. Cuando convierte a la dulce Brigitte Bardot germana en una Greta Garbo, en una Marlene Dietrich resabiada y con tendencias erotómanas y casi maniacas, todo es tan excesivo que su blanco y negro resulta. Sin embargo, la luz. La luz plena en blanco y negro no está, por el momento, a su alcance.


Es bien cierto que el blanco y negro está irremediablemente asociado a la melancolía y quizá sea por eso por lo que a Lagerfeld no le funciona. Sus dioses, más que de piedra, son sencillamente de cartón. Sus ninfas jadeantes de primavera verano 2012 son acrobáticas imposturas que, ni tan siquiera son novedosas, pues pese a toda la juerga de los Juegos Olímpicos y este homenaje -tan dudoso, por otra parte- la verdad es que en el imaginario de Lagerfeld las barras ya estaban presentes. En los 90 cuando fotografiaba para Chanel en color y hacía pasar por las páginas publicidad de las revistas de alta gama mulatas, el ver a una mujer vestida de negro rampante sobre una barra más en exposición que en acrobacia era, no un portento, una delicia.


Salvo la primera imagen en la que el mar transmite sensaciones y la última donde ese mar igualmente rugoso se vuelve hermosísimo, el resto son bastante impostadas. Lagerfeld siempre se ha autodenominado un contador de historias y, en este caso, es un poco díficil hallarla.  Quizá se trata tan solo del canto del cisne: mujeres bellas que en medio del inmenso mar, en medio de la desgracia, hacen su último tributo a la belleza: contorsiones absurdas pero hermosas. Y, luego, la muerte.








miércoles, abril 11, 2012

El Gusto


El "buen gusto" es un concepto que nació en el XVIII en Francia. La culpa la tuvo Luis XIV y los pecados los pagó Maria Antonieta. Por el medio hubo un incesante chorreo de diamantes y champagne, botas cortadas de una sola pieza para el Rey Sol, tiránicas y despóticas afirmaciones, un escándalo con un collar, una batalla épica en el dormitorio de la loba austriaca para sacar al lobo que había en el cordero del futuro Luis XVI y una guerra que acabó en una tragedia para la honra de la futura Madame Déficit -y sobre todo para Polonia- cuando las dos caras de una mujer -¿no?- se encontraron en medio de Versalles: la virgen y la puta, Maria Antonieta y la Du Barry en lo que viene siendo una lucha de egos.

"Hay, hoy, mucha gente en Versalles" dijo Maria Antonieta cediendo ante la mujer que daba placer al rey y que era de forma oficialista la primera dama de la corte frente a ella que lo era de forma oficial. Luego la buena mujer le quiso regalar unos pendientes de diamantes que equivalían justamente a 700.000 razones para que la archiduquesa de Austria y la delfina de Francia la recibiera con gusto. A la buena hija de Maria Teresa de Austria no le interesó el trato porque si alguien le tenía que regalar sus diamantes era el pobre cerrajero de su marido que llamaban cariñosamente "manos negras" en toda Europa por su afición al yunque y a la fragua.

Goethe, cuenta Zweig, se escandalizó cuando vio que para la boda de la joven se decoraban las salas con tapices de Medea y Jasón que acabaron como la marimorena porque ella era una bruja y se comió a sus hijos tras la infidelidad de él. Los revolucionarios también acusaron de eso a la buena de la reina, de comerse a los hijos de Francia. Sin embargo, la alegoría tan desgraciada con la que los dos iniciaron su ¿viaje? no resultó nada desatinada. Maria Antonieta se conviritó en delfina de Francia dejando una mancha de tinta en su escritura. Fue la única que cometió tal borrón. La letra de Luis XV, un viejo gotoso amamantado por las lúbricas tetas de la condesa Du Barry, era todo lo firme que puede ser la decadencia pero la de los futurísimos era más bien... infantil. Maria Antonieta se olvidó de hablar alemán en Francia cuando aún no dominaba perfectamente el francés y las clases no eran, lo que se dice, su cualidad. Su letra era pésima, grande y tenía faltas de ortografía legendarias. Sin embargo, es la gran víctima de la moda. La gran fashion victim. La que en sí misma y por la historia fue tachada de puta y de santa.

La película de Coppola, que a mí me encantó, recoge bien el detalle de las firmas de Luis XV, XVI y de la buena de Maria Antonieta. Cuando Maria Antonieta llegó a Versalles, jugaba con los hermanos de su marido. Ella tenía quince años, él tenía uno más y sus hermanos, trece y catorce. Maria Antonieta pensaba que el buen gusto era un juego. Y acabó con la cabeza separada del cuello acabando su historia con una mancha de sangre roja. Un buen final para una historia que comenzó con una mancha rosa.

miércoles, abril 04, 2012

Sueños Lúbricos









La moda trata sobre dos cosas, al menos hoy,: sueños y mujeres.

Los sueños que produce el mundo de la moda, tan relacionados con el mundo del esplendor y la opulencia, no dejan de palidecer ante la carne magra y desnuda. Sin un ápice de vulnerabilidad.

En 2005, cuando Kate Moss tomaba y no tomaba coca en medio de la noche londinense y Agyness Deyn reinaba -la pobre- entre los modernos que no sabían si ser como ella, como Pete Doherty o como Irina Lazareanu, Lara Stone era una joven lúbrica rubia, una valquiria que hacía de lechera para Terry Richardson en Sisley y que se paseaba por Cannes como una fulana a magrear en una esquina. Bien es cierto, que en esas fechas,  Isak Hoffmeyer fotografíaba también a la señorita Stone para Euroman y, este es el resultado de la sesión.

Por entonces, nadie sospechaba que Lara Stone era el rostro que pondría cara a la moda del final de la primera década del siglo XXI. Pero ya no cabe duda. Entonces solo era, precisamente, la esencia de la moda: una mujer desnuda.

Decidan ustedes si por vestir o desvestida ya.