viernes, marzo 23, 2012

El Amor


A Liz Taylor no le gustaba que le llamasen Liz pero se casó dos veces con Richard Burton así que quizá no podamos juzgar bien sus cosas. En la película sobre George Brummel, el primer dandi del mundo, le dice a la bellísima que no debe ponerse pendientes con semejantes ojos. Que no los necesita, que nos distraemos de ella.

Y tanto, Beau.

Ha pasado un año desde la muerte de Elizabeth pero no podemos olvidarla, y tampoco olvidamos lo hermosa que estaba cuando amaba. No necesitamos sus ojos, nos distraemos de ella.

jueves, marzo 15, 2012

Lo Gélido Y Chanel


Frio, hace frio en Chanel otoño invierno 2012 2013 aunque ya no haya glaciares. Pero estamos en un lugar gélido, inhumano, un tanto marcial y de superhéroe. Va a ser verdad que los mejores amigos de una mujer son sus diamantes. La mujer de Chanel es más moderna de lo que se recuerda, vuelve un poco la vista atrás a los 80s pero solo lo justo para recordar lo bueno de aquellos años: el grunge, lo punk y la multiculturalidad. Tecnofilos, tecnobohemios al estilo Balenciaga y un tanto importante de metacrilato y de geodas.

La colección comienza muy bien. Abrigos largos -!por fin!- contra el frío, pantalones casi turcos que se convierten en prendas de fantasía sacadas de un cómic, terciopelo combinado con lana y un toque de frialdad que se matiza con las prendas tan cálidas. Hay poco comfort en el mundo que Lagerfeld plantea pero estas mujeres son como tortugas, se llevan su casa a cuestas y el hogar es el propio cuerpo.


Hay algo romántico en el mundo, sin embargo. Son los azules zafiro, los granates que tienen aspecto de joyas hechas vestido, el verde esmeralda que se funde en el entelado de las prendas, el tornasolado del ópalo. No son solo los colores joya sino el aspecto lujoso que rodea la pobreza de miras de ese mundo aséptico y gris y es que son mujeres tortuga, fuertes y, como diría Jane Austen, mejores que sus circunstancias.


Sin embargo, más en la línea de la vida de Austen que en la de sus novelas con final feliz, la colección tiene un final trágico. Es el Romanticismo y aquí, como en la tragedia, muere hasta el apuntador. Acaba mal, muy mal, fatal. La belleza y el lirismo inicial se convierten en aburrimiento, abulia, pasividad y repetición. Las novedades se convierten en reiteración monótona y las posibilidades son cortadas de raíz.


Qué se le va a hacer. Por esto no me gusta Lagerfeld. Por lo que puedo hacer y no hace. Pero... quizá deba ser así. La decadencia es hermosa a veces. ¿No? Pero es decadencia.


Y nos gusta Romeo y Julieta porque ambos mueren.

viernes, marzo 02, 2012

La Declaración De Amor, El Amante y Lady Dior


La colección de Raf Simons para Jil Sander otoño invierno 2012 2013 es toda una declaración de intenciones de amor. Según Suzy Menkes será el futuro diseñador de Dior tras la salida de Galliano y las arenas movedizas en las que se encuentra ahora. ¿Qué será de Dior sin Galliano, el hombre que le dio su imagen y su esplendor? Es una pregunta que persigue a todos y sobre todo a Arnault y a Toledano pero especialmente al qeu se haga con el timón de la defenestrada casa a día de hoy. Dior es un pastel y envenenado. Igual que Chanel cuando muera Karl.


En su trayectoria en Jil Sander, Simmons siempre ha hecho gala de una mesura, una concisión y un minimalismo propio de la firma en la que los Prada echaron a su creadora inaugurando un despliegue de butacas vacías para el puesto de diseñador creativo. En una oda al menos es más, a la depuración de líneas y de colores sólidos, Simmons ha continuado el espíritu de la firma y, al tiempo, ha sabido colar en los últimos tiempos algunas de sus propuestas en la Alfombra Roja y en editoriales. Las camisetas blancas sobre faldas largas entubadas y algo armadas de color hueso, en tonos vivos o con flores multicolores se convirtieron en una apuesta que la crítica de moda alabó con entusiasmo de entre sus propuestas.


Si la línea de la firma de la buena de Jil Sander se basaba en una occidentalización radical de los principios de japoneses como Kawakubo o Yamamoto y en una germanización funcionalista en sintonía con el movimiento moderno en arquitectura y una racionalización del vestuario femenino para el mundo actual, Simmons que continuó esa línea con su trabajo, parece bastante alejado del universo de Dior. Christian Dior, ese normando fascinado por la exhuberancia de las rosas y los vestidos de cócteles que metió de nuevo a las mujeres en vereda bajando las faldas y con la gracia de un corsé, no puede estar más alejado -¿no?- de ese concepto.


No tanto en realidad. Las líneas de Dior siempre fueron depuradas -como las pintó Gruau-: la línea H, la línea A, la línea Y... Es evidente que la casa ha pasado por distintas etapas: la romántica de Monsieur, la renovadora y chispeante de YSL, la sofisticada y pop de Bohan, la lujosa, sublime y madura de Ferré y la alocada, bulliciosa, tormentosa y orgásmica de Galliano. A la salida del gibraltareño, el equipo -las manitas que dirían ellos- ha continúado -y fracasado estrepitosamente- en la estela del imaginario del genio de Saint Martins: años 40s, lencería a la vista, los 60s de Jackie entremezclados con el circo, el cabaret, la revolución bohemia de Montmartre y el encanto discreto y chirriscante de la Francia del Moulin Rouge y del barón Haussmann (que era tan barón como yo, más o menos). Así que Arnault va a hacer su tercer salto mortal.


El primero fue poner a Galliano en Givenchy para luego mandarlo a Dior; el segundo fue poner a McQueen en Givenchy de donde salió su firma y su imaginario -pobre Arnault- y luego, bueno, el tercer salto mortal, pudo haber sido Tiscci en -oh sí, ¿adivinan?- Givenchy para pasar a Dior -cuando estuviese bacante- pero parece que Givenchy es adonde ha llegado Tiscci y que ahí se va a quedar un tiempo, al menos. Así que... ¿no es suficiente Raf Simmons para Dior, tan alejado de la magnificencia versallesca de Galliano, de sus ansias de exposición, de su halo de corsario con melena rubia?, ¿no es el cambio lo que mueve el mundo?


Simmons ha hecho una pasarela que pretende ser el primer paso en el abordaje a Dior. "Lo puedo hacer" dice esta colección. Tan femenina, tan sutil, tan deliciosa. El abriguito completamente delicado y el gesto recatado salido de una dama que va al salón de té, el abrigo rosa con el forro amarillo que promete una noche en la Ópera y un estuche de terciopelo lleno de joyas, el satén moviéndose en torno a los muslos y al pecho descaradamente bajo pero ingenuamente cubierto... Todo es tan increíblemente Dior... Es verdad lo que decía Chanel sobre que Chanel no era una moda sino un estilo, Dior también lo es. No es más que mantener la esencia...


Y Simmons sabe hacerlo.
Por mí, vía libre a Dior, señor.