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viernes, julio 29, 2011

Bomba


Y Dios creó a la mujer decían los franceses de Briggite Bardot. Lagerfeld debió oir la historia, porque ella es una de sus continuas aspiraciones e inspiraciones. No obstante, en la época en la que Schiffer poblaba las pasarelas y su melena relucía bajo los flashes de los fotógrafo que coreaban su nombre sin medida ni recato, Lagerfeld debió comprender lo hermoso de las creaciones divinas porque en su Alta Costura sacó a la valquiria nórdica sacada del Varhalla envuelta en versos coránicos. Fue un escándalo. Pero vamos, vamos, era evidente que ella ya era una bomba y que todos los hombres del mundo deseaban morir por ella... los qe amaban a Alá, además, lo reclamaron con sed de venganza. Una ofensa dijeron, una ofensa que no haya más... más como ella...


domingo, julio 24, 2011

Verano En África


Hay algo del verano que tiene que ver con el lugar donde estás. Es intrínseco. En Los Hamptons todo el mundo parece salido de una de esas producciones norteamericanas en un solo color -beige y azul muy rebajado, blanco y negro- y con un aire festivo-pasivo. En París, hay un halo melancólico que se palpa sobre todo en el calzado y en los pañuelitos que encajan, con aires mod, la esencia de Briggite Bardot. En Londres, en vez de pecar con los deliciosos 60s o con los absurdos 70 de Biba e incluso con los descarnados 80 de Westwood, se decantan por un prototípico y proverbial atuendo campestre que une vestiditos floreados cortitos con bolsitos de paja o cestitas -sigh- y bicicletas. En Milán, hay un arrebatador aliento en blanco, vestidos blancos e incluso chaquetas blancas masculinas -!me encantan los italianos!- y también lunares más al sur. En cambio, en Venecia y en Roma donde hay concentración turística es díficil Ver, ya saben. Aún así, yo diría que en Roma hay mucho rojo y púrpura obsceno y que en Venecia hay mucho aire antiguo, como sacado de una atmósfera cargada de humo. En Madrid, siempre veo una invasión vaquera y muchas cazadoras y me gusta especialmente el Norte de España donde hay vestidos con chaquetas en agosto y jerseys sobre los hombros igual que en Normandía hay botas de agua en verano y rosas en la misma mano. En Suecia siempre veo muchísima gente de tirantes, exageradamente corto, minifaldas con sandalias de tiras tan finas que ni se ven y con camisetas de tirantes reducidos al mínimo --para aproevchar, supongo--... y en Los Ángeles hay colores fluor, lentejuelas, tacones exageradamente altos, vaqueros y skaters en calles llenas de palmeras deliciosas y mujeres hipermaquilladas, al menos, como en Miami donde hay un moreno androide realmente espectacular- no se ya si por bien o mal...-

Pero, quizás, como europea, lo que más me llama la atención es la esencia del Norte de África; que sigue siendo mediterránea pero no tiene ese aire europeo que rezuma en la UE. Saint Laurent es perfecto para mostrarlo. Tiene esa americana setentera que seguro que es de color caqui o un tono similar a la arena del desierto, hay algo en las noches frescas con el cielo lleno de estrellas maravilloso y se puede seguir siendo europeo si uno quiere, por ejemplo, con una camiseta de rayas. Ah Europa... la vieja Europa... muy joven si te comparamos con África, ¿no? Delicioso.

miércoles, julio 20, 2011

A Gun For Hire


Newton decía que era un pistolero al que pagaban por disparar fotos. Tambíén que en su vida de fotógrafo de modas había hecho mucha basura porque, indudablemente, le pagaban pero que también había hecho algo que si no era arte, estaba muy cerca. El fotógrafo, un judío alemán huído hacia Oriente para evitar el Holocausto que dio con sus huesos tras pasar dulces noches de erotismo en Singapur en un campo de concentración australiano, supo captar bien la perversión y la esencia de la mujer, el sexo, el erotismo, el lujo, la decadencia y las segundas intenciones.


Para Newton, un cielo azul, una rubia escultural, un aparcamiento o una terraza eran suficientes. Una verja y un abrigo de piel. Una mujer desnuda y una cocina. Un gorro de piel rusa y un oso. Un zafiro muy azul y un pollo. En el primer número de Vogue Paris con absoluto control de Emmanuelle Alt, la sucesora de Carine, y una firme contribuyente al look desarrapado-lésbico-rock-ja de las Voguettes (llevado en ella al último eco de ese grito en el vacío, claro) vuelve al pasado glorioso de Vogue Paris cuando Newton era el sheriff e incluso a un poco de sus trabajos propios como aquel en que Daria se paseaba vestida de Chanel por Los Ángeles... Aunque aquí hay más perversión y menos laissez faire...


A Lara Stone me la creo. Es completamente Newtoniana, tiene algo trágico, algo mágico, algo decadente. Tiene un poderoso atractivo, carisma y fuego en la mirada. Newton podría estar ahí, dándo órdenes, diciendo cómo tiene que coger el hacha y esperando la reacción de temple contenido, de furia exacta que él espera. Lara Stone es una especie de banshee que llama a la muerte y a la vida como una dama primigenia. Es la Santa Compaña encima de esa piscina. Es la cruel parca y también tiene algo de bella medusa porque es bella pero... si te mira, te deja de piedra...


Es cierto, no obstante, que Alt aprovecha para ningunear su revista. Tiene esa afición desmedida por el boho chic, por los pantalones de pata ancha, David Bowie, los músicos melenudos y la laca que poco tienen que ver con los setenta y ochenta helmutonianos. Pero bueno, hay que captar, como Newton, la esencia de las cosas y lo que cuenta, al fin y al cabo, son las instántaneas memorables porque como bien sabe Newton, son las que importan. Las otras, no.


No obstante, es triste que la inspiración, la oleada de inspiración, sea un plagio. No es sorprendente, claro que no. La obra de Newton está día sí, día también en las páginas de las revistas. Testino hace malas copias -y triunfó con ellas- con Carine, Tom Ford y su Gucci noventero; Richardson cree saber a lo que alude Newton en su universo tan sencillo -ja- y Meisel suele recurrir a Newton de vez en cuando con sesiones delirantes donde falta sangre, sudor y lágrimas. Lo bueno de Newton es que convertía los maniquíes en carne y a las modelos en muñecas. A Newton le fascinaban las prostitutas, le fascinaba comprar a una mujer, le fascinaba el sexo a la venta con los sentimientos más puros y más bajos. A Newton no le fallaban los instintos. Eso cambia con Alt, claro. Con Vogue París a día de hoy y también en la era Roitfeld. Hay poca imprenta del hoy y demasiada sencillez para importar y disimular carencias muy hondas.


Alt no entiende el profundo conocimiento psicológico de un Newton conocedor de los límites y las bajezas humanas y tampoco comprende la fuerza arrolladora del fotógrafo alemán -y del mundo-. El problema de hacer fotos a la Newton no son ni las modelos, ni el sitio, ni la ropa, ni la fecha, ni la luz, ni el cielo; es el todo. Newton era la armonía. El hilo conductor. Y eso es lo que pincha en el reportaje. No es Newton, es un remedo y sabe, irremediablemente -incluso en los momentos brillantes- a pastiche. En esta sesión, sus responsables, no entienden que Newton no hace fotos de moda sino que cuenta historias en sus fotos de moda, no entienden que las amas de casa son desquiciadas, que los hombres son amantes perversos y amantísimos, que las putas son putas baratas y de alta alcurnia, casi sagradas, que la sangre es la vida y que el nacer es morir...



Por eso, cuando caminan por los callejones, no se ve a una loca, a una desequilibrada que en los 70s cree vivir en los 50 o en los 30 o en medio de todo aquel jaleo de Veronica Lake con su pelo y Ava Gardner con su arrebatadora belleza. Por eso, cuando pone a un ama de casa de corte medio de la América profunda y bella de perro y valla blanca, no entiende la desesperación que debe palpar en su pequeño mundo opresivo donde la valla blanca del sueño es el muro que trunca toda libertad por voluntad propia.... A Alt le falta naturalidad para ser capitán, a Newton le sobra. Aún así, Lara Stone está muy cerca de Newton y sus sueños, muy muy cerca. El cielo azul, el hacha, la velocidad, las piernas envueltas en medias, las palmeras y las bragas de encaje. Ay Helmut... menos mal que vivirás siempre... menos mal. Cómo nos gusta tu mundo. El tuyo, claro. 

lunes, julio 18, 2011

Un Cuento De Hadas


Un cuento de hadas, dice Natalia Vodianova. Casi como La Cenicienta, casi como La Bella y la Bestia, casi como La Dama y el Vagabundo, casi como... Rapuncel. La historia de Natalia Vodianova es igualmente bella. Una hermosa niña sacada de las frías estepas de Rusia donde la nieve y el hielo endurecen los corazones fue consciente, en medio de la pobreza, la desolación y la soledad, de su radiante belleza llena de ilusión, fugacidad y de un halo de oscura perversión. Natalia Vodianova es Caperucita Roja, una princesa, una reina y una ninfa. Le da la mano a Valentino y convence a sus amigos diseñadores de que diseñen un vestido sacado de los cuentos de hadas atávicos, se le haga un libro de fotos y se publique. Con la velada, con subasta incluida, se esperó recaudar -al final de la HC- fondos para hacer parques en la Rusia natal de Vodianova. A veces, alguien nos hace creer en los cuentos de hadas ... por mucho que, a veces, su vida, sea una vida perra... porque es cierto eso de que donde hay ruina, hay ascensión.

jueves, julio 14, 2011

Cool And Chic



Uno. Dos. Tres. Cuatro. !Cinco? Cinco años ya con este blog en medio de momentos bochornosos, instantes encantadores y de la historia, al fin y al cabo, somos historia. Normalmente los aniversarios son aduladores pero quizás se pueda hacer una excepción. Yo acuso, y yo, y yo... Me acuso a mí misma de muchas cosas y veo en este blog carencias evidentes, olvidos terribles, ausencias notables y faltas que me hacen sonrojar. También veo cosas buenas pero eso lo aparco. Debo decir que, como todo el mundo sabe, los blogs están pasado de moda. ¿Y qué?.

Acabada la semana de Alta Costura de París con cada vez más urgencia en la boca, es evidente que no hay nada nuevo bajo el sol. Unos entran, otros salen y al final, año tras año, es idénticamente lo mismo. Tom Ford que no es, a diferencia de muchos, santo de mi devoción, trata de cambiar un poco las cosas como ya hizo cuando entró en Gucci aunque, en mi opinión, Tom Ford es demasiado Yves Saint Laurent y, lo que importa, es que todo lo que hace ya lo hice Yves, antes y mejor. Tom Ford me deja fría. Tiene ropa preciosa, un concepto inserto en su mente y no niego que es un buen especialista del marketing. Tiene un concepto que encaja con la filosofía de nuestra moda, esa en la que se abre un blog cada minuto -o más- y la mitad se cierran en menos de un año.

Ahora, Ford, le ha dado la vuelta a la sartén para seguir teniéndola por el mango, por supuesto. No quiere fotos, no quiere que sus colecciones se vean en todos los sitios ni que todas las estrellas las luzcan. Quiere privacidad e intimidad, algo que, por cierto, descubrieron al final de la Edad Media los nobles y que causó más estragos que la tan cacareada Guerra de los Cien Años.

De repente, todos los conectados tras las pantallas del ordenador se sorprenden ¿cómo es posible que llevemos ropa que salió a las pasarelas ayer, que aún no ha salido, en marzo la de verano, en febrero un entretiempo futuro y en invierno vayamos de tirantes? En eso parece basarse la nueva propuesta de Tom Ford. Y, también en una europeización extrema que siempre ha caracterizado al diseñador aunque, sí, Tom Ford es americano hasta las trancas. Y, como decía Oscar Wilde, los americanos son ese pueblo que recuerda que en Roma se compraron unas medias.

Por eso, yo acuso.

Sobre todo acuso de que no conocemos la historia y que, por ello, estamos condenados a repetirla. Lo que hoy vivimos, ya se vivió en la Belle Epoque. Chanel lo vivió y Chanel se lo cargó. Pero, soy de la opinión que hay que echar el muerto al hollo y el vivo al bollo. Aún así, aunque me maravilla el fenómeno de la moda actual, los millones de blogs de moda, las páginas ¿especializadas? y los portales de Alta Moda que abren un nuevo mundo tan increíble que es, precisamente, difícil de creer y, aunque, hay blogs maravillosos en los que uno no puede dejar de maravillarse del buen gusto, la hondura de la sabiduría de sus autores y de la generosidad que los lleva a escribirlos, no queda más remedio que acusar.

Empiezo yo, claro.
Este blog me deja fría muchas veces. No pasa nada.
El resto de la blogosfera y de Internet en general me da tan igual como muchas revistas.

Vogue USA se va al carajo poco a poco, Vogue París vive momentos de contricción, Vogue España no sabe si es una Voguette cuando el furor se ha pasado o si ser original es lo más -ja- y Vogue Italia es tan inestable como bailar sobre un volcán. La crisis económica está convirtiendo nuestro mundo en algo similar al de los Años 20. Mucha pompa y mucha miseria. No digo pobreza solo, digo miseria. Es como si todo ese aire mágico de Vogue y de la moda en general -y la Alta Costura en particular-´se estuviese esfumando a pasos agigantados.

La nostalgia no vale nada.
Por eso precisamente hay que acusarse.
Yo acuso, la primera a mí.
Y por eso, les digo:
"abran los ojos, nos espera un mundo de oro pero hay que ayudar a levantarlo".
¿Dispuestos?
Pues qué demonios, se ha abierto la veda.
A ver si así entramos en calor y dejamos de vivir en este apático frío. Yo la primera.

martes, julio 12, 2011

El Dulce Amor


París es la ciudad del amor, donde todo es posible y las mujeres son bellas. Por supuesto, si hay alguien que destaca entre todas ellas es Coco Chanel. De ahí parte Karl Lagerfeld para diseñar su colección de Alta Costura de otoño invienro 2011 2012 que evoca los años en que Chanel reinaba sobre el mundo de la moda, de hecho coronaba el desfile sobre la Plaza que el Kaiser plantó en medio de la pasarela. París es una ciudad gris que late rebosante de belleza. Suele acabar mojadas las aceras y, a veces, los ojos. No se puede evitar, París es así: caprichosa.

Lagerfeld parte de las pasiones bajas, oscuras, divertidas, claro. De la lujuria, el lujo, el desenfreno. Parte del girar de las apas del Moulin Rouge y del caminar antes de que amanezca cuando uno abandona las sábanas blancas que le pegan a su amante. Y es que la colección tiene un regusto a sensualidad eminentemente masculina: hombros anchos, actitud muda, liberación callada.


Son los 60s los que se ven. El pasar de la vida en medio de la revolución sexual, del cambio de costumbres, de Chanel amarrada al Elle francés y a Estados Unidos, de Courreges y Balenciaga. Y de Pierre Cardin. Y de Paco Rabanne. Hay la misma falsa austeridad en el ambiente, una sencillez casi espacial que roza lo prepotente. Con razón, al final, las modelos ven iluminar su calzado en neón, en la más estricta oscuridad y relucen como ovnis, como extraterrestres, como estrellas...


Lagerfeld repasa -y examina- las tribulaciones de la mujer moderna que pasan desde el primer canotier pequeño, delicado, áspero de Coco Chanel hasta las mangas acuchilladas que permiten libertad de movimientos que también inventó Coco y las proporciones algo deformadas que estilizan la figura de forma extrañamente masculina. El Kaiser continúa con su oda a la modernidad paradójica con las botas a lo "mod" de Courreges, y prosigue con modelos para la noche basados en el cielo y en las aspiraciones.


Lentejuelas y plumas, brocados y bordados e incrustaciones rescatan el lado más artesanal de la Costura que Chanel siempre pone en práctica con un vocabulario preciosista y casi bizantino que se combina con la modernidad de cortes audaces sacados de la mente de Mary Quant y de tejidos ideados pensando en la revolución tricot de Missoni, en la locura de Biba y en la Inglaterra que veía a los Beatles melenudos y se sacudía el polvo del papel pintado de las paredes para convertirlo todo en un puff de plástico, psicodelia y pop.


A cambio, Lagerfeld imagina una mujer que, aparte de su carrera profesional, de su liberación y poder -que pisa con los pies en la tierra y fuerte- también tiene unas inclinaciones más dulces, más tranquilas, más espirituales quizás. Recuerda los viejos bailes, los antiguos esplendores, las veladas y los maitines y sueña con la vida y con el miedo a Dios y con la poesía sin ser cursi ni prosaica. A sus serios trajes de chaqueta los ha añadido brillo; a las prácticas botas, transparencias que erotizan su figura; al conjunto de cóctel, plumas que convierten su cuerpo en el de un ave del paraíso; al consabido petite robe noire, riqueza en el tejido y volantes; al aburrido gris oscuro, destellos; a los cortes rectos y opresivos del invierno, escotes sugerentes y provocativos; a los abrigos que protegen del frío y la niebla los tapiza de perlas negras, de estrellas de plata, de ríos de luna y a las cremalleras, una ristra de lentejuelas negras que convierten la espalda, la cadera y las costuras en un esqueleto externo que envuelve a la mujer como un gusano de seda hasta que se haga mariposa.

Porque la meta del desfile, de la contemporaneidad, de la antiguedad, es, al fin y al cabo: la belleza. las siluetas desconcertantes, las melenas que se convierten en enjambres de seda, las máscaras que ocultan nuestro verdadero rostro, los opresivos abrigos cerrados de cuello a pies que envuelven como una crisálida a la mujer de Chanel dan paso a transparencias, tejidos que fluctúan bajo las luces, que se deshacen como si fueran de agua, a flores en el pelo, las mangas largas y los escotes cerrados se rompen y pasan a ser plumas de cisne que acarician las dulces mieles femeninas y que reclaman amor y caricias para esas sirenas... que buscan un marinero para casar bajo la potestad del capitán porque, amigos, el vestido blanco y la sonrisa, ya los tienen.

sábado, julio 09, 2011

Poder, Deseo, Chic


Las mujeres de Gaultier son sofisticadas.
Para mí es el mejor cumplido que se puede hacer a su colección de HC de otoño invierno 2011 2012. La elegancia, tiene, como todo, un rastro de esnobismo, de exageración, de ampulosidad. Y no hay duda de que Gaultier sabe ser chic. Es demasiado exceso para ser elegante y precisamente por ello es, precisamente, el culmen de la elegancia. Berlín años 20, años 40 una vampiresa del cine negro, una princesa del cine mudo, de las estepas mongolas, una reina del hielo lapona, una condesa del medievo o una monja de clausura que escapa de las llamas envuelta en zorros para dirigirse adonde todos los milagros son posibles, a Rusia, a Roma, a Jerusalén o a Santiago.


Eso es lo fascinante de las mujeres de Gaultier. Son putas, son reinas, son diosas, son oficinistas, son princesas, son esclavas, son salvajes, son animales, son divinas, son autoridades, eminencias, obispos, papisas, herejes, condenadas, perseguidas, redimidas, salvadoras, mesías, profetas, condenadas, demonios y... ángeles.


Lo bueno de Gaultier es que no tiene nada que ver con Tiscci, por ejemplo. Gaultier repite su formato, repite sus prendas, repite su vocabulario, repite sus accesorios, sus inspiraciones, sus obsesiones, sus fantasías, sus absurdos, sus esperpentos, sus delirios y sus genialidades y... siempre sale algo interesante. No es que por ejemplo con Ricardo Tiscci no sea un universo interesante sino que el de Gaultier siempre es interesante.


En medio del aburrimiento colectivo en la HC donde Dior es un desastre, Armani es discreto una vez más,  Elie Saab son princesas, Tiscci repite sus creaciones -sublimes sí y aburridas sí- y Chanel es, bueno, Chanel, Gaultier nunca decepciona. Vale, Gaultier tiene sus cosas que no siempre son fascinantes. Bueno, y todos. ¿Y qué? Del genio no interesa lo malo sino lo bueno. No interesa el error sino el acierto. El silencio sino la palabra. El llanto, no, es la sonrisa.


No es que no me crea las princesas de Elie Saab, sin duda, son el arquetipo mental de princesa: envuelta en sedas, en tules, en oro, en lujo, en refinamiento, en dinero, en belleza... Simplemente es que las princesas de Gaultier son sublimes porque son de verdad. La diferencia es el disfraz. Simplemente.


No hay disfraces en Gaultier. Ni un solo disfraz. Reinas, magníficas, omnipotentes, traidoras, iletradas. La reina de Saba, Nefertiti, Catalina de Aragón, Ana Bolena, Isabel la Católica, Isabel I, Jane Seymour, Maria Tudor, Juana la Loca. Todas.


Incluso la muerte.

miércoles, julio 06, 2011

Japón Y La Belleza Y Armani, Claro


Armani ha dicho siempre que su máxima es la belleza de la mujer. La piel blanca, los labios rojos, el cuerpo como una flecha. Un lirio o una orquídea. En esta colección de HC, de otoño invierno 2011 2012, Armani se decanta por un discurso que ya conoce: Oriente, la sencillez, la elegancia del detalle, los elementos que fluyen, las garzas, las olas, la seda, el kimono deconstruido a la universal, el obi y especialmente, Japón.


La colección carece del poder y la omnipotencia de la anterior colección de Alta Costura de Armani aunque es cierto que retoma su inspiración. En este caso, Armani escoge la sofisticación menos inmediata. En vez de sombreros pagoda, tecnología del futuro, reflejos de agua y una elegancia distante, se decanta por reflejos acuosos apenas insinuados, corsés que reposan por las caderas y se deslizan por el vientre de forma sinuosa y delicadeza. Sake, arroz y té de jazmín. Y un servicio completo. Claro.


En Japón consideran que la pobreza consciente es hermosa. Al tiempo, adoran el lujo. Armani rescata la sencillez, el decoro, el esconderse en el caparazón y actúa con la belleza del sol, de lo que no es obvio, de las delicias y el placer. La colección es sencilla y al tiempo es delicadamente lujosa. Los dandies, al inicio con Brummel antes de ser catalagodos de ampulosos, se dedicaban a pasar desapercibidos por su sencillez, por su elegancia.


Armani lo redescubre en versión oriental. Garzas, dragones, lirios, calas, mujeres que caminan a pasos discretos, belleza en estado puro. Porque el rocío llega al amanecer, pero sólo con unas pocas gotas. La belleza de lo que es único, hermoso, plástico pero nada exagerado, nada teatral. Sólo prendas para una mujer. Feliz si puede ser. Y bella.

martes, julio 05, 2011

El Baile De Debutantes


G. Valli hace su debut en el mundo de la Alta Costura con su colección otoño invirno 2011 2012. Al creador le han llamado el Nuevo Valentino, se dijo que rechazó el trono de la casa italiana, y también se ha dado a conocer gracias a varias celebrities que han sacado a colación sus diseños. En España está patrocinado por Naty Abascal, claro. Aparte de eso, la colección de Valli de Alta Costura bebe del lenguaje icónico del creador: mujeres femeninas, tacones altos, telas con relieve, capas para los trajes de fiesta y colores luminosos -blanco, rosa, rojo- que lo son incluso en sus tonos oscuros -gris o cobre-..


 Frente a las desastrosas críticas del desfile de Dior, Valli ha cosechado grandes éxitos entre público y comentaristas. Lo más importante de la atmósfera de Valli -quien, quizás peca de una colección excesivamente veraniega salvo por algunos abrigos-  es el detalle. La esencia de la costura, desde que los hijos de Worth crearon la Chambre Sindical, es que sea "tan bonito del derecho como del revés".


Valli, con sus detalles de flores, cabezas de león, zapatos salpicados de cuentas color coral, pañuelos en la cabeza al más puro al estilo de Grecia, cinturones metálicos, capas que ondean al viento..., logra conseguir una vuelta a la Costura. Lo mejor que el dinero puede comprar, más o menos. Estamos demasiado acostumbrados a la idea de que la moda es espectacularidad, Givenchy, cuando le preguntaron sobre Galliano -berrinches aparte- dijo que "vendía zapatos, bolsos" pero no prendas porque lo que confecciona era un show y no ropa; -salvando que eso es cierto en parte, pero sólo en parte-, en cambio, Valli se decanta por algo más tradicional. La esencia y no el show.


Balenciaga presentaba sus modelos en la más completa austeridad, con un número, sin música, en silencio, sin dejar dibujar a nadie. Coco Chanel hacía algo similar, Dior presentaba en aquel salón con las sillas grises mientras era tan famoso que la gente se agolpaba -todos notables- a ver su colección. Y todo el mundo sabe que Tom Ford está haciendo algo similar. Por ello, que Valli retome la idea y presente esta sencilla colección -magnífica, ampulosa y potente, sí- pero sencilla, la verdad es que es interesante.


Hay día, hay noche. Hay abrigos. Hay ropa de entretiempo -porque, qué demonios, ya nadie lleva jerséis en invierno porque las calefacciones están tan altas que uno moriría asado (al menos yo)- y hay prendas de toda época, sin un corte que indique que son de hoy. Podría llevarlas Katharine Hepburn en "La fiera de mi niña" o en "Historias de Philadelphia" o incluso la otra Hepburn en Charada. No durará una eternidad en los anales de la historia de la moda pero, nosotros tampoco.

lunes, julio 04, 2011

El Show Debe Continuar



El show debe continuar. Incluso a la deriva. Incluso aunque el mundo se esté hundiendo. Incluso aunque este día sea el Apocalipsis... y quizás por eso. Aunque no sepamos cuándo será mañana. Ni siquiera si hay un mañana. Sidney Toledano, de Dior, ha dicho que saber cuándo habrá en Dior un nuevo director creativo, es como preguntar a "una muchacha, cuándo va a casarse".  Bill Gaytten y Susana Venegas, su ayudante, pese a que no hay capitán en Dior, se han hecho con el timón de la firma. Aquel rollo de las petites mains, de los artesanos de la firma de Dior, de todo aquello... parece que, bueno, "rezad a Dios y plantad coles".

A las 14.30 horas se presentaba la colección de Dior, la primera en la era post Galliano -más o menos porque sobre la anterior hay grandes incógnitas-. Aunque en Dior se llevan mal con todos los sucesores, aunque Galliano ha afirmado en su juicio no recordar "nada" y lamentar "profundamente" todo lo sucedido así como estar en "tratamiento".... bueno... a veces los peones se rebelan. Minutos más tardes las críticas se sucedían. Demoledoras.

Ya no hay nada de "Yves Saint Laurent salva Francia" cuando se hizo con el timón de Dior, ya no hay aplausos para Marc Bohan que bebe, en medio de la contemporaneidad, con Carolina de Mónaco y tampoco queda nada de Gianfranco Ferré que emplumaba los paseos de las grandes damas. Ni que decir tiene que parece que -como siempre en Dior- Galliano y todos los otros sucesores, parece que no estuvieron. Pero sí que estuvvieron.

Lo curioso de todo esto es que la crítica en el mundo de la moda está completamente fuera de lugar. Anna Wintour lo sabe. Vogue lo sabe. Y todo el mundo sabe -¿verdad Armani?- que quien paga los anuncios tiene derecho a buenas críticas -aplausos- y a ver sus prendas en editoriales y en la revista. Y quien no paga anuncios, no tiene espacio. Por eso, esta devacle es sorprendente. La Wintour era muy fan de Galliano, ella le cuidó y le alimentó, le guió con mano próspera y le hizo triunfar, año tras año, pese a que el espíritu de John Galliano estaba lejos del Vogue Americano, Wintour le mecía entre sus páginas. Incluso cuando no estaba en sus grandes momentos. Pero eso da igual, Olivier Theyskens ha caído varias veces en desgracia y eso no ha supuesto que Vogue USA le retirase su apoyo. Y diseñadores malos salen en sus páginas continuamente.

Pero todo el mundo se ceba con Dior. La colección es mala. Pasa como con Sarah Burton pero ni siquiera es mediocridad. Es mala, a secas. Mala. Mala. Mala. Pero la de Valentino post Facchineti también lo era y no pasó nada y ese duo que diseña ahora sigue siendo malo pero eso no supone nada. A nadie le importa. Y el trabajo de Galliano reciente tampoco es para tirar cohetes. ¿Y qué? Aluvión de malas críticas y ojos soñadores hacia Galliano -bah, esto ya pasó con los otros, no se crean-.

Las malas críticas para Dior son un jarro de agua fría. 23 años estuvo con Galliano el responsable de la colección -que si capitanea Galliano y diseña para Dior y saluda, no es... timonel a ciencia cierta de la firma-. A lo que vamos. Se han inspirado en Marc Bohan, en una rosa moderna (guiño a Dior cuyas casa se edifica sobre las rosas) para el invierno 2011-12 y en lo aprendido de Galliano: la locura, los metros de tela, lo exaegrado, lo teatral, el maquillaje oriental, los 36 pases conquistando entre lo macabro y lo grotesco el Museo Rodin... pero los aplausos no llegan.

El mundo del circo. La vida es un carnaval. Y la colección de Dior no es un espectáculo. Me recuerda a esa historia por la que un elefante inmenso es sujeto por una pequeña cadena,  cuando el niño se sorprende, resulta que le explican que el elefante cuando es pequeño no puede escapar por mucho que lo intente y se resigna. Se resigna a ser libre. ¿ Por qué nos resignamos? Yo aún veo los futuso pétalos de rosa caer... hermosos.

domingo, julio 03, 2011

Grace


En el 56 se casó Grace Kelly. La princesa de Hollywood se convirtió en Princesa de Mónaco y aquello que dijeron de ella "si hay algo que sabe hacer es llevar un vestido", se convirtió en verdad. Grace Kelly para mí vive congelada en Atrapa a un ladrón, la verdad. Es la hija de un millonario, atraída por lo prohibido, que conduce como una loca por las carreteras de Mónaco, toma el sol y palpa la felicidad y la infelicidad al tiempo, es más inteligente de lo que parece y al tiempo es impulsiva y es una revolucionaria del corazón y una enamoradiza... maravillosa en medio de la elegancia, el cielo azul, el mar vibrante y Hitchcock, pollo y Cary Grant con quien, por cierto, siempre se besa y luego hay fuegos artificiales.


En Mónaco con Robbie -él Gato-, Grace le cuenta que "no lleva joyas porque no le gusta tener nada frío en la piel". Debía ser verdad porque Grace rechazó ser la esposa del Sha de Persia pese a que le regaló bellísimas joyas y a que tenían una relación pública. Cary Grant siempre dijo de ella que era una gran actriz y que lograba ser ella misma en pantalla, simplemente se interpretaba a sí misma que es cuando se ve la talla de un actor, según dicen -oigan-.


Para mí, la noche de bodas de Grace Kelly está en su villa de Mónaco. A punto de descubrir dónde está el pájaro enjaulado y dónde la libertad del pájaro que escoge libremente su jaula y, bueno, también está, como el ladrón de joyas, cazando marido o... lo que se tercie. Aunque, eso no quita que Grace Kelly tuvies casi una boda (con Oleg Cassini), una boda que la dejó "prácticamente casada" con Rainiero -la civil- y la boda religiosa con Rainiero. Probablemente, uno de los enlaces más famosos del mundo junto con el de Lady Di quien, por cierto, la conoció. A su enlace civil, Grace llevó un vestido confeccionado por la modista de la Metro, Helen Rose, en encaje rosa antiguo de Bruselas comprado a un museo europeo.


Precisamente era su educación prusiana completamente germana la que hizo de ella una musa para Hitchcock que la encontró turbadora, de fuego cuando parecía de hielo y completamente fascinante. Grace dijo que deseaba ser recordada como alguien "decente" aunque en su trayectoria personal contaba con diversos escándalos por su apasionada vida amorosa que fue descrita por Zsa Zsa Gabor (ésa que los Borbones se trajinaban sin saber que había que pasar por caja- como más intensa en un mes que la suya a lo largo de la vida. La bella Kelly leía Bazaar con James Stewart (no pudo ser Grace) pero hacía bromas fuera de guión con Grant, se enamoró de Holden, persiguió a Clark Gable, fue amante de John Kennedy (Jackie nunca se lo perdonó), de Khan antes de que se casara con la bella, bellísima y lo siguiente Rita Hayworth y de Tony Curtis, Gary Cooper o Bing Crosby. Justo antes del matrimonio con Rainiero, estuvo prometida con Oleg Cassini -naturalmente el diseñador de Jackie Kennedy, esa que tanto odiaba a Grace...- pero no resultó y... tras Rainiero... bueno, Grace siguíó cruzando a toda velocidad la carretera de Monaco.


Por culpa de un Grimaldi, el Príncipe Rainiero del siglo XVIII, que violó a una virgen eslava que se convirtió en bruja tras la agresión y maldijo a la familia a que "ningún Grimaldi tuviese un matrimonio feliz". Grace se iba a casar con Rainiero y pasaría de reina de las pantallas a princesa de Monaco por obra y gracia de Onassis -y Jackie vuelve a aparecer-. Y entonces Rainiero se consagró a sus amantes y Grace a Brando, a Sinatra -y Jackie vuelve a hacer su aparición- y al amor eterno con David Niven. Y Hitch, ese que dijo que el problema del siglo XX era que no torturaba lo bastante a las mujeres, que quería ser Cary Grant y que amaba desaforadamente a Grace, la definió como una dama siempre, salvo en el dormitorio.


Pero, al margen de todo eso que son avatares de la vida, lo que importa es que Grace fue una de las novias más bellas vistas nunca. El traje, regalo de la Metro, diseñado por Helen Rose e inspirado en el XIX americano partiendo de una idea de la diseñadora para "Alta Sociedad", en la que salía Grace. Grace Kelly se probó varias veces el vestido antes como si fuera un ensayo de vestuario. Hoy hace 55 años -19 de abril de 1956- de su boda y su vestido marcó un hito en el mundo de la moda nupcial: de hecho, Sarah Burton de McQueen ha creado este año para Kate Midlleton, señora esposa del hijo mayor de Diana de Gales, un diseño calcadito al de Grace. El trabajo de Burton, por cierto, se basa en ser más McQueen que McQueen y más Helen Rose que Helen Rose pero del sello SB no hemos visto aún nada.

Al margen de ello, el diseño fue confeccionado por 35 costureras. Se empaquetó en una caja de aluminio de más de dos metros de largo y se recubrió de algodones impregnados en perfume francés para que oliese como un estallido de flores. En ella también se incluyó el traje de la ceremonia civil, un devocionario, el velo y el negligé. Se elaboró en seis semanas y Grace sugirió que se le añadiera cola. Se confeccionó con 20 metros de tafetán de seda. El velo se elaboró con 90 metros de tul. Fue peinada por el estilista de la MGM, Sidney Guilaroff. Al enlace acudieron mil invitados. Hitch era el padrino. También fueron Cary Grant y Ava Gardner y la reina Victoria Eugenia de España preparó a la novia para ser aceptada en las casas reales, todo el mundo comentó que era la Kelly la que parecía la princesa y todas las monarquías hicieron boicot a la mujer que había ganado un Oscar en el 54. Toda la jarana se llamó la boda del siglo. Lo era, sin duda. 30 millones de personas la siguieron por televisión. Sin duda, la película de Grace Kelly más vista. De hecho, la Metro obtuvo los derechos de la filmación.

Lo trascendental de este vestido de película es que se cumple aquello que dijo Capote sobre Holly Golightly "es falsa" pero es "genuinamente auténtica". Grace parecía una virgen, una santa, una novia, una estrella, una Venus parada en la Costa Azul para siempre, preservada en el inconsciente colectivo, en el culto a la belleza, en la eternidad... Más de cincuenta años después, la historia del Príncipe Azul, del Desayuno con Diamantes y del "se casaron y comieron perdices" vuelve a la actualidad con el enlace de Charlene y el Príncipe Alberto de Mónaco, el hijo mayor de Grace.



Cumpliendo la tradición monegasca, la novia llegó antes que el novio a la catedral de San Patricio. Llevaba las tres enaguas adornadas con lazos azules, uno de sus colores favoritos, por cierto. Ayer y anteayer cuando Charlene Winstok y el Príncipe Alberto, hijo de Grace, se casaban, nadie se olvidó de la Kelly. Al fin y al cabo, una estrella es una estrella. Y siempre van primero. Para siempre.