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miércoles, mayo 25, 2011

Una Boda Real


Hay hombres que son capaces de hacer todo por contentar, encontrar y amar a la mujer que desean.
Los ingleses conocen dos reales ejemplos: el de Ana Bolena y el de Wallis Simpson.


Por la primera, el rey Herny VIII dio su cielo, casi su reino, alianzas con otros países, el fin del catolicismo en Inglaterra, su hija Mary y las vidas de todo el que se opuso minímamente. Bueno, es verdad que le cortó la cabeza a Ana pero fue "a la francesa" que es más delicado (y pese a ser inocente).


Lo que no acabó tan mal, sino simplemente algo triste, algo extraño, algo ... delirantemente extravagante fue el romance de Wallis Simpson y chez David. Americana y divorciada y experta en artes amatorias cual Mata Hari destronó a un rey por su amor y vivió cubierta de joyas: él nunca se perdonó que no hubiese sido reina. No tengo que decirle que Aline Griffith, sí -esa señora muy elegante, con el pelo lleno de laca al más puro estilo cool y con un pasado como espía americana y el nombre en clave de "Butch"-, subasta sus joyas. Aunque es otra historia, entre ellas tiene un delirante reloj de brillantes de la señora Simpson con una fecha grabada por detrás que ella heredó de Wallis. La fecha es del 36, la boda fue más tarde. Aline dice "tuvieron relaciones íntimas antes de la boda, un escándalo en la época, él lo marcó para siempre en el reloj". Aparte de eso, la señora Simpson tenía el broche panter de Cartier, collares de esmeraldas y pulseras de rubíes y otro millar de joyas para acompañar a ese hombre elegante que llevaba trajes azul noche porque son los únicos que parecen negros.

Aunque no crean ustedes que el hombre solo vive de joyas, como diría la propia Wallis "yo no era hermosa así que me vestía mejor que todas las otras mujeres".

En Vogue se saben una anécdota genial de ella, para mejorar su imagen, hicieron un reportaje con ella en Vogue. En una de las escenas, lleva el vestido langosta del combo Schiaparelli-Dalí. Llovieron críticas. Sobre todo cuando Dalí aclaró el significado freudiano y sexual de la langosta. De todas formas, para mí Wallis Simpson ES Wallis Simpson con este vestido de Mainbocher. Y sí, cuando Sarah Burton acabe de fulminar el estilo-archivo-esencia de McQueen puede empezar a hacer lo mismo con la historia inglesa. Esperen, que eso ya lo ha hecho.Vive Dios. El vestido de la hermanísima Pippa Midlleton se inspira claramente en la modernidad de la línea I de Wallis Simpson. Bueno, otra vez será Sarah. Wallis desde luego está maravillosa.


martes, mayo 17, 2011

Fresco


Mierda. La publicidad funciona por el deseo.

El deseo es un mecanismo al que somos especialmente susceptibles: posesiones materiales, sentimientos, apariencia, personalidad, tiempo, recuerdos y a otras personas. Deseamos mucho, muchas cosas y muy variadas. Y yo tengo que pasar por los estantes Dior para comprar la serie de Un Viaje, un aroma como la muy sagrada Portofino, una colonia que lleva ya años por aquí conmigo. Al margen, así entre el calor de la ciudad puedo desear estar ahí, en esa hamaca. Y así, señores, comienza la historia del arte de vivir. Luego por la noche, un poquito de Chanel Crucero pero, ah, esa es otra historia; una en blanco, amarillo y malva. Sí, como Eugenia de Montijo. Vive Dios.

domingo, mayo 15, 2011

Belleza


Dicen en Muerte en Venecia que todo aquel que contempla la belleza, muere.
Como esto de la humanidad es mortal, mejor morir joven y habiendo vivido que morir mayor sin nada que contar.
Pensaré en la risa de mis mujeres y en sus lágrimas. En las fiestas que son casi lutos y en los lutos que son casi fiestas. Pensaré en la luz dorada queinunda las viejas mansiones, en los cuadros con rasgos nobles que heredamos, en las camas que el tiempo ha amado y mantenido, en los perros que hemos querido junto a nosotros y en los doseles que nos han acariciado la cara como si fueran el viento que mueve las velas de un barco blanco.
Y tras contemplar la belleza, moriré.
No aspiro a más.  
Sólo a poder morir tras contemplarla porque entonces, la habré disfrutado.

lunes, mayo 09, 2011

Los Guantes Azules


O el estrambótico Meisel... presentan un raro número de bañadores en blanco y negro, con una sex symbol de pelo gris, lejos de playas y en una habitación que roza el límite entre el Huerto cerrado y lo profanamente pervertido y vaciado. Pero no es sólo eso. No es sólo que sonrisas no haya, ni chicas facilonas, ni parte del unvierso mental de Terry Richardson, ni planos a lo Vogue USA con ¿Penélope Cruz? o Carmen Kaas con un bañador rojo y el sol de cara cortando la respiración con la cadera haciendo de línea del horizonte. No. La cuestión son los guantes azules.


A Meisel ya le conquistaron. En realidad, son más o menos las dos caras de la misma moneda. Como aquellos clochards que Galliano diseñaba cuando la prensa era crítica pero aún no mezquina con él y a lo que su protector, Arnault, tronaba un "es que no le entienden" y él, todo tímido y sin ser una rubia impresionante aún, decía entre sonrisillas "son lo más bonito que he hecho, darling". Años después, los guantes vuelven a aparecer. Si ahora no es un mendigo, sí que tiene algo del morbo de aquellas fulanas que Versace miraba en su infancia.


También de las que miraba Helmut Newton. Que creía que las prostitutas tienen un sentido innato para vestirse anunciando sus especialidades, como si la moda fuese un preludio del sexo previo pago y todo lo que no es desnudez, fuese un entrante para "abrir boca": A Newton le gustaba la que se vestía de novia y otra que tenía monóculo pero cuando las quería fotografiar, no le dejaban. Eran chicas de pueblo y no querían que su familia lo supiese. Eso sí, no pasaba nada porque en la vida secreta fuesen prostitutas. Una bonita moral...


Similar a aquella de la historia de "cogí a una puta de a dos francos y la llevé al Louvre conmigo. En cuanto vio las viejas estatuas desnudas, se sonrojaba y se tapaba la cara con las manos y decía "ay, vámonos, vámonos que esto es pecado, que están desnudas, venga, yo me voy". Aquí, la Kristen que Meisel retrata tiene menos escrúpulos físicos y más escrúpulos psicológicos.


El reportaje ahonda en el morbo. Todas las señoras de bien sufren una fascinación por las putas, como Escarla O Hara sabía bien. Como la Belle de Jour vestidita de Yves Saint Laurent en plena anti represión burguesa también sabía. Aquí no se trata solo del aspecto más carnal, más desangrado, más explícito, sino de la soledad, de la melancolía, del sosiego que llega tras la acción, del pesimismo y la carga del alma condenada.


Hay un poquito de Zurbarán. Yo también veo la calavera y la muerte que se desea pronto.


Aunque claro, si vives porque no mueres, vives.

miércoles, mayo 04, 2011

Novia Blanca Y Radiante


Con toda la historia de Lady Di (el traje era espantoso pero increíble al tiempo) y con el jaleo Boda Real de Inglaterra, una reina burguesa y el amor feliz o infeliz de una nueva noble nos volvemos casi al siglo XIX aunque con privilegios. El "divino seto" de Shakespeare para con los reyes se va cayendo, derrumbándose hasta agonizar. No es que yo no sea muy proIsabel II (con amarillo jilguero o superticioso según quien) y tampoco es que no sea republicana, sino que esta boda me ha dado que pensar. Las novias van horribles. Caprile lleva razón cuando dice que lo bueno del traje de Sarah Burton para Midlleton es que es "soso" y clásico y discreto. Bueno, falta espectacularidad de reina.

Si no me puedo casar como Elizabeth Taylor con flores en el pelo o con un Mainbocher como los que Capote soñaba para Holly Golightly -si es que me caso, señores- quizás pueda emular no a Diana of Wales que con ese traje épico era un lirio dentro de un huerto cerrado -como la Virgen María- (la figura de Diana es realmente preciosa, soy muy dianista, sí). Tampoco es para decir que no al Mainbocher azul que el modisto hizo para Wallis Simpson en su boda con el que debió ser por primogenitura rey de Inglaterra. 

Pero, por el momento, e imbuida un poco del espíritu Dowtown Abbey he pensado en acabar con ese XIX de reyes y reinas y llegar al XX. Un poquito antes de que la II Guerra Mundial lo cambiase todo de nuevo había otra edad dorada. Y como las penas con pan son menos, puedo transigir un anillo en el dedo a cambio de este vestido. Ahora solo me falta el pretendiente. Y decir que sí, claro.

domingo, mayo 01, 2011

La Boda


Que sí. Ellos molaban. Con su escote, su palema y todo el rollo de siervos del Imperio Británico y la Reian entre burbijas de champagne y vestidos auténticos de Yves Saint Laurent. Grace Kelly no era el icono de nadie y el LSD seguía siendo tan bueno como la suave maría. Todo actitud. Y ellos tan libres como para irse de fiesta a Studio 54 con un montón de gente guapa y desconocidos y nada de sectas posh con canapés y Príncipes pinchando música.  Y como colofón, un traje blanco de Halston y un caballo. Y la coca subiéndose a la cabeza en el último baile. Y en el primero.