jueves, marzo 31, 2011

Burguesas


Hubo un tiempo en que Chloé era una marca para veinteañeras en la que los vestidos de chiffon y las carreras por la playa descalza convivían con la hierba rebosante de agua y de virginidad algo morbosa. Ahora las princesas que todo lo tienen y todo lo desean se han convertido en rubias un poco más maduras y más aburridas vestiditas de beige. Uno acaba preguntándose si no será este un poquito como el sino de Brigitte Bardot, de su culillo -como decía Moix- a la extrema derecha. Que oigan yo no digo nada... pero lo digo todo.

martes, marzo 29, 2011

Cisne Blanco, Cisne Negro


No es que Natalie Portman no estuviese bella con su Rodarte en los Oscar, no es que no estuviera hermosa con su Oscar dorado reluciendo entre sus brazos. Simplemente, es que hubiera estado divina con estos Charles James de los años 50s. Un diseñador americano especializado en este tipo de creaciones naturales. Lo mejor, que se llama cisne. Cisne negro, cisne blanco. Hay más, se llaman mariposas, trébol y árbol. Pero este es particularmente interesante, dos cisnes. Iguales, claro. Y muy distintos.



lunes, marzo 28, 2011

Lucha De Clases


La lucha de clases, amigo Marx, se resume en esto:
"Los ricos venden Nikes para comprar droga y los pobres venden droga para comprar Nikes".
13.99

sábado, marzo 26, 2011

Perfume




Necesito encapsular un olor como sea... como sea...
me he dado cuenta de que lo que cuenta no es nuestro perfume, es nuestro olor.
Que es tanto como decir nuestra esencia.
He descubierto mi olor favorito.
Realmente es un activador de recuerdos.
De sensaciones y momentos.

Por ejemplo, en Desayuno Con Diamantes, Holly guarda un perfume en su portal. Debajo de un espejo pequeño que usa para pintarse los labios. La frivolidad queda entre ella y Paul. Es, sin duda, definitorio.

Un poco más tarde, completamente borracha de alcohol y de inmoralidad inmaduramente falsa, Holly malgasta su esencia por la escalera. Trata de dar más énfasis a sus palabras con ella pero cada uno sabrá si lo consigue... sin duda, ahí tan solo emana alcohol.

Y, finalmente, el otro gran momento del perfume en la película es cuando muere Fred. Holly rompe todos sus frascos de perfume. Y su esencia se va... en el aire.

Y el que no me crea, es porque no ha encontrado su olor.

miércoles, marzo 23, 2011

Liz, Ojos Como Joyas


No me parece justo hablar de Liz Taylor en blanco y negro. Liz Taylor es un violeta azulado sacado del centro del cielo en el que anochece. No obstante, el blanco y negro tiene algo de inmaterial, algo de absurdamente angelical, algo de transustanciador y, distingue al divino del llano. Liz Taylor, mujer de color, de pasiones y de belleza brutal ha muerto.

Ha muerto, además, el día 23 de marzo de 2011.
Una fecha, sin duda, a recordar.
Y mucho.
¿Verdad Liz que tú también lo sientes?
Una gran muerte.
De hecho, todos hemos muerto un poco.

domingo, marzo 20, 2011

Verano En Copacabana


Verano. De ese fácil y delicioso, de mareas tranquilas, surf, rubio californiano, piel algo quemada, sandías, cócteles frescos y biquinis de colores. Verano en una isla o en un lugar como Martinica o Trinidad donde probar las frutas locales y vivir como si los 70s nunca hubiesen acabado y los hippies fueran algo que ocurre a día de hoy con toda su locura mediterránea y su sensualidad sin sexo bajo la playa.


No obstante, se trata de la Jet Set. La clase alta más despreocupada en la que sólo importa la hora de cierre de las discotecas y la hora a la que se va la luz del sol. No es cuestión de snobismo sino  de una vida fácil, disetndida y despreocupada. No dudo de su frivolidad, ni siquiera la critico, pero sin duda es una existencia de jaula de oro.


Si el pájaro es consciente de su jaula... si quizás no la quiere, si quizás a veces se pregunta por ella... eso nadie lo sabe. Aquí, esta chiquilla, Lara Stone, a la que captura el ojo de Testino, tan solo desea ser joven hoy porque sabe lo que le espera mañana. Aguardan hijos, prozac, problemas y disturbios mentales. Claro que también Alta Costura, cosmética de alta gama y peluquera en casa, pañuleos con olor a Chanel Nº 5 y grandes vinos a solas, claro.


Ahora es tiempo de no saber nada de eso. De no recordar nada absolutamente de los desaires que vendrán en el futuro y ocurrieron en el pasado. Es tiempo de plenitud, tiempo de vida, tiempo de éxtasis, de pequeñas muertes, de caos, de deseo y lujuria.


Es tiempo de despotismo, tiranía, sexualidad, orgasmos, rayos del sol, desaires, conspiraciones, amoríos de una noche, de una hora, de un segundo, amores que se lamentarán, pasos de baile y sonrisas...


No me cabe duda de que vuelven los 70s, mucho antes que los 90s. y vuelven todas esas tardes al sol, todas esas tonterías de juventud, todos esos amores falsos pero gratificantes, todas esas banalidades absolutamente deliciosas que demuestran que sí, que la vida se compone de pequeños momentos.


Bailar hasta desgastar los zapatos, como aquella historia cubana en la que unn princesa, cuando dormía, gastaba todas lasl noches siete pares de zapatos. Su padre, el rey hizo que alguien la espiara desde sus habitaciones y es que la dulce jovencita bailaba toda la noche con el diablo. Conocida la argucia del diablo, el buen caballero que se atrevió a bajar al Inframundo la libró de tal maldad y se casó con ella. Como una novia con sus faldas blancas, entonces...


Y ser Venus, desvistiéndose como una Artemisa sin pudor a la que los rayos del sol bañan completamente...


Y es que, no pensemos en antiguos cuentos, miradla tan solo, joven, bella... ¿qué más quieres? Ya lo tienes. Y ahora, hay que disfrutarlo...

viernes, marzo 18, 2011

Tres Olas


Como un tsunami. Tras la primera y la segunda ola del feminismo, tras la primera revolución de Coco Chanel y su segunda rentré en el mundo de la moda, tras el sexo descarnado en Gucci y la segunda versión de la hiperfemineidad de Tom Ford, Karl Lagerfeld decide que hay una nueva era Chanel en la que la luz se enfrenta a las tinieblas, el mal se enfrenta al bien, la noche lucha contra y el día y el resultado... el resultado es quizás lo más bello porque... ni hay noche, ni hay día, ni hay luz ni hay oscuridad... tan solo queda la bruma.


La nueva era de Chanel es sencilla, ya no hay dudas ni temores, ya no hay fríos ni calores sino tan solo personas.Seres, casi hadas, casi ninfas, casi Morganas, casi medievales, casi renacentistas, casi griegas, casi contemporáneas, casi industriales, casi comunistas, casi años 20, casi hermosas, casi antiguas, casi ... mágica.


Evidentemente, esto es Camelot. Morgana ahora lleva pantalones, Arturo tiene el pelo blanco pero está completamente en forma como último rey de la Costura y Ginebra.... ah la bella Ginebra. Ha encarnado a Lancelot ahora, como en aquella vieja historia en la que la doncella se vuelve guerrero y combate, no por un príncipe, sino por el alma de su reino. Karl es Arturo y Freja es Ginebra, bella, inmensamente bella. Stella Tennant debe ser Morgana, la hermana, la amante querida y olvidada...

miércoles, marzo 16, 2011

El Debut De Los Jugadores Del Cocodrilo


Un debut más que correcto para Lemaire en Hermés, un diseñador que tan solo había ensayado en el espíritu del cocodrilo de Lacoste con sus polos y su alegría de vivir y, sí, la gente saltando. En Hermés, tras la salida de Gaultier, para la temporada de otoño invierno 2011 propone, sin duda, un estilo que encaja bien en la filosofía de Hermés. El cuero tostado tiene un tono en café, avellana casi, una verdadera castaña glaseada que es de terciopelo, que parece un toffe por su suavidad. Los casquetes son casi hípicos, los detalles colgados al cuello en cuero que son bolso y collar son deliciosos, el blanco níveo utópico de los inicios da paso a un gris urbano que se va conviertiendo en casi moscovita, casi ruso filocomunista hasta que... llega el rojo. 


Gaultier acostumbtó a Hermes a un vocabulario limitado en el que el cuero, los aviadores, los deportistas y el más alto nivel en piel y en detalles se fundían en los años 60 y en los años 30, con las grandes heroínas y con la regia elegancia sofisticada de esa atmósfera de fuerza, prestancia y poder de Katharine Hepburn. Lemaire no se desliga de ese estilo, sin una inspiración temática clara pero con un hermosísimo allure ruso que recuerda al de las blancas palomas y, un poco, a los viajes en tren transiberianos y al sudor de los caballos resoplando en la estación.


Hay algo pre revolución rusa, casi zarino en las capas blancas y en las rojas en las que atisbo a la zarina Alejandra y a la risueña Alexandra. Hay algo postrevolucionario también en las prendas, en las capas grises de los planes de Lenin, en los pañuelos estampados y coloridos de los campesinos, en las botas altas para caminar de la burguesía rusa, en la piel sin esnobismos, solo donde abriga.


Incluso veo la sangre. Al ejército rojo y al ejército blanco. La elegancia altiva de la duquesa María, la oscuridad que se ampara en las capas al estilo de Rasputín, lo que se oculta en los pliegues y, pese a la frialdad, el calor...

lunes, marzo 14, 2011

El Vestíbulo


La colección de Louis Vuitton, otoño invierno 2011, diseñada por Marc Jacobs ha sido muy criticada. Atrás quedaron los delirios de Oriente y volvemos a acercanos a las mujeres con curvas que hicieron que los círculos "fashion" viesen el potencial de las modelos tipo Victoria Secrets con su buche, sus caderas y sus, !sí!, pechos turgentes. Nalgas, vientre y escote se convierten en los puntos neurálgicos de  una moda que pretende ser menos tóxica que la habitual code adolescentes tísicas y contoneos absurdos.


En este caso, las mujeres del pasado otoño invierno vuelven a la carga. Pero la segunda ola del feminismo ha hecho una clara mella en ellas. Ya no se trata de ser jarrones, de ser secretarias, de perfumarse con Chanel Nº5 y comer modositamente para descocarse un poco bebiendo cócteles en fiestas y probando hombres. Ahora se trata de límites.



¿La puesta en escena? Unos delirantes ascensores antiguos, con reja y clin de la campanita a la llegada y una escalera por la que se convierten en la masa, en fila de a uno como le gustaba a Fernando VII, claro. Es evidente que la colección  trata de los límites. Una vez liberadas ya no se contentan con ser iguales que los hombres sino con ir mucho más allá.


Ahora llega el cuero, el bondage y el sexo y el fetichismo. Lo que ocurre en este espacio indefinido en el que los ascensores te abandonan, se queda aquí. Nada más que un suelo ajedrezado, nada más que desconocidos y, precisamente, ahí reside lo excitante. La mujer de Vuitton puede que fuera de esta máquina del sexo nada biológica y puramente animal, sofisticadamente animal, quizá sea algo distinto. Pero eso no importa. Una vez que sale de este cubículo de perdición y desenfreno, se convierte en una más. En alguien al que no se conoce. En alguien que no importa. Aquí es dueña y señora, fuera... un cuerpo más en el transporte de sus pies, en el metro, en un vagón perdido a una casa sola... aquí es carne trémula.


Misteriosa, perdida, atada a los lazos del deseo, malévola. Carne enfundada en ropa. Prendas entre pliegues del cuerpo. Un aperitivo de lo que vendrá bien. Tanta seriedad en los hombres de los ascensores no augura nada bueno, nada mejor, al menos, que la pura carnalidad, magnetismo y puro ardor febril.


Yo pese a lo que Marc Jacobs cuenta, solo veo en esta colección dos cosas: Rusia, miren ustedes los manguitos, las verjas del palacio de Invierno, las gorras moscovitas de la revolución, la camadería, los planes quinquenales, la propaganda roja, la eficiencia del estado organizador, el frío del General Invierno y a Anna Karenina, amante, amada y trágica. En el último segundo, como quien se lanza a la vía del tren, se lanza a la masa, al vulgo, a la escalera del descenso del cielo. ¿Se arrepiente? Quién sabe... qué sabe nadie. Ya solo queda el destino de su bolso, en este caso, un Vuitton.

jueves, marzo 10, 2011

La Reina Del Hielo


Lady Sarah Burton, una segunda en la sombra al estilo Frida Giannini o la italiana maldita, la Fachinetti, en el Gucci de Ford, al estilo Stephen Johns de Galliano, al estilo del personal de Prada o del equipo de Lagerfeld o, en general, de las "manitas" de todas las grandes marcas, y de las pequeñas, y, sí, por ejemplo, también de los grandes y buenos diseñadores de Zara, por poner un ejemplo. Pilati para Yves Saint Laurent también era un segundón y demás... incluso Paul Poiret fue un segundón en varias casas, entre ellas, en Worth.


El problema de todo esto es la vieja dicotomía de la que ya Poiret fue consciente, mucho antes de que la tiranicida Chanel eliminase el corsé de forma definitiva y un poco antes de que Fortuny convitiera Europa en un harén griego y persa al tiempo. O montas tu propia firma, o si trabajas para otros tu estilo se difumina, se borra, se diluye, acaba siendo de los otros, acaban comprando en Worth con firma Worth las obras de la mente de Poiret y cuando -hipotéticamente- te arriesgues a crear tus propias obras la gente solo verá Worth pese a que "ese" Worth era Poiret. Básicamente, casi 100 años después, ese es el problema de McQueen. El que es sin ser y sin saber si los sueños son sueños o no.


Sin duda, esta colección inspirada en la Reina de la Nieves, en la Reina del Hielo es, exactamente eso, fría. Todo podría haber salido de la pluma de McQueen: los zapatos altos y descontextualizados, las cascadas de rosa bajo corsés renacentistas casi esmaltados como la porcelana de Sevres, golas españolas ahogando el cuello, androginia modernista casi de ninfa de Mucha e incluso algo de futurismo. Los vestidos parecen cincelados en bloques de hielos de los que sale una mujer como Atenea salió armada de la cabeza de Zeus, la primavera fértil se ve ya en la nieve estéril y se aventura que sí, que será un buen año. La tecnología metálica y extraña, casi sinuosa, se entrevé en los pasos del principio donde los abrigos parecen sacados de aquella colección de Chalayan en la que una mesa se volvía una falda y una mujer vestida entero era absorvida por una pamela hasta aparecer desnuda.


Pero sí, solo hay que fijarse un poco. La Reina del Hielo está muerta, quiere hacer creer que está viva, que el invierno es poderoso, que la muerte recorre los caminos con hielo y que, quizás, antes de la primavera uno se tope con la Parca. Pero, al final, es frío. McQueen sin McQueen se queda en un amago, tierno, bueno, tranquilo, plácido, que no daña la vista pero que tampoco alegra el corazón. Amago al fin y al cabo. Es cierto que de esta forma la casa McQueen no es un fantasma, que no se pierde en el olvido, que uno no se lleva las manos a la cabeza para decir "Dior debe revolverse en su tumba cuando Galliano saca clochards en la pasarela", que uno no dice "Coco Chanel le partiría al kaiser la cara si viera su afectación en la marca, esa afición por repetir y replagiarse a sí mismo y esa defenestración de lo que Chanel fue en sus inicios". Pero no se espera como el agua de mayo con el que -yo- esperaba al Dior de Galliano ni al Chanel de Lagerfeld. Esto está, esto pasa y esto se ve y se comenta y todo está bien porque no está mal.


Pero este fantasma ni siquiera viste de negro como la muerte, porque no sabe que está vivo. Sarah Burton puede hacer una balance, sin duda, positivo. Nada es criticable, nada está mal, nada es horrible. Pero nada te deja sin aliento. Todo es bonito. Sí. Como el Valentino de Fachinnetti. Ser más Tom Ford que Tom Ford no augura nada bueno, ni ser más Valentino que Valentino. Al final, como no eres ni el uno ni el otro, desapareces. Hizo bien la Iglesia en quitar el limbo, ¿qué es el limbo?. Mucho peor que el infierno. Háganme ustedes caso, agénciense una moneda nueva para pagar a Caronte que es peor esperar que desesperar.

Magnetismo Animal


Parece que todo queda en casa en el grupo LVMH, o mejor dicho, que todo queda en su grupo ahora que han comprado Bvlgari -no se puede citar la cifra por miedo al shock- y es que lo fundamental de esta colección es que Galliano, en su última ¿?, bueno su última colección de pret a porter a buenas en Dior, se inspiraba en las chicas hot de Hawai, de Oriente, en las pin ups y... voila! Tiscci también se fija en esas mismas chicas.


Bueno, Tiscci que es el diseñador de Givenchy, se baraja ahora como nombre para Dior tras el a malas con Galliano. Quizás por eso está el misterio en que el antaño melancólico, el antaño gótico, el triste y soñador Ricardo, se haya convertido en un animal selvático, magnético, intrépido que, en vez de cu,mplir la sentencia de antaño de "Dios creó al gato para hacer creer al hombre que acariciaba un león". Parece ser que Tiscci ha hecho el paso contrario, acariciar a la pantera y dejar de ser el gato...


La colección trata, al fin y al cabo, del magnetismo. Nuevas zonas erógenas, como en el Dior de los años 40 de Galliano en el que las perlas combinan con todo, sobre todo con el champagne y la frivolidad. Son las rodillas, por ejemplo, quizás por eso de la flexibilidad, de la velocidad... o la cintura, la cadera en el lugar exacto y las falsas pieles que nos ponemos para disimular.


El cuero animal sadomaso se combina con la sutileza de las transparencias. Los tacones altos patean un cemento rematado con lilas y las formas que no lo son, el pecho que no se intuye, las mangas que caen y el vientre suelto, etéreo, acaba estampado con la belleza fugaz y poderosamente sexual de una Afrodita contemporánea que nada tiene que ver ni con la muerte, ni con la vida, ni con absolutamente nada mitológico o ctónico, en absoluto. No obstante, sigue habiendo mucho de Tiscci en el ambiente bajo toda esa postmodernidad de la jungla y, aunque la melancolía pasa a una apuesta más vital, la pantera sigue siendo negra. Negra como la muerte y como la vida. Púrpura casi, como el veradero poder y´, sí...


Hermosamente amarilla como un rayo de sol.

martes, marzo 08, 2011

La Gran Edad


Gaultier otoño invierno 2011, pese a que a veces mamarrachea, JPG es un gran creador, histriónico, de vocabulario fino, limitado y exquisito que repite en sus cosmogonías de pasarela un universo en el que ni todas las mujeres tienen la talla 32, ni hay un canon de belleza universal ni rige Occidente. Oriente no queda sumido bajo el dominio de Alejandro, el hoy no se reduce al pasado, la élite convive con los marginados, la multiculturalidad es más que una parte del discurso y de la imagen marketiniana de las relaciones públicas y siempre hay una sorpresa: Dita Von Teese hace un estriptease, Madonna sale con un parasol y un vestido con los pechos al aire o Coco Rocha -egh- hace una danza vestida de escocesa.


En su último desfile, Gaultier, no hace nada que no sepa hacer y, además, lo hace bien. Delirantes los detalles, sensacional la sencilla, nada afectada y elegante presentación, savoir faire y pret a porter. Que sí, que sí, pret a porter de ese antiguo, de ropa de diario de lujo lista para llevar. Una blusa de máxima calidad pero una blusa, la Alta Costura no se resume en vestidos de noche -¿a que esto es nuevo Elie Saab?- y el Pret a Porter no tiene porqué ser un sucedáneo de la HC en las firmas que no tienen una división de este tipo ni vaqueros rotos desarrapados al estilo Balmain -que oye también pueden ser HC, ¿a que sí Monsieur Lagerfeld?-.


Hasta Sissi y Eugenia de Montijo, qué demonios hasta Coco Chanel, la belleza necesitaba estar un poco entrada en años. No me entiendan mal, no es que los griegos no adorasen la juventud, no es que los efebos no fueran tan sólo jóvenes, no es que el ideal de la mujer no fuese la juventud y la fertilidad viéndose la madurez y la vejez como censurables y, naturalmente, no es que la búsqueda de la eterna juventud no sea humano pero, y aunque Brigitte Bardot fue portada a los 15 y que Carine Roitfeld -predespido- no supiera que una criatura de 15 es mejor que una de 18 incluso para describir sexo y carnaldiad puramente egocéntrica al estilo Tom Ford. No es que Lolita no sea siempre provocativa con su nombre musical de Lola ni nada de eso, simplemente es que, bueno ya saben, Katty Escarlata O Hara no dejaba de ser una niña, atractiva pero niña, y solo te enamorabas de ella cuando ya -no- era una señora -¿eh Rhett?-. Sí, era eso.


Gaultier, tras esas senectudes de Tom Ford de "yo diseño para los que compran y no para que se vea en Internet", con todo ese bla bla bla de "no se verá hasta diciembre y solo en 100 medios" y todo el jaleo de su discurso de los 60 millones de dólares, Londres -¿?- y no Nueva York y el marketing -sí-, llega Gaultier y, sin levantar la voz, tejiendo cual Penélope sin decir su plan, deja una estupenda colección que si no tiene nada de transfresora, es transgresora. Gaultier, que desde hace mucho mucho tiempo, antes de The Sartorialist y todo el rollo de "oh sí, yo es que me inspiro en la calle", ya se inspiraba en la calle, en las tribus urbanas, en el alma y en el sudor...


Conoce Gaultier tanto la calle, conoce Gaultier tanto a las mujeres, a las maduras que van a la compra con su carrito, a las ancianas elegantes al estilo Memorias de África, a las ejecutivas agresivas, a las ascetas de hoy, a los intimistas del amor, de la vida y a las almas tristes, fúnebres y oscuras que se desmelanan alocadas al más mínimo estímulo. !Y tiene tantos detalles delirantes!. El cabello gris, repeinado. Las gafas, los carros, las grandes maletas, los chales para la garganta, las pesadillas de la vejez, los calores, la comodidad del día a día, la ropa de domingos, las gafas de sol, las medias, la lencería de la buena, el color champagne, el beige, el gris humo, los años 80, el tabaco y el ser gumador social, las hombreras, las cadenas de producción, los monederos con muchas monedas, los talismanes, los pasos firmes, el puritanismo de "aquella puta de a 5 francos a la que llevé al Louvre y se sonrojaba por las estatuas desnudas".


Nos conoce tan bien Gaultier, que lo importante, sí, no es su ropa...
Es su radiografía.
Su Mea Culpa de Un Escéptico.
Bueno, nosotros somos los escépticos.

lunes, marzo 07, 2011

Peregrinos Camino De La Vida


Me viene ya pasando desde el pasado invierno, las mujeres de Elbaz que hasta hace un poquitín eran muy muy muy finas, muy muy rosas, muy muy Sofias Coppola con su Mariantonieta con tacones y sus Miss Dior Chérie con un gato de angora, se han ido convirtiendo en bohemias y elegantes parisinas que se crecen en las dificultades pese a que, de normal, como diría Proust, como hizo Saint Laurent a su Belle de Jour, se podían haber pasado la vida de carnaza cuando en realidad, las mujercitas de Lanvin son la guinda del pastel.


En cuanto París empezó a arder, la damisela pasó a conquistadora y los héroes se reclutaron entre los verdugos. De repente, los tacones estaban hechos para correr y las sonrisas para esperar la libertad que se estaba conquistando. De dulces, sagradas, meliflúas y un popco ñoñas parisians que soñaban con comer tarta de cerezas y parecer zarzamoras quedaba poco. Elbaz hizo que se dieran una vuelta por las arenas del tiempo de la historia, que defendieran con fiereza su patria, centímetro a centímetro, seduciendo a Holofernes el asirio si era necesario para salvar al pueblo, quedando -eso sí- sin mácula.


En esta colección de Lanvin, invierno 2011, Elbaz no propone nada que no haya visto, incluso nada que no haya visto en sus pasadas colecciones ni, nada que no haya visto entre sus trabajos. Rojo, negro, parisinas, vestidos, pliegues, negras yvesaintlaurentianas, blancas de piel de porcelana y delgadas, delicadas, frágiles mujeres que bajo su cuerpo de maniquí esconden un corazón con pasiones. Sin duda, lo interesante son los accesorios. Lo que uno añade a lo que Dios -amablemente o no- le da.


Veo bastante, en este caso, de la Edad Media y sus largos brazos. Zapatos que se cierran con las hebillas al talón, casi posesivos y caprichosos, como sacados de una pesadilla de los Tudor, de Catalina o Enrique o los Bolena. Pulseras que podrían ser un regalo de bodas para los Reyes Católicos. Bolsos que parecen arquetas de marfil o de nácar del Al Andalus.


Incluso veo la vida... Las flores de Holanda en las manos, los dulces de frutas del bosque hechos con mangas pasteleras que podrían salir de Vermeer en los puños de los vestidos, los sombreros de religiosa, el pelo recogido en una trenza de peregrina... que sí, señores y señoras, que eso es lo que cuentan las puntadas... los hilos de la vida.