sábado, octubre 30, 2010

Los Buenos Tiempos


Lagerfeld e Yves Saint Laurent despegaron su carrera a la vez, ambos se hicieron un -gran- hueco en el mundo que conquistaron y grabaron su nombre con letras de oro que ellos mismos labraron en el tapiz del éxito. Lagerfeld con Chanel e Yves, primero en Dior, y luego ya, refulgente en su propia casa con la que definió buena parte de la segunda mitad del siglo XX.

La enemistad entre ambos se hizo tangible en los años 80s. Esos mismos en los que Studio 54 y Halston estaban a la orden del día, en los que Bianca Jagger montaba a caballo en Nueva York mientras Capote se hacía operaciones estéticas y Diana Vreeland lo veia todo de rojo. Cuando YSL murió, Lagerfeld no fue al funeral.

Pero mandó unas bonitas palabras,

Por los buenos tiempos.

Porque, realmente fueron buenos.

jueves, octubre 28, 2010

Máscara Y Rostro

"Hay un rostro bajo esta máscara pero no soy yo. Ese rostro no me representa más que los músculos y los huesos que hay debajo".

Me encantó V de Vendetta. De veras. Es una película de esas que no hay que ver. Que no aparecen en grandes listas y cuyos actores no van a los Oscars -ni nominados-. Sobre todo porque el actor principal siempre lleva una máscara siempre. Una máscara que nunca se quita. Me recuerda a todos nosotros. Sólo que no todos somos capaces de vivir con nuestra máscara.

Lo fascinante no es cómo se expresa con una máscara. Lo fascinante es comprender que, en el fondo, sólo somos lo que nos ha tocado en suerte. Y, en el mundo de la moda, sabemos bien lo que es eso. Ni lo pensamos. Sólo lo vemos como algo objetivo. Una mujer fea -¿para quién?- no tiene nada que hacer en nuestro mundo. En cambio, una mujer guapa, puede tenerlo todo. La belleza no nos hace mejores.

La belleza exterior, es de veras, sólo un reflejo de la interior.

La máscara más absurda en Inglaterra es la de Guy Fawkes, -no quiero hablar de ello en el día de Guy Fawkes pese a que es mi mes- porque ejemplifica a un palurdo al que los niños queman. Pero V es un hombre, con una máscara.

Y, si no acabas enamorado de V al final de la película, no mereces tener rostro.

lunes, octubre 25, 2010

Desprecio


Claudia Schiffer, todas las mujeres y una actriz de la moda -y de cine mudo- para Karl Lagerfeld ocupa 40 portadas de Zeit -Tiempo-, la revista alemana. La última es sólo la de ella, la supermodelo con sólo nombre propio que, fue además, la primera en ser rubia en Chanel. Pero las otras treinta y nueve son para todos los tipos de mujer: desde la retro, a la rockera, la chica fácil, la femme fatal, la pija, la hippie, la pasota y la grunge. Y me la creo en todas.

Si hay algo que caracteriza a las supermodelos es la completa falta de justicia, tal y como Lagerfeld lo definía -añadiendo además un puñetazo en la  mesa- pero, tambien la falta de escrúpulos -algunas- y la ambiciçon -todas-. Desde Giselle -de otra generación- hasta las Evangelista y Christensen que se hacían lesbianas en público. Luego Cindy, muy guapa, con Richard Gere y todo aquello. Y Claudia.

Nadja es un ángel azul de la mano de Helmut Newton -se lo perdono (casi) todo a ella- pero Claudia será la más grande de todos los tiempos ya para siempre. Aquí, Claudia no es una modelo. Ni es una señora. Ni es la Schiffer.

Aquí es joven, guapa, rubia, alta, déspota, orgullosa, algo insegura en sus adentros, cabezota e... invadida por una mirada de apatía y de desprecio. La Schiffer, esa que cuenta la leyenda fue descubierta bailando en una discoteca -mentira-, tiene genes nobles en su bella genética y ese aire de ausencia que siempre la caracterizó.

Cuando era modelo -me gusta en sudamericano el "modelaba"- iba a los castings vestida de Chanel. El resto iba en vaqueros o en ropa de sport. Claudia siempre ha sido de buena familia, educada e inteligente. Sinceramente, el personaje Claudia Schiffer me da lo mismo. Pero la mujer que es Claudia en cada foto. La que se deja ver, es la que me interesa.

Aquí, una rubia de Hitch.
Gélida.
Fría.
Ardiente.

De veras.
Que esto es un evangelio para una pija.
No tanto flequillo ladeado y banderitas nacionales.
Ay....

sábado, octubre 23, 2010

Un Siglo Del Ritz De Paris


Fue Paul Iribe el que vconvenció a Chanel de que se fuera a vivir al Ritz de París. Quién sabe porqué o, quizás sea muy fácil saberlo. Además, al bar del Ritz iban todas las modelos -muy bellas- (y peinadas igual que Coco) a tomar algo todas las noches. Chanel diría antes de morir que el Ritz era el lugar donde se hacían los sueños.

Aún no es tarde para ir al Ritz.

Los hoteles tienen esa cosa que... uno no sabe si es de apreciar o de repeler. Pero siempre es agradable saber que es el primer día que se llega o el que se vuelve a casa. Si se trata de vivir la atmósfera del París nocturno antiguo, no hay otro sitio.

Y siempre está bien celebrar un aniversario con champagne.

jueves, octubre 21, 2010

Exhibicionismo Amateur


De vez en cuando uno piensa en lo sórdido. Es inevitable. Alber Elbaz piensa que "atrae lo bello y también lo que, sin ser bello, es bello". A veces ocurre. Por ejemplo, la obra de Helmut Newton es un buen ejemplo. El alemán -el mejor fotógrafo del mundo- es un maestro con su atmósfera identificable, sus damas de hielo, el sexo latente, la sangre, la putrefacción, la ira, el vicio, el pecado, las falsas apariencias, las perversiones y el poder. En Newton se respira mucho poder aunque ese no sea el tema.

Los periodistas, especialmente en sucesos, olfatean la sangre. La huelen como si fueran sabuesos. A Newton también le ocurría. Él mismo tenía sus obsesiones recurrentes. Le aterraban las aves pero las fotografiaba, quería las caderas para fuera, listas en ese mismo instante para marchar en celo hacia cualquiera y un tipo de violencia muy específico.

Catherine Deneuve siendo aterrada por alguien con un cuchillo o la azotea de Nueva York en la que una mujer reposa sobre el suelo mientras todo está revuelto sin saber si vemos un crimen o una fotografía de moda son la clave de su obra. Lo curioso de Newton -como de Guy Bourdin- es que en su obra -pese a tratar sobre la moda- pocas veces enseña la moda.

Helmut Newton -y June Newton- decía que no quería retratar a una mujer en un fondo blanco sino retratar la vida. En Newton, veo muchas veces rastros de ese voyeurismo que todos tenemos tan avezado. Quizás, la diferencia es que en el fotógrafo más reputado de la historia de la moda -ya, ya, Avedon, ya, ya- no tiene ni siquiera un rastro de cotilleo.

Newton presenta una realidad. No sabemos si es un montaje, si es real, si es casual, si somos uno de los personajes o si, simplemente, lo vemos como alguien que asomado al piso de arriba ve la escena. Newton tampoco juzga nada, cuando una Schiffer burguesa-sádica mete la cabeza de su empleada en el horno mientras la agarra con una correa de perro, Newton no pretende criticar nada. Estamos ahí y punto. Luego, veremos a la criada engañado a la señora Schiffer con su marido mientras ella entra, poderosa, poderosa, poderosa, sin saber nada, sin intuir nada de nada. Pero no juzga nada.

Si miro la imagen, veo que no sé lo que veo. Podría estar muerta o completamente borracha. Podría haberse quedado dormida o haberse desmayado. Yo podría haberla tirado una maceta a la cabeza y haberla matado o, incluso, podría haber visto lo que ha pasado y estar deliberando si llamo a urgencias o no.

Pero eso no importa.
Lo bueno es que es todo eso.
A la vez.

martes, octubre 19, 2010

New Deal


En el cielo abierto de España, está ocurriendo algo muy curioso. Por un lado, en el país nos debemos creer los más pijos del mundo porque las ventas de la división de Burberry superaban en el país las de toda Europa -cuando muchas eran, a más inri, licencias- y por otro, nos debe gustar la uniformidad porque Inditex cada vez va mejor y Amancio Ortega se está haciendo -más- rico. Pero no se trata de eso. Tampoco se trata, de esa fiebre GAP que hacía que los hijos -nuevas generaciones PP- pensasen que llevaban ¿Gucci? hace un par de años ni de nada de eso.

De unos cuantos años para acá, España se está revelando como un mercado de lujo en el que a las firmas deben estar. No se trata sólo de los mismos de siempre, es decir, no se trata de Dior, Chanel y Prada (la última vez que entré a Prada, había unos zapatos de impresión) sino de todas esas firmas que cortan el bacalo en prensa sin ser el Imperio Armani o el Imperio Inditex. Se trata de Isabel Marant, Balmain, boutiques de lujo multimarcas, sedes cosméticas imponentes y.... las revistas de moda.

Si es cierto ese axioma de que "en este país, no hay cultura de moda" hay veces que habría que sonrojar a los que lo dicen. Lagerfeld tenía razón cuando habló de los vestidos floreados para gordas y viejas -pero, ¿respetables?- señoras y, cualquiera que haya ido a Inglaterra sabrá que es cierto. Pero, también es cierto que los españoles son una generación -si se permite llamar generación a una nación- que consumen.

La vida exterior en España, la vida pública, obliga.

Y eso se nota. Está bien, doy cancha a que Blanco se lleva el gato al agua mucho más que Uterqüe entre las menores de 40 y que Mango está estupendo para -amén de la Princesa de Asturias- las treinteañeras que son chics -a sus ojos, líbreme Dios- y combinan el vestido nuevo con un bolso de Carolina Herrera y un poco de joyería de Tous. Pero también doy cancha al estilo de vida.  

De hecho, en los últimos tiempos, en España -amén de las habituales revistas de moda, amén del corazón teñido también de moda, amén de suplementos de periódicos como Yo Dona de El Mundo o el nuevo de ABC- está surgiendo un nuevo mercado en revistas de moda.

Cuando hace unos dos años surgió Vanity Fair, y se descubrió como una de las mejores publicaciones del país, y a pesar de ser del mismo grupo editorial que Vogue, se llevó el gato al agua con el "estilo de vida". Las portadas son variadas: Rania de Jordania, Ana Obregón, Los Príncipes de Asturias, Antonio Banderas, Grace Kelly y Andrés Velencoso. Todas respiran ese aire un tanto irónico, moderno sin caer en el exceso, un poco sensacionalista por la línea divertida y luego, en el interior, muy interesante. Nadie puede juzgar si el país estaba preparado - o no- hace unos años pero, desde luego, ahora lo está.

Parece que los competidores de Condé Nast, no han querido dejar que la oportunidad se fuese por la borda y han desembarcado en España con Harper´s Bazaar que ha conseguido, en unos meses, traer una serie consecutiva de muy buenas portadas propias con modelos reconocidas -se estrenaron con Carmen Kaas -!grande!-, siguió Daria Verbowy y Bianca Balti -bellísima- y, a día de hoy, Missi Rayder en una malla de leopardo arañando la portada. Se han debido llevar el gato al agua ellos también. Se ve a simple vista.

Por un lado, en Vogue han sentido la llegada de una nueva ¿Biblia?. Casi peor, el Viejo Testamento frente al Nuevo Testamento. Y han decidido dar un giro a su política editorial, las portadas comienzan a ser más atrevidas. La pasada edición, era en blanco y negro. Dos modelos. Bastante desconocidas. Y una foto que no es típica de portada. Este mes, la edición de noviembre, trae una portada grupal.

Las cosas cambian y, más en el mundo de la moda.
Y siempre se puede hacer algo.

Balmain estaba tan enterrada y muerta como su creador pero Decarnin con sus glamoamazonas de los 80s, sus voguettes furiosas por las tachuelas y sus muchachitas del futuro fans del brillo y lo ceñido se han hecho un sitio en la moda actual. Por otro lado, Valentino que siempre estuvo -como status- en la cresta de la ola, ha caído a las profundidades más siderales. Y Gucci está en una especie de edad de cobre con pátina dorada. Se vende, sacan Alta Costura -ja- y todo el mundo reconoce el estilo -y la deriva- de Frida Giannini pero ya no es ni el viejo Gucci de Jackie ni el nuevo y desgarrador Gucci sexual y en celo de Tom Ford.

Las cosas cambian, y, muy deprisa.

Particularmente, soy una lectora fiel -y compradora fiel- de Vanity Fair todos los meses. También de Vogue España. Pero creo que en Bazaar, aún pecan en el contenido. En Vogue tienen que mejorar mucho. El problema de seguir el lema americano de "si no está roto, para qué arreglarlo, da a veces quebraderos de cabeza" sobre todo si como dice el refrán español, "ponen una fuente delante de un bar".

Como la competencia es, en general, buena.
Por lo menos sirve para considerar al lector como a alguien culto e interesado por lo que compra.
Y para trabajar en la excelencia y la belleza que es el terreno de la moda.

Estoy de acuerdo en que ninguna de las publicaciones españolas -ni esa revista V que nadie conoce- es ni lo mejor ni lo peor del mundo. Pero está bien que lleguen nuevos aires. Vogue España, Harper´s Bazaar España y Vanity Fair no son ni Vogue Italia, ni Love Magacine ni Expansión. No nos equivoquemos. Pero parece que todos viran hacia la mejor calidad.

Y eso, es lo que importa.

sábado, octubre 16, 2010

Warhol


Hay gestos ominosos y otros orgullosos.
Hay hombres completamente fascinados por algo a lo que consagran su vida.
¿Era el arte a lo que se consagró Warhol?
Puede. O puede que no.

Cuando creó Interview, estaba fascinado por las eelebrities. En Studio 54 ya se trasladaba de celebritie a fotógrfo haciendo fotos a los que no eran nadie. Pero, cuando creó su revista, estaba más interesado por toda la gente guapa, por todos los VIPS, por todos los que vestían de Fiorucci y se reían con Halston. Por Capote, por Diana Vreeland, por Nati Abascal o Carmen Martinez Bordiú y, por Sinatra o los Jagger. También por YSL.

Fotografiaba con esta extura. Con ese fondo blanco. Con la sombra. De perfil. Con el cuello estirado.
Creo que a Warhol le hubiera gustado Grace Kelly.
La princesa, la dama del hielo, la diosa del sexo.

Pero bueno, Carolina sale radiante en la imagen.

viernes, octubre 15, 2010

Los Buenos Tiempos


No siempre estoy pensando en los otros tiempos. Los buenos tiempos. Bien es verdad que suelo pasar por encima los malos tiempos, los creadores mimados y sin talento, las fotos vacías, los artículos estúpidos y demás males. Pero hay veces que hay que echar la vista atrás de verdad. Y lamentarse un poquito por no amar más el pasado. Y por ver correr tanto este presente.

Diana Vreeland, a quien me siento muy próxima esta semana, dijo una vez que "los vaqueros eran lo mejor desde las góndolas" y a YSL le dio por quejarse de que "sólo lamentaba no haber creado el vaquero". Como Yves Saint Laurent creó la sahariana, el smoking femenino, la blusa transparente, vestidos de cuadros y un montón de prendas fabulosas -amén de una bisuteria espectacular- se lo perdono. Como Diana Vreeland dijo que "era bueno lavar a los niños el pelo con champagne" y que "se podía poner una alfombra de leopardo en el baño" se lo perdono también.

No tengo nada en contra de los vaqueros. Son una prenda fenomenal: cómoda, resistente, combinable, inteligente, útil, práctica, chic y muy versátil. Sirven para todo, los puede llevar todo el mundo y el target es inexistente porque todo el mundo entra dentro de ese grupo de compradores. Pueden ser modernos, antiguos, vintage, de Alta Costura, de pret a porter, rotos, de punkis, de firma, de Levis, de Zara, de algodón, con otros tejidos sintéticos elásticos. E incluso la tela vaquera puede servir tanto para camisas, vestidos, petos y demás en la América Profunda de la Coca Cola y los metodistas como para un desfile de Haute Couture de Chanel -como Lagerfeld ejemplificó hace unas temporadas-. Pero los vaqueros no son el fin del mundo.

A veces me obligo a mí misma -y eso que no soy muy de vaqueros- a volver a todo lo que hemos perdido. Versace, la firma a quien pertenece la imagen de Naomi Campbell, imponente, en Roma, como una valquiria desbocada, ahora calmada, que pronto sacará una espada, también tuvo líneas de vaqueros. No hay que andarse con chiquitas ni remilgos y juzgar de antemano. Además, en sus campañas, fotografriadas por Avedon, salía Claudia Schiffer desnuda, con Nadja Auermann enfundadas en unos vaqueros que insinúaban algo muy lésbico y poderoso o Naomi rodeada de dioses desnudos del Olimpo para sujetarla.

Lo que se trata es de dar otra vuelta de tuerca.
No es mejor la Alta Costura que los vaqueros.
Pero no nos perdamos tampoco.

Al pan, pan, y al vino, vino.

miércoles, octubre 13, 2010

Blanca Va La Novia


Pienso en la contemporaneidad y en las tradiciones. A veces uno se estanca con un target de mercado y cuesta salir -o entrar- en la mente y en la vida de cierto público. Marilyn Monroe cantaba que los diamantes son los mejores amigos de la mujer pero Holly Golightly borraba de un plumazo todo aquello al decir que "veía los diamantes divinos para señoras mayores pero no para ella".

Y ahí se encontraban las firmas de diamantes. Las abuelas de la 5º Avenida no vivirían para siempre y, las nuevas fashonistas parecen preferir un bolso de Dior o de Gucci a unos chatones de brillantes o a una pulsera comprada por su flamante marido. Parece ser que un Porsche está más valorado que una tiara y que, además, !qué demonios!, ya nadie se pone eso.

Las joyerías, aparte del halo de glamour y de lujo, de prestar joyas a estrellas del cine, surtir a unos cuantos snobs y dar anillos de compromiso a algunos jóvenes yuppies y a algunas prometedoras pijas ven cómo su clientela va muriendo o desapareciendo.

El reclamo de la belleza y la elegancia perenne se desvanece con las chicas que quieren estar de moda cinco minutos con un vestido de 30.000 dólares para pasar a la semana siguiente al bochorno si no llevan el Nuevo It Must de la temporada en forma de, no sé, ¿un bolso de pitón morado con cascabeles azules y una ristra de pelo falso prendida del hombro?. No hay sitio en nuestra vida para los diamantes.

Sobre todo porque Audrey Hepburn logró hacer auténtico lo falso y actualmente casi todas las ¿estrellas? logran hacer falso lo auténtico. Con iconos así, entrar en Harry Winston parece improbable, muy improbable, en cambio, entrar en el nuevo garito de Prada es un hecho. ¿Cafetería, ropa, bombones, flores y alguna celebritie? Por supuesto. ¿Miradas por encima del hombro, bandejas con chucherías, miradas de soslayo y el vigilante pegado a tu chepa si miras cualquier cosa o pides probarte algo en Chopard?. No gracias.

No obstante.
Parece que se han dado cuenta y que vuelven a cargar.

Por lo pronto, la publicidad deja a las matronas enseñoreadas, a las sirenas del Old Hollywood y pillan de sopetón a una novia joven, tersa, poco convencional y muy moderna que mata el hambre con un sandwich. Y que además, oh casualidad, lleva un brillantón en el dedo.

Estamos cambiando.
A bien o a mal, según se mire.
Pero cambiando.

lunes, octubre 11, 2010

Dios, Patria, Coca Cola Y Piel


UMNO vuelve en octubre. Nuevo número. Esta vez hablo sobre la piel. Porque desde que Karl Lagerfeld plantó su Iceberg en el Grand Palais y dijo que se trataba de piel sintética, aunque el iceberg fuera auténtico, todo el mundo comenzó a hablar sobre el tema. ¿Chanel y piel falsa? A Coco Chanel le gustaba la piel vuelta, decía que el lujo tenía que ir en el interior y no en el exterior y hasta los 50s, el lujo exterior fue, precisamente lo que primó. Se trataba de estatus tener una esposa, un par de retoños, una casa con jardín y, al ir ascendiendo, un visón y un coche deportivo más o menos caro.

Luego, en los 60s, llegaron los hippies, el LSD, los años de la margarita, Woodstock, Mary Quant, Tiwiggy y la gamba, Jane Birkin con un bolso de paja y los Beatles y a todo el mundo le parecía mal aquello de la piel. En cambio, los sombreros de paja blandos, los ponchos de lana y las faldas largas con el pelo al libre albedrío triunfaron. Estaba claro que aquello no iba a durar mucho y, de hecho, en los 80s a todo el mundo le dio la neura con el lujo.

Uno no sabe si era porque Claudia, Linda, Cindy y Naomi eran tan diosas que necesitaban un manto tan bello como su propia piel o porqué estúpida o importante razón pero a Lagerfeld le dio por teñir la piel de colores en Fendi, mientras Montana y Alaia convertían los visones en armaduras de Mad Max y la tecnofilia. PETA empezó a dar bastante la brasa y las bellas entre las bellas dijeron aquello de ¿matar a una foca para vestir a una zorra? y que preferían ir desnudas que sin pieles lo que, para ser francos, no las impidió posar con pieles hasta en la sopa en editoriales, campañas y desfiles. Crhisty Turlington fue una de las que lo hizo, también se pasó a la vida sana, al yoga y a no fumar cuando su padre murió de cáncer de pulmón pero, antes, había dejado para la posteridad piel: mucha piel.

En Prada, en su colección de verano, han sacado piel teñida de colores y nadie se ha sorprendido. Lo cierto es que hace ya bastantes veranos que vivimos con el mercurio cambiado y no nos sorprende ver ni piel ni pelo en verano ni sandalias en invierno con trajes escotados. El lujo, no obstante, sigue vinculado a las joyas y a las pieles.

Desde la Edad Media, los nobles vestían ropas finas de seda y piel, tejidos nobles, que los distinguían como nobles mientras que la gente vulgar -el pueblo- sólo podía llevar lana común. Las ropas hacía ya una diferencia social. En la Edad Moderna, y el fin de la sociedad estamental, el rey Luis XIV, lucía imponente con su manto de armiño, que estaba realmente reservado a él. Lo más noble para los nobles. Antes de la revolución francesa ya había grandes almacenes, eminentemente en Francia, donde podían ir las clases medias-populares a comprar, allí se comercializarían los gorros frigios por ejemplo, pero este inicio del pret a porter no igualó nada ni a nadie porque lo que diferenciaba a las prendas, realmente, eran los tejidos.

La moda se conforma por el tejido. Balenciaga lo sabía. Givenchy lo intuyó y Fortuny fue el más celoso guardián del secreto. Chanel lo puso en práctica. McQueen, si no se hubiera suicidado, habría continuado investigando. Y Alaia o Hervé Leger hicieron su versión 2.0 de tal afirmación. Y la sociedad de clases también.

O bueno, ahora que en Chanel hay piel falsa, quizás no.
Quizás somos comunistas.
Bueno, o hemos mimetizado el vive y deja vivir.
Y un poco más de esto en UMNO.

sábado, octubre 09, 2010

LV Es Una Fiesta


A veces pienso en Hemingway. Él que veía París como una fiesta y España como una corrida de toros. También pienso que uno los temas como quiero porque no tienen ni que ver en el blanco de los ojos. No obstante, nadie desprecia un dulce así que... Marc Jacobs en Louis Vuitton vio una femnineidad exagerada para el otoño invierno: pechos, caderas, tacones medios, bolsos rígidos, años 50s y una carretera con curvas y chicas guapas. y ahora ve una especie de Años 20s. Es el mismo proceso.


Entre 1900-1914, el fin del siglo, las mujeres llevaban xorsés, los pies trabados, escotes imponentes, pechos turgentes y caderas fértiles pero llegó la Gran Guerra, ellas se arremangaron, ellos se fueron a la tumba y cuando Alemania cayó ya era todo muy diferente. Ellas llevaban vestidos de flecos, bailaban el tango para olvidar, enseñaban piernas, hombros y escote y se cortaron el pelo, tan corto, que parecían ce cedillas.


Chanel tuvo su porción de culpa, las Callot Soeurs el resto y Estados Unidos con el charleston, el capitalismo y el jazz hizo el resto. Un montón de dinero fue lo que faltaba para que todo pudiese ser como fue. De repente, en USA había explosiones de riqueza y, mientras Europa se lamía sus heridas, también aprendía a ser chic, a deshacerse de todo lo viejo y a apostar por lo nuevo.

Marc Jacobs llega justo a ese momento. Japón también ha vencido la guerra y, de hecho, Europa se tiñe de una especie de fiebre oriental que ya había llegado con el orientalismo moderista y que continúa con todo el jaleo de Mata Hari, Diagilev y el Ballet Ruso de las palomitas de colores que tanto inspiró a Poiret.


Chanel es la reina indiscutible de esos años. Pelo corto, sencillez con un vestido negro, mucho lujo y glamour y un halo de sofisticación. Una ristra de perlas. Un bolsito pequeño. Un poco de bello indiferente. Rojo de labios y... champagne.

Hemos perdido la guerra y no nos importa. Marc Jacobs para LV sólo piensa en las jóvenes, esas que están hartas de no haber sido unas señoritas por culpa de una sucia guerra, que saben que sus hermanos murieron en el frente y se qeudaron sin pulmones por culpa de los gases de Verdún. No quieren oír nada de generaciones perdidas, de que antes todo era mejor, de corsés, de cintas, de lazos, de volver a casa pronto, de guardar la preciada virginidad, de ser ama de casa o de criar a un montón de niños. Joder.


Ellas también tienen vida. Pienso mucho en Diana Vreeland, una mujer maravillosa, de la que Warhol dijo que tenía perfil de tucán y que era un ave exótico. Pienso en que contaba que poca gente olía el aire de Vogue y todo lo que eso conllevaba. Estas chicas sí lo han olido.


Están en la cumbre. Son la cumbre.


Un Studio 54 en los años 20s.


Con belleza y desenfreno.

viernes, octubre 08, 2010

Bravo Hermés, Por Un Valiente Gaultier


Es la última colección de Gaultier para Hermès. También supone la antesala al nuevo diseñador, Cristophe Lemaire, el chico de los polos Lacoste, y el nuevo rumbo que toma Hermès con la sexta generación de Hermèsitos (el hijo de Dumas-Hermès) y, Gaultier deja un listón muy alto. En los años que ha estado al frente de la marca ha creado un código estético completamente reconocible, completamente comercial y completamente creativo que encajaba a la perfección con él mismo y su humor desternillante y su imaginación de enfant terrible así como con una casa de esas de "lo que fue bueno para mi padre es bueno para mí" basada en la tradición y en el pasado artesano y honorable. Y eso, de veras que es muy difícil.  


Gaultier es un diseñador que me encanta. A veces se le va un poco la cabeza, presenta colecciones flojas -como la de su marca en París para primavera verano 2011 que apostaba por la multiculturalidad noventera enmarcada en graffitis corporales y trajes muy ceñidos al cuerpo- y a veces le da por ser muy muy moderno (demasiado). Pero Gaultier, ese niño terrible fascinado por la camiseta a rayas marinera, las señales de las tribus urbanas, la contracultura, la rebelión, las musas de pechos cónicos y los tatuajes, los piercings y los corsés para mujer entendidos como lencería altamente sofisticada y como vestimenta, también sabe hacer abrigos inmejorables, pantalones de cuero orgásmicos, cazadoras perfecto sacadas del sueño de un aviador, estilo de vida de señora noble que juega al polo, al tenis o revisitar uná época diferente -los sesenta en su penúltima colección en Hermès- o un lugar diferente -India por ejemplo-

Personalmente, creo que esta colección es toda una declaración de intenciones. Y creo que, además, Gaultier debería seguir en Hermès. Se fija en el universo porteño, de ganado, de reses, de látigos restallando contra el suelo, de casa de madera con rosas en un jarrón entremezcladas con margaritas y una ortiga. Presta atención al latir del caballo cuando trota, al sudor fuerte que emana cuando galopa bajo el sol ardiente sobre el desierto. Se interesa por las botas camperas, cómodas y teñidas de arena, muy alejadas de los estándares de los señoritos. Por el sombrero plano que da sombra y protege de la arena. Por la Argentina gaucha y brava.

Con fortaleza y con valentía. Creo que lo importante no es que haya conseguido hacer una colección tan femenina partiendo de una idea tan masculina. Que consiga hacer que la ropa de trabajo sea lo más sofisticado del mundo. Que parta hacia el Oeste en vez de hacia el Este buscando una América en vez de una India.

La colección me recuerda a la última guerra de caballeros, la de Cuba y Estados Unidos contra España en la que Hearst picaba a los americanos con aquello de que había que acordarse -del dichoso- Maine. En la que los españoles perdieron la grandeza y entraron en el pesimismo y la pequeñez pero se quedaron con el honor, aunque fuese de la derrota, y el casticismo. Gaultier le pone honor a su desfile.

Podía no haberse molestado en hacer nada ante su inminente salida o podía haberle hecho una guerra a Lemaire con un montón de top models (muchas le adoran), un puñado de celebrities, una puesta en escena mucho más espectacular y ropa de ensueño que también la sabe hacer. Pero no, Gaultier no se ha planteado esta colección en particular de forma diferente de las otras. Simplemente la ha hecho. Y la ha hecho genial. Todo está en su línea, sigue explorando y no se para. Avanza.

Pero, si me ha gustado la colección es por lo listo que es Gaultier. Por un lado, declara que es valiente, que es bravo y que tiene fuerza suficiente, como los gauchos, para conducir cualquier res y, por otro, enseña que a Hermès aún le quedaba mucho trecho con él al frente. ¿El cuero sólo peude ser sofisticado cuando lo llevan las francesitas chics y sale de una bolsa naranja?  No.


Gaultier se acuerda de lo salvaje, del cuero recién curtido que huele fuerte, de la fuerza del material al vivo, del color de los filetes sangrando con patatas y pimientos y un buen vino. Se acuerda de la amada esperando en casa. De los tópicos. De la Pampa, el dulce de leche, la res argentina, las alfombras de piel de vaca, el acento suave pero melodioso y el guante blanco de los porteños, como españolitos finos, casi toreros pero con hembras. Y da la vuelta al ruedo.


Además, estoy convencida de que le vamos a echar de menos.
Su salida, me recuerda a Con Faldas y a lo Loco, "bueno, nadie es perfecto".
Bravo.

jueves, octubre 07, 2010

McQ, No McQ Es Como Ser O No Ser


Alexander McQueen vuelve. A París, al menos. Este año, Lee McQueen, aquel chico de barrio del que Issabella Blow se enamoró y que conquistó París con sus delirios, ya no está. Técnicamente, la continuidad de la marca de McQueen me parece normal. Sobre todo si nos referimos empresarialmente. Aka !los capitalistas! invirtieron un dinero -en una firma deficitaria- que quieren recuperar. Las empresas tardan en dar beneficios y puede que ahora sea el momento. No sería ni la primera ni la última vez en la que eso pase. Podría citar el clásico ejemplo de Van Gogh, por ejemplo.



En cambio, si me preguntasen mi sincera opinión -menos mal que mi opinión no cuenta- tendría que decir que me parece una aberración que la firma continúe. McQueen, dicen sus allegados, que se manifestó poco antes de la muerte como extremadamente orgulloso de lo que había hecho en el mundo de la moda. Aunque ese orgullo no le siguió para seguir viviendo, no creo que podamos juzgar nada. En primer lugar, conozco la depresión relacionada con las almas creativas. Ese perro negro como lo llamaba Churchill o ese viejo axioma de que tras el jinete cabalga la larga sombra negra. Y en segundo lugar porque si ha alcanzado la paz, nada hay que decir y, si no la ha alcanzado, tendremos que recurrir a ese viejo y castizo ¿tópico? español de jodido pero contento.


Además, McQueen, que ya está bien enterrado, al menos, no se debe estar removiendo en su tumba. Esto es algo de lo que pocos pueden presumir, ni Dior, ni Balmain, ni Versace, ni Chanel, ni Pucci o Balenciaga pueden decirlo. A Coco Chanel no me la quiero ni imaginar con esa lengua llena de orgullo y de incisiva mala hostia -así de simple-. Supongo que a McQueen le da lo mismo -a estas alturas- todo el jaleo.


Lo único positivo que veo del renacer de McQueen a manos de su colaboradora Sarah Burton es, precisamente, que es su colaboradora. Por casualidades del destino, el tema de los segundones en el mundo de la moda es siempre muy así (como en el mundo del periodismo por ejemplo). Nunca hubiésemos conocido a Steffano Pilati para YSL con Tom Ford, a Sidney Toledano para Dior con Galliano, a Frida Giannini y a Alessandra Fachinetti para Gucci (y la segunda para Valentino) con Tom Ford, a Poiret con los hijos de Worth o al magnífico equipo de Zara del que, opacados por el tema clon, nunca se dice nada -a pesar de la increíble labor que hacen- (!un aplauso!).


La moda es muy antidemocrática, como dijo Karl Lagerfeld del mundo de las supermodelos,  y hay gente estupenda que trabaja en equipo y a los que nunca se tiene en cuenta. Sarah Burton es una buena diseñadora -como hemos podido ver- no obstante, bebe del universo de McQueen. Esto es normal porque el propio McQueen lo hacia. Sin embargo, la duda existencial es que McQueen siempre dijo que su firma era su mente. Ver sus desfiles era conocer lo que pensaba por lo que todo me resulta muy absurdo. Muy de que la vida es un cuento de furia y dolor narrado por un idiota como dijo Shakespeare.


Sarah Burton se mete en el imaginrio de McQueen de lleno. En los mitos y leyendas griegos que luego resultan ser claramente patrióticos ingleses porque Apolo se pasea por Covent Garden y Atenea toma el té a la inglesa a las cinco en punto de la tarde. Sigue siendo un mundo exótico de ángeles, demonios, pesadillas, sueños, hospitales psiquiátricos, problemas de comunicación, desechos, Imperio Británico, la India como joya de la corona, mucha fragilidad, un amor por el mar, por lo desconocido y por lo extraño, una fascinación por la oscuridad, por el gótico más literal al término de Vasari, por el no sistema, por la contracultura, por la rebelión y por las viejas historias que se entremezclaban en la caja mental del torturado McQueen que lo mismo veía todo basura que construía un mundo con ella, que se ahorcaba mientras soñaba con ángeles.


La colección de Sarah es buena. Pero no es McQueen. Probablemente, Burton sea una diseñadora con talento que debió -en algún momento- plantearse sacar su propia firma a la palestra. Como ese proyecto no es fácil, ni la financiación crece en los árboles, seguro que cedió y siguió trabajando para McQueen. Su competencia está probada. Y, además, es muy díficil decir si es peor o mejor que lo que hubiera hecho McQueen. Sin idealizarle y sin caer en la bobada ñoña. Lo más honesto me parece decir que yo espero a Alexander a saludar y no sale.


No tengo dudas sobre la inspiración de Sarah. Es Ifigenia en Áulide e Ifigenia en Táuride. Agamenón, padre de Ifigenia, mató a una cierva de Artemisa -pecó de hibrys- y le castigó a que sus barcos para la Guerra de Troya no pudiesen zarpar al no haber viento. Calcas dijo que el viento comenzaría cuando Agamenón sacrificase a su hija, Ifigenia, a la diosa. Para atraerla, dijeron a la chica que se casaría con Aquiles y, cuando fue, se dispusieron a sacrificarla. Artemisa se apiadó de ella y la llevó a su templo de Táurica.


Una vez allí, el hermano de Ifigenia, Orestes, escapaba de las Erinias y para curar la muerte de su madre -Climenestra- en venganza de la de su padre -Agamenón- debía llevarle a Apolo en expiación la estatua de Artemisa del templo de Táurica. Cuando llega Orestes, es encarcelado por ser extranjero para celebrar un sacrificio a la diosa Artemisa y su hermana Ifigenia es la sacerdotisa encargada de darle muerte. En cuanto le reconoce, escapan juntos -con la estatua robada caída del cielo- a su tierra. Ya libres.


En la pasarela de Burton en McQueen podemos ver toda la historia. Desde el principio en que la joven pasea despreocupadamente, continúa siendo dispuesta al sacrificio del cuchillo hundiéndose en su vientre desnudo. Artemisa la recoge con las espigas como simbolo de la fecundidad, de la fertilidad de la que la diosa virgen es madre, y ejerce de sacerdotisa -toda blanca- y virgen en el templo de Táurica. Luego se viste para el sacrificio con el tono de la sangre y se dispone a matar a su hermano con el vestido ritual, más ceremonioso, cargado de plumas. Cuando todo apunta a que debe enlutarse por todo lo ocurrido en su familia, es hora de volver a casa. A Inglaterra. Todas las plumas de las cacerías del zorro, de los prados verdes la esperan. Y, finalmente, toda blanca ya es libre a bordo del barco que la lleva al hogar.
Esta es otra historia.
Pero una historia al fin y al cabo.
Tengo dilemas.
No es McQueen pero lo parece.
Pero no lo es.
Lo que no quita ni pone nada.
He ahí el dilema.
El ser o el no ser.

miércoles, octubre 06, 2010

Chanel, Y Canta El Agua En Versalles


Lo mejor de las obras musulmanas de arte es la música. El sonido del agua. Calificarlo de ruido es hacer un flaco favor a tal portento de la creatividad y de la ingeniería de los arquitectos musulmanes que, por ejemplo, embellecieron con su talento Granada o Córdoba. Cuando te paseas por la Alhambra, además de los jazmines, la suave fragancia de los árboles frutales, el azahar y todo ese falso enrejado -horror vacui- que la rodea, hallas mucha paz.


Los arquitectos-diseñadores-jardineros de Versalles revisaron aquello. Versalles es un imponente monumento barroco señalado para las cortes absolutistas, para la Iglesia Católica de Roma y para las personas que aman más la idea de naturaleza en sus mentes que la naturaleza de los bosques, de los pinares, de las encinas y de las charcas frescas en las que reposa Aquiles y en las que se baña Artemisa.

La naturaleza barroca no es ni exagerada ni presuntuosa. Es diseñada por y para el momento. Karl Lagerfeld, bien llamado el kaiser, se siente atraído por ese barroco poderoso, lleno de jardines, de fuentes de agua y de estatuas de ídolos paganos y jovencitas hermosas plantadas por Versalles que por el Barroco pesado de cortinones, emparentado casi con angelotes y con pesados dorados y sonrosados querubines.


A Lagerfeld, le fascina ese barroco de Mariantonieta. De "pues si no tienen pan, que coman pasteles" y ya no piensa en el exilio de los nobles de Rusia, cuando envueltos en piel se fueron echando de menos la tierra negra y fértil del Este de Europa y la tierra helada que rodeaba al Palacio de Invierno, como si fuese en sí mismo de hielo. Ahora son princesas. Muy decadentes. No miran atrás. Solo adelante. El pasado no existe. Sólo el futuro.


En Versalles, al levantarse, ya pasó algo así. No importaba que los dormitorios reales dieran a letrinas porque los reyes contemplaban extasiados ese jardín tan lejano de la selva, más parecido a una miniatura japonesa pero a lo grande. Quizás la expresión sea esa, a lo grande. Tampoco importó que aquel descabellado edificio costase sangre, sudor y lágrimas, costase exilio, costase pobreza y costase el fin del Antiguo Régimen. Eso daba igual.


Estamos hablando de otra forma de vida en la que esas cosas no importan. Eres privilegiado y, aunque vayas a la farola -la horca- por una revolución llena de sangre y de burgueses, ahora eso no importa. La vida está para maltratarla porque ya se cobrará la deuda.


Lagerfeld para Chanel piensa en todo eso. Por eso sus princesas se pasean, indómitas, salvajemente bellas, entre las fuentes de agua sin pensar en nada más que en su desgarradora, frágil y fascinante belleza. Sin pensar más que en su sofisticación. Porque el mundo es de rosa aunque todo a nuestro alrededor sea gris.



El kaiser planta un escenario de jardines vivos pero muertos, de color gris, en una metáfora del orden exterior. Lo que viene a decir es que todo lo que nos rodea es caos, pero que entre la pesadez y la simetría contemporánea, entre las diatribas al funcionalismo, entre la simplificación, el minimalismo, la vida en blanco y negro y las mentes cuadriculadas, siempre hay sitio para la vida.


Porque, como dijo Tagore, "el llorar por no poder ver el sol te impide contemplar las estrellas."


Y esa, sí que es la gran desgracia.

martes, octubre 05, 2010

Galliano Tiene Un Cazamariposas


Muchos desfiles me recuerdan a mariposas. No sé porqué me pasa. Debe ser esa rama metafísica que tienen, eso del alma, de Er platónico, de todas esas cosas. Pero cuando veo el desfile de Galliano me lo vuelvo a imaginar. Veo a chicas de los años de la Belle Epoque, arremangándose las faldas, persiguiendo a esa mariposa casi extinta con las alas rosas que promete un buen matrimonio.


El imaginario de Galliano me es de sobra conocido: años 20, medias, locas, pelo de colores, basura, tiovivo, ropa arrugada, tocados, maquillaje extravagante, poses exageradas, un halo años 60s, corsés de la Belle Epoque, cortes lenceros, mujeres con bocas diminutas muy perfiladas, manicura francesa en colores y uñas muy largas y muchas capas de ropa, una lámpara de sombrero, un montón de marineros ingleses, de reinas que pierden la cabeza, de sangre, de gótico, de India, de putas y fulanas de Inglaterra, de francesas que ponen morritos, de luz de velas, de túneles del tiempo, de nieves extrañas del Kilimanjaro o de donde dios sepa y todas esas cosas.


Pero siempre me le creo. En Dior le chiflan las grandes damas con el pelo glamouroso, vestidos transparentes que marcan la cintura, escotes y pliegues japoneses y papiroflexia. Varios universos en uno y muchos metros de tela de colores mientras avanzan por un salón parisino, decadente, donde los ilustrados tomaban café y emborronaban cuadernos.


También me creo sus viajes exóticos. Cuando va a China, a Japón, a India, a las nieves del Nepal, del Kilimanjaro, a las costas normandas de Dior y a Francia perdida de un pueblecito nostálgico. También cuando viaja al futuro absurdo de cortes imposibles y damas negras. Cuando va al espacio y se topa con el sol y la luna. Y cuando planta a chicas con medias de costura y mohín de mujer fatal. 


Y eso es lo que importa. 


Sé que es una pesadilla y un sueño. Porque en el fondo el viaje no es más que la escapada de una chiquilla en busca de una mariposa. Pero hay viajes que dan para mucho...