jueves, septiembre 30, 2010

Old Fashioned


Yo ya lo avisé. Se llevan las cerezas. Las chicas un poquito antiguas que comulgan con los antiguos cánones. Maria Carla Boscono -modelo italiana única en su especie porque no hay modelos ni italianas ni francesas- hace un come back en Vogue París -y ya no es novia del hijo de la Roitfeld- y para Meisel -que ya se autodenominó Padrino y que, además, ejerce como tal.

La portada parece sacada de uno de aquellos antiguos Harper´s Bazaar con buenas señoritas, con damas muy bellas y con trajes de Alta Moda: abrigazos de leopardo, bolsazos de cocodrilo, tacones medios, sombreritos chapeau y un montón de joyas.

Ya ya, todos nos sabemos la cantinela de las señoritas de Prada y de LV, esas que tienen tetas, cadera y culo. Ésa que les gusta más ellos que a ellas. Ésa que ama en vez de languidecer. O llora en vez de cortarse las venas.

Poiret presentó su ciclo de las tendencias y explicó el funcionamiento de las modas. De la atracción-fascinación que es deseo de compra pasa al aburrimiento, relegado en el fondo del armario, se convierte en motivo de sonrojo y de verguenza en instántaneas familiares o en el recuerdo y, un poco después, los hijos lo encuentran "enrrollado" y los diseñadores hablan de su infancia y de lo que ellos idealizaban de sus padres y todo vuelve. Algunos rebuscan en el vintage, otros en la tienda del Ejército de Salvación y el resto fondean en Zara y fusilamientos de cadena rápida para proveerse de las novedafes -sigh- de la temporada.

Maria Carla, tan maniquí en la portada. Tan estirada. Tan ajena. Tan lejana. Tan de otra época. Tan sola con el fondo blanco no hace más que evidenciarnos que en el fondo sólo estamos pasados de moda siempre.

Es decir, que también estamos siempre de moda.

miércoles, septiembre 29, 2010

Los Años De La Margarita


Hay que pensar más en los setenta. Me cuentan por ahí que los editores de moda y gente del mundillo está empeñada en hacer un come back de los 90 y que por eso todo el mundo habla tan bien de desfiles que vuelven al tema de la sencillez, los bloques de color, la cosa esa de Calvin Klein entremezclada con ir a un estreno en vaqueros, las tribus urbanas, los tatuajes, los plumas y el ser bastante respetable o parecerlo. Pero lo que a mí me interesa, en este momento, son los 70s.

Sí ya sé que Mad Men, que Jackie Kennedy y que Sue Kaufman y sus Amas de casa desquiciadas. Ya sé que el alcohol-sexo-humo está muy bien y que Betty Drapper aka January Jones es una rubita de Hitch, el que quería maltratar -algo más- a las mujeres y que ató pajarracos a Tippy Hedrenn en el vestido y se mostraba cándido como una ovejita con una Grace Kelly a la que amaba por encima de todo. Pero qué demonios, los 70s fueron mejores.

Vivimos la idealización de los 50s que son el tiempo sacrosanto por excelencia. No hay guerra en el mundo -la Guerra Fría no cuenta porque dió asco, seamos sinceros- empieza a haber abrelatas eléctricos, tele, !tele!, y Dior hace vestidos. Ellas llevan enaguas de algodón y camisones de seda y ellos son viriles, cínicos e inteligentes y, además, siempre llevan traje. Ellos aún llevan sombrero y ellas aún llevan el pelo recogido a diario. ¿A quién no le gusta?

No obstante, los 70s fueron muy interesantes. Aquel jaleo de Woodstock ya se vió que era fenomenal y toda una forma de vida. Eso de "libera tu mente y después tu ropa" es algo en lo que pensar. Y Marianne Faithfull compró un traje de pitón de serpiente azul y no preguntó el precio en Ossie Clarck. A Marc Jacobs también le gustan y, le inspiran, pero la verdad es que Balmain -icono 80s, putones de Versace igual de caros pero con mucho menos talento y un montón de tachuelas y demás etc- ya vió los pantalones desteñidos en una autopista con Kate Moss y con unas vueltas de campana demás con estampado tye dye producto de una borrachera y un colocón.


Los 90s también fueron un poco así. Pero con menos gracia y con más prendas extrañas. No obstante, reconozco que ver viejos desfiles de los 90s es bastante comfortante: casi todo es, bueno, casi todo podría tener otra oportunidad. La madre de Dios si volvieron las hombreras, y Michael Jackson murió.
 
No es un secreto que me gusta el flower power. Pantalones pata de elefante, muy ajustados, caftanes, pañuelos por el pelo, abrigos sueltos, botas altas hasta el muslo, bolsos de paja, Jane Birkin paseándose en el futuro por Hermès, uñas pintadas de colores, explanadas de hierbas, aún no tiburones ni viejos yuppies nuevos y aún esperanza y el mejora tu vida y rock and roll y todo eso.
 
Y Twiggy y Penelope Tree y hay fiebre del sábado noche y Hendrix tocando la guitarra. El verano del amor en San Francisco en el 67 y la Era Acuario con Rabane y los chalecos de ante, los vestidos metálicos, el símbolo de la paz y de la victoria y un montón de sonrisas. Me gustan las sonrisas la verdad. En los ochenta las caras eran más serias y en los cincuenta tenían mucha fachada. Courrèges, Mary Quant en minifalda con las cinco puntas -ja- e YSL. Por favor YSL.

martes, septiembre 28, 2010

Estrella De Variedades


Justo ayer estuve viendo imágenes de viejos rodajes. En una, Rita Hayworth se peinaba para Gilda y fumaba jugando a las cartas con Glenn Ford. En otra, Ava Gardner metía los pies en una cubitera helada. Hitch jugaba al ajedrez y Grace Kelly le miraba. Marilyn estaba tan rubia como siempre, mirando a la cámara como si fuera un hombre al que seducir y Audrey Hepburn charlaba con Gregory Peck en una y en la otra, peinada para Desayuno con Diamantes tenía a su bebito en brazos. Inmortales. Estrellas con algo más que la fama.


A veces nos olvidamos del backstage. Vivimos en un mundo en el que, por ejemplo, sin haber visto la línea de Tom Ford presentada en exclusiva en Nueva York que pretende volver a los circuitos tradicionales -puro marketing-, todos los fashion-algo (escojan ustedes si victims, si istos o si stupids) se saben de memoria las fotos tipo polaroid de backstage en las que se atisba. Ojo, se atisba algo de la dichosa colección del demonio. También se han filtrado dibujos: de ellos todo lo que se puede decir es que vuelven al Paleolítico, por unos naturalismo -Beyoncé con mucho pelo de Grace Coddington- y por otros idealismo, un montón de líneas entrecruzadas por Hamish Bowles -un tío sensacional, ¿no?-.


Pero en las viejas producciones del cine clásico americano, no puedo dejar de mencionar la screwball comedy, siempre pienso en el vestuario y en el detrás de las cámaras. En las fotos con filtros, el favorecedor blanco y negro, la comedia de sexos femenina y el estilo de vida relajado, distendido y chic de, por ejemplo, Historias de Fladelphia. Nos olvidamos habitualmente de nombres tan grandes de la moda como Adrian o como Edith Head -injusta ganadora del Oscar de la academia por el vestuario de Sabrina que en realidad debió haber sido para Hubert de Givenchy-.

Como además tenemos un poco de complejo de voyeurs, nos encanta mirar. Los estudios lo sabían y solían retocar las fotos, incluso las del backstage. Por ejemplo, borrando cigarrillos de las manos de los actores. Pero en el mundo de la moda, que parte de la premisa básica de que el revés es tan bonito como el derecho, se dice que es mejor estar entre bastidores. Porque es donde se tejen los sueños y uno realmente aprende.


No tengo opinión formada. Las buenas estrellas siempre son estrellas. Con y sin maquillaje. Con y sin focos. Así que supongo que en el fondo da igual. Y Vogue Deutschland también lo cree.

domingo, septiembre 26, 2010

Kramer Vs Kramer, Jil Sander Vs Raf Simons


En Jil Sander siempre tuvieron grandes problemas con su diseñadora, Jil Sander. De hecho, cuando il sposso de la señorita Prada compró su firma con Jil al timón, la colaboración duró tan poco y salió tan mal que Jil Sander abandonó su firma hecha una furia. Claro que, en Prada se quedaron con su nombre. Jil Sander, la dama del color liso, los tonos bloque, las piezas rectas y los diseños mono-tonos, vió cómo su firma se quedaba sin ella. En Prada buscaron un nuevo creativo y resultó ser Raf Simons.

La crítica ha celebrado un desfile que trata sobre el volumen junto con los clásicos de la firma. Es un jardín japonés en el que las flores, de vivos colores, son sobrias y sofisticadas en vez de explosivas o sensuales y sinuosas. Se trata de calas, de lirios e, incluso, de nenúfares pero no hay ni rosas, ni claveles ni hortensias.


Si me gustan los ingleses es porque tienen expresiones como "ok, this is not my cup of tea". Exactamente, eso es lo que siento cuando veo estos desfiles. No son mi punto fuerte, más bien al contrario, no acabo de encontrar esa cosa de Miuccia Prada de buscar algo feo y encontrar lo bello o de explorar la pureza de líneas en lo más fundamental.


Bueno, el desfile es estupendo. Es un jardín precioso. Muy sofisticado. Si Holly Golightly se paseara ahora por Manhattan, podría ir vestida de esta colección. Es el nuevo Givenchy, en cierta forma. Es un jarrón con flores de papel, en volumen del viejo arte japonés combinado con lo sofisticado y lo absurdo -¿por qué no?- de la moda.


Pero es cierto. John Galliano veía flores en invierno y Raf Simons ve flores en verano. Ve flores del té hechas arrebatar de colores pero que se mantienen solemnes. Rectas como juncos. Imperturbables. De agua. De aire pero no de fuego...


Como cuando Lacroix cerró -qué pronto olvidamos- uno se pregunta lo mismo. A los editores les encanta, los críticos aplauden, los fashionistas asienten con la cabeza al ritmo de los tacones, las prendas son ponibles, estilosas, combinables, son perfectamente aptas fuera del juego de las pasarelas pero nunca aparecen en el mundo de la moda. Balmain en cambio...

Hay veces que se ponen pegas a las colecciones. Se dice: en Prada no hay trajes de noche, no hay glamour. En Comme des garçons no hay prendas ponibles y Marc Jacobs acierta la mtiad de las veces y se equivoca estrepitosamente el otro cincuenta por ciento; Alexander McQueen sería un genio pero no puede ir uno de McQueen y Alexander Wang de verdad que debería irse a casa porque ¿roer camisetas?. Eso ni "lo puede hacer mi hijo de cinco años como tu jodido Pollock".


Bueno, ya la han aplaudido.
Pero, ¿los que van a morir te saludan, Oh César?

Pucci, Bocaccio 70


Peter Dundas en Pucci deja clara su inspiración: ricos y famosos en la Costa Mediterránea, tanto en el mundo panhelénico pintado de blanco, de azul y que huele a aceitunas como en Marruecos con su tierra arenosa, sus tonos cobres, el té intenso y los mercados llenos de gente. Exactamente el tipo de persona que llevaba las prendas de Pucci en los años 70.

Se trata de gente que lo pasa bien. Chicas estupendas, con mucho dinero, paseos por la piscina, en el crucero y con un montón de pañuelos para ponerse por el pelo. Uno de esos grupos a los que el fundador, Emilio Pucci, pertenecía. Se trata, en el fondo de vivir la vida.


Hay quien se ha acordado de aquel Cavalli que sacó Mariacarla Boscono, rojo de terciopelo, con botas de caña hasta el muslo de color púrpura. Aquí, la musma chica ha tomado mucho sol, ha bebido un millón de dry martinis y ha cambiado el aire regio y soberbio por un rollo hippie de melena al aire, maría suave, un mar de turquesas y un par de novios que la rodean de aquí para allá en cuanto se mueve.


Con una sacudida de melena te puede llevar al fin del mundo. Quizás a caballo, con una Harley o como un ángel del infierno con sandalias de cuero y un vestido corto. Parece que casi lo oigo, Verushcka con su sahariana de YSL, YSL en Marrakech en su casa museo pintada de azul profundo en el que te puedes perder y los brotes de las plantas, verdes, naciendo por cualquier resquicio porque se nos escapa la vida entre las manos.


La influencia del Príncipe de Orán es inestimable. Un azul denso, tonos tierra muy cargados y tiempo para no hacer nada. Mucho tiempo para no hacer. Política de amor libre, una chequera que paga papá -o mamá o la abuela o quien sea- y tiempo para no hacer nada.

Infravaloramos el no hacer nada.
Sólo cuenta el hacer.


Y esta es otra forma de vivir.
Nada de coches rápidos, de vive deprisa y muere joven.

Este camino te lleva a otro sitio: a uno en el que no hay tiempo ni vueltas del reloj ni ninguna de esas cosas.


Ya seremos abuelos un día.
Ya llegaremos a Córcega y moleremos uvas y beberemos vino tinto.
Y vestiremos de negro pero, mientras tanto...

viernes, septiembre 24, 2010

Prada, A Suertes Nos La Jugamos


Prada está muy contenta con su colección. Se nota. Ha salido a saludar mucho, para lo que ella acostumbra y con una gran sonrisa, bastante más grande de las que acostumbra la comunista rica que se paseaba por mayo del 68 con trajes de YSL. Una excentricidad más no viene mal. Debe pensar que si sus colecciones siempre son tachadas de visionarias pero luego son fusiladas por las marcas de moda rápida como Zara (me encanta Zara, confieso), es que algo tienen y, ¿por qué no usarlo?

Karl Lagerfeld dice que él no se fija en nada cuando diseña. No ve las colecciones de los demás. No compara. Sólo crea con lo que sale de su mente, con la inspiración que busca y "toda la pesca". A Miuccia Prada le ocurre algo parecido, no exactamente igual pero bueno. Miuccia propone algo, generalmente al margen de las tendencias que todos los diseñadores se empeñan en sacar, arrasó con el lady like de secretaria tímida en sus primeros años, con el bolso de nylon con un triángulo sin logo que las pijas se morían por llevar y por el que se pagaba lo mismo que por uno de Loewe. Qué se le va a hacer. 


Si hay algo que le guste a Miu Miuccia Prada debe ser esa cosa de la oferta y la demanda del capitalismo. Sobre la colección que ha presentado para el verano en Milán se puede pensar en muchas cosas: las mariposas de la Atlantis de Platón de la revolucionaria colección de McQ, la pureza de colores de Jil Sander (que salió mal no, peor de los tratos con el grupo Prada y el signor Bertelli), que tiene algo de Marni, algo de los pliegues origami de Galliano o que puedes pensar incluso en Calvin Klein en sus buenos años pero con mucho negro. Y todo es cierto. Y falso. 


Creo que en cierta forma, el desfile trata sobre la suerte. Uno puede irse muy lejos y nunca huir del todo. Uno puede estar de vacaciones. Vivir en un paraíso con playa y palmeras y estar atrapado en un círculo en el que la muerte, no te deja vivir. Todo el paraíso que tienes alrededor se desmorona en una sala de hospital blanca, aséptica, pulcra e inerte. Muerta y bien muerta que es asfixiante. El resto da igual. Se trata del espacio que tenemos.

Las mujeres de Prada tienen un espacio figurado. Están ante las puertas de la muerte y también ante las puertas de la vida. Quieren vivir y no saben. Se acaban desmoronando. Todas las salidas de color se van apagando como si las ilusiones se desvanecieran y cada vuelta que dan por la pasarela fuera otra hora gastada del reloj. No es de extrañar. Nada. Todo es blanco y no queda nada. Nada ni nadie. Ni siquiera una jugada con la que desafiar a la muerte.


Hay verano y frenesí pero también sabor de la tragedia. Nacen, viven y mueren, como quien dice. Lloran, se ríen y vuelven a llorar. Primero entonan cantos alegres y luego sólo les queda el arrullo de la muerte. Ni el recuerdo siquiera. Se hallan en los límites de la realidad donde nada es lo que parece y siempre queda algo de desamparo.

Caronte se apiada de ti a los 100 años de desfallecer por la laguna Estigia y te cruza al otro lado. Ellas saben mucho de esto. En sus pechos está escrito su futuro y su pasado y su desgracia. Lo mismo rezan a ángeles, que parecen negociar con el diablo las últimas horas de risa y hacer un truco fatal. Un salto mortal. O una jugada de alfil para hacerle un jaque mate a la muerte.


Bailar bachata o jugar con el último tango en París. Morir llorando o vivir feliz. A cada paso la música resuena. Con cada desliz, se anota un punto en la cuenta del bien o del mal. En Gibraltar, con las columnas de Hércules y el fin del mundo, los monos juegan.
 
Llega el fin del mundo y los monos juegan.
La suerte está hechada.
Es negra.
Y tiene color.

jueves, septiembre 23, 2010

D&G,Nos Gusta La Vida


Podría mentir. Decir que no me ha gustado. Que es un desfile facilón. Que el sur de Francia, la Costa Azul, los picnics, Italia, el champagne tirado por el suelo, los manteles de cuadros, las mariposas, el río corriendo cerca, la hierba verde, el mimbre de los cestos, la melena larga, las grandes sonrisas y los recuerdos me desagradan.


Pero es que en mi idea del verano, todo eso entra.

A vivir la vida.

miércoles, septiembre 22, 2010

Una Diva


Diva con el pelo platino.
Una sirena.
Ya tendría 84 años, aunque hoy no sea "el día".
Pero, ¿por qué hay que recordar los mitos en un día concreto?
Una sonrisa sensacional.

lunes, septiembre 20, 2010

The Woman In White

En el libro La Dama de Blanco se expresa exactamente que la mujer no es una dama.


Yo también lo veo.


Es un ser extraño. Sacado de un sueño. De una tiniebla. De lo liminal. De la indefinición.

Es una virgen y una puta y lo bajo y lo alto.


Es una viuda que se vuelve a casar.
Un fantasma abandonado con el vestido ante el altar.


Es... un espectro.

domingo, septiembre 19, 2010

sábado, septiembre 18, 2010

Paradoja


Alfred Hitchkock dijo que el problema del siglo era que no se maltrataba lo suficiente a las mujeres. Parece que ellas también están de acuerdo. Porque cada vez usan faldas más cortas, bikinis más escuetos, cosmética más agresiva y tacones más altos. Además, trabajan más y más horas y en peores trabajos con peores horarios para pagar sus caprichos.
En China y en Japón, las damas de esos países, se prostituyen para comprar artículos de lujo, especialmente Vuitton, bolsos con logos y en menor medida accesorios en general. Y, vuelven a subir la altura de los tacones en Manolo, en Choo y en Lanvin.
Vuelve Tom Ford. También. Creo que todo está relacionado.
Pero, ellas parecen disfrutar.

viernes, septiembre 17, 2010

Oscar, Las Abejas Aman A Las Flores


Oscar de la Renta, a pesar de que se llama Oscar no es uno de los habituales en los Oscar. Pero sí que lo es en los armarios de las ricas y poderosas de Nueva York y, por ende, de Estados Unidos en general. Siempre vende lo mismo. Pero nos gusta.

Flores.


Lunares.

Sirenas.

Debutantes.


Princesas.

Mujerones.