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jueves, enero 28, 2010

Intimidad


Vestimos para los demás.
Por eso en la intimidad del hogar es donde más se nos comoce.
Las que quieren ser damas llevan chinelas y batas de seda; las cosmopolitas blusones japoneses; las chicas de hoy llevan pantalón gris y camiseta blanca de Calvin y Klein y las mujeres fatales un salto de cama o una bata de seda sin nada.
Las princesas de verdad se quitan la corona y usan ropa de verdad -pijama y no camisón- que es la aspiración de toda princesa.
Las románticas y las niñas tapizan sus sueños de rosa.
Y las prácticas usan su ropa favorita, gastada y roída y... vivida.
Y... las mujeres de verdad, vestidos de plumas con pasos de baile.
¿O eso son las de mentira?

martes, enero 26, 2010

La Bete Noir


Givenchy ha pasado de ser de damas que toman pastas a espíritus que pululan por mansiones y viejos jardines con rosas escarlata.

Fantasmas, muerte, viudas negras, trajes caros y perdición.


Vicios. Consentidos, del consentimiento y obligados.


Perturbadores. Desolados. Extraños. Turbadores. Trágicos.


Hermosos y atractivos, idealizados, delicados, etéreos...


Algo que tienen que ver con la magia... y lo ajeno al hombre.


Y, eso siempre fascina.

Edad Suficiente

El que dijo que para llevar Chanel había que ser suficienteme mayor no sabe lo que vale un peine. Chanel ha cambiado, lleva cambiando tanto tiempo que todo el mundo tiene que ser joven para llevarlo. O tener alma joven que, al fin y al cabo, es lo mismo.

Pero lo cierto es que no hay que tener edad suficiente ni carisma suficiente. Sólo hay que tener dinero suficiente. Y bastante valor.

Aunque también hay que ser suficientemente chic.
Coco Chanel fue una de las mujeres más elegantes del mundo por sus actitudes censurables, fumaba como un camionero, llevaba sombreros raros a todas luces al final de su vida, vestía trajes con cadenas en el bajo para que pesasen -ingenio- y se ponía demasiado carmín.

En su juventud pecaba de irreverente. Sustraía ropa interior a sus amantes y la convertía en vestidos. Caminaba por las caballerizas con un canotier discreto cogido con una agujilla y la rodeaba un halo de demasiada respetabilidad. Se vestía como un señorito, se recogía el pelo cuando no tocaba y se lo soltaba cuando tampoco. Tomaba el sol en el País Vasco con chapela. No llevaba medias y se ponía demasiado perfume.


En su madurez, cayó en las garras del negro. De las esposas como pulseras. De las joyas que eran grilletes. De las perlas falsas -provocadora- en vez de auténticas. De las gorras de capitán y las prendas de punto con faldas a la rodilla. De disfraces de arlequín y amores lésbicos. De amores censurados y censurables y de dama con complejo de Mata Hari. Y, ya se sabe que los acomplejados de Mata Hari suelen acabar mal.


Karl Lagerfeld propone irreverencias. Góticas empolvadas, japonesas sacadas de las pesadillas de un imaginario colectivo, ratoncitas de la factoría pop y una mezcla de colores sacadas de un Versalles decadente donde el brillo del rey sol es cegador y la sangre rueda a borbotones mientras los invitados ven el charco en el suelo por el espejo.


Ciertamente tienen algo de trágicas y de cómicas como casi todas las situaciones. Algo de rosas de pitiminí y de mandrágoras. Pero en eso consiste la atracción, ¿no?. En que sea fatal...

Y, al final, volvemos a lo mismo.
¿Es todo cuestión de actitud?


Me permito recordar lo que todo el mundo sabe. En Versalles, los reyes decadentes de Francia, los que pusieron musas de mármol en su jardín -¿qué pasiones pretendes avivar con fría piedra?- fueron los inventores de las etiquetas. Que se vea que es de fiesta.


Porque hay que poner de nuestra parte pero cuando las cosas tienen cuatro ceros, más las vale tener nombre...


Porque actitud también ponía el emperador con su traje nuevo pero...


¿aunque se vista de seda, mona se queda?
Oh, la la

lunes, enero 25, 2010

Imposturas


Inglaterra. Auge y declive del Imperio Brítánico. Caza del zorro. Marina "two keels to one" y el espléndido aislamiento. Salvajes correteando por las colonias. Y la política de manos libres, ya saben, los ingleses tienen intereses permanentes pero no amigos permanentes.


Las mujeres inglesas, serias, rectas, con rosas en el jardín y té a las cinco. Perros, sofas de cuero y copas de bourbon y vasos de whisky. Amazonas. Traje de terciopelo y espuela ágil.


El carácter inglés con esa mano de ida y vuelta, ese humor ágil y seco del norte que tiene esa mezcla de agrio, inteligente y cortante.


La nobleza inglesa, de casta, tirante, regia, rígida, protocolaria, enguantada, sofisticada y altiva. Sobre todo altiva. Recta como una flecha, flexible como un arco.


Carreras. Ópera. Rondas de licores. Perfume. Ladridos. Encajes. Botas de cuero. Lodo. Y ropa estrenada por criados. Mantillas francesas y esmeraldas de Kurdistán.


Extraño gusto ciertamente y algo atractivo aunque distante. Fria, soberana, poderosa. El mundo se ahoga y ella a flote. Isabel, su reina. Virginia, su zona. Amores corsarios y lengua de oro.


Sillones tapizados, tapices, leones de piedra y amores con el jardinero en la caballeriza. Rasi, Cestas de coser. Pic nics en la hierba. Porcelana francesa y tardes de lluvia golpeteando los cristales. Chimenea y troncos y velas.


Escopetas cargadas. Pólvora y rosas.


Abrigos de zorro y chinelas de seda.



Y estas no son princesas...
Son arquetípicos tópicos enlacados del maestro de las mujeres jarrón, John Galliano para Dior.
¿Visto? Revisto. ¿Triunfo o derrota?
Ya lo dijo Churchill, sangre sudor y lágrimas.
Y en su biografía, triunfo y derrota.

viernes, enero 22, 2010

Exhibicionismo


El exhibicionismo es otra cualidad, probablemente, inherente al hombre en mayor o menor medida. Aunque delimitar qué es y qué no es eshibicionismo sea harto díficil o, casi mejor, -para ser justos- imposible porque, una vez más, nos volvemos a adentrar en el terreno de la mente y del erotismo.
¿Qué es enseñar y qué exhibir?

Para cada persona, cada una de esas palabras tiene una acepción y, de hecho, el concepto varía según la ocasión. De la misma forma que un vestido negro puede ser elegante en una vertiente regia, refinado o trés chic en el cuerpo de una parisina de ágil soltura, tenebroso en su vertiente más letal o enlutada, terriblemente sexy e imponente, elegante y sofisticado o atrasado; dependiendo de quién lo lleve ya que, al fin y al cabo, todo es una cuestión de actitud.

jueves, enero 21, 2010

lunes, enero 18, 2010

Regia


Las damas no es que miren por encima del hombro, es que el mundo se rinde a sus pies.

La Vida Privada


¿Mueren las divas cuando se baja el telón?


Dreyer en Ordet hace un canto a la vida y plantea que cuando se baja el telón, los focos se apagan y el mundo se hecha a dormir desconectando de la necesaria realidad, es cuando realmente vivimos. Cuando se abren las puertas de lo que de verdad es real y los hombres entran en juego.


En el cabaret se dice que el show debe continuar.


Pero, la pregunta que nos surge es, si realmente el show continúa pese a todo, pese a las luces apagadas y el telón caído. Somos presas de la cotidianeidad y animales de costumbres pese a quien le pese y, aunque los tacones de diez centímetros y las maneras de starlette están francamente bien, ¿qué ocurre con la imagen del espejo día a día?


Se me vuelve a plantear la dicotomía de lo falso sobre lo verdadero, lo natural frente a lo artificial y el exhibicionismo frente a la intimidad. ¿Vestimos para los demás o para los otros?


Mejor dicho, ¿vivimos para los demás o para nosotros?

¿Es la vida privada en realidad eso que se desliza en los interludios de la publicidad?

Los creativos de publicidad dirían entonces que, siguiendo el razonamiento, los hombres lo que ven no es la televisión sino los anuncios. Los seres humanos no leen revistan sino que ojean campañas y no leen libros sino que coleccionan tapas.


En cierto modo, es verdad pero, hay un pero.


La realidad siempre supera la ficción.