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martes, diciembre 29, 2009

Afecciones De Mujer


Nos encanta observar.
Y disfrazarnos.



Y contemplar distraídamente en qué nos convertimos.

Y sacar a relucir nuestra mejor cara con nuestras peores garras.

domingo, diciembre 27, 2009

miércoles, diciembre 23, 2009

Christmas


El discreto encanto de la burguesía se entremezcla con la navidad. Brillos, lentejuelas, luces de navidad y pista de baile con luces de candilejas. Acebo y muérdago en las puertas y besos furtivos bajo las ramas bendecidas. Árboles de navidad y niños con las mejillas sonrosadas como las manzanas esperando sus regalos. Papá Noel vestido de rojo con barba blanca y los reyes magos mirando las estrellas. Se entremezcla el solsticio de invierno con el nacimiento del hijo de la divinidad, se entremezcla la fiesta de la Saturnal romana en la que juegan a los dados amo y esclavo con la estela de la navidad.
¿Sueños?
Y blanca nieve alrededor y... nunca mejor dicho.

Vulnerabilidad
















lunes, diciembre 21, 2009

Sex Appeal


Lo gratificante de la burguesía es su dulce encanto...
Sus delicadas perversiones...
Su entrega al Dios de la mediocridad...
y esas cosas que luego consume en ocasiones señaladas...
sexo, fiesta, alcohol, sexo, drogas...
¿Y quién dice nada?

sábado, diciembre 19, 2009

A Lass Chicas Monas Les Va El Sado



Cada vez creo más en aquella frase que decía que "las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes" y no porque incurra en ella sino porque, afectada del curioso vicio de observar, creo que se cumple. Siempre se cumple. Es como una pesada losa encima de cada una de las chicas que juegan a ser mujeres. Tienen algo de ese lirismo propio de quien desarrolla un personaje y al mismo tiempo, ese rasgo histriónico de quien no es consciente de que no es actor que merezca el papel.
Tienen algo de esa afectación post-vacacional de quien vuelve al trabajo con la nostalgia del aburguesamiento decadente y sigue incurriendo en alguno de los viejos hábitos de la escasa vacación y, al mismo tiempo, algo de furor pre vacacional del que vive pendiente de una vuelta del reloj, del caer de otra hoja del calendario y del click que anuncia el final de la jornada al fichar.
Tienen ese algo de adolescente que en casa es muda y fuera se desmadra pero que, al mismo tiempo, anhela comulgar y desea un par de niños -querubines- para cuando sea mayor. Tiene algo de tierno y de fuerte que me gusta y me repele...
Eso de alguien que lleva zapatos de lazo -oh decimonónicos, dónde quedaron los delirios- y al mismo tiempo eso de yo mando aquí, Dios no me va a guardar porque no creo con sus leggings de cuero amenazadores...
Ay... filosofía barata y zapatos caros. !Cuánto que decir...!

viernes, diciembre 18, 2009

Artificio


Pienso en lo artificio y en lo falsamente natural. En lo que pagamos por parecer naturales y en lo que desemboca nuestra fingida naturalidad. Nos sorprendemos con maquillaje que no se descubre y con labios nude, nos vestimos para una fiesta sin que parezcamos arreglados, preparamos nuestro look para que parezca nacido de la casualidad más fortuita y despeinamos concienzudamente nuestro pelo para darle ese aire rebelde -rocker- que nos gusta tanto.

Moldeamos el cuerpo en el gimnasio y seguimos una dieta estricta para obtener una figura esbelta pero sin muscular. Miramos a la cámara con poses ensayadas en el espejo que pretender ser no simuladas, iniciamos conocimiento en el arte de la espontaneidad y la naturalidad. Echamos miradas de reojo que dicen ah... no soy lo que parezco pero sí lo soy. Nos empeñamos en ocultar nuestros errores, nuestros vicios y nuestros defectos.
Queremos ser quien no somos y negamos ser lo que somos.
Y, al final, la belleza que nos escandaliza es la de verdad.
Porque la autenticidad se nota...

martes, diciembre 15, 2009

Severidad, El Arte Del Corregirse


Me pregunto sobre la autocontención y el arte de corregirse. Sobre esa gente que uno es consciente de que no es lo que aparenta pero que, al mismo tiempo, disfruta con el papel que aparenta. La autocorrección está, a mis ojos, más ligada con la severidad y lo espartano que con el snobismo y el arribismo quizás, por ese matiz de control en vez de desfase o por esa sutil marginación de los excesos, de lo accesorio, de lo profuso y vano -aunque sea glorioso-.

Veo a damas femeninas que en el fondo -y no tan en el fondo- tienen algo de artificial, de conceptual, de personaje de tragedia griega. Tienen algo de Artemisa... algo masculino, algo lejano, algo distante. Desde luego, más emparentado con el varonil Apolo que con la alocada y volubre Afrodita.


Se respira en ellas esa vena de corrección, de ultracorrección que nace sin ser afectada y no acaba de morir. Tiene algo de melancólico señorito y al mismo tiempo algo de chulo de calle, algo profano y algo maldito. Tiene también algo de maniaca meticulosidad, de loco escrúpulo sin caer en el exhibicionismo extraño al estilo bohemio. Pero, al mismo tiempo, tiene algo de guarida y subterfugio... algo de reina y verdugo.


Inevitablemente me recuerda a la bíblica Tamar que se cubre el rostro -aka se hace pasar por prostituta- para "yacer" (¿yacer?) con su suegro y cuando queda encinta -¿?- es acusada de adulterio. Su suegro quiere apedrearla y, ella dignísima -a la vez que puta- saca el manto y el bastón del hombre con el que yació y, su suegro, avergonzado y al mismo tiempo maravillado, es consciente de que es ella la justa. La única persona justa...


Me recuerda a ella porque tiene ese halo de dignidad y al mismo tiempo de contracción que tiene quien hace algo porque debe hacerlo sin querer hacerlo y por lo que recibe alegría y sufrimiento a partes iguales...


Hablaría de una naturaleza dual, de un complejo más dramático que el de Victor Victoria y de algo más humano -mucho más humano- que la androgeneidad. Pero, no es exactamente la fusión de dos polos que se unen. Esto no es hielo que arde ni fuego que hiela. Tampoco es potencia ni naturaleza sino más bien un artefacto que tiene algo de humano y algo de máquina.


Tiene algo de corazón y algo de eléctrico... Algo de lejano, de inalcanzable y al mismo tiempo esa convicción de que puedes poseerlo como quien compra algo aunque no de forma total. Tiene algo de pervertido y algo de puro, de dignísimo, de exageradamente limpio. Tiene algo de maldito y algo de bendito. Algo de delito y algo de acto de buena fe...

Y se ve... no hay más que mirar a la naturaleza dividida y fascinada por sus impulsos... no hay más que mirar la dura, la cruel, la taimada realidad que unas veces arponea y otras deleita. No hay más que intuir lo que el ojo atisba y el alma sabe....


No hay más que decir...
Bueno, quizás eso de que nada te turbe y nada te espante.
Pero, en todo caso, es otra historia...

domingo, diciembre 13, 2009

El Show Debe Continuar, Los Focos Nunca Se Apagan


Hay que pensar en lo extraño, en lo retorcido, en los mundos sacados directamente de los sueños que se deslizan, sigilosos, por cualquier repliegue de nuestro subconsciente y, donde todo es grande y maravilloso, omnipotente y extravagante. Donde nada es convencional, donde lo raro es normal y lo normal nos sorprende como si procediese de una aberración que nos fascina y nos conmueve, que nos construye y desintegra, que nos ama y nos repulsa. Donde la fantasía reina y los focos nunca se apagan...



En la sinergia de disonancias que forman una extraña melodía sacada de los retales de nuestra integridad y con raíces en la más profunda intimidad. Saltimbanquis, polichinelas y viejas damas. Hadas y duendes, y luz.... luz más luz... pide el alma burguesa que contempla, emocionada, en domingo y vestida de Domingo, lo que ocurre más allá del mundo estipulado con olor a lejía y a corrección, y rie y llora con el horror, con lo exagerado, con lo histriónico que toca el corazón.



Es una cosa que fascina y sobrecoge que no se sabe muy bien si pertenece al mundo de sombras o al de luz, si impera el Inframundo o lo celestial, si es amor de madre o tragedia envuelta en sombras. No se sabe si es maldito o sagrado, si es ajeno o si es propio, si es infantil o... salvajemente adulto.


Es lo que prodece del imaginario individual y de lo esperado por el subconsciente colectivo. Es horror y diversión, es magia y es mal. Es el mundo del circo, de los gitanos, de los echadores de cartas, de los timadores, de los que convocan espíritus, de los enanos y los mal formados, de las bailarinas que hacen pasos entre tules, de los elefantes dando vueltas a una pista en la que... en la que nada es lo que parece, damas y caballeros.


Y uno no se puede fiar de nadie en absoluto porque el circo... amigos... el circo, está sacado de los sueños de un loco, de un demente, de un perturbado que saca sonrisas a los niños con trucos de psiquiátrico. Que habla de otras vidas, de otros sinos, de otras gentes, de otros mundos que no son atractivos y desconocidos. Que nos están prohibidos, en los que somos consumidos y que siempre deben tener fin.


Por eso se acaba la entrada al circo y hay que abandonar el recinto. Porque las personalidades extrañas forman una especie de espectáculo sagrado que hay que contemplar y salir, pues no se puede permanecer allí a no ser que... a no ser que se quiera correr el riesgo de no volver jamás... a ser lo que se fue. Por eso, las cosas acaban y han de ser guardadas y encerradas, soterradas para que no vuelvan al mundo normal.


Porque el mundo normal, el de los burgueses que pagan la entrada al circo y compran piruletas a sus hijos con puntillas de algodón y motletes sonrosados, no pueden permitir que lo degenerado que ahora brilla, recorra el mundo de la decencia, del trabajo honrado, de la dignididad... No puede hallarse la teofanía con la teodicea o ambas morirán.


Pues el mundo del circo debe reducirse al circo donde todo puede ser posible en un compás de tiempo, donde el silencio viene rasgado por aplausos, donde lo extraño se mezcla con lo siniestro y produce caras sonrientes y muecas de admiración... porque es bajo la carpa roja y blanca donde esto es digno de admiración y no de censura ni de insatisfacción...


En el mundo de "verdad", en el de lunes a sábado y domingo de guardar no hay lugar para la efigie exagerada de la mujer malvada y mágica, de la divina diosa ni del mago y su aprendiz. En el mundo del horario, de la mediocridad, de la trementina y el aguarrás, de los delantales con puntilla y las plantas relucientes en el balcón.... no hay espacio, ni lo habrá para el mundo del circo.


Porque pertenecen a mundos distintos que no se pueden combinar. El circo es sagrado y reverenciado en Domingo, cuando uno sale a divertirse con los hijos y ejerce de padre y cabeza familiar pero, no es digno de un oficinista de camisa azul y corbata en traje sastre pero eso ni es propio ni es señal de la sociedad burguesa, aficionada a las distracciones y a las obras de caridad. Reverencia el día de fiesta lo extraño y se regocija en esas cosas, esas tonterías... esas golosinas de la otredad.

El mundo del circo reverencia a los burgueses y a sus hijos, con coletas, con tirabuzones, con bendiciones a la mesa y fe procesional en la Iglesia pero... al mismo tiempo, lo rechaza. Lo despacha con una sonrisa burlona, de eso se encarga en su espectáculo, de parodiar, de alabar, de venerar eso que la mediocridad burguesa de los hombres burgueses que rezan al Dios de Abrahám no acaban de comprender. El circo es un mundo para locos... donde no puede caber la respetabilidad ni la seguridad. Es la vida en el alambre con los focos deslumbrantes y el salto mortal y eso.... no se puede -ni se podrá- conjugar con el ahorro al 3% y los impuestos y los cotilleos de la salida de misa en Navidad.

El mundo del circo y la realidad son las dos caras de la misma energía. De la misma forma que todo lo sagrado es maldito y, el horror más grande nace con la piedad. Y el mundo del circo .... ah, qué burgués y qué poco burgués.... de la misma forma que el mundo "real" qué extraño, qué ordenado y qué caos reina en él.... Cuánto tiene de horror y de risa enlatada, cuánto tiene de pista llena de excéntricos que hacen reir y llorar con su maquillaje.... cuánto tiene de mago charlatán y de danzarinas frágiles.... !Cuánto se parecen y se confuden ambos mundos!


Y es que.... si en el mundo del circo los focos se apagan cuando se va a acabar.... en la realidad las luces vuelven a encederse al caer dormido... en ese mundo onírico donde nada es exceso y todo verdad.... donde todos los hombres caminan con una ristra de globos....

viernes, diciembre 11, 2009

Juguetes




El hombre verdadero desea dos cosas: peligro y juego.
Por esa razón él desea a la mujer, el juguete más peligroso de todos.

jueves, diciembre 10, 2009

Coco


Nuestra casa, dice mucho de nosotros. Habla de qué tipo de personas somos porque es en ella donde nos refugiamos. No sólo habla de gustos y aficiones sino de formas de ser y de arte de vivir. El hogar, la casa, es realmente el último reducto de nuestra intimidad y, si es bello, es como el marco de una espléndida obra de arte que, lo es en sí misma al mismo tiempo.

Los aposentos de Coco Chanel son un elogio a su persona y a su efigie. Célebres son las instántaneas tomadas en ellos, donde se contempla a la dama, envuelta en negro luto o recostada sobre hermosos sillones, bajo el amparo de un biombo chino o envuelta en una disputa jovial entre ciervos. Madame reclina la cabeza en el brazo de un sillón o fuma mientras charla, sonríe con sus modelos o comparte confidencias sobre su colección con sus más íntimos.
Pidió alfombras del color de la tierra batida y un aroma a especies. Quiso astrolabios, miniaturas y esmaltes. Pidió sillones donde hundirse y perderse contando historias, librerías forradas en cuero y mesas lacadas en negro para apoyar el café o el opio, si se tercia. Quiso espejos donde contemplarse a sí misma y admirarse y vistas...
Quiso ventanas y jaulas que es lo que demanda siempre un ave por muy libre o muy encarcelada que esté. Vistas a París por donde paseba y al trajín de los viandantes. Mademoiselle quería ver mujeres que se mueven y caminan a pie en el ir y venir del día mientras ella espíaba desde arriba qué ocurría con su prole. Miraba, cruel y amorosa como una madre, desde arriba como quien ve sin juzgar los actos de sus criaturas y, al mismo tiempo, ve desde palacio, los calores y los tormentos.

Quiso arte y figurines, delicadas obras extranjeras, bastas incluso o exageradas. Poco francesas, poco civilizadas entremezcladas con esa cosa de niña frígida y seca de orfandad. Quiso dorado que es otra cosa muy de señorita meliflua que los domingos -y sólo los domingos Dios mediante- da caridad. Quiso algo glorioso y decadente y, espectacular.

Quiso bellos apolos esmerilados para entretener a sus venus. San Jorges alados para combatir dragones y brazos para abrazar a toda "su" cristiandad. Quiso jarrones con flores y mapas abiertos y libros ajados y cajas cerradas y puertas trucadas y trampas de mujer, de amante, de amada, de dama despechada, de águila y de ruiseñor, de gavilán y de gorrión...


Y quiso lo exótico y quiso lo propio.
Y quiso lo hermoso y lo presuntuoso.
Y quiso reuniones con Clemenceau y aires de Talleyrand en Europa. Y quiso absolutismo del bueno, del de antes, del de los zares. El de los huevos de esmalte y las coronas de diamantes, el de las manifestaciones que siendo tirano, te llaman padre.
Y, calmó sus excesos con el XVII francés. Barroco y extraño pero siempre patriótico. Hermoso y tranquilo y poco belicoso. Consenso quería la dama de los vestidos de telegrafista raquítica y los abrigos de pesca con red.

Y quiso criadas y no siervos. Y quiso esclavos y no remilgados.
Y quiso etiqueta pero no librea.
Y quiso éxito...



Y consiguió reinar...

lunes, diciembre 07, 2009

La Era Digital


El último número de Vogue Italia, de alguna manera, vuelve a hurgar en la herida. Está dedicado a la era digital, al efecto que ha tenido Internet en el mundo de la moda -y en el cosmos en general- y a la estética surgida entre las redes sociales y el mundo de los fotologs. La verdad es que a medida que nos acercamos al 2010 y cuanto más intentamos resumir lo que ha sido la primera década del siglo XXI, más tenemos que profundizar en el fenómeno Internet. No sólo en los blogs de streetstyle y en la opinión de blogeros afamados -o no- y con más suerte que pericia -o no- sino en esa nueva estética, en esa nueva moda, en esa tendencia y en ese universo digital que nace y recorre nuestro siglo.

La idea de Steven Meisel me ha traído a la cabeza aquella sentencia de Ortega y Gasset que decía que "cada generación quiere dejar su impronta en la historia". Y, lo cierto, es que ésta forma de ser alguien en el medio online es muy adecuada. Mis dulces teens y mis no tan teens se encuentran diseminados en Internet bajo etiquetas muy diversas, ya sean Emos o miembros de la generación 2.0 pero todos unidos por la seña de identidad de la red.


Quizás la cuestión sea cómo dejar esa impronta, y en manos de quién cae, pero yo soy una fan del fenómeno Internet porque es el heredero legítimo de la era Acuario y porque ¿y por qué no? La cosa es que ésta es la dicotomía que plantea Meisel en Vogue Italia, realidad contra digitalización.


Internet nos ha servido a todos para convertirnos voyeurs aficionados o pluriempleados y en adorantes o adorados o todo al mismo tiempo. Ha servido para expandir nuestra intimidad y para reducirla. Ha cambiado nuestra forma de mirar, de actuar y de hablar y nos ha esclavizado a ir a todos los sitios con cámara en mano para inmortalizar cualquier instante vago. El engendro de Vattimo y la postmodernidad se han cebado con Internet, lógicamente claro, pero esto ni bueno ni malo, simplemente "es" que, ya es bastante.

De alguna forma, hemos enfrentado la realidad a la "ficción?" . Internet ha dado voz y voto a los sin nombre y ha covnertido a los elegidos en cuasi dioses de una generación que se muere por glorias con fecha de caducidad. También ha ampliado los límites de la realidad y ha creado extrañas sinergias siderales y culturales. Anna Wintour -se dice, se comenta- ha prohibido hablar de blogs en Vogue USA edición impresa -la Biblia de la moda, al caso- (tampoco hay que sorprenderse porque la señora -La Señora- dijo que era mejor que nadie la saludase porque perdía tiempo) pero al mismo tiempo crea humanoides con el photoshop. Si es que... le dijo la sartén al cazo, quítate que me tiznas.


Otra cosa que ha dado Internet es el sentido de la decencia y el de la intimidad. O mejor dicho el de la no decencia y el de la no intimidad. Fotos semidesnudos, fotos como una cuba, fotos drogados, fotos ¿?, fotos sonrojantes, fotos desvergonzadas... hay que tener en cuenta que hemos creados y que pertencemos a una generación en la que no importa salir de fiesta, no importa pasárselo bien, no importa nada a menos que sea inmortalizado y subido a la red. Es algo así como el "irse el último aunque te estés congelando y aburriendo y echando de menos la cama" versión 2.0...


La estética de Internet -flogs y Tuenti.com- se resume en algo así como una despreocupada vida social íntima al alcanze de todo el mundo. Se inmortaliza todo y en cualquier momento y las fotos se retocan un poco para parecer diosas y dioses. Es curioso lo reducida que queda la vida en Tuenti, -zonas de "marcha", intereses, ¿qué busco? y ¿qué estudio?- más un estado y una galería de fotos. Ay... y lo peor es que cubre todos los aspectos del humano medio más que de sobra.

El fenómeno Twitter -aka barra de bar digital- no tiene tanto calado como Tuenti o fotolog pero también tiene su aquel. Es más inmediato, más payaso, más dinámico y menos comprometedor porque ni se abochorna uno por las imágenes ni los comentarios son demasiado penosos.
En cuanto a la estética fotolog -foto en espejo con cámara con flash- y sus derivaciones moderneras y teens -eternal teen- poco más hay qué decir salvo que tiene, en buena parte, culpa o responsabilidad de la moda del street style y de los ídolos del acné fever.

En cuanto al street style, más refinada y más dandy -y más sesuda- uno no sabe qué decir. Gaultier que decía que se inspiraba en la calle y los coolhunter posteriormente entre el fin de los 90 y los primeros años del 2000 sacudió el mundo de la moda el hecho de que la alta moda se inspirase en los que la consumían. De repente se llevaban las lolitas japonesas y al año siguiente las góticas con maquillaje psicodélico. Y Marc Jacobs y Karl Lagerfeld se tenían que aguantar porque The NY Times vio a Scott Schuman y decidió que este era el futuro.

De hecho la primera plana de las fashion weeks se desvive -y desvivía- por salir en foto y, a ser posible, tener luego un par de fans. Eso sí, las voguettes todas ellas están convencidas de que Balmain es tener personalidad. Oui, madame. La gente también está convencida de que The Sartorialist es un mésías y, si bien en cierta forma lo es, también no lo es de manera rotunda. Son sólamente otros quince microsegundos de fama en Internet...
Pero, quitando todo eso y yendo directamente a la esencia del asunto; ¿qué podemos esperar de nosotros mismos? ¿Seguiremos corriendo sin avanzar?, ¿Amando sin confesar?, ¿Siendo sin aparentar? O alguna vez lo dejaremos de hacer.....

O es que Internet nos gusta tanto porqué nos permite ver segmentos de la vida que querríamos tener y olvidar los segmentos que nos molestan. ¿Podemos considerar nuestros movimientos online como el colador de nuestra experiencia real? ¿Es el método de selección de fotos -buena se sube, mala no se sube- como el de nuestros recuerdos?. ¿Debemos pues quemar periódicos viejos y enterrar a nuestras abuelas?


Y quién sabe... No sabemos si la editorial es buena pero da qué pensar y eso siempre es bueno ¿no? Digo yo...