viernes, octubre 30, 2009

jueves, octubre 29, 2009

Caos


No paramos de hablar del presente para encaminarnos hacia el futuro. John Galliano se cotiza entre las chics parisinas con sus devotos 30s y 40s contonéandose por las aceras empedradas de París. Gaultier saca su imaginario decimonónico y envuelve a Jane -la de la jungla- entre corsarios en un barco de mala muerte con sujetador cónico y aires bondage. Karl Lagerlfed se aburguesa y le sale el espíritu francés del Trianon y decide que !oh París, qué granjas hay a 300 kms!. Y, mientras, la moda sigue un curso que poco tiene que ver con sus propietarios...


Prada dice que no consumamos, bueno que si hay que hacerlo, Prada. Pero que lo bien que está ser comunista. Lanvin decide especializarse en coquetuelas deminónicas extremadamente frívolas que ronronean como gatas en celo por mimos y por ropa. Rodarte cuenta que los cuentos medievales de sangre, honra y blonda están mucho mejor que la contemporaneidad. Y Balenciaga da tumbos entre las niñas bien de toda la vida y las tribus de mala muerte.


Y mientras, nosotros seguimos aquí. Entre la jauría de voguettes sedientas de sangre, los fotologueros con aspiraciones a novena musa -o décima, quién sabe- y las extrañas veleidades de los diseñadores para los que hoy es abominable ser imbécil y mañana está de moda.


Creo, sinceramente, que juzgar la contemporaneidad es muy dificil, más que dificil es tremendamente complicado porque nosotros "estamos contenidos en nuestra propia caja". Vemos lo que podemos ver, oímos lo que podemos oír, y analizamos lo que nos permiten las circusntancias. Y, al fin y al cabo, el tiempo sigue pasando y nosotros nos perdemos en sus giros.


Nos siguen gustando las mujeres, que las queramos ya es otra cosa. Nos siguen gustando las rubias sexies y carnales que también son frías y calculadoras con aires de femme fatale. Nos gustan las morenas raciales, las princesas de Arabia y las gitanas con misterios que descubrir. Nos gustan las curvas de las diosas y la delgadez andrógina. Suspiramos por la actitud y el carácter, por el poder y el encanto, por el sentido y la sensibilidad. Nos gusta el negro, nos gusta el blanco, nos gustan los vestidos apretados, los escotes reverberantes, los tacones altos, los bolsos brillantes y los diamantes rozando el pecho. Y no nos preguntamos en qué hemos cambiado porque la respuesta ¿duele?.


Duele saber que vivimos en un ciclo sin ciclo. Poiret estableció el ciclo de la moda. Lo que ahora está de moda ya lo estuvo hace cincuenta, lo de hace veintinco lo estará pronto y lo inmediatamente posterior a nosotros nos parece una aberración que llevaremos dentro de unas décadas sin sonrojo alguno y, así hasta el eterno infinito. Ahora, devoradores del presente y del pasado donde los haya, los ochenta ya están demasiado reinventados, los noventa con su sencillez rígida y sus perchas vivientes nos gustan por sus cortes estructurales y ese aire de !eh! !que soy todo esencia!. Los setenta nos gustan para el verano, aires folk y paz entre hermanos. Los sesenta para los días de fiesta y bajón con un poco de color neón y colocón y los cincuenta para sumergirnos en lo ideal. Los cuarenta nos recuerdan a la guerra, al patriotismo y al humo de cigarros manchados por el rouge de labios. Los treinta, sofisticación a pasos ceñidos. Los veinte, hot hot hot. Los años diez, corsés y sensualidad japonesa creativamente deliciosa y sutilmente delicada y... anteriormente la gala, la novia, el luto, los sueños, la Costura. ¿Y sigue girando la noria?


Y cuando algún creador habla de la contemporaneidad -Balmain? pero con otro aire- o Isabel Marant o Pucci o Armani o la New York Fashion Week... decimos comercial. Imbuídos de desprecio, fulminados por nuestro ácido cinismo, carentes de sensibilización para con nuestra época. ¿Postmodernidad, Café Starbucks y sueldos míseros? Queremos otra cosa en la moda.... Soñar, por ejemplo. ¿No?


Y, entonces, recuerdo a Dalí diciendo "lo único que no puedes dejar de ser, es moderno".


Y pienso, si es que así no se puede. La moda no son sueños, es ropa para llevar. Para mujeres de verdad. Los contadores de historia son eso, contadores de historias. Los vendedores de sueños son vendedores de sueños. Los príncipes azules no están en Meetic. Y los modistos son modistos. Su labor es diseñar prendas. Vender prendas. Cambiar la moda. Enardecer las bajas pasiones. Sofocar cuentas bancarias y abrir números rojos en la tarjeta.


Y uno piensa en la desubicación...
Y luego dice, generación X ¿allá vamos?

martes, octubre 27, 2009

Amores Impulsivos



Nuevo volumen sobre el lesbianismo. Menos sucio y más delicado, menos sádico y más melancólico pero, básicamente, tratando sobre lo mismo. Ellas. Mujer. Eva. Pandora. Afrodita. Safo. Helena. Hera y Diana. Captadas en un instante. En el que no sabes aún si es despedida o encuentro. Si es agradecimiento o secreto. Si es sexo o es amor. Si es destino o condición.


Si es locura o es amor. Al fin y al cabo, algo de interrelacionados tienen estos conceptos. Junto con eso de que "a veces nuestra vida se concentra en un sólo instante.". Otro elogio sobre la locura y las obsesiones del amor. Oyes una voz y respondes a la llamada de tu instinto.


Y no sabes a qué llamada respondes. Puede ser la de un fantasma, la de un reclamo, la de una trampa, la del destino...


Y, cuando caes en el pecado, y descubres que lo es, es tarde.


Tan tarde que los principios sólo pueden ser finales.


Y no es amor. Es obsesión.


Y el secreto se hace público. Y lo íntimo queda expuesto.


Y ya sólo queda mujer contra mujer. ¿No?

lunes, octubre 26, 2009

De Consentidas Y Consentidores


De zorras caprichosas. Novela negra. Proselitismo. Y snobs.

Volvemos a centrarnos en los problemas de actitud tan humanos. Los caprichos. Quien los disfruta y quien los paga. Es una curiosa dicotomía sobre todo desde que se puso de moda el comprar comprar comprar para gastar gastar gastar dinero dinero dinero que diría Warhol. La niña de nuestros ojos -Visa- se lleva nuestro disfrute. ¿Y qué subidón produce salir a la calle con un montón de bolsas atestadas de cosas y que la gente te mire como sorprendiéndose y tu pienses en la suerte que tienes, lo mucho que lo mereces y lo poderosa que te sientes?. Que luego te lo pongas o no es algo secundario totalmente. ¿No?

Probablemente esto enraíza con el auge del snobismo y el arribismo que, ya sabemos todos, que son tan antiguos como la humanidad. Ir cargada de bolsas de Zara supone satisfacción. Ir cargada con bolsas de Chanel supone un orgasmo. ¿Y quién dijo que el deleite era frívolo?

Ser o querer ser es algo entre admirable y patético como suele pasar casi siempre. Puedes parece una persona interesante y al segundo un completo inepto que no sabe dónde tiene a mano derecha. Las diosas que saben que lo son, son más diosas que las que no lo saben. Frías, tersas, con el vestido recorriendo su espalda y marcando su contorno salvaje y ardiente de sexo. Aunque, también lo son más para mirar que para "disfrutar". Esto se resume en aquello de Ava Gardner y el ir a contarlo. O en eso de que "los hombres se acuestan con Gilda y se despiertan conmigo".

Las femmes fatales de palo suelen ser de apariencia. De lejos... cuelan. De cerca... no cuelan. Como los bolsos falsos. Que, además, suele hablar de su procedencia el entorno en el que se mueven. ¿Ópera o Cabaret? al caso.

Con las viudas negras pasa algo parecido. Entremezclado con carmín, sexo, sangre y sudor. Uno sabe a qué atenerse. Y, luego no puede quejarse....

La existencia va a ser trágica y ellas son mujeres de lo efímero.

A una mujer a la que uno satisface - o no, habrase visto- en alma, cuerpo, espíritu y armario. Uno, no puede aspirar a estar en su corazón. Es dueño de un hermoso envase con fecha de caducidad muy cercana. Quiero decir que hay relaciones de amores de una noche. Nos enamoramos -o no- de eso que se va a desvanecer. No sé si porque nos gusta sufrir o porque alternamos el papel de castigadores con el de vengadores...

Y es que, somos unos snobs del amor. Del sexo y del armario. Y para muestra, un botón. Vestido de Balmain modelo desarrapado-fulana borracha busca desquitarse sábado noche por 12.000. Y, lo triste es que si lo cuesta, lo vale. ¿O no?

Pues eso, que nos va la marcha.

sábado, octubre 24, 2009

Nubes Y Soledad


Es extraña la relación de la moda con el amor y la compañía. Yves Saint Laurent decía que "no hay mejor atuendo que una mujer colgada del brazo de su amado." Pero, por extraño que parezca, el amor y la moda no son compañeros. Sí, en cambio la soledad.


Chanel, por ejemplo, sería el ejemplo perfecto casi prototípico de la poca sinergia que tienen amor y moda. La moda es más de amantes que de matrimonios. Tiene más que ver con fiestas deliciosas, vestidos rimbobantes, joyas en estuche de terciopelo y, sábanas revueltas en una cama deshecha que con matrimonio, niños y casa con valla blanca alrededor del jardín.


Quizás tiene que ver con la frivolidad o que tanto tiempo fingiendo tener dos neuronas implica desarrollar un esquema mental reducido que da resultado a las tan usadas dos neuronas. No lo sé. Creo que también tiene que ver con el tono masculino de este complicado "pastel".


A los hombres no les gustan los trapos. Sí, está muy bien ser la más guapa del lugar pero una cosa es eso y otra cosa no dormir pensando en si la falda rosa combina mejor con el bolso de charol o con el de ante. Para los hombres, la belleza está bien. A ellos les gustan naturales. Vale, esto es lo típico que dicen aunque saben que no es cierto. A ellos les gusta su idea de la naturalidad que es diferente de la de las mujeres.


No molan las fashion victims. Tampoco las locas obsesionadas. A los hombres les gustan las guapas que no saben que lo son. Los escotes y las minifaldas están bien para ver pero para "tener" es mejor algo más ¿normal?, ¿común?. Quiero decir que, las diosas son figuras encarnadas. Nos gusta de Afrodita su erotismo pero más su piedad. ¿Me explico?


Creo que, más que con eso, que también, tiene que ver con que las mujeres sólo tienen un amor.
Una vez que encuentras la pasión no queda más espacio para otros.
Y da igual si es la moda, el cielo o las estrellas...
Todo el mundo sabe cuando el corazón ya está conquistado.


Por eso ésta es una historia de soledad humana. Que no soledad real.
Porque "la pasión agranda y las pasiones empequeñecen..."

miércoles, octubre 21, 2009

Charme Y Chance


Se habla de la actitud como característica básica de las personas con estilo. Actitud podría ser el "charme" francés. El coup de grace de cualquier look que convierte un vestidito resumido negro de telegrafista mal alimentada en el objeto de deseo de cualquier mortal con un mínimo sentido estético. Actitud, encanto, tener algo más en la cabeza que pelo, distinción, elegancia son términos que engloban algo tan amplio y tan abstracto que se concretiza. Es un aura. Un halo de distinción, de dignididad y honor. Un mundo interior que los demás ves. El algo más que marca la diferencia.


Quizás, y esto siempre me ha sorprendido, la "chance" se desprecia con asiduidad. No se valora el vestir adecuadamente para cada ocasión. Es curioso -o no tanto- ver la cantidad de gente mal vestida en un desfile de moda. Unos pecan de socialistas -vaqueros en Chanel? Por favor, no es elegancia sino cuestión de educación. - y, otros de presuntuosos. ¿Vestido de gala y guantes largos para un after party? La ocasión se menosprecia.


En España dicen eso de "ni tanto ni tan calvo". Las novias se visten de novias no de vaqueros porque una boda es una boda y no un aula y, los caballeros no llevan chistera a jugar al mus. La mayoría de fashionistas -idiotas, las no idiotas pues quedan en la excepción- no pueden vivir sin sus tacones. Los señores, no saben ir sin corbata. Si uno no va a trabajar en pijama, tampoco va inadecuado.


Mucha voguette y mucha muchedumbre en general está decidida a acaparar flashes de Sartorialist&Girlfriend y otros. Para ello, aparte del sueldo y en otras ocasiones la dignidad, se cuelgan del cuello lentejuelas, blasones, ropa interior o X llámese extravagancia o ganas desesperadas de reclamar la atención. Ni tanto ni tan calvo. Elegante es ir adecuado. No obstante, no se resume en eso, claro está y, ser elegante tampoco es pasar desapercibido aunque haya un colectivo que así lo crea.


Hay que conjugar chance y charme. Como lo cool y lo chic. Me explico, ir correcto no sirve. Ser elegante es ser una persona actual, al ritmo de su tiempo. No se es más elegante por llevar monóculo que por llevar lentillas. (Extrapolo que se ve mejor). Hay que tener actitud pero no dejarse ver como filósofo. (Ser o no ser intelectual es algo que, sinceramente, no requiere de ser anunciado). Alguien descuidado no es más inteligente-culto-pensante que alguien que cuida de su persona. Mente sana y cuerpo sano decían los clásicos. -Al tajo-. El chic francés o no, no necesita hacer ejercicios de equilibrismo en faldas que no dejan andar más que a reptantes pasos y con estóamgos embotados en corsés. El chic es mucho más sutil. Tampoco ir acorde con la situación implica dejarse comer por ella. No hace falta que nos volvamos invisibles. Que no nos dejemos fotografíar. Que haya enfermedad, no implica que vivamos en una burbuja esterilizada.


Pero, reconozco, que todo se puede romper y saltar. Diana Vreeland decía que "demasiado buen gusto, aburre". Y, por supuesto, siempre hay honrosas excepciones. Pero, hacer una raya en una hoja de papel no te convierte en Pollock y leer Vogue no te convierte en Anna Wintour.


lunes, octubre 19, 2009

Azar Y Ley


La vieja recurrencia sobre el quién tiene la culpa nos devuelve a la agitada realidad. Controvertida dicotomía que se cierne sobre el destino humano a la vez que nosotros caminamos inexorable y trágicamente a la fatalidad. El azar y la ley son un complicado oxímoron casi paradójico. Son retroalimentables y a la vez irreconciliables. Pocos juristas creen en el destino, algunso delincuentes se hacen echar las cartas. Jueces y tribunales acaban condenando al hombre que cumple o inclumple la ley y no su destino. Y el destino acaba juzgando a quien cumple la ley, Ley o Su ley, ya sea para bien o para mal.


Podríamos resumir la historia humana en Azar o/y Ley. Como en Mito o en Logos. En Éxito o en Fracaso. O en Luz y Oscuridad. También en lo ilógico y en lo lógico como en lo bello y en lo feo o en lo noble y lo vulgar. Si bien el arte siempre ha buscado lo hermoso, actualmente y desde hace un tiempo explora un universo marginal, alejado de la ley y que se parece más al naturalismo de Émile Zola con su viente de París y su amor por los desheredados que por la vieja contemplación en éxtasis anímico de las Venus griegas.


Si de alguna forma, la lógica entronizaba a las mujeres. Las hacía reinantes señoronas con impresionantes pechos, caderas fértiles y cinturas carnosas, actualmente el azar o la ilógica las convierte en lacónicas muchachitas de pecho picudo y vientre plano. Antes, ello se dedicaba a hacerlas parecer imponentes. Las ceñía, las realzaba, las oprimía. Las elevaba a estatuas. Inamovibles. Bienes muebles. Bellos pero muertos. Diosas pétreas.


La ilógica -o la lógica para otros- las carnaliza y psicoanaliza. Se sorprende ¿pero cómo pudo alguien vivir y vestir esa jaula de pájaros obra de depravados sádicos? Y dice... la personalidad sobre lo físico, el alma sobre el cuerpo, lo ascético sobre lo místico. Y las disfraza de bibliotecarias ratoniles imbuídas de Tolstoi o de Hola -según el caso-. Dice, vosotras no sois carne, sois personas.... !Con tarjeta de crédito!


El azar y la ley son la misma cara de una moneda. Son, quizás, el canto. Ni cara ni cruz. Azar, suerte, desidia, soledad, destino, posos del café, charlatanes, brujas, adivinos. Ley, deber, obligación, individuos, esfera personal, lo punible, eficacia de la norma sancionadora, delito, crimen, castigo...


Lo que nos vuelve a traer a la condición humana.
La vieja y respetable o antigua y censurable condición humana.


Ese ancestral laberinto de pasiones envuelto en el tiempo y en el espacio, en la salud y en la enfermedad, en el amor y en el odio. Bajas pasiones y aurigas con dos caballos que no saben qué brida corresponde a cada cual. Cavernas. Luz. Oscuridad.


Esa extraña característica humana que basa nuestra sociedad en la lógica ley. Fría. Igual. Garante del Estado y los indivudos. Garante de un sistema y una vendetta permitida. Que dice reinsercción. Que dice libertad y seguridad. Que dice paz social e igualdad jurídica. Analítica. Vinculante y obligatoria. Eficaz. Inexorable. Irremediable. Sin buena fe.


Y que al mismo tiempo la basa en el azar.
Y sus curiosas dicotomías...


Sube-Baja. Gana-Pierde. Negro-Rojo. Tragaperras-Ruleta. Apuestas-Perdedor.
Puta-Putero. Compra-Venta. Billar-Taco. Bola negra-Bola blanca.
Matrimonio-Divorcio. Celos-Infidelidad.
Ley-Laguna legal.


Y tantas vueltas al azar y al deber. Al querer y al poder para acabar todos igual...


Porque, ¿no resumimos nuestra vida en la vieja salutación romana?
Ave César, los que van a morir te saludan.
¿No?

jueves, octubre 15, 2009

Tensión


Karl Lagerfeld ha vuelto a hacer de las suyas. Que si él no diseña para gordas y que si las modelos tienen que estar delgadas-anoréxicas porque las curvas no quedan bien en pasarela. Que si cincuenta kilos para metro ochenta es mucho y que si esos pechos son excesivos y las caderas están poco marcadas. Que si no hay nada peor que los conversos porque Karl, gordo, sabe lo que es estar gordo y, claro, no lo permite.


La verdad es que la mayoría de personas son intransgentes. Karl es la punta del iceberg en cuanto a la actualidad sobre los cánones estéticos pero no es nada nuevo bajo el sol. A Chanel no le gustaban rubias y a Meisel le ocurre que sus gustos acaban concluyendo en dimensiones fóbicas. Si le gustas, llevas un gran trecho ganado. Si no... bueno, hay catálogos de supermercados y cosas así. ¿No?


A Christian Dior le gustaban las modelos con algo que agarrar, según contaba él mismo. Y no especialmente jóvenes. Tampoco mayores, claro. Pero de su propia boca, "mis modelos son chicas que pierdo al cabo de unos años cuando se quedan embarazadas, se casan o quieren dedicarse a su familia y no a posar". Y no le gustaban sin pecho ni cadera. Quería curvas, curvas.


A Irving Penn le gustaba fotografíar a su mujer, realmente sólo a su mujer. A Avedon le iba el humor y la belleza antes de la guapura y las supermujeres y a Helmut Newton el sexo. Quería valqurias, diosas, mujerones pero no relamidas chiquillas lánguidas que no sabes si acercarte a darlas de comer o si apartarte por si tienen tisis o tifus. A Richardson, su intransigencia para con el respeto y la dignidad no son ni comentables.


El "target" de mercado al que se dirige la marca -la idea del diseñador- o llámalo X a veces condiciona en la elección y en las intransigencias del que escoge. Neo2 no hace composiciones isnpiradas por la obra de Mozart sino más bien por algo indie-boho.bobo ¿?. Y Vogue prefiere a Oscar de La Renta antes que a Bershka. ¿Intransigencia, gusto personal o sello característico?


Por este blog, pueblan más imágenes y textos que forman una cosmogonía muy clara y precisa. Un mundo polivalente pero clásico, elegante y sin estridencias. Editoriales consagradas o delicadamente frágiles. Sofisticadas damas, elegantes disonancias. Acordes suaves y música de cámara.


Y he pensado, si Chanel lo compran mujeres hechas y derechas, ¿porqué no algo diferente?


Y esto es...