domingo, septiembre 27, 2009

Y Si No Puedes Inventar, Al Menos Copia Bien


Muchos dicen que todo está inventado. Llevan razón. Las cosas no son siempre de primera mano y para que una tendencia se consolide, el autor visionario la ve plagiada. Si bien es cierto que los ecos de Balmain o de Gucci entremezclados con desaires de Balenciaga y conceptual ¿conceptual? desgarrones de Alexander Wang están en todos los desfiles, a veces una marca parece hacerse eco de los hits de la temporada en una colección.


Otra vez, la fina línea entre inspiración y plaigo se vuelve a hacer patente. Si las chicas enfundadas en minivestidos brillantes con tacones que las amarran al más puro estilo sadomasoquista no son patrimonio de Balmain, de alguna forma, si que resuenan a la firma francesa que ahora ha entremezclado su legado con las pesadillas disco de Michael Jackson y el brillo de Studio 54 con fecha de caducidad en 2010.


Si el pecho apretado y la cadera marcada no eran patrimonio de Versace, resuenan los ecos de glamoamazona sexual e hiperatractiva que si no es una devorahombre, lo parece.


Si el streetstyle chic de The Sartorialist entremezclado con las féminas eclécticas de Garance Doré laten en Isabel Marant, también laten en este Pucci entremezclado con vetas de diferentes marcas que, en ningún caso, le confieren identidad.


Y tampoco la gracia de D&G de putas y señoras, de pescado y flores y de cine cittá convive con el Cavalli - living the party forever - de Pucci. Pucci es un extraño filtro en el que se han deslizado armarios soñados por voguettes.


Pero qué voguettes. Saben lo que quieren. Zapatitos del viejo arte del bondage entre sexys y jodientes. Vestiditos que dejan ver su cuerpo muerto de hambre y actualizado. Ya no es carretera regional, es autovía por la carencia de curvas. El pelo sin peinar y peinado. Los bolsos, brillantitos, gigantes, diminutos, ridículos. Las chaquetitas sobre shorts y las plumas entremezcladas con aires rock en decadencia. Qué voguettes...


Y, la verdad, es que no es ningún crimen. Al final, ellas están guapas. Y a la moda. Salen en el Streetyle y consiguen huecos en el front row con un par de prendas gratis en el idilio -corto- pero idilio de la moda en Internet.


Y Pucci, con suerte, una portada y un par de editoriales. Más ventas y un director que si no es un genio, vende. Y, amigos, eso es lo que importa. Venta, venta, venta. ¿Qué dinero ni que niño muerto? Venta Venta VENTA.


Pero esto no es un invento de hoy. El New Look de Dior nació de la copia de una pasarela de la temporada anterior que Christian Dior vio y se inspiró. En los cuarenta, estaba de moda lanzar con fuerza una tendencia que en otra firma la temporada anterior había pasado desapercibida.


Decían que era porque así la retina se acostumbra, se sorprende pero no se sobrecarga a shocks de novedades e irreverencias.


Y, si no es el mejor método, a veces, tiene perlitas. Aunque sean amarillas.

sábado, septiembre 26, 2009

Hey Muñeca


Está claro que Versace era mujerones imponentes en vestidos ceñidos con escotes impactantes. Colores que convertían a las abejas en mariposas y prendas que recorrían el cuerpo gritando sexo mientras las melenas ondeaban al aire.


Desde luego eran vestidos que quedaban en la retina. Se retorcían para crear la ilusión del cuerpo húmedo, se apretaban en las caderas marcando el paso al andar, elevaban y mostraban el escote y la tela se pegaba al estómago de ellas.


De aquellas diosas radiantes que, si no eran necesariamente las más elegantes, sí eran las que más flashes acaparaban y más piropos se llevaban.


Desde que murió Gianni, inventor del fenómeno top sin parangón, Versace no es lo mismo. Ya no hay putas pero sí hay estrellas aunque con menos lustre y relumbrón. Y a veces quiere ser elegante y no Miami Bitch pero Versace es cabelleras rubio platino y amantes que pagan con la tarjeta del marido.


Quiero decir del marido de otra.


Y aunque Versace ya no es lo que era. Ya no pueblan glamoamazonas por la pasarela, ya no recorren como gazelas ante los ojos atentos de compradores ávidos de moda y carne.


Ya no son maravillosas ni son impresionantes walquirias pero sigue habiendo algo de Versace en Versace...


Sigue habiendo vestidos provocativos, cortes que dejan al aire más de lo que ocultan, tacones altos y vestidos ceñidos.


Sigue habiendo curvas pero no son aquellas curvas.


Sigue poniendo Versace pero ya no es aquel Versace...

Viviendo Bajo El Cielo


Colecciones despreocupadas. Me gustan.
Me gustan las chicas con sencillos vestidos.
Me gustan las colecciones que dan ganas de comer sandwiches y beber Coca Cola en la hierba.


Me gustan las chicas que se preocupan de que el bolso combine con los zapatos.
Que quieren vestido nuevo para la cita del viernes.
Que quieren que las amen.


Me gustan las chicas que los miércoles comen atún con arroz y vinagre.
Me gustan las diademas de colores y sus fulares de seda y brillo.
Me gustan sus anillos brillantes y sus pendientes de perlitas.


Me gustan las chicas que compran flores en los puestos de la calle.
Me gustan las pulseras de monedas y los collares de abalorios.
Me gustan los sombreritos ridículos y los bolsitos de mano.


Me gustan con su ropa interior lencera.
Me gustan con sus monederos con formas de corazón.
Me gustan con sus canciones en el móvil rosa.



Me gustan con sus perfumes dulzones y florales.
Con sus revistas los sábados y el periódico con la baguette.
Me gustan con sus coquetas miradas y sus rizadores de pestañas.


Me gustan con sus tacones y sus traspiés.
Me gustan con el tintineo de sus cascabeles.
Me gustan sus coloretes y sus sombras de ojos.


Me gustan casándose con alegría en los ojos.

viernes, septiembre 25, 2009

Neo Lolitas


Últimamente vengo pensando en los dulces adolescentes que pueblan el mundo. Adolescentes 2.0. Criaturas sacadas de un esperpento de Valle Inclán entremezclados con el surrealismo de Dalí. Esa generación con la que uno no sabe a qué atenerse. Que lo mismo se cortan las venas que montan una orgía online.


Ellas son una suerte de niñas malas. Que, como suele ocurrir, en realidad no lo son. Frívolas, con trastornos psíquicos y alimenticios y fotologs. Una mezcla de diversión desenfrenada y apática sorpresa día a día.


La ética del desinterés entremezclada con euforia juvenil. Sueñan con Prada aunque a ellas las vio -más bien- nacer Tous. Piensan que serán modelos, diseñadoras y estilistas -todo en uno- y que la sexualidad tiene más que ver con droga que con rock and roll.


También tienen devaneos con el sexo y las veleidades de los accesorios de la diversión. Y los excesos. Son más de Alexa Chung que de Jane Birkin y más de Crepúsculo que de Harry Potter, más de Mac que de Pc y más de Gucci que de D&G..


Me gustan porque son niñas bien y no lo son. Son más de caretas que desean y quieren ponerse y que acaban condenadas a llevar. En seis años serán de esposo e hipoteca y de café con leche a ginebra pero ahora, la vida es joven. Y el status de tía buena dura poco.


Son más monas que guapas y tienen una suerte de dos neuronas. Una para respirar, otra para vomitar. No suena a mucho glamour pero es que la moda no tiene nada que ver con el glamour y menso desde que lo más es arrastrarse en antros y salir en fotos con ojeras donde no hay flash.


Mamá y papá siguen pagando las facturas. Porque la vida es de color de rosa mientras dura. Y no hay que desperdiciar el tiempo. Aún así... no todo es perfecto en su universo. Tienen un aire tecnológico y deshumanizado.


Como si fuesen chicas más de carne y hueso que de espíritu...

miércoles, septiembre 23, 2009

It Works


Ocurre en las semanas de pasarelas. Siempre. De la misma forma que ocurre en las fiestas y en las celebraciones y con el típico vestido negro. También con el vestuario de oficina. Con eso que se llama fondo de armario. Con los novios. Con la comida. Con los trabajos. Con las expectativas. Con las personas.

Les pasa incluso hasta a los grandes. Miuccia Prada hizo toda una colección a base de turbantes y blusas sin mangas de raso brillante porque, bueno, porque no estaba contenta con el resultado y decidió no incluir partes de abajo. Eran malas. Así que opto por unos microminishorts. De donde no hay, no se puede sacar.

Quizás tiene que ver con la mediocridad o quizás con la regularidad y la genialidad. Eso de que uno es genial una vez y no siempre. Eso del autoplagio. Chanel con los minivestidos negros, Hermés con los pañuelos, Hervé Leger con vestidos de tiras elásticas, Halston con los vestidos holgados arabescos o Dior con sus chaquetas Bar. Vuitton con sus maletas estampadas, Gucci con sus bolsos cuajados de “G” o, Cavalli con los minivestidos escotados, prietos y ceñidos. Esa fina línea entre el autoplagia y la seña de identidad.

El “it Works” parece ser la clave para no enfrentarse con la realidad y esforzarse. Una colección está Ok y pasa. Y se olvida. Probablemente de eso viene el pasar y pasar de las tendencias. Que son fruto del aceptable significa genial y no del está bien pero podemos y debemos mejorar.

Debe ser cosa de nuestra mentalidad de la misma forma que la mayor parte de la gente hace las cosas para pasar. Y, si no, siempre queda el extravagante polo opuesto. El del escándalo. Chicas desnudas, carne, tacones imposibles, corsés fetichistas o hombres con pintalabios y ligueros. Siluetas de androide, pelucas de payaso o llámalo x para que una Annadelloruso de la vida se lo compre y The Sartorialist lo fotografíe, a ser posible, en la Semana De La Moda de París antes de que esté en las tiendas.

Antes las cosas no se hacían con el It Works. Se hacían basándose en que la gente que iba a gastarse lo que el francés medio ganaba en medio año no pretendía que la ropa, al mes, estuviera quemada. Vista en Vogue, GQ, Instyle, Elle, VMagazine, Bazaar, Vanity Fair y en una centena de blogs en la red. Y manoseada por críos de diez años y por Bridget Jones con un blog que leen ella y sus dos amigas que se creen Coco Chanel en 1.80 y caucásica. Con su talento y el físico de Gisele. Ejem.

Antes la necesidad era la madre de la creación .¿Cómo conseguir que alguien quiera un tuxedo cada temporada? Ahora sólo necesitas tatuar una marca y venderá. Mmmmm… si ya han quitado las bolsas de plástico, ¿quitarán la ropa de usar y tirar por algo que no sea un mero placebo?

No siempre el Ok vale. Porque en la escala hay diez y, el cinco es suficiente pero no Suficiente.

domingo, septiembre 20, 2009

Roberto Verino, Deuda De Sangre


A muchos diseñadores les fascina España.


Ese rojo sangre que no es terciopelo ni carmesí, que es más bien lágrimas de fuego sedientas de pasión, tormento, venganza y celo.


Ese luto casi lorquiano que sabe a noches sin luna, a ojos de negro azabache, a pena, a delito, a tragedia griega pero con sangre y pasión taurina, con estandarte, copla y rocío.


Esa pasión desmesurada, salvaje, desgarradora. Fiera, gazela, puma y tigresa. Valiente y vanidosa. Atemorizada y honrosa. Damisela y virgen y vengadora y guerrillera.


Ese oro que es envuelto en los pañuelos del viento y que toma en la memoria colores de verde y grana de la España de la Edad De Oro y la crisis de Plata.


Esa estocada final que dice, trágica, que será la última y luego ya veremos de qué preocuparnos mientras lloramos a los muertos.


Ese caminar lento, como si fuera un duelo eterno por el honor entre condes de sangre azul. Densa que alimenta gargantas y es devorada por la hoja de plata del lisonjero filo de la espada adversaria.


Y esa fiesta que uno no sabe si convierte a la muerte en blanca...