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jueves, julio 30, 2009

Gilda


Gilda se podría haber llamado Eva. Y haber sido el pecado original. Gilda es una mujer y, sabe que la carne es débil. También que la mayoría de las cosas no son para siempre. Gilda no le pertenece a nadie, ni siquiera se pertenece a ella misma. Ése es su gran drama. Se ha pasado la vida conviviendo con un extraño al que, por mucho empeño que ponga, no reconoce. Y deseando que "no nos quiten lo bailao".

Si fuese un rancho, se llamaría Tierra De Nadie. No es una femme fatale, aunque pueda parecerlo, porque aún aguarda la esperanza. Aunque ya sólo la quede la muerte. Lo de Gilda es un cóctel de redención y venganza, del que no espera salir bien. Ya ha aceptado que, la venganza es un buen motivo. Que, la redención es algo que tendrá que esperar.

Tampoco es una víctima. Gilda se ha metido en la mayoría de sus problemas ella sóla y, sabe que, debe salir de ellos sola. Sola, como siempre está. Quizás, cuando más sola está es cuando hay más gente. En realidad, el gran problema de Gilda, es su orgullo. Ése que la mete en tantos problemas y que no la ha sacado de ninguno. Ése que la convierte en afortunada en el juego. Pero, por supuesto, no en el amor.


En realidad, Gilda es uno de los personajes más complejos de la historia del cine. Pero, al mismo tiempo, no es más que un espectador de su entorno. Ése que se la descontrola. Gilda ni siquiera es un pájaro de oro. Ha vendido el oro por el doble que recibió por su alma.


Gilda, es, sobre todo real. No hay mujeres como Gilda. Ni las habrá.

miércoles, julio 29, 2009

Pretty Woman


Pretty Woman es, probablemente, la peor historia sobre sueños escrita nunca. También, una gran película. De esas que puedes ver un buen número de veces y no acabar harto porque siempre esperas que él aparezca ante Vivian y confiese que la quiere como nunca ha querido a otra y que, ella con champagne y fresas es todo lo que se puede a pedir a una persona.


Han llamado a la película la versión moderna de Cenicienta. Sólo que, ella ha pasado de princesa a pareja y, de maltratada cenicienta a puta de "the dream hill". Es el precio de la modernidad y de los remakes made in Hollywood. Aún así, la historia de Vivian y Edward marcó una suerte de antes y después en la historia de las comedias románticas.


Ya todo no tenía que ser tan perfecto. Ella no tenía porqué ser Doris Day y, él, podía ser un cretino, algunas veces. Además Pretty Woman marca la filosofía de la época, los 80s fueron la década de los yuppies que se hicieron ricos y de las mujeres jarrón más anchas en los hombros que en la base por obra y gracia de las hombreras. Además, en los 80s la marca clave era Cerruti y no Gucci.


Quizás lo más importante que Pretty Woman hizo no fue mostrar que las dependientas de las tiendas de lujo eran tremendamente antipáticas sino que, el dinero no puede comprarlo todo. De alguna forma, Pretty Woman decía que, a veces la vida nos da sorpresas que no nos esperamos. Y que, resultan agradables.


Uno se pasa la película sabiendo que, en el momento en el que llegue el final, no acabará de entender los mecanismos del hombre. Uno no sabe si al final todo volverá a ser igual, o cambiará drásticamente y, al fin y al cabo, todo el mundo sabe que son dos caras de la misma moneda.


Sí, quizás la escena más famosa es la de Vivian en el probador. Pensando que las cosas no son como parecen, que los sueños acaban con la mañana pero, al mismo tiempo, mientras la música resuena dentro de tu cabeza, los sueños no acaban nunca. Vivian sabe que su historia tiene un final, lo que pasa es que es difícil atisbar cuál es el que nos corresponde.


Edward también lo sabe pero ninguno quiere reconocerlo. Es triste que por no reconocer las cosas el último sonido que oigamos sea el pitido del ascensor que indica que nuestra estancia en el hotel ha terminado. Y que nuestra vida, ésa que empezamos en esa habitación sin nombre, con el amario vacío y con la ventana abierta, ha terminado.


Pero no siempre se pueden arreglar las cosas. Lo único que cuenta es saber si eres o no una de esas personas.


De esas personas que no mueven un dedo por una causa perdida o, de esas personas que sólo viven para las causas perdidas.



Y, al final, es otra historia que trata sobre la salvación.
Pero, de otra forma, que es lo que cuenta.

martes, julio 28, 2009

Elizabethtown


Elizabethtown. Creo recordar que ni siquiera fue un gran éxito de taquilla. Y, eso que es una película ideal para el otoño. Cuando hace demasiado frio para llevar abrigo pero las mejillas suben un par de tonos cuando sopla el viento y sólo se lleva americana o chaqueta. Mientras la acción sucede, algunas verdades fundamentales se cuentan en la película pero, hay que abrir los ojos y los oídos. Como casi siempre, las cosas más importantes parecen intrascedentes al espectador.


Drew y Claire son los personajes principales de esta película que ni es un drama ni no lo es. Ni es una comedia ni no lo es. Y, desde luego, no es un musical aunque la trama sea tan amarga o encantadora como las canciones que suenan y, que ocupan un papel muy importante en el devenir de la película. Drew es un perdedor y, Claire es una chica.


Claire es la chica del gorro rojo, esa que hace fotografías que guarda en el carrete de su mente y, Drew, es alguien que no sabe en qué momento dejó de fingir ganar para dedicarse a perder. De alguna forma, la existencia de ambos es profundamente insignificante. Drew y Claire son personas que, si faltaran mañana, probablemente el mundo ni siquiera notaría su liviandad. Pero, al mismo tiempo, si Drew y Claire faltaran, el mundo se pararía un instante.


Y, les diría cosas al oído. Les diría que son encantadores.
Al fin y al cabo, Claire es la chica que dice que "los hombres lo ven todo dentro de un caja y, las mujeres en una habitación redonda". Y, Drew, es un especialista en últimas miradas. Si Hollywood es uno de los lugares con más desesperación del mundo y, la capital del pecado ; también es uno de nuestros viejos templos. Un lugar donde se revelan mágicas sentencias. Que uno pierde si no agudiza los sentidos.


Porque la verdad es que hay cosas que uno sólo puede ver si lleva un gorro rojo. Si ha olido cómo huele la America profunda, si ha hecho un par de kilómetros por sus carreteras mientras el viento le daba en la cara y se ha jugado algo más que unos billetes en Las Vegas. Al rojo.


Hay cosas que sólo se pueden entender si se ha vivido.

lunes, julio 27, 2009

Seda En 35 Milímetros


Hay gente que colecciona finales de película, otra que colecciona personajes y, otra que colecciona recuerdos. Recuerdos, qué importantes y qué olvidados están en nuestras vidas. Hay gente que colecciona últimas miradas, primeros besos y atardeceres. Otros coleccionan risas estruendosas, monedas de diferentes países y pares de zapatos. Conozco a quien colecciona entradas de cine, las guarda todas religiosamente para "no olvidar" y, a quien colecciona Biblias. Y, no, no me refiero a Vogue. Pero, en diez días, nosotros -Aldo y the Tiffany´s girl- diseccionaremos la seda de veinte películas.

Porque, en el cine, los diálogos son iguales que el vestuario. Hay personajes que son mucho más interesantes por lo que no dicen que por lo que dicen, y hay que aprender a escuchar el silencio. Al fin y al cabo, el cine es como la vida real. Y porque las femmes fatales suelen vestir de negro y beber champgne...

Por eso, si los personajes coleccionan caracterizaciones, nosotros coleccionamos identidades. Por eso, el cine no volvió a ser el mismo tras el vestido negro de Gilda, la falda blanca en el metro gaseosa de Marylin o la discreta elegancia de Cary Grant. Porque los detectives llevan gabardina y los tipos duros acaban bailando. Porque las parejas se aman en un aeropuerto y los taxis sólo son de color amarillo.

Porque, hay películas que no acaban cuando llega el The End. Y, porque, ¿cuántos motivos necesitas para hacer algo?

viernes, julio 24, 2009

La Rebelión De La Clase Media Contra El Gran Capital


Realmente el capitalismo está acabado. Esto ya no es como antes y las cosas cambian, aunque poco, pero algo sí que cambian. Hace unos cuantos años, el mundo de la moda era una pequeña secta donde los iniciados campaban a sus anchas y los no iniciados apenas podían respirar entre tanta opresión-represión. Eran cuatro los que tenían todo el negocio y, luego, en un almacén de Nueva York del Garment District se subastaban patrones, copias baratas e inspiraciones de baja calidad y bajo precio. Mass media fashion era algo así como la mafia de la moda.



¿Querías unas botas de Courreges o unas sandalias de Prada? Dos opciones. A) Cómpralas. Ahorra. Muérete de hambre. B) Pasea por el distrito de la vergüenza, como una imitación o un clon -¿desde cuándo aceptados socialmente?- y haz algo con ellos. Luego, sólo quedaba escoger. La moda estaba dividida en dos grupos. Uno) Lo que era moda. Las tiendas de la Quinta Avenida y la gente que tomaba café con Diana Vreeland, bailaba con Warhol en Studio 54 y veraneaba -literalmente en algunos casos- con De La Renta en República Dominicana o Valentino por el Mediterráneo. Y, Dos) Lo que no era moda. O sea, el resto. Esa gente que compraba en grandes almacenes y que se ponía deportivas para ir por NY y, luego se cambiaba a calzado de tacón. De hecho, cualquiera que trabajara honrada -o deshonestamente-. Porque, ¿desde cuando trabajar es cool? Mmmmm… teniendo en cuenta que ya hemos horneado el yonkie chic, el bohemian chic, el bobo chic, el anorexian chic… En fin.


Pero lo cierto es que ahora las cosas han cambiado. Antes los “icons” -¿?- de las personas de a pie y las revistas de moda eran nombres centelleantes que relampagueaban entre listas de estrellas y socialities, herederas, hijas, esposas y novias de. Eran estrellas del cine y de la música, modelos -supermodelos- y gente guapa. El todo Nueva York era la separación de un cordón de terciopelo. Lo eran los que estaban al otro lado, no lo eran ni lo serían los que miraban a los que atravesaban el cordón rojo. Lo eran los que tenían un retrato de Warhol, no lo eran los que no. Entonces todo era más… fácil, quizás.


Ahora los “icons” no lo son. Sencillamente. Nuestras estrellas duran -las longevas- un par de temporadas y, las efímeras, una portada de Vogue USA y una serie adolescente, para treintañeras o para cuarentonas (¿cuarentañeras?), un par de metros de alfombra roja, unas fotos esnifando coca y un MySpace con quince millones de amigos -uno, está acabado cuando tiene tres amigos en MySpace-. Y, eso con suerte. Pero, lo cierto, es que esos no son los verdaderos icons. Ahora, tras la rebelión de la clase media contra el gran capital, los icons no existen. Han muerto. ¿Audrey Hepburn, James Dean, Marilyn?, ¿Rita Hayworth, Fred Astaire, Cary Grant?, ¿Gia, Jerry Hall?, ¿Steven Meisel, Avedon, Helmut Newton?, ¿Warhol, Pollock, Duchamp?... ¿Y a quién le importan?


Lo cierto es que ahora a nadie le importa lo que lleva Carine Roitfeld. Más allá de saber qué está de onda entre las voguettes -¿de onda?; ¿Desde cuándo digo yo estar en onda? En fin, esto se llama bipolaridad y es un trastorno grave, creo. No sé, tengo que consultarle al otro yo ¿Hola?.- y qué no. Tampoco si Anna Wintour decide que el crema es el nuevo negro o que el azul con reflejos violáceos es el tono de la temporada. Que Rania de Jordania escoja un Elie Saab es una cosa que quizás importe en Jordania y que Carolina de Mónaco se ponga un Chanel -o dos- tampoco importa demasiado. Si Paris Hilton o Nicole -pregnant- Richie escogen que su nuevo vaquero favorito para los siguientes quince segundos es del Stolen Girlfriend´s Club es una nimiedad. Y que a SJP la destrocen la banda magnética de su American Express en la tienda de Pat Fiel en NY es una cosa que no le importa ni a sus devotos Sex and The City fans.


Pero, hay un pero. Y, aquí reside la clave del asunto. Uno podría pensar que esto empezó con Scott Schuman y la versión dandy ¡y online! del álbum de fotos de toda la vida. Pero lo cierto es que empezó bajo lao era acuario. (Increíble la cantidad de chorradas que digo por post) Empezó o, al menos, marcó un hito con Woodstock y con aquello de “nadie que fuese alguien llevó un bolso a Woodstock” y puede encontrar un remoto precedente con el Sweet 60s de Londres y los Beatles y Twiggy.


Pero, en realidad, fue Warhol, tremendamente influenciado por Dalí que “era el surrealismo”, quien se dio cuenta del poder de la clase media. Quizás haya que remontarse a Aristóteles que dijo que el punto medio es lo mejor y que, está, exactamente, entre dos vicios. Y, para el que la ciudad perfecta era la que dejaba su poder en la clase media. Warhol se paseaba por Studio 54 como si fuera una centella haciendo fotos a la gente que se había estado congelando en la cola durante dos horas mientras fumaba maría y nadie decía nada. “Celebrity que inmortaliza a los demás”.


Al fin y al cabo, Warhol era un artista con una fábrica. Obrero del arte y, sus víctimas, además de socialities, eran el puro consumo y la renovación americana. Coca Cola, una lata de Campbells y los iconos -¿eh?- como -- Marilyn y Elvis. Warhol fue el pionero del street ¿party? style. Con Eddie y sus tendencias egofotologueras y con colaboraciones con Vogue de por medio.


Si antes de Warhol, “un coche de carreras se convirtió en algo más hermoso que la Victoria de Samotracia”, tras Warhol, “lo más bonito de Florencia fue el restaurante McDonalds”, pero, lo importante es que plantaría la semilla del poder de la clase media. Y, eso se ha visto con los blogs. De repente, el blog más leído del mundo es el de una japonesa que cuenta sus desventuras y pone fotos de sus gatos. Más de doscientos millones de visitas día recibe una chica con una vida tan fascinante como la vida interior de una piedra pómez. Y, esto es porque, ¿ricos y famosos?, ¿guapos ricos y famosos?. Cualquiera puede ser guapo, rico y famoso.


Ya no importan los icons. Ahora sólo importamos nosotros. Y, nos rebelamos. ¿Que Anna Wintour dice desde su tribuna que ahora ¡ya! se lleva el gótico encantador de Theyskens en Rochas y que Rodarte es lo más le importa a alguien? Las hermanas Rodarte se matan de hambre para salir en Vogue y Theyskens ve las pasarelas en el plasma de su casa desde FashionTV. Que, es lo más cerca que va a estar de ellas en un tiempecito.


Pero que, de repente, Scott desde su reinado de la calle en la jungla del asfalto decide que todas sus chicas son bohemias soñadoras, que las colegialas tienen su punto y que molan los Sweets Sixteen y Rumi-Susie-Garancé-Alix-Jack&Jill-AltamiraNY-StyleAndTheCity deciden que las vampiresas están acabadas y vuelve el grunge y, vuelve.


Y Anna Wintour piensa que el mundo se vuelve loco pero dice ¿y porqué no si esto vende más Vogues? Y pone a Alexander Wang en portada. Ah, ¿Y porqué no? Al fin y al cabo como diría Oscar Wilde, “la moda es una forma de fealdad tan aberrante que debe cambiar cada seis meses”. Y, a las celebridades que las den. Anónimos hijos de los hombres, ahora es vuestro turno porque resulta que, al fin, los últimos serán los primeros.

sábado, julio 18, 2009

Secretos


Loewe ha iniciado una campaña para el lanzamiento de su nuevo perfume: Aire loco. Más allá del espantoso nombre y lo que será una infructuosa campaña de publicidad la idea es tentadora. Se trata de investigar cuales son esos secretos que tratamos de olvidar, esas promesas que durante el año entero tratamos de no confesarnos, esos diarios que escribimos y que albergan esperanzas que jamás revelaríamos.

La campaña de publicidad nace de siete mujeres, completamente anónimas, que escriben un diario. Un diario que luego entregan a Loewe y de donde nace un perfume. La versión fuera de la rutina del clásico Aire de Loewe. De repente, ellas se desnudan.

Es cierto que los secretos son tremendamente estimulantes aunque uno se pregunta con qué soñaran esas personas. Esas mujeres a las que Loewe ha pedido que le confiesen lo inconfesable. ¿Quién son esas mujeres?

Señoras que visten de Loewe. Acumulan el Aire en varios colores en el armario y etiquetan los conjuntos de ropa interior “Sujetador aros copa B La Perla Color arena” que guardan en la cómoda del armario. Toman café de lunes a viernes tras asegurarse de que la niñera de sus hijos les ha llevado al colegio y se quejan de lo dura que es la vida con una sola pregunta, ¿Prozac o No Prozac?. Ahora las han entregado un diario secreto y, más que un diario han relatado una novela bastante extraña en la que ni tienen una vida ideal ni no saben distinguir realidad de sueños. Simplemente es desear otra existencia. Una diferente. Ni mejor ni peor.

Shopaholics que son workaholics en realidad. Trabajan doce horas siete días a la semana y, cuando salen del trabajo pasan por Prada. Unos zapatos y un bolso. Luego van a la tintorería y recogen su Mikael Kors. Ese vestido que marca la diferencia. Negro, lo lleva un par de días a la semana. El lunes con blusa blanca debajo, el miércoles con una rebeca por encima, el viernes solo y el domingo, todo el domingo, un camisón zarrapastroso y “una relación con dos hombres a la vez: chocolate y caramelo”. Sueñan con convertirse en mujeres objeto o en señoritas que habitan en un paraíso donde la máxima preocupación es si mañana hará sol o mucho sol.

O fashion victims. Voguettes. Llámalo X. Sueñan con dejar de matarse de hambre. Con bolsos. Con muchos bolsos. Con tarjeta sin límite de crédito. Con príncipes azules. Con lofts amueblados. Con casa en Los Hamptons. Joder, sueñan con tantas cosas… Que uno no sabe si son sueños o sólo novelas que mueren al despertar a las siete de la mañana y ponerse el uniforme de camarera.

En Loewe han cometido un gran error. ¿Qué es un diario sin una identidad? Es no es Aire loco, es solamente fantasías de un trastornado sin personalidad. ¿Qué importa saber un secreto si no sabes de quién es? Ella y él son amantes. Si no supieras que ella es una hija de una vieja diva reciclada en femme fatale tras ser abandonada en el altar por el profesor de tenis, ¿qué importa lo que haga?

martes, julio 14, 2009

Cool & Chic



Uno. Dos. Tres. Y esto sigue siendo un blog de Moda para gente a la que no le gusta la moda pero en su versión 3.0 ó, al menos, en su tercer aniversario. O para la que le gusta. Con sus claves y sus desvaríos. Y con sus sueños, porque la moda es sueño.


Trata sobre algunos ejes fundamentales, amén de las divagaciones y la frivolidad. Mujeres, sociología, tendencias, modernidad y belleza. Pero, ¿por qué? La verdad, no lo sé muy bien. Se trata de sacar la esencia oculta de las cosas pero sin revelar la fórmula mágica. Se trata de descubrir sin resolver, de amar sin consumir. Y, al mismo tiempo, consumiendo. Porque consumir es nuestra forma de vivir en el mundo. El consumir es nuestro lenguaje y, nosotros, somos consumo.


La sociología vino inmediatamente después. Al fin y al cabo, nosotros somos los que sí existimos y, nos merecemos un análisis -por muy cruel que sea- de nuestra humanidad. Pues los ángeles son fieramente humanos... Pasaron las niñas, las jóvenes, las señoritas, las señoras, las queridas, las putas, las amigas, las amantes, las niñas bien y casi todos los tipos de mujeres, además de las otras que no son nadie. Que son demasiada gente.


Luego llegaron las mujeres. Las de verdad y las de mentira. Las que eran todo carne trémula, las que eran sueño erótico, las que eran pesadilla. Las que sufrían, sentían, amaban y padecían. Las que se reían y no tenían pánico de la luz. Y las que lo tenían.De su reflejo en el espejo. De ser ellas mismas. De no serlo. Esas hijas de los hombres, hijas de los dioses, madres del mundo. Esas que no sabían si perdían o si ganaban. Si existían...


Luego la contextualización. Su aquí y ahora. Porque somos hijos de unos genios, de unos engendros, del mismo tiempo. Porque, al fin y al cabo, lo único que no puedes no ser es, moderno. Aunque digas que las cosas cambian y lo hagan, o no. Por mucho que nos preguntemos porqué o, no lo hagamos. Porque hay ángeles que son azules y personas salvajes de corazón. Aunque haya cosas que no nos gusten, aunque no seamos nada y nos creamos algo. Porque nosotros existimos. Aunque prefiramos existir soñando.


Y, luego la fe. Aunque no estemos seguros de cuál es nuestro credo y, cuál será el nuestro mañana. Ni siquiera si no vivimos en una cruel adicción y en una carrera en la que la meta es el final. Y el final es la muerte. Y la muerte es la perdición. Dulce o cruel. Aunque sea a golpe de tarjeta de crédito o de sensibilidad. Y lo hagamos sin saber si queda algo o si no queda nada. Aunque luego venga el demonio.


Siempre cabrá preguntarse si "¿alguno de ellos entendió las más altas aspiraciones del ser humano?" y, luego en qué dirección vamos. Porque adelante es atrás y arriba es abajo. Y dentro es fuera aunque no sepamos que estamos en una caverna. Porque todo es tan relativo... que asusta. Y, al final, uno no puede constatar ni qué es belleza y, a veces, creo que sólo es posible con los ojos cerrados. Como tantas otras cosas...


Y, al final, este blog que nació sin sentido, se creó sin sentido y creció sin sentido encierra una espiral de cosas que me interesan, cosas que no me interesan y cosas que me fascinan. Como la vida. Cosas sin sentido, que nos emocionan, que no tienen porqué, que son meras motivaciones. Que uno no sabe porqué las hace. Pero las hace. Quizás para soñar que la muerte no tiene la última palabra.