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lunes, marzo 30, 2009

Ciudades, Tokio



Tokio es todo lo que nunca has visto y siempre has soñado. El caos por el caos. En Tokio no puedes no atreverte, debes arriesgarte. Tokio es la ciudad de los sueños, un nuevo emblema del capitalismo, de Occidente en Oriente. Tokio es ritmo frenético, incesante. Una verdadera marea de símbolos, señales y nombres que, vistos una vez, desaparecen. Tokio es la ciudad más efímera del mundo.

En otoño, Tokio es la ciudad del cielo. Díscolas adolescentes recorren las calles con ansias de europea americanización. Es un ir y venir de tendencias, de marcas, de consumo. Tokio suena a caja registradora sólo que con símbolo de Yen. Tokio es un lugar donde el brillo, la opulencia y la agitación son los únicos adjetivos posibles. Tokio sabe a bolsos de Vuitton con cortes de pelo sacados del manga japonés y a increíbles cortes y colores. Sabe a enaguas de algodón de color rosa y a Hollys Goligthly´s wanna-be.

En invierno, Tokio es diferente de lo que imaginas. Los japoneses ni siquiera se rozan, caminan totalmente perdidos en el continuo disturbio de sus teléfonos, de sus señales, de su caos calmado. Invierno es sinómino de lujo, de frío metal, de hielo. Publicidad estéril europea, mercados en expansión, ejecutivos que viven en cubículos y ruido. Ruido. Ruido. Tokio sabe a negro, a gris, a ordenadores. También sabe a alcohol. Y a tabaco. Y a perdición.

En primavera Tokio sólamente sabe a turistas. Buscan el Tokio puro por así decirlo, el de los templos, los cerezos, los jardines, los japoneses corteses que inclinan la cabeza y esas tradiciones que a tí, extranjero, te saben tan exóticas. Sabe a sedas de colores y a perfumes. La belleza japonesa es diferente. Es frágil, de porcelana y suena igual que la dinastía Ming. Tiene una sonoridad tranquila, pausada, etérea. Que se rompe en pedazos como uno de sus bonitos jarrones.

En verano Tokio sabe como todas las grandes ciudades. A gente. A caos. A acumulación. En realidad siempre es verano en Tokio y nunca lo es. En realidad el verano ni siquiera existe. Pero eso sólamente es porque en verano, Tokio es realmente Tokio. Y no Tokyo.

Pero, ése, es el mejor secreto de la ciudad. Tokio no existe. Sólo existe en tus mejores sueños. ¿Crees que conocerás algo más real?

domingo, marzo 29, 2009

Ciudades, Nueva York


Nueva York es una ciudad donde todo el mundo se pasa la vida intentando ser quien no es. A Nueva York se llega en busca de un sueño y uno se encuentra en un precioso mundo conectado a todo lo demás con puentes que nunca cruza. Uno se topa con la línea del horizonte.

Nueva York en otoño sabe a hojas caídas, a café con leche y a la 5º Avenida. Extrañamente sabe a la vieja Alta Sociedad que siempre ha tenido sus templos entre la 5º y la 1º. Sabe a conjuntos de Chanel, abrigos de Oscar de la Renta y Manolos. A papel de seda y a sombreras y a boquillas largas que tintinean al mover un brazo enjoyado. Nueva York tiene el mismo olor que Vogue, páginas dobladas y recién entintadas. Saben a cenas por la noche y a cócteles. Sabe al viejo Nueva York que toma el sol con un sombrero velado en Los Hamptons.

En invierno, Nueva York sabe a Navidad. No hay Navidad como la neoyorkina. Sabe a euforia de compras, a guantes de lana y a jerseys de cashmere de todos los tonos. De hecho, Nueva York suena en invierno a papel hecho crujir de regalo y a cintas doradas. También sabe a dinero, mucho dinero. Y brilla encendido en mil luces. En invierno, Nueva York luce en blanco y negro, labios rojos y melenas rubias. Sabe a el Plaza y a martinis. Sabe a Capote y a Sinatra. Suena a doce campanadas.

Cuando llega la primavera, Nueva York sabe a Nolitta, a casas de ladrillo rojos y tiendas curiosamente provocativas. Nueva York sabe a chicas coquetas que desafían al peor asfalto del universo con sus altos tacones. Sabe a pastelitos y magdalenas entremezcladas con pasta italiana y picnics en la hierba. En primavera, dan ganas de ponerse vestidos de flores y foulares de seda estampada que no combinen entre sí. Dan ganas de preocuparse de combinar el bolso y los zapatos como las señoritas de los barrios residenciales de los 50s que decían mecachis.

En verano,
Nueva York es la mejor ciudad del mundo. El calor sofocante hace mella en la ciudad. Los taxis amarillos zigzagean por calles con mucho menos tráfico del habitual y nadie pasea por la calle. El calor es insportable. Central Park está lleno de insoportables neoyorkinos a la hora de comer sin zapatos ni calcetines y con la corbata floja. Las terrazas están llenas de señoritas que comentan sobre su cena del viernes y sobre los escaparates de Vuitton. Pero, lo mejor de Nueva York en verano es la ciudad. En sí.

Nueva York,
dama y señora. Para siempre.

viernes, marzo 27, 2009

Ciudades, París


París tiene alma de mujer. De intelectuales y deliciosas jovencitas. París huele a tabaco entremezclado con YSL y bicicletas, a fiestas en el Sena y a orgullo patrio tricolor.

París en otoño es la ciudad más nostálgica del mundo. La luz aterciopelada rasga todos sus monumentos, las hijas crean alfombras ocres sobre el suelo calizo de París y la lluvia susurra sus misterios tamizando la atmósfera de París. París en otoño es la Rive Gauche y Le Marais. Vestiditos negros y perlas con zapatos apenas elevados del suelo y americanas masculinas entrecruzadas a las siete de la mañana con el carmín corrido y el pelo alborotado saliendo de casa de su amante.

En invierno en París, nieva. Su aire es más limpio y hay menos turistas y la ciudad sabe a vino francés y a ostras. A foie sobre lecho de hielo y pimienta. A carrito de quesos. A camareros estirados de etiqueta. Es un cúmulo de gestos femeninos que se elevan las solapas del abrigo con las manos enguantadas para que el frío no las corte el rostro. Es más Chanel que Dior y, desde luego, más "el todo París" que caffé au lait en la Torre Eiffel.

En primavera, París sabe a flores y a jovencitos tirados por los jardines de la capital. Sabe a pantalones cortos blancos de tipo bermudas, a primeros cigarros de los adolescentes, a primeros besos, a primeros amores. Sabe a recoger manzanas por las tardes y a olvidarse tímidamente de los deberes. A vestidos de voile blancos, a canastos de paja y a sombreritos graciosos, más divertidos que útiles. Sabe a bailarinas, a Édith Piaf, a fruta. París huele a dulce en primavera, a rebelión, a estudiantes.

En verano en París la ciudad está envuelta en un jolgorio propio del 14 de Julio. París en verano es Francia sencillamente, vino y tierra francesa envueltas en tormentas veraniegas y ráfagas calurosas. En verano, París encierra su secreto. Alma máter de una nación, París es Francia.
Francia es París.

miércoles, marzo 25, 2009

Guía De Personalidad, Ciudades


Guía De Personalidad, Ciudades. Todo el mundo sabe que cada ciudad tiene un alma. Las grandes ciudades, particularmente, tienen una atmósfera que las envuelve de forma particular. En realidad es lo que las caracteriza. A los ojos de los turistas son algo más que un puñado de monumentos, cúmulo de chicas bonitas o parranda. Son esencia, sangre y vida. Cada ciudad es un mundo.

Por eso, cada ciudad tiene una personalidad. Madre amantísima, eterna patria, descanso, paraíso o infierno. Sueños por cumplir, modestia, tranquilidad, juego, sexo-drogas-rock. Y una larga lista de soñadores entonando el Someday.

Por eso, en diez días,
diez destinos. Diez almas. Diez mundos.

-París. Ciudad con alma de mujer que cuenta su secreto. París es Francia.
-New York.
Dama y señora de la Gran Manzana. Sierva y esclava del capitalismo. Un símbolo.
-Tokio.
Tokio no existe. Pero, eso, es un secreto.
-Londres
Humor inglés, nenúfares y gabardinas del color del té. !Niebla en el Canal, el continente aislado!

-Berlín
El alma de Berlín, es una luz.
-Niza
En Niza siempre debería ser verano. Niza no tiene moral.

-Roma
Roma siempre será un Imperio.
-Madrid
La única ciudad que le dedicó una estatua al ángel caído.

-Los Angeles
Tan falsa que es auténtica. La ciudad de los sueños. La colina dorada.

-Bombay
Muchos sueños como sueño.

domingo, marzo 22, 2009

Talento En La Sangre


A muchos hombres les persigue su pasado. A Monsieur Dior también. Toda su vida vive pendiente del destino, de adivinas y de oráculos. En sus colecciones Monsieur Dior se dedica a lo que siempre le ha fascinado: la mujer.

Cuando le preguntan habla de su inspiración en sus primeros recuerdos. Los grandes sombreros, la jaula de pájaros, los colores del jardín, el pintalabios y ese aire severo, de falsa austeridad y refinado in extremis. Habla de telas, de arte, de colores con el espíritu de la belleza como compañero decorando a sus clientas como quien decora un salón. Haciéndolas explotar como flores.

Ya lo dijo él, línea Corola. Aunque luego lo llamaran New Look. Lo curioso es que Monsieur Dior siempre estuvo perseguido por su pasado, su familia, su destino. Quizás porque él mismo se volvió prisionera de las tarotisas, las pitonisas y las estafadoras. O, quizás, porque vislumbró su destino.

sábado, marzo 21, 2009

Kate Moss, La Vie En Rose


No hay ninguna ciudad en el mundo como París. Con París caes enamorado la primera vez que respiras su aroma, la primera vez que ves su cielo. El secreto mejor guardado de París es la cantidad de días al año que llueve, pero la lluvia en París es diferente. Deja una luz que ilumina todo, que deja bañar con su reflejo a la luna en los charcos de las calles mal pavimentadas de la parte antigua de París.


París es una ciudad muy triste. Llueve las lágrimas de sus amantes. De las enamoradas que esperan posadas sobre la bola del mundo, de sus extranjeros, de los poetas malditos, de los artistas fracasados. De sus perdedores.


París es el único lugar del mundo donde el cielo es gris y te regalan rosas.

jueves, marzo 19, 2009

Estudio De Los Compradores Compulsivos

Dime qué compras y te diré quién eres.
Dime tu perfume y te diré tu tipo de hombre.


Déjame verte, y sólo con eso me confesarás más que si me contaras todos tus secretos..

martes, marzo 17, 2009

Moi Lolita


Ellas son encantadoras. Deliciosas sinfonías rimbobantes que entremezclan el estruendo de los tacones que no dominan con sus risas ilusoriamente altas y penetrantes. Fueron dulces e inocentes pijas ayer, hoy son deliciosas aspirantes a Voguette y mañana serán románticas abandonadas con aires punk que proclaman que han muerto de amor.


Ellas son cualquiera de ellas. Todas ellas. Queridas lolitas inocentes que antes hablaban de jovencitos que tocan en grupos de rock y ahora han sustituído las letras de canciones en sus carpetas que hablan de amor secreto e imposible y de quemar todas las cartas de amor por los sueños de Balmain, Dior y Chanel.


Un día jugaron a las muñecas, a vestirlas. Barbie tenía un gran armario que costaba tanto mantener que cambiaba de temporada dependiendo de cómo iban las notas. Uno estudiaba para tener ropa que ponerle a Barbie. Es la triste verdad. Hay padres inocentes -sigh- si me leen ya no.


Hoy ellas fuman a escondidas y sigen sacando buenas notas para ampliar el guardarropa. Lo que pasa es que la rubia ahora son ellas, Ken es el cantante-que-ensaya-en-el-garaje y lee revistas de moda en vez de coleccionar cromos de Barbie.


Y sí, lo han adivinado. Algún día tendrá una familia numerosa: de exmaridos. O un gran armario.

O, quizás sólo un puñado de recuerdos de color rosa que duraron lo mismo que el aire del cigarro que nunca gustó de fumar. Que quemaba para quemar sus orígenes.

domingo, marzo 15, 2009

Blogs


Al fin y al cabo un blog es una gran vida interior sacrificada y hecha pública por alguien al que, probablemente, no aguantan en su casa. Una especie de Emo que busca reconocimiento sabiéndose de un grupo de independientes. Aunque no esté muy seguro de si eso es posible. Aunque no esté muy seguro de si eso interesa a alguien.

Nadie escribe blogs por tener lectores. Uno escribe un blog porque quiere saberse intelectual o en su defecto, necesario. Uno escribe un blog porque cree que su opinión tiene importancia, y eso, es interesante.

Todo el mundo sabe que escribe un blog porque no escribe en un periódico, en un libro o en una revista. Que no presenta aburridas ponencias, que no es profesor y da apuntes -o sí, hay algunos masoquistas-, que no es un dios. Que sólo es un escritor frustrado al que no soportan en su casa y que, en un exceso de ego dijo: "mi opinión importa".


Todo el mundo sabe que escribe un blog porque no escribe de forma remunerada. Que los blogs cadurán, morirán cualquier día muertos jóvenes en una vida similar a la de una estrella del rock. ¿Serán recordados? Probablemente no. Pero, ¿importa eso ahora?

Un blog es como un diario. Cada cumpleaños te regalan uno, con candado (blogger da la opción ad hoc de hacerlo privado), para compartir (hay gente que escribe diarios de pareja porque la gente es muy rara), con estampados y fechas en las hojas, con bolis incluídos, con bonitas tipografías o cerrados con un pañuelo de Hermés blanco. Y casi todas las personas tienen diario. Aunque no lo sepan...


Todo el mundo ha escrito sus confesiones en una hoja de papel alguna vez. Una frase que le impactó, una casualidad, una aspiración, una sigilosa declaración de amor que nunca deslizaste en el bolsillo de su chaqueta o un número de teléfono que nunca le diste al chico que veías cada sábado en el cine. Son hojas de diarios que uno no sabe que escribe.


Los blogs son, básicamente eso. Añadiendo además el voyeurismo. En nuestra sociedad -con vicios y virtudes a la vez- nos encanta observar a los demás. Particularmente, nos encanta husmear en la vida de los demás. En un blog tus lectores se convierten en curiosos amigos online.


Quizás no les conozcas nunca. O quizás sí. Pero lo más importante es que se convierten en descubridores de sueños e ilusiones y en contemporáneos de tus desidias, desesperaciones y desilusiones. Y, algunas veces, de tus triunfos y tus alegrías.


Uno no lee un blog por su contenido. En realidad lo lee con aspiraciones vampíricas. Se empapa de su autor, de su prosa, poesía, mala ortografía y de su fe. Uno lo lee por su autor.


Y cada uno sabe porqué lo hace. O eso le gusta pensar. A veces, cuando recibo emails, leo comentarios o veo algunos posts, me pregunto. ¿Por qué me leen? Y, creo que no quiero saberlo.


Yo no sé porqué escribo este blog. Me gusta pensar que los que lo leen lo hacen por algún motivo.

viernes, marzo 13, 2009

Galliano, La Reina De Las Nieves


Hay historias que cuentan demasiado de lo que se oculta a los hombres. Hablan de tiempo no vividos, no transcritos, que marcaron a los hombres de una forma tan profunda que han pasado a la historia como leyendas. Como retazos del pasado inconexo que configura a los hombres. Como nieve cayendo sobre la tierra.


Historias, leyendas, cuentos, tradiciones sacrílegas, profanas, ateas y desvinculadas de todo atisbo de veracidad. Pero que configuran al hombre desde la cuna.


Historias de hadas, de brujas, de princesas raptadas, de hijas de reyes y reinas, de demonios, de duendes, de monstruos, de nobles, de guerras...


Historias contadas al ritmo de la música y bajo el brillo de una hoguera amparado por el bosque mientras la nieve.


Leyendas que nadie sabrá si son verdad pero que cuentan vidas de personas de tiempo atrás. De hermosas princesas, de crueles brujas, de amables hadas. De tiranas madrastras y despreocupados papás-reyes del reino.


De un reino muy, muy lejano. De un reino donde la nieve cae dejando un manto helado, donde el sol no se pone nunca, donde las princesas tienen largas melenas, donde los sastres son ayudados por duendes, donde las campesinas se convierten en reinas hilando paja en oro, donde la bruja del norte se come a los niños.


De un reino donde las niñas con trenzas y sin pan juegan con muñecas sacadas de la opulencia de la Antigua Rusia. Con muñecas de leyenda que hablan de los tiempos donde el frío no dejaba niños abandonados, donde el fuego no quemaba, donde las hadas bendecían a los niños con su gracia.


Hay muñecas que son sueños. Alivios de lo perdido y lo olvidado, de la infancia fría y devorada por la pobreza y la desolación, pálida por el viento frío, árida por la desidia y la soledad. Hay muñecas que son alivio a la muerte.


Sueños de convertirse en princesa hilando oro.


De convertirse en reina lanzando las trenzas por encima de la guarida del dragón al príncipe azul.


De convertirse en emperatriz de todas las tierras hasta su confín.


De seguir soñando.

jueves, marzo 12, 2009

Hermés, Dear Amelia


Las damas de Hermés siempre habían sido amazonas. De esas de domingo, pantalones de pana, botas de cuero lustradas previamente gastadas por los criados, chaqueta de terciopelo y fusta en mano.


Eran damas con toda la parafernalia de los caballos. Bridas de seda, mantas de cachemire, trofeos en forma de Birkin y un mundo donde el podium es de color naranja.


Ahora son mujeres emancipadas que han dejado de susurrar al cielo sus deseos para surcarlos.


Son mujeres que dejaron de ser respetables hace mucho, que han olvidado el significado de la decencia por el de la aventura. Que han olvidado el compromiso con la decoración y la tarta de manzana por el horario de la mañana encima del cielo.


Que han olvidado lo que son las fronteras. Cruzan el cielo hacia el infinito. Sin más pasaporte que el sello de Hermés.


Sin más patria que la bandera francesa llevada con azor por el guardián de la respetable decadencia burguesa francesa. Hermés.


Para alguien cuya patria sólo es la soledad sin límites del cielo.


Sólo limitada por la bóveda del cielo.


Y por ella.