
Uno nunca sabe dónde empieza una mujer y dónde termina. Es el amargo canto de la moda, las disfraza. Las convierte en quien no son, en escaparate, en maniquí, en consumidora. En alma devorada, en voraz dependiente, en adicta.
La moda causa guerras, una teoría basada en que nos distinguimos por cómo vestimos. En muchas mujeres, la moda es sólo un pretexto para la liberación. O para la condena. O para ambas.
El aspecto físico permite escorarse en la banalidad y dejar de prestar atención a lo que nos rodea. La talla, el peso, la tiranía del cánon. El ideal, lo llaman. Ideal que cambia en cada breve espacio de tiempo convirtiendo a Afrodita en gorda y a las gracias en mórbidas. Ideal que convierte a la anorexia en tendencia. A la pubertad en carnalidad y al sexo, bueno, al sexo en trampa para la continuidad de la especie humana a un cierto precio.
Uno nunca sabe dónde empieza una mujer y dónde termina. Quizás por culpa de los diseñadores, quizás sólo por ella misma.
Quizás porque a veces es más fácil vivir si se cierra los ojos...
La moda causa guerras, una teoría basada en que nos distinguimos por cómo vestimos. En muchas mujeres, la moda es sólo un pretexto para la liberación. O para la condena. O para ambas.
El aspecto físico permite escorarse en la banalidad y dejar de prestar atención a lo que nos rodea. La talla, el peso, la tiranía del cánon. El ideal, lo llaman. Ideal que cambia en cada breve espacio de tiempo convirtiendo a Afrodita en gorda y a las gracias en mórbidas. Ideal que convierte a la anorexia en tendencia. A la pubertad en carnalidad y al sexo, bueno, al sexo en trampa para la continuidad de la especie humana a un cierto precio.
Uno nunca sabe dónde empieza una mujer y dónde termina. Quizás por culpa de los diseñadores, quizás sólo por ella misma.
Quizás porque a veces es más fácil vivir si se cierra los ojos...


















































