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sábado, enero 31, 2009

Sueños

Conocí una vez a una chica que hablaba de lo posible y lo imposible. De los sueños. De las pesadillas.

Conocí, una vez, a un sueño.


viernes, enero 30, 2009

Valentino, El Adios del César


Es díficil decir adios al codiciado cetro de emperador de la moda.


Es díficil renunciar al título de último maestro.


Es díficil retirarse siendo creador de una mujer y un estilo de vida.


Es díficil dejar que le olviden a uno cuando sigue vivo.


Tras un legado de colores, de historias, de damas y de femineidad.


De sangre y fiesta. De España. De Italia. De color. De patria, de grandeza, de leyenda.


Es díficil retirarse a un segundo plano donde uno ya no figura.


Y, ya se sabe que París olvida rápido.


Y que una colección fallida significa la muerte. Y que nadie quiere morir.


Valentino, lo entendemos.

La inmortalidad, el rehacer, tu nombre y tu herencia. Ave, puede, pero adios, no.

jueves, enero 29, 2009

Givenchy, Del Sentimiento Trágico De La Vida


Hablaba Unamuno de la inmortalidad como el motor de la existencia. El ansia del más allá y de perdurar en la otra vida como un propósito de ésta. La duda, la curiosidad o el qué pasará cuando le llegue el turno a Caronte.


Tiscci cuenta, con una colección meláncolica, lo que ocurre en el mundo del más allá. Lo que ocurre cuando pasas el Arco de Triunfo romano y te encuentras con la moneda en la boca.


Cuenta que, tras pasar por un lecho de rosas, que cuenta tu recuerdo por los que aún quedan en el mundo del aquí; te encuentras como un guerrero perdido.


Uno nunca sabe hasta dónde llegan las dependencias del Varhalla y, las valkirias hace mucho que dejaron de ser de confianza.


Desconocidos, espíritus, fantasmas, seres, entes, Inmemoriales milenarios que recorren las lagunas del río de Caronte. Damas perdidas, princesas recluídas en su torre sin caballero que las recogiese, generales heridos, enlutados, tremendísimos compañeros de viaje al fin del mundo.


Las Moiras, el destino. Las ninfas. El fatalismo, la belleza, la igualdad.


El vanitas caduco de Valdés Leal. Princesas, reinas y demás nobleza en el mismo barco donde moran el resto de mortales. Compartiendo llantos y dolores, angustias y rencores hacia la otra vida. Por la nueva vida.


Cortesanas, burguesas, anfitrionas. Amantes, queridas, plañideras. Herederas, desheredadas y trepas. Esposas, madres, monjas. Musas de autores ya muertas. Inspiración, divina muerta.


Ninfeas y Arias tristes. Jardines lejanos. Almas de Violeta.


Y, tras el lecho de rosas....


La muerte.

O Givenchy...

Gaultier, Eclecticismo Cultural


Gaultier es un diseñador honesto. Habla de mujeres poderosas, con carrera, que visten de negro. Que son serias, que caminan por Manhattan como si fuera la sabana, que viven, que sufren y que mueren.


Habla de mujeres que podrían salir en un cuadro del surrealismo o deslizarse a la China Imperial con la facilidad de la eternidad.


Habla de Francia, de su esplendor y de sus costumbres. De su grandeza nacional que es la Costura.


De sus parisinas de la Rive Gauche que pasean enamoradas escuchando su corazón donde en USA escuchan el Ipod.


Habla de cisnes elegantes, de modernistas deseos de evasión. De sueños, de desarraigo, de búsqueda de raices.


Habla del cosmopolitismo, del legado del negro y de la postmodernidad.


Habla de África, de fieras y de damas que se tapan, sofocadas, la cara acolorada.


Habla de Grecia, del eclecticismo bizantino, de las vírgenes negras, de sibilas y sacerdotisas, de princesas, de vestales, de oráculos y destinos.


Habla de España. Sobria, severa, negra. De embozados y de toreros goyescos. De sangre, de negro, de clamor popular. De fe, de honestidad.


Habla de la actualidad y el futuro. De modernidad, de presentismo y futurible. De la democratización del ego y del yo, de comunismo, de regresión, de eterno retorno y atrás para ir adelante.


Habla de fugas. Fugas y ballets. Princesas de terciopelo y latidos de saxofón.


Habla de todas las Rusias. De su gloria comunista, su Iglesia, su razón de ser. De su esplendor, su decadencia y sus mujeres. De sus leyendas, de sus silencios, de Odessa. De su sangre roja como el corazón.


Habla de Brujas y Gante, Bruselas y los tintes. Habla de telas, de sedas y de colores. De óleos, de clamores, de amor por la tierra que cohabita. De ternura, de desgarro, de vírgenes pesadas envueltas en paños doblados y replejados. De musas del Canciller Rolling...


Habla de las niñas que son damas y de las damas que juegan a ser mujeres. Habla de la rectitud y la inocencia, el erotismo de quien se disputa entre dos eternidades su campo de juego. Habla de París y de Francia y de la universalidad del sentimiento.


Habla de la actitud. Del camino de la vida, de los soldados, los obstáculos y las bombas. Habla del toque militar, de la seriedad y la disciplina. Habla de la adultez y las armaduras de papel.


Habla de las infantas, las soñadoras, las místicas. De las princesas que no se reconocen en burguesas. De las princesas que no se reconocen como mujeres.


Habla de la sensualidad y el erotismo. De Josephine Baker, de los Happy Twenties que precedieron a la crisis. Del movimiento, la sensualidad, la femineidad.


Habla de todas las mujeres. De todas las culturas. Habla de la universalidad.

miércoles, enero 28, 2009

Lacroix, Hegemonía, Decadencia


El XVII español es uno de los siglos más complejos de la historia de España y del mundo. Un país pierde su hegemonía en el único mundo que importaba entonces, la Vieja Europa. Al mismo tiempo, el país vive preso de monarcas austríacos que saben a incompetencia, decadencia y herencia. Que saben a dinastía caída. Que saben a desolación.


Ni las corazas militares, ni el pan y toros ni la fiesta nacional sirven de nada. No valen los héroes de las picas de Flandes, no valen las batallas efímeras de Breda inmortalizadas como eternas en medio de la verguenza por la derrota.


No vale la aristocracia, los viejos hidalgos ni los títulos nobiliarios. No vale porque aquí todos son nobles. Porque nadie es burgués, ni campesino ni soldado. Todos son hermanos de sangre azul colgados de la horca con lazos de fraternidad que no se une si no es por mediación de una bula papal.


Éste es un país de orgullo. Inepto orgullo y fracaso. De vieja escuela y tradición. De hambre, de miseria y picaresca. Pero también de dignidad.


Oda a la vida retirada, lo llaman.


España es un país que vive en la miseria. El Buscón y Lázaro conviven en un mundo de hidalgos que espolvorean migas sobre su pechera para dar a entender su condición cuando, no tienen más que honor.


El curandero de su honra o la sátira cómica de Angelina o el honor de un brigadier. Un país dónde uno escoje cual es el libro de su vida, de su historia. ¿De su sangre roja o azul?


Un país que vive en la miseria de los vagos, mendigos y maleantes. Que vive de la sopa boba. Y de las enaguas y los enanos de la Corte, de lo que ellos llaman los viejos paños nuestros de Flandes. Un Flandes no tan nuestro...


Un país que sabe a Armada Invencible derrotada, a Contrarreforma, a Inquisición. Que sabe a aire velazqueño, a Meninas, a Maribárbola, a alegoría. A Barroco. A lo que ellos llaman el arte del sentimiento, toda la descarnación encarnada humana en Cristo y su pasión. A la cruz, la Vera Cruz, la pasión, el Calvario... A retablo de pan de oro y color. A esplendor lejano, a oro americano que ya no vino más.


Y, al mismo tiempo, sabe a Siglo De Oro. Sabe a Velázquez, Quevedo, Góngora, Cervantes, Murillo, Tiziano, el Greco y Rubens en la corte española. Sabe a El triunfo de Baco y al Conde Duque de Olivares en corneta. Sabe a Rendición de Breda, a Las hilanderas, a La Fragua de Vulcano. Sabe a paganismo, a cirio, a rojo españa, a negro futuro y agurio.


Y, también a oro. Un esplendor que no ha vivido ningún país. Grande. Siempre España...

Historia narrada por Lacroix, sueños, herencia, dinastías, oro y crisis.

¿El XVII?, ¿El XXI?