
!Qué deprisa cambia la moda y qué rápido mueren las tendencias! ¿No? Quizás sí, quizás no. Han pasado ocho -casi nueve- años desde que la versión americana de Elle publicara un reportaje titulado Masquerade en el que contaba -como un delirio- la historia fantástica de la luz, de la oscuridad, de las princesas, de los villanos, de los magos, los usureros, los jardines, los castillos, los secretos, la incandescencia, el arte, las tendencias...

Hablaba de modelos risueñas con aires de bohemia, de nobles burguesas reconvertidas en ínclitas místicas, de pudientes niñas bien, de delicadas mariposas mutadas en efigies del silencio, en rostros de ayer y de hoy que morirán mañana. En la vida condensada en un batir de alas...

Hablaba de la juventud, de la estirpe, del linaje. Precedía al fenómeno fotolog con la manada, el trampantojo y las prendas. Sin actitud y con desdén, como príncipes, como nobles, como reyes...

Hablaba de viejas historias, de grandes tragedias y de catarsis. De pasiones, de estíos, de frios invernales, de complots forrados en piel, de bosques helados y de conspiraciones en la noche.

Hablaba de fiestas de fingidos, de falsas sonrisas y mejores galas. De grandes mansiones con muros de piedra pintados al fresco y, con tanta solera como frio pues hay pátina pero no hay brillo.

Hablaba de brujas oscuras, de ovejas negras, de Caín y de Abel y los estigmas. De ofrendas redimidas, de regalos rechazados y súcubos malditos.

Hablaba de misterios y de habitaciones con música y comparsas. De damas viudas, de hijos arribistas, de amigos y fortunas congeladas. Con cifras imperdibles pero teñidas de color rojo. Deuda que no sangre.

Hablaba de amores prohibidos, de torrentes, de glaciares. De híbridos, de narcisistas, ególatras, olvidados. Perdidos, sumidos, sumergidos, arrojados.

Hablaba del conflicto entre ayer y hoy. De la modernidad del androide reposando en el viejo medievo de hacha y armazón...

Hablaba de oscuridad, de prisión, de celda, de voyeurs, de observador, de admirador, de contemplación. Del distraído vicio de observar, del instante devorado por la perpetuidad...

Hablaba de ninfas, diversiones, bailarinas y aspirantes. Hablaba de estrellas, de cultura, de magnificencia.

Hablaba de algo que fue, que no será y que no puede ser. De princesas con el mismo tamiz que las brujas, de hadas malvadas y mezquinas. De mujeres sin alma, sin esperanza colgadas en una torre y sin escalas...

Hablaba de amores, de pasiones, de frialdad y de tormentos. Perversión, soledad, y castigo. Viejos augurios, nuevos sufrimientos.
Hablaba de princesas que eran criadas. Impostores, farsantes. Ellos, son los siervos. Los dueños han muerto.