domingo, agosto 31, 2008

Publicidad


La publicidad cada vez es peor. Para qué engañarnos. Donde antes había estilo de vida ahora hay compras caducas. Donde había imponentes donas hay anodinas idiotas. La publicidad cada día es peor. Ya no hay lujos, no hay desayunos frente a la Torre Eiffel, no hay veranos en Portofino ni vacaciones en St Barts. No hay manteles de algodón, no hay sábanas egipcias y no hay rodajas de melón persa.

Ahora hay otra cosa. La publicidad cada vez es peor. A ver, no siento nostalgia por el pasado. Solamente no hay color. La moda es una mentira. La publicidad es una mentira. Todos lo sabemos. La moda se dedica a vendernos cosas que no necesitamos. La publicidad se dedica a hacernos creer que las necesitamos. Pero, qué puedo decir, prefiero engañarme con una mirada a la Torre Eiffel que con una habitación deprimente. Por mucho que Chanel siga siendo Chanel. Publicidad: mentiras y marketing. Pero, por favor, buena publicidad. Que aquí todos nos dedicamos a lo mismo, a vender sueños.

La Feria De Las Vanidades


Estilo de vida. La volveré a comprar. Vanity Fair España.

viernes, agosto 29, 2008

Una Joya. Entre Perlas.


Dicen que los diamantes son los mejores amigos de una mujer, para Gabrielle Chanel lo fueron las perlas. Christian Dior dijo que “con un suéter negro y diez ristras de perlas, Mademoiselle Chanel cambió el mundo”. Lo cierto es que las joyas suponen la culminación de la necesidad estética, el lujo más exagerado y reconfortante sobre la faz de la tierra. Una joya es puro exceso, es la concesión mágica a la femineidad y, al mismo tiempo, es una obra de arte capaz de ser llevada en el cuerpo. Una joya puede convertir a una mujer en una dama y, al mismo tiempo, convertir a una dama en una mujer. Una joya es la última aspiración del ser humano, un diamante es la fragilidad hecha confesión, es una declaración de amor.

miércoles, agosto 27, 2008

Mujer

Mujeres de verdad. Con pasado o sin él. Que saben a vida, a sangre y a sudor. Que saben a cuerpo con alma, a cabeza y a corazón. Que saben a fuego y a carne trémula y pasión. Ligueros o no. Lencería o no. Vestido negro o no. Mujeres al fin y al cabo y no falsos mitos adolescentes.


Cabello rubio o cabello negro. Ojos profundos, pensamientos de alguien vivido Nada de fashionismos tontos ni compras con una mano en la tarjeta Visa y otra en la tarjeta del psicoanálisis. Nada de bobas, de poses tontas y de compras sin sentido. Nada de marcas, nada de palabrería ante un cuadro abstracto. Nada de girar la cabeza y fruncir el labio.

O, todo. Ahora las tontas se disfrazan. Ella es una niña. Disfrazada. No es una mujer de verdad. O sí lo es. Lo peor es que ahora las insulsas eslavas de cabellos color oro y cuerpos muertos. Lo mejor es que vuelven aquellas divinas vestales. C´est la vie. La única enfermedad que se cura con el paso del tiempo es la juventud pero, en este caso, es la puerilización de la moda. Mujeres de verdad. Con cuerpo y alma.

lunes, agosto 25, 2008

Hamman, El Baño Mágico


Ella es Kate Moss. Esto es Estambul.


“Es un oasis en la mitad de un mundo occidentalizado y de tradiciones, con el agua que renueva la vida".


Es la tradición turca con el presente. El pasado y el presente. La moda extendiendo su guante asfixiante por todo el mundo.


Asfixiante como el baño. Mareante como el masaje. Increible. Moss, Kate Moss. Un icono. Estambul o Constantinopla, un icono. Dos iconos.

viernes, agosto 22, 2008

No Es Época Para La Grandeza


No es época para la grandeza. No es época para palacios y linajes.
Es época de vestidos de Chanel y cables a la vista. Fashion victim. Pero en Chanel.
No se necesitan más palabras, la imagen es elocuente por sí sola.

miércoles, agosto 20, 2008

Septiembre En Vogue


Debe ser el paso de los tiempos o del fantasma de Cronos que, sin yo saberlo, me ha devuelto a un abismo. No sé cómo pero el número de Septiembre de Vogue ya ha llegado. Y con él todas esas recomendaciones para señoras estúpidas que sólo compran lo que dicen en Vogue que está de moda y que, obviamente, luego morirá en el olvido y en la verguenza. También han llegado los consejos para fashion victims idiotas que necesitan comprar algo necesariamente horrendo -o en su defecto, horrendamente caro- cada temporada para conocer quién está en su grupo y quién no. También han llegado los análisis más -ejem- o menos profundos de historia de la mujer del pelo rojo (si es que ya decían que los súcubos tenían cabellos fuego) o de Yves Saint Laurent para distraer a los que compran la revista por algo más que sus bonitas imágenes y por lo bien que queda en el salón, francamente.


Ha llegado la cantinela de diseñadores agrupados por estéticas. Nada de etiquetas. Vacaciones de lujo, cajas azules con cinta de Tiffany que pronto llegarán a Madrid y tonterías varías con precios -escandalosamente- altos. Inspiraciones varias a través de famosas varias. Hoy Katie Holmes no es nadie, mañana es El Todo. En mayúsculas. Pasado se llevará el negro, aviso.


Eso es el número grande de Vogue. Hay preguntas que parecen no caber en este número. No necesito sesudas reflexiones, ni pensamientos sobre Freud y cómo caminar con tacones de diecistiete centímetros. Como mucho, si alguien me explica cómo caminar con ellos y trabajar al mismo tiempo, lo acepto. De cualquier forma, a mí Vogue no me ha sabido a nada.


Dice mi madre que cada vez me gustan menos cosas. Luego ha reflexionado y ha dicho que quizás me he vuelto más exigente. Supongo que hay gente que aún llora viendo Vogue. (No lo entenderé nunca, lo siento.) No sé qué será pero les doy a los señores de Condé Nast hasta marzo. Hasta el próximo número grande. (Grande no de tamaño, ya saben). Pues eso. Que le he perdido el truco a Vogue o que Vogue ya no es Vogue. Me han profanado la Biblia. Denme tiempo y acabaré perdida por esos mundos de dios: fotolog, Vanidad, Face Hunter.

Teniendo en cuenta que pronto sacarán Vanity Fair en España, Vogue debería esforzarse y no perder lectores porque sí. Aunque quién sabe si compraré La Feria De Las Vanidades. Yo lo que quiero es estilo de vida.

lunes, agosto 18, 2008

Sueño, Pesadilla, Estambul



Mujeres de verdad. No es una demanada ni una clemencia, no es un ruego y no es un silencio implorante al cielo. No es el trazo del carmín en los labios jugosos del deseo. No es el universo en el que las mujeres caminan con faldas tubos marcando el compás de su paso. No es un mundo de mentira. No es un mundo con niñas jugando a ser mujer. No es un mundo de té. No es un mundo de historias de amor. No es un mundo de mentira y con olor a Chanel, no es la vie en rose.


No es un mundo negro, rojo o gris. No es azul ni es verde. No es del color de la tierra, del color de la sangre o del color de la rendición. No sabe a sangre ni a sudor. No sabe a hincar la rodilla en tierra y no tiene el color de la blanca paloma o el final edulcorado. No es un mundo con paseos por Central Park, no es un mundo en el que el cine vende sueños e ilusiones para los corazones enamorados o para los desilusionados.


No es un mundo de polvos compactos aplastados ante el espejo, de medias con costuras y de lencería de encaje. No es un mundo de novios perfectos, de maridos tiranos y amantes sensuales. No es un mundo de portafolios Hermés, de ático en Park Avenue y de portero y ascensor. No es uno de esos mundos perfectos, de sueño de Hollywood.


No es uno de esos mundos depresivos y oclusivos. Ni es el mundo de una élite. No sabe a champagne ni a Cointreau. Es un mundo de batallas perdidas, de pasos en falso y de deshonor. Es un mundo en el que destroza el rencor y la pasión. Es otro mundo.


En el que las mujeres no juegan a amazonas, a heroínas o a la heroína. No juegan a ser Kate Moss o a ser Cory Kennedy. No juegan a ser Penelope Tree o el último amor de Karl Lagerfeld. Un mundo en el que no hay vaqueros de Alber Elbaz con bolsos de Louis Vuitton. No es un mundo sin fotolog, ni es un mundo de humildes. No es un mundo de dioses ni de demonios. No es un mundo lascibvo ni hedonista.


Es solo el mundo. El mundo, Lara Stone. Estambul. Un mundo maravilloso, un mundo con una espada en la garganta y olor a sangre en el arma blanca. Es un mundo que huele a podedumbre y a perfume. A femineidad y a masculinidad. A rol clásico y a tirano desterrado.


Es un mundo diferente. Ni bueno ni malo. La vida a través del color y la muerte a través del bicolor. Es un mundo que suena a carreras sobre un tacón, a foto desenfocada y a traición. No es Mata Hari y no es exótico. Es solo eso, una mujer en Estambul. Sólo es eso. Y es mucho más.

viernes, agosto 15, 2008

Aquel Vestido De Siete Dólares


Hay un mito, una leyenda urbana en el mundo de la moda que se llama vintage. Ya saben, eso que no existe. Es como el chic. O la sofisticación. O la estupidez. “El vestido de siete dólares” podría ser una leyenda urbana pero no lo es. En realidad es una leyenda urbana cargada de matices. El vestido de siete dólares es un vestido que Carrie Bradshaw, icono generacional o sueño generacional, mediante encontró perdido por alguna tienda de segunda mano rebautizada -con subida de precios- en vintage. Buscando una identidad, ya saben. Encontró tras dos horas el vestido perfecto y por sólo “siete dólares”. Esto queridos, es una leyenda urbana.


Para encontrar el vestido perfecto no se necesitan dos horas. Sólo se necesita un segundo. Ese segundo que te paraliza el corazón. Ya, sólo es un vestido. Pero Tiene que ser tuyo. Ese es el vestido perfecto. Nada de siete dólares. Nada de “con unos zapatos de cuatrocientos”. Nada de amantes y cócteles de sábado por la noche y nada de filosofía barata. Vestidos perfectos a siete dólares no existen. Primer precedente. Existen vestidos pasables, aceptables por ese precio. Pero, reconozcámoslo, la mejor parte ha sido buscar el vestido.


Aquel vestido de siete dólares reposará en tu armario para siempre. Sin ponértele nunca porque no es de tu estilo y porque, la moda es lo suficientemente inteligente para recuperar y revisar las prendas del pasado pero no para hacer que lo que guardabas en tu armario de veinte años atrás sirva y parezca “vintage” en vez de anticuado. El vintage se ha hecho para vender ropa y punto. No es una revolución y no es una filosofía de vida. No tiene un lema y no es un emblema. Punto.


Si entras a una tienda y tienes que rebuscar, nunca encontrarás la prenda perfecta. La Prenda. Las cosas te elijen a ti y no viceversa. A mí no me llores, si tienes que quejarte habla con (descendientes de por medio) Worth.


Un consejo: “el amor a primera vista funciona mejor que el matrimonio de conveniencia”. Quizás sea caro, quizás sea clásico. Pero quizás sea Tu Prenda. Esa con la que siempre soñaste. O, quizás no. Pero siempre es mejor.

miércoles, agosto 13, 2008

Crítica De Moda


La crítica de moda está tan manipulada como puede estarlo. Sin más. Sin rendición, sin escarmientos y sin correcciones. ¿Publicidad a doble página? Aplauso en la revista. No suele haber mucho más. Las colecciones que Style.com eleva al estrellato se aplauden, sin miramientos, en el resto de revistas. Lo que Anna Wintour escoge, gusta. Punto. No hay más. La crítica de moda puede resumirse en un “no existe”. Sincero. Demoledor. Muy curioso. “No muerdas la mano que te da de comer” que, enfados y precedentes ya los hay con Anna Wintour y Armani.


El día que vea una columna crítica con alguien que publica ese mismo mes una doble página de publicidad en la revista me creeré que el mundo ha cambiado. Hasta entonces seguiré viendo a señoritas envueltas entre la multitud que no destacan por nada sino es por su capacidad para beber/esnifar y perder el límite. Lo cierto es que la moda no es justa, pero ¿qué se puede hacer sino? Nadie se moja en sus columnas, nadie critica -se ceban, como mucho- en un diseñador y nadie pone de relevo nada a no ser que, casualidad, no publique publicidad. Es más fácil atentar contra Alexander McQueen, quien casualmente no tiene ninguna crítica por la pureza y maestría de sus creaciones (de verdad), porque no tiene publicidad alguna que contra Gucci o Dolce & Gabbana que, cargan Vogue con sus dobles páginas de modelos atormentadas por Meisel, pálidas y sacadas de la Inglaterra de Jack El Destripador. Así es la vida.


También es más fácil aplaudir a Christian Dior que a Jean Paul Gaultier y, alabar a Armani que a Jason Wu. ¿Justicia? El mundo de la moda hace mucho que le descubrió los ojos a la diosa Justa y le tapó la boca con un pañuelo. De Hermés, claro. Que no falte una marca para arreglar el entuerto. La verdad es que la sinceridad y la crítica constructiva que, es la que más daño hace y, con la que más se aprende es la que falta en el mundo de la moda.


La crítica es dura, es difícil, es complicada y es tortuosa pero hace progresar, hace crecer y desarrollarse. También hace que uno se gane enemigos, derecho a veto y que descubra quiénes son sus amigos y quiénes no. La crítica es dura. Pero también es divertida. Las críticas negativas son divertidas de leer y de escribir, son fascinantes porque la crueldad, como el morbo, atrae. Pero la crítica constructiva, la que insta a mejorar y espolea el talento puede ser dura, pero si es fundamentada, siempre será buena.

Criticar por criticar es de estúpidos. Alabar por alabar, también.

martes, agosto 12, 2008

¿Cómo Sería Judas De Dios?


Voy a ofender a alguien con este post. Lo presiento. Ya lo he hecho más veces -verdad, ¿querido?- y no me ha importado. Me divierte. Es divertido. Pero no todos los lectores saben de qué hablo, ya sabes, así que “cierto blog” -éste- otro día contará la anécdota. (Si quieres, claro). Cómo sería Judas de Dios o porqué rompo los sueños de un niño. La vida es dura. Las mujeres tienen pasado. Este año me rompí una pierna. Me he comprado una falda morada y verde. Aquí mando yo. Y eso que, este no es mi mundo ideal. Ah, y las mujeres no saben lo que quieren. Por regla general, es así.


Ya saben, algunos lo han notado, de un tiempo para acá hay muchas verdades que duelen. Puede ser. Habrá cambiado algo dentro, me he debido encontrar -de nuevo- con el lado oscuro o, será que he abierto los ojos y no puedo recordar porqué. O será que soy demasiado joven para vivir una mentira. Vive el segundo y Carpe Diem. Y, si no te gusta, no me leas. Que, no me importa. ( O, bueno, un poco pero nunca reconoceré haberlo reconocido). Las mujeres no saben lo que quieren, eso está claro. Los hombres empiezan a dejar de saberlo.


Es muy fácil de entender. Ellas tienen dos temporadas de pret a porter cada año, dos de Alta Costura, una de crucero y otra de resort. Las marcas crean además versiones de zapatos, bolsos, vestidos y perlas -casi- una vez al més y, además está el Bolso, Zapato o Vestido en mayúsculas de It-thing de la temporada. Eso que en inglés llaman “stuff”. Y Zara ofrece un flujo constante de nuevos diseños cada día. ¿De verdad alguien cree que saben lo que quieren? Si lo supieran vestirían una elegante falda gris con blusa blanca y collar de perlas con un sac á main de color negro y zapatos de salín por la mañana; si lo supieran vestirían un vestido blanco por la tarde de gasa o de seda y unas sandalias de color negro de cuero; si lo supieran cambiarían el vestido negro por un rojo imponente y, el carmín rosa por el carmín rojo que, es el único que es carmín. Si lo supieran a Worth le hubieran mandado a la mierda. ¿Quién es usted para decirme lo que tengo que vestir? Caballeros, ¿a que ya lo han entendido?.


Ellos comienzan a dejar de saberlo. Karl Lagerfeld pierde treinta kilos para caber en los trajes de Slimane y, Jean Paul Gaultier pone a un Adonis en una bañera rodeado de flores de Lis cual Cleopatra bañada en leche y a un marinero con el pecho tatuado. Señores, ustedes quieren un tirano que les maltrate porque ya no tienen suficiente con las mujeres. Ya saben, ahora los hombres -vuelven- a llevar bolso. No se acobarden, a las mujeres cuando los llevaron les llamaron de todo y al inofensivo objeto lo llamaron ridículo. La historia se repite. De todas formas, si tiene las letras naranjas de Hermés ya no es ridículo. Aprendan.


Nadie cuenta que hay un lenguaje que no se aprende, el de las marcas. ¿Qué zapatos calzas? Manolos, ¿Qué perfume llevas? Bvlgari, ¿Dónde veraneas? Santander. El idioma internacional de las marcas es, hoy en día, lo que un buen perfume. Internacional y alegra la entrada y recuerda la salida. De Hermés se puede llevar cualquier cosa que es un dios en el firmamento y, el equipaje puede ser de Louis Vuitton pero llevado con el suficiente carácter para no parecer un recién casado de luna de miel con una pila de maletas nuevas y un cuaderno de ilusiones.


¿Cómo sería Judas de Dios? Con un Hermés anudado al cuello. Y nada de Marxismo que, es una mentira y una estafa. ¿Trabajar para todos? ¿Vivir del Estado? Si alguien quiere, Orwell. Y luego que vuelva y me diga que el olor del cuero de un coche nuevo es el mejor del universo. No nos engañemos, el cuero de un coche huele horrible. El olor a cuero de un Jaguar es insoportable por no hablar de ese maletero diminuto en el que -apenas- cabe una bolsa de fin de semana y de las miradas de desaprobación de aquellos que llevaban palestina antes de Ghesquiére. Hermés es una delicia, esa caja naranja y ese papel marrón. Para socialismo científico, el sistema de Seguridad Social y, tu pequeño balcón desde el que gritar libertad.


Judas de Dios sería divertidísimo o, de hecho, sería algo muy parecido a lo que ocurre ahora. Etiquetas en todo. Dignidad a veintinuevenoventa, hedonismo a setentaynuevenoventaycinco, ego, ¿ego?, el ego es gratis: protocolo de Internet y fotolog. ¿Ven? Los mejores placeres de la vida son gratuitos. Para todo lo demás, Hermés. Me han contado que una señorita acudió a Chanel a comprar un 2.55 tras dos años de ahorro. Dinero en monedas de ese que se guarda en una caja cuando te acuerdas de la doble C entrelazada y la escoges frente a la Z -zafia, zoofilia, zoom, ziempre (siempre en versión zaza)-. Querida, ¿sabes porqué el bolso de Chanel, bolso al fin y al cabo, cuesta esa cifra? Para que nadie que tenga que ahorrar dos años pueda comprarlo. Que ya sé que es clasista pero yo no puse las normas. Porque tú, el tener que ahorrar para comprártele es la clave, no perteneces al club. Al club pertenece esa morena imponente que pasa por Ortega y Gasset, se para delante del escaparate, ve ese zapato de Prada, no mira el precio que marca la etiqueta, entra, se lo prueba y, lo compra. Nunca serás de ese club, y no porque no hayas captado el lenguaje del 2.55 sino porque, eres una embustera. Lo siento, tengo que decirlo, así es la vida. ¿Duele? Ya…


Judas de Dios es muy parecido a la versión endulzada o corrosiva de nuestro Dios (bueno, mío no pero es igual). De todas formas querido, no digas cosas de las que te puedas arrepentir -aunque sea luego-. ¿Estás dispuesto a que te avergoncemos? Ándate con cuidado, que ya dicen que “líbreme Dios de lo que deseo”. Es duro pero, ¿dijo alguien que no lo sería? Pues eso, un mundo sin bienvanturanzas, sin últimos que serán los primeros y sin hijos pródigos. Un mundo de verdad. Ya saben, de ese en el que los ricos visten de Oscar De La Renta en sus galas benéficas pero, creo que, sin galas benéficas. Solo con fiestas. Cada cosa por su nombre. ¿2.55 y comer tallarines todos los días? No te lo crees ni tú, por Chanel o por Hermés. Prefiero hacer un poco más rico a Amancio Ortega. No me lo puedo creer. Es una pregunta que no merece ni contestación. Como esos llaveros de Prada por treintaycinco que rezan Prada. ¿Saben? Prefiero abrir la ventana y tirarlos. De veras.


Un mundo con Judas de Dios podrías ser interesante. Algo así como Studio 54, gruesas puertas, muros de cemento, una larga lista VIP y un cordón de terciopelo rojo que abre, o cierra, las puertas al cielo. Nada de San Pedro, de nubes, de puertas doradas, de túnicas blancas y de alas de algodón con aureolas doradas. Yo creo que el problema de la Iglesia es que ya no sabe vender bien las cosas. ¿El demonio? Rojo, con tridente, un Baco endemoniado. Eso vende. ¿El cielo? Cuatro nubes y túnicas blancas. Si hombre, claaro. Eso es una mierda. Cuando mejoren el cielo, me apunto. Queda dicho. Y, por favor, nada de pobretonas con 2.55 y famélicas por no comer fruta. Porfavoroslopido. Judas de Dios puede ser interesante. O quizás no pero, esto me está gustando.

lunes, agosto 11, 2008

"El Cambio Es Lo Único Que Perdura"


Yo he cambiado y, ésto es un reflejo de mí.

Debía cambiar, pues.

Venus era la diosa de la belleza. No era una desnuda Afrodita, no era una vestal ni una ninfa. Venus era una mujer. Carne y sangre. Pasión y belleza.

Leonardo Da Vinci dijo que "La belleza muere con el tiempo, en el arte es eterna". Sólo podía ser ella.

Gracias a un ave del paraiso, a un idealista ilusionista y a un amante del estilo. Sin ellos, no habría cambio.

La Moda Está Sobrevalorada


O, porqué algunos tópicos llevan razón. Ya, lo sabemos todos. Venden ropa en Zara, venden moda en Balenciaga. Y no todos son estúpidos, tontas, aprovechadas, modernos, eclécticos, fashionistas, presuntuosos, egocéntricos y mediocres. Que también hay genios ¿eh?. No se les olvide. Ahora las aclaraciones, “en el mundo de la moda, el cincuenta por ciento son estúpidos; el otro cincuenta por ciento peores que mediocres. También hay un genio. De vez en cuando. Muy de vez en cuando.” La frase es mía. Para aclarar. De todas formas, esto es filosofía barata.


La moda no es sólo pasión, no sólo es belleza y no sólo es caducidad. No solo es tendencia que cae devorada al abismo del olvido para ser recuperada años después o para entrar en la zanja de la vergüenza. La moda no es solo “es”. Y, al mismo tiempo, también lo “es”. Es únicamente la forma de vender más cada temporada, la forma de mentir cada temporada, de convencer que cada día la necesidad es diferente a la del anterior, de la gloriosa necesidad de tener un armario poblado de marcas y etiquetas con más de tres ceros (antes de la coma, claro) y, no lo es. Los tópicos llevan razón, ¿no?.


Nadie lo sabe. Vogue vende sueños, Prada vende ropa. El cine vende sueños y, puede que, hasta Coca Cola y palomitas. Como dirían las bailarinas del Moulin Rouge “nuestro trabajo es vender champagne, no enseñar cuerpo”. Algo así puede que sea la moda hoy o, quizás nada de eso. No lo sé. Un zapato es un zapato. Eso está claro. Pero, ¿un Manolo es un zapato? o, por diferencia, es un icono. Es un paso hacia el éxito o hacia los números rojos. Es un guiño a la sociedad, a la decadencia o al esplendor. Cada uno, lo sabrá. Pero, digan lo que quieran, es un zapato. Y lo será siempre. O, hasta que dure, por supuesto.


Los tópicos llevan razón. Muchas veces, no siempre. Pero muchas veces. La moda es un típico tópico. Quien hace equilibrismos sobre tacones de doce centímetros suele dedicarse a no hacer nada. Quien siempre viste de negro y blanco suele ser un profesional de los pies a la cabeza. Quien se perfuma aunque llegue tarde con una fragancia, con un perfume, con una esencia es una persona de los pies a la cabeza. Los tópicos llevan razón. O son tonterías sin sustancia. Las dos cosas