jueves, julio 31, 2008

Estilo


Estilo es eso que ni se compra ni se vende. Puede ser personal, haberle o no. Puede ser comprado a nuevenoventa en el universo Inditex o a novecientosnoventa en el universo Prada. Puede que no se compre pero, se vende. Estilo es algo más que vestir bien o mal. Estilo es estilo de vida, estilo de vestir, estilo de pensamiento, estilo de escribir, estilo de lectura, estilo de cosas menos o más decentes… Estilo de vida es lo que todos buscan. Estilo de vestir es lo que, digamos se puede vender. Viene el estilo años 80, tú te puedes comprar cazadora de cuero negra, maquillarte los ojos en ahumado y usar pantalones pitillo. El poder, el universo abierto y cerrado, Nueva York, la conquista del mundo y la mujer mujer y el hombre Armani. No se pueden comprar. Aprendan, que las cosas que tienen etiqueta, normalmente, engañan.



Probablemente la primera regla del sé tú mismo no funciona. Quizás porque Worth era un tirano, porque decidió que él -con qué derecho- decidiría primero y, ellas (las clientas) acatarían después. Y porque si no eliges tú y eliges en la -trampa- de la preselección, quien elige es la prenda, no tú. Exacto, tú no elegiste aquel abrigo caro, carísimo, de Fendi ni aquel vestido de estampado imposible que, en un fugaz ataque de melancolía combinaba negro con rojo y, con leopardo. Ya saben, se entiende. Por eso el sé tú mismo no funciona. Porque no puedes ser tú mismo a menos que tú te diseñes tu ropa, tú te escribas tus libros, tú ruedes tus películas, tú hagas tu vino, tú tengas un laboratorio perfumista. Pero como no lo tienes pues compras en Zara, lees a Carlos Ruiz Zafón, ves Tienes Un Email, bebes Terras Gaudas y te perfumas con Portofino de Dior o con Chanel Nº5 según el número de años que lleves “siendo tú mismo”. Pues eso, sé tú mismo o, no lo seas. Pero sé auténtico.


Grita. Grita cuando tengas un día malo, por muy malo que haya sido. Sal y compra. No sólo para reactivar la economía, que también, no sólo porque el Señor Amancio Ortega haya abierto una nueva tienda -Uterqüe- y quieras conocerla, compra porque comprar es impresionante. Es como un subidón de energía. Y no te quejes ni lamentes. Compras porque quieras, ya, vivimos en un sistema un tanto consumista y crítico. Por eso yo hablo de lo que es el consumo por el consumo y luego te recomiendo algo de Cartier. Porque los señores de L´Oreal ya lo inventaron “Porque yo lo valgo”. Compra lo que quieras, pero cómprate algo. Además, dura más que el sexo. O, eso dicen.


Vive el segundo y Carpe Diem. No hay mucho más que decir. Sé libre. Lee Cool & Chic o no lo leas. Piensa que soy una diosa o un engendro. Sinceramente, me da igual. No seré yo quien de una norma de estilo. Si la doy será que hagas lo que quieras, que estés siempre orgulloso de lo que haces y que, no te quejes. Si haces lo que quieres no te puedes quejar. Por eso es tan bueno hacer lo que uno quiere. Y, además, probablemente esos chaquetones de zorro de colores de Fendi que hacía Lagerfeld explotar de color no se lleven siempre pero, tú tampoco serás joven siempre y, sólo se vive una vez. Tú sabrás. Yo sólo aludo a ello.


Puede que a ti te guste la moda, a mí no. Esto tampoco es un blog de moda. No te equivoques. Tú sabrás porqué me lees. Será que te parezco interesante, que te ríes, que lloras o que te hago pensar y, si no, puede ser que sólo entres a ver las imágenes. Que sé que hay quien lo hace. Por mí, haz lo que quieras. No seré yo quien diga qué o qué no tienes que hacer. De cualquier forma, la moda es marketing. Que se lo digan a Moliére. Lujo, mentiras y marketing. Moda, publicidad y engaño. ¡Oh!, perdón, ellos lo llaman tendencia. Lo importante es que una mujer lleve el vestido y que no sea el vestido el que la lleve a ella.


Por último. Hagan lo que quieran. _____________________________ Ustedes sabrán. Me lavo las manos. Sean eclécticos, modernos, fashionistas, fashion victims, elegantes, clásicos, rastreros, proclives a modas estúpidas, consumistas, rojos, conservadores. Hagan lo que quieran. No digan que en Vogue han leído los cincuenta y cuatro vestidos de la temporada o qué debes tener para poseer el armario perfecto o, cuál es el hombre que combina con esos pendientes largos de cristal de roca de Boucheron. Yo no tengo que rendir cuentas a nadie y, ustedes tampoco. Total, qué más da. Karl Lagerfeld es el mejor vestido junto con la señorita Trump y Tilda Swinton. ¿Por qué? Porque hacen lo que quieren. Actitud. Eso es todo. Actitud. El precio que marca la etiqueta es secundario. De veras. De todas formas, el que se sienta mejor comprando en Prada que sepa que, probablemente, Miuccia Prada se ríe de él. Si no, dicen que siempre queda Chanel. Y, si no, una cosa antes de acabar, vivan.


Ya saben, no son consejos de estilo. No son consejos de vida. No son consejos. Yo no doy consejos, no tengo reglas. El otro día vi “Una chica cortada en dos” y no me gustó. Digan lo que quieran, para eso prefiero ver Gossip Girl que, por lo menos, ya sé lo que es. Pero, en cambio, volví a ver “La extraña pareja otra vez” (que es la segunda parte de La Extraña Pareja) y me encantó. Yo no doy consejos. Hago lo que quiero. Luego pasa lo que pasa pero, por eso me leen. ¿No? Porque yo no digo qué ha llevado Kate Moss o me escandalizo con Amy Winehouse. Tampoco rindo culto a reinados como The Sartorialist o Karl Lagerfeld. O, quizás me lean por otra cosa. Tampoco me importa. Ustedes sabrán que, yo ya sé lo que hago. De todas formas, ¿se pueden dar consejos de estilo? Lo dudo. De todas formas, el primero sería: “la moda pasa de moda, el estilo nunca” de Chanel. Por si alguien lo echaba de menos. Y, si no pues intenten vivir. Eso es estilo de vida. Y, eso es lo que cuenta. No si la blusa de gasa es de Armani o de Zara. Que conste.

miércoles, julio 30, 2008

El Mundo Ideal, El Cánon Ideal


La moda, o el mundo de la moda, descubre cada temporada una nueva tendencia, un nuevo prototipo de mujer, armario y mundo ideal en el que el precio juega un papel en consonancia a la aceptación que lo anteriormente citado tiene en el mundo de la moda. Desde hace un tiempo, las rotundas mujeres de melenas rubias como el sol u oscuras como el ébano han sido sustituidas por dulces ninfas, pequeñas niñas que recorren la pasarela mirando al frente tímidamente, como si fueran a ser devoradas por la avalancha de flashes que esperan, agazapados, al final de ella y, caminando como si no fueran intocables diosas de hielo sino mortales comunes. Algo ha cambiado, muchas cosas han cambiado.



Christian Dior aseguraba que su objetivo en el mundo era crear belleza y, Helena Rubinstein añadía que “no hay mujeres feas, sólo mujeres descuidadas”. Ahora el mundo de la moda ya no está tan seguro de que esas sentencias sean unánimes y ciertas. La fealdad se impone, ya las mujeres que surcan la pasarela no necesitan ser inverosímilmente hermosas, radiantemente atractivas o fogosamente sensuales. Ya no se necesita oír a lo lejos taconeos de top ni entornar los ojos para asimilar las enormes sonrisas que devoraban la pasarela. Si alguien lo necesita, queda la nostalgia y las nuevas-viejas campañas de aquellas tops como adelanto del regreso de La Mujer. En mayúsculas. Ahora, las modelos parecen otra cosa. Ahora son otra cosa.


Ahora con Prada a la cabeza, como abanderada del mundo de la moda, de las tendencias, de lo novedoso, de lo moderno, de lo último, del significado profundo y superficial de la moda, llega lo que ellos llaman ugly chic. Son modelos, parecen bibliotecarias. Son prendas caras, parecen anticuadas. Es algo totalmente diferente a lo ya visto pero, ¿quién lo comprará? Indudablemente, hay respuesta. Sólo se crea lo que el mercado puede comprar, aceptar y consumir -casi- masivamente. Y hay muchos fashion victims deseosos de moda porque, la moda está de moda.



Hace un tiempo, tras el escándalo de CoKate Moss el heroin chic se puso de moda. Parezco yonkie. Quiero ser yonkie. Queremos a Kate. Luego vino el dirty chic, Terry Richardson mediante, y Carine Roitfeld presente. Una horda de rubias de escándalo bebían, fumaban y esnifaban tiradas por el suelo, pasadas de kilómetros de rodaje, extasiadas -en todos los sentidos- bajo la luz de los focos. Las prendas eran vilmente tratadas, tacones altísimos y caras de cansancio. Nada de modelos resplandecientes. Sesiones de fotos maratonianas para conseguir, no siguiendo el modelo de Horst de que cuando la modelo está cansada surgen las mejores fotos, el mismo aspecto que una estrella en la etapa pre-clínica de desintoxicación.


Ahora llegan las mujeres comedidas o las muy poderosas. ¿Preocupadas por su aspecto o despreocupadas totalmente? Quién sabe. Una serie de prendas que no son antiguas por ser vintage, son antiguas porque parecen viejas. Pasadas de moda. De esas que descansan en la parte de atrás del armario. Quizás sea la revancha de Miuccia Prada que, como todo el mundo sabe, es italiana y le gusta el rojo. No el mismo que a Valentino con su rojo para (muy) ricos y famosos; de hecho, el rojo Prada es más bien político. Quizás sea el punto de ironía, el ¡hasta dónde hemos llegado!, una vuelta de tuerca más o, quizás sea la forma de decir por parte de Miuccia Prada que ella es una -lista- socia.lista y que, aunque no quiere hacer colecciones democráticas, Miuccia tiene una historia de desamor con H&M, ella sabe que este mundo no se sostiene.


Al mismo tiempo, llegan aires de cambio para el mundo de la moda. Los ratoncitos de biblioteca conviven con mujeres poderosas. Secretaria apolillada contra Dama resplandeciente. Tacones de diez centímetros, lencería de encaje, barra de labios rojo sangre y guantes de cuero. Jerseys de lana, bailarinas, faldas a la rodilla, blusas resumidas. La moda nunca ha sido benévola con las mujeres, de hecho, ha sido una (sucia) tirana. Pero, ¿a alguien le importó -aparte de por lo obvio y lo moral del principio del fin- que las modelos parecieran adictas al exceso y que los diseñadores sacaran clochards a la pasarela? No. Por eso mismo a nadie le importa que Miuccia Prada se entretenga con sus mujeres represivas, oclusivas y cerradas.


Dicen que algo de erótico tienen. Dicen que algo de pecaminoso encierran. O, quizás es pedir mucho a una mujer que parece sacada de un torreón de polvo y páginas amarilleadas por el tiempo en vez de a una que desayuna champagne y no necesita mirarse en el espejo para reafirmarse. Será eso o será otra cosa. Quizás sea el fenómeno opuesto a la democratización, Internet malévolo, del ego. No necesita admiradores, si necesita algo que admirar se admira a sí misma. O, quizás sea otra cosa. Quizás Helena Rubistein no tuvo razón, quizás no hay mujeres guapas, sólo modelos retocadas. Quién sabe…

martes, julio 29, 2008

Una Clave



No todo es tener ropa bonita, no todo es tener clase. En realidad, la clave es llevar lo adecuado al momento.

Sin marcas, o con ellas. Con estilo. Con cabeza. Con carácter.



domingo, julio 27, 2008

Eclecticismo, La Metafísica Del Alma


Dicen que el mundo puede dividirse de muchas formas. El mundo de la moda no es una excepción. Están los fashionistas, que siguen las tendencias pero con un estilo propio; los fashion victims, que se dedican únicamente a conseguir el ropero ideal de la temporada como única -estúpida- obsesión sin reflexión; los excéntricos; los clásicos; los rupturistas; los innovadores; los visionarios; los modernos; los conceptuales; los puristas… Los eclécticos. En realidad sólo son formas de enfocar un tipo de productos a cierto segmento de la población, una estrategia de marketing más que una rama de la sociología.


De un tiempo para acá, con el “eres lo que vistes” y con la filosofía del consumismo como lema de la vida, la profusión, variedad y cantidad de autodefinidos eclécticos va aumentando. “Mi estilo es muy ecléctico” es una frase que se oye. Es como el “delsalónenelángulooscuro”, ya común. El eclecticismo es un estilo relacionado con la filosofía y la Antigüedad, un bagaje, un linaje, un pasado. Identidad y culto a lo hermoso, al arte, a lo bello, a lo magnífico, a lo histórico, a la inspiración, a la atracción y al alma multidisciplinar. A la inspiración sin límites, al culto a la pluralidad.


Los “eclécticos” se apoderan de la moda. Superposiciones, estilo indefinido e individualidad socialista. El eclecticismo Vs los eclécticos. ¿Moda Vs moda? No. Llega más allá. Primera norma: no eres ecléctico por no saber combinar, por disfrazarte hoy de hippy y mañana de mujer fatal; no eres ecléctico por tener un apelativo menos quemado a cultureta o a capitalista con ansias de marxista. No cantaste La Internacional, no leíste a Heideger y, no querido, no lo hiciste, no entendiste a Goethe. Nunca entenderás porqué la historia recordó a Penélope en La Odisea si apenas aparece en la obra clásica, nunca entenderás porqué la moda vas allá más del simple consumo, nunca lo entenderás. Tampoco entenderás que hay una forma de vivir ecléctica y que, tener una imagen personal diferente al resto pero común con un grupo, no te hace ecléctico.


El eclecticismo es poder poner en el escaparate de tu alma cualquier inspiración, congruente o incongruente pero basada en la experiencia filosófica de la mezcla como base de las cosas. La metafísica del alma podríamos llamarla. Lo ecléctico, desde el otro punto de vista, es el recurrir a lo dudoso del saludable término medio. Nunca de rojo, personas grises. En realidad, lo que la calle llama eclecticismo es la versión rimbombante de la mediocridad.


Una mujer, un estilo. Un hombre, una personalidad. Una persona, una diferencia. Un reto. Una meta. Una vida. La diversidad de lo plural y el aplauso por lo radical en vez de lo esquemático, lo simple y lo lineal. Mirar más allá. El eclecticismo de nuestros días es la filosofía barata del mundo, todos pueden. Todos. Sin excepción. Ese mundo en el que hay tantos adultos mediocres. Todos. ¿O no? Quizás no sea la pregunta pero, es una de las respuestas. ¿De verdad eres ecléctico? Claro que no.


Ecléctico es pureza del alma. Capacidad indiscriminada de enfrentarse al mundo sin prejuicios. Eso, (amigos, lectores,) no es falta de coherencia. Es grandeza de espíritu. Sin ideas preconcebidas, sin primeras impresiones, sin apariencias. Un cuaderno de la vida con las hojas sobre nuestro cuerpo, la mente en estado puro hecha ser, la difícil filosofía de la irracionalidad pensada. Es la posibilidad de ver el mundo, una visión global, y multicultural. Aceptar, integrar, ser. Contra parecer.


No soy quien probablemente pero, la democratización de la cultura, la popularidad de lo reservado para los elegidos, la socialización de los conceptos conlleva a errores de comprensión. El reinado de la apariencia. ¿Es el mundo de la moda territorio de cabezas huecas? Por supuesto. ¿Y el resto de mundos? Por supuesto. Lo que ocurre es que lo relacionado con la apariencia se trata de frívolo porque la belleza proviene del sorteo de lo relacionado con lo insondable. El eclecticismo es otra cosa. Un aplauso para la diversidad, un silencio para la estupidez. Un rendido tributo a la coherencia, un vehemente discurso por la inteligencia, un rendez vous por la belleza.

viernes, julio 25, 2008

Opuestos


Una década separa estos diseños. Balenciaga para la dama de blanco en el año 1966 e Yves Saint Laurent para la nueva fashionista, mujer a secas, de negro. De Gabrielle Chanel y Christian Dior dijeron que fueron dos grandes modistos del siglo XX, de Yves Saint Laurent que fue el único genio y de Balenciaga que era el maestro de todos nosotros. No es la figura, es la efigie. No es el cánon estético, es la figura. ¿Qué cambia la época histórica? La mentalidad.


Rupturista Yves Saint Laurent creando el pret a porter en la Francia destronada, visionario Balenciaga dedicado a la Costura. Dos percepciones del mundo igual. Dos grandes. Dos colores. Dos opuestos. Dos lazos. Los extremos que se tocan.

miércoles, julio 23, 2008

Caos Calmo, La Desesperación Tiene Nombre De Mujer


Decían que “a las mujeres no hay que comprenderlas, hay que amarlas”. No hay mayor verdad. El amor es una sensación de asfixia que, no te darán unos zapatos o un vestido. Es una pasión que te ahoga, que te condena y te fustiga. Es el clamoroso salto al vacío, precedido de una ovación y, clausurado por un aplauso. Una mujer es lo mismo, un bello retrato de lo que el alma depara a cada género, un sinuoso retablo de sentamientos, un escaparate de belleza o una proyección del destino. Diabólico pero hermoso. Dual. Poderoso.


La moda nunca ha tratado de entender a las mujeres pero, tampoco las ha amado. La moda ha sido siempre una tortura, especialmente para la mujer. Incómoda, restrictiva, dañina para la salud o, sencillamente, cruel. Decían de los italianos que inventaron el chapín para controlar los movimientos de sus mujeres y que, los japoneses encontraban el pie pequeño tan erótico porque era la forma de que ellas no se alejaran demasiado. La moda ha servido a las mujeres de distracción a lo largo de los siglos y, también de diabólico sentimiento. La belleza y la vanidad. La estupidez.


Actualmente, la moda no es benévola con sus consumidores. La tiranía de la delgadez, la obsesión con la juventud, despiadada crítica e importancia a la imagen personal y un deprimente y decadente culto al cuerpo. “Eres lo que vistes” se ha transformado en “Vales lo que vistes” y, la moda se ha convertido en un monstruo, tan potente, que se alimenta constantemente y, de forma interminable y cíclica. El ritmo de la moda es el compás con el que suenan los tiempos.


Actualmente, con una forma de pensar que se inclina hacia el barroquismo y, al paso despiadado del tiempo resumiendo la vida en un instante perdido tras otro hasta el final como quien dice que “la única promesa que nos hacen al nacer, es la muerte”, nos encontramos en una sociedad que nos ofrece una visión del mundo, si no es teñida de rosa, de rojo o de negro y sin un Tiffany´s cerca en el que enjuagar las lágrimas, deformada por el prisma de la exageración y la decadencia. Moda de usar y tirar, filosofía barata, egocentrismo democratizado, culpabilidad perdonada, caos calmo.


La mujer ideal es joven, roza la infancia y apenas perpetra el cuerpo de la adolescencia; es inverosímilmente alta y delgada como un cisne delicado, elegante y enjaulado; es moderna con el ritmo de vida de la caducidad y lo previo antes que nadie y, es estúpida. Un jarrón vacío. La mujer que potencia el mundo de la moda no es perfecta, ni siquiera es imponente o inalcanzable como aquellas divinales maniquíes que sonreían en la pasarela provocando una tormenta de flashes que no opacaban su aura de estrellas. La mujer que potencia el mundo de la moda ahoga sus llantos en la moda, en las compras. En un par de zapatos. “Manolo es mejor que el sexo, dura más” dice Madonna. “Compra, compra, compra” Y, quizás seas feliz.


Ahora algo está cambiando. Serán los tiempos, será la crisis o será que ya pesaba demasiado el canon de belleza imposible. Será que el propio monstruo se devora o que, por fin, alguien le ha plantado cara a Zeus. Será que los que crearon esa moda han sacado su retrato envejeciendo del armario y se plantean qué hacer o, será que la eterna juventud, como el pacto de Fausto, acaba mal porque, los pactos con el diablo no son buenos por mucho que, un literato alemán te acabe salvando en la segunda parte por hacerse masón.


Ahora lo que antes parecían cascadas de jovencitas frágiles, desprovistas, tímidas, melancólicas, apáticas y sin carácter ni carisma se ha convertido, sino en una revolución, en un aviso. Mujeres de verdad. Con corazón. De sangre, de fuego. Nada de gasas y encajes, nada de hadas y ninfas, nada de evasión y sueño. Carne cincelada por el tiempo, el placer de la carne entregado a uno mismo, el poder de la personalidad, autodeterminación y talento. Vienen otros tiempos. Tiempos en los que el ascetismo se vuelve místico y, en los que lo lírico se vuelve prosódico.


“Nadie desayuna con diamantes ni vive romances interminables” pero, la diferencia es que ahora nadie lo intenta. Y, por eso no lo viven. Labios rojos y caminar digno erguido sobre implacables purasangres de cuero; perfume que alegra la entrada y ameniza la salida; alma que se ve. Desgarra. Siente. Vive. Lo intenta. Lucha con todas sus fuerzas, no importa cuándo, no importa cuánto, no importa quiénes, qué o dónde. Importa que importa. Importa la moda, pero como aderezo. No como personalidad.


“Viste elegante y sólo verán a la mujer, viste vulgar y sólo verán el vestido” dijo Chanel en un arrebato de sinceridad mientras silenciaba un “Sé bella, no bonita. Lo bonito se acaba, lo bello perdura”. La fragilidad del tiempo encierra la pureza de la esencia, lo inmortal es frío y lejano mientras lo moral destila fuerza. Héctor contra Aquiles. Muere de pie. Lucha. Grita. Clama. Haz lo que quieras, pero haz algo. “El único hombre que no fracasa es el que nunca hace nada”.


La moda cambia, sigue sin entender a las mujeres y, además, ahora tiraniza a los hombres. Pero todo puede cambiar. Como ahora. “Si tiene que haber una revolución, que seamos los artífices y no los sufridores” La moda trata a las personas con condescendencia, mira por encima del hombro sabiéndose capaz de cambiar el destino y de describir la carta de presentación, enseña el alma de la persona o cuánto hay de personaje en el humano. ¿Tiene la moda firma de mujer o sólo la firma de las mujeres es la moda? Ahora, suenan campanas de cambio. Hagan juego, damas y, caballeros.

martes, julio 22, 2008

A Mí No Me Gusta La Moda


Esa es una de las grandes verdades del año, por no decir del siglo. Ni me gusta la moda ni me ha gustado nunca ni, dudo, que me vaya a gustar en esta vida. A la gente que le gusta la moda le gusta comprarse zapatos y bolsos, camisas y faldas, vestidos y pañuelos, sombreros y colgantes o accesorios de cualquier tipo. A la gente a la que le gusta la moda ésta temporada, la próxima para matizar más, debería comprarse algo que mezcle los toques extremadamente rock de los ochenta con lo conceptual del purismo de líneas de la moda actual. Aunque, ahora que lo pienso, no creo que Inditex tenga eso, exactamente, en su oferta a pesar de la maravilla de colecciones que hace. Sin ironía. Es una verdad como un templo. Dios me libre. O, yo misma.


No me gusta la moda y, aunque entiendo que a muchos lectores o consumidores de “prensa especializada” en moda o, en diseño o, en tendencia -o, en eso que las revistas dicen que hay que comprar- puedan decir que les “gusta” la moda. Teniendo en cuenta que vestir es una necesidad y que, no todo el mundo ve películas de culto, lee editoriales de revistas o conoce a Kate Moss más allá de ser esa-escuálida-modelo(¿no?) y que, sobre todo es un negocio nacen sitios como los blogs en los que Don Nadies -o no porque, ¿quién sabe quién se esconde tras el pseudónimo?- pueden decir abiertamente que les gusta la moda y no ser considerados superficiales o estúpidos pedantes incultos.


A la gente le gusta la moda o no le gusta. ¡Como si fuera tan fácil! Es como esa idea que tiene la gente de que “los diseñadores visten mal” o que, “yo tengo un estilo muy ecléctico”. No, el eclectismo no tiene nada, nada, que ver con “eso” tuyo, que conste. Igual que no tiene nada que ver Ghesquiére con Balenciaga o Karl Lagerfeld con Chanel más que un contrato que les une con sus respectivas firmas. Además, la moda no es un tema “de relleno”. Y no, Madrid no es una pasarela internacional y, tampoco hay buenos diseñadores aquí. O, mejor. Les hay pero, no dónde la gente cree.


La moda española no va mal. Va inmejorablemente. Inditex y Pronovias son dos firmas de culto, que han cambiado el mundo y que lo van a seguir cambiando y, con nombre español. Y Balenciaga es el más grande de todos los modistos y, una leyenda. Y es español. Y Paco Rabanne es otro grande y, nadie le reconoce el mérito. Y, por cierto, Josep Font es un diseñador, pero todos los diseñadores tienen en sus prioridades vender y, si no tienes medios para presentar una colección de Costura, no lo hagas. Que para eso eres una empresa privada. Sin quejas. Sin llantos. Y, hay modelos españolas magníficas como Marina Pérez, como Sheila Márquez y como Eugenia Silva. Por nombrar unos nombres donde caben Esther Cañadas, Inés Sastre, Nieves Álvarez y Laura Ponte. Y, Helena Barquilla. Y, Cristina Ortiz y Manolo, ese hombre que hace que un zapato obtengas un pedestal en Manhattan, también. Y, además, moda contra la crisis: el señor Amancio Ortega abre Uterqüe. ¿Será para completar “tú único vestido para la crisis-por la guerra” o para darle un nuevo enfoque al armario nuevo de cada temporada?


Y, eso son grandes verdades. Dicen que todas las mujeres tienen una ligera obsesión por los zapatos o por los bolsos. También que cuando hay crisis se pinta uno los labios de rojo y que, si hay bonanza, adelgaza y se pone minifaldas. Y, dicen que para existir hay que consumir. ¿Es consumir un hábito, un estilo de vida o un gusto? No, es otra cosa. Que alguien conozca de la existencia de Chanel, Prada y Carolina Herrera o, Alexander McQueen, Etro y Oscar De La Renta ¿es sinónimo de que le gusta la moda? No. Yo sé quien es Marx y no me uno al comunismo. Y, también quién era Larra y, no por eso voy a acabar suicidándome para cumplir un cliché.


Será que la imagen es lo primero que se ve y que “hay que ser un idiota para no fiarse de las primeras impresiones” pero es que, la moda y La Moda son dos conceptos muy diferentes. A mí no me gusta la moda, me gusta comprar. Y, luego siento otra sensación con La Moda. Es una mezcla de repulsión y atracción, como un gigante que me devora. Y, no soy -demasiado- superficial ni tengo la cabeza hueca.


Sinceramente, cuando algo se democratiza hasta el punto de que por un precio más que razonable se puede conseguir algo que parece sacado de una pasarela con altas dosis de diseño y creatividad sazonado con algo de clase y, un poco de tendencia ¿se puede decir que hay Moda? No. Tampoco hay educación por mucho que sea pública y obligatoria. Y, las rubias no se divierten más. Inditex y su política es un fenómeno de masas y ha conseguido que, se sea consciente o no de que lo que se lleva proviene de Nueva York, París, Milán, ¿Londres!; la moda venda. Y, eso es bueno y malo.


No soy quién para decir qué tiene que hacer nadie con su dinero. Ni creo qué tenga que hacerlo. Pero, la educación nunca sobra y, siempre falta. Igual que el respeto. El “me gusta la moda” se está extendiendo como la pólvora así como la cantidad de estilistas-modelos-diseñadores que surcan cualquier calle, ciudad o país. Cada vez creo más en “el de dónde vengo y adónde voy”. Quizás me haga socióloga que, es lo que la gente dice cuando estudia sociología, aunque, cada vez que me informo, la parte en la que hablan de preocuparse por el problema humano y por razones sociales me desmotiva. Añado un matiz, saber coser y que te guste ojear Vogue y, haberte confeccionado una falda una vez no es sinónimo de ser diseñador del mismo modo que garabatear en un folio no te convierte en pintor y, a mí estás líneas no me convierten en literata o, al que piensa una tarde no le convierte en filósofo. Que hay mucha incultura.


A mí no me gusta la moda. Y, a muchos de ustedes, les gusta comprar. No se ofendan, es genial. Nunca entendí porqué se critica el consumismo si las tiendas están llenas siempre. Y, todos consumimos. El mayor secreto -a voces- del mundo de la moda es que las tendencias cambian para obligarnos a comprar. Hoy volumen y, mañana recto. Hoy dorado y, mañana negro. Hoy años cuarenta y, mañana ochenta. No es delirio creativo, es negocio. No es personal, es negocio. Por eso los pintores coincidían en ideal de belleza, para que les compraran el cuadro y, por eso, una temporada es toda azul cuando, la otra fue roja.


Sin tregua. Compren, compren, compren. Un mantra. Una oración o una forma de vida. Quién sabe y a quién le importa. Este blog está dedicado a otra cosa, no es moda. Es Moda. Una carta de amor a esa pasión. A mí me gustan pocas cosas. Ya saben, detesto el saludable punto medio. O blanco o negro. O vida o muerte. O vergüenza u orgullo. O aplauso o decepción. O risa o llanto. Mejor morir de pie que vivir de rodillas. Que no les guste la moda, que les apasione. Sin remordimientos. Un engranaje más del mundo, una verdad clamorosa. Belleza, Arte, Carácter y Esencia. Moda. Mayúsculas. Pasión. Libertad sin caer de rodillas.

Última Tendencia, Primer Espejismo



Es difícil explicar cuál es exactamente el recorrido de una tendencia. Dicen los expertos que siguen algunas leyes pero, otros dicen que no hay ley que valga. Una colección puede ser buena y no venderse, puede ser mala y, encantar. O, puede ser novedosa (en el sentido de rupturista) y convertirse en La apuesta de la temporada o, quedarse en el cajón con el resto de imposibles que se vieron en eso que se llama pret a porter y que, según dicen, es listo para llevar.


En realidad que una colección guste es muy posible con dosis suficientes de marketing y de tiempo de reposo o, al mismo tiempo, de saturación. Ni siquiera las colecciones novedosas, interesantes y con un punto personal tienen porqué triunfar de la misma forma que, las colecciones en las que todo sigue igual y en la que el espíritu e mantiene no son, -necesariamente- criticadas y vapuleadas. Pocos lo reconocen pero, a todos les encanta la coherencia.


Cuando Cristóbal Balenciaga diseñaba para Balenciaga, sus mujeres, sus damas, eran todo un ir y venir de acontecimientos sociales. Unas Maria Antonietas dedicadas -cuerpo, alma, talonario- a su vida y a su larga lista de acontecimientos sociales: desayuno, almuerzo, comida, té a las cinco, compras, cóctel, cena, fiesta. Pero desde que Ghesquiére se encarga de la dirección creativa sus “damas” están más cerca de ser editoras con aspiraciones o ayudantes de moda con ínfulas que grandes -y decentes- mujeres. No es que me guste Ghesquiére, tampoco es que me disguste. Si no fuese en Balenciaga donde ha encontrado su laboratorio de mezclas donde corteja a la seda con el látex y al satén con el inyectado y el láser, probablemente, me gustaría. A mi manera porque, muchas de las prendas de Ghesquiére para Balenciaga no me parece que cumplan lo que yo busco en una prenda. Es decir, solo parecen bonitas porque no dejamos de verlas pero, ni lo son ni, desgraciadamente, sientan bien. Además, no es un secreto que en Balenciaga les pasa como en Yves Saint Laurent con Tom Ford y que la gerontocracia de la casa no soporta (odia) a Ghesquiére tanto que, no le dejan mirar en el histórico. Sí… Esto ya pasó con Tom Ford… La historia se repite.


El caso contrario ocurre en Chanel. Cuando Madame Gabrielle Chanel diseñaba todo era nuevo, rupturista, inteligente, sorprendente y magnífico. Era el Chanel de Coco Chanel y, era su esencia. Al mismo tiempo, podía ser tan clásico como ella quisiese y tan irreverente como le apeteciera. Ahora Chanel con el amado-odiado Karl Lagerfeld se dedica a envejecerse o rejuvenecerse al antojo del creador. Colecciones crucero y cápsula para jovencitas díscolas, herederas con apellidos y fortuna y actrices-aspirantes-modelos que adoran a Kate Moss y a Amy Winehouse y que, aquello de “estilo personal” no es uno de sus dogmas. Qué grande Dolly Parton cuando dijo aquello de “es muy caro vestir barato”. Son prendas que Kate-Amy-Sienna (o estilistas de por medio) podrían encontrar en mercadillos-tiendas de segunda mano pero que con toques de artesanía y un prisma en el que el de la multiculturalidad y el precio se entrecruzan como las dos C del logo de Chanel, se convierten en la (ante)-pen-última creación de la marca. O eso o, son señoras regias. 2.55, Chanel Mademoiselle, algo de Nº19, ristra de perlas y guantes de piel agujereada. Y, todos le aplauden pero, ¿es eso Chanel? Bueno, es el Chanel de Karl Lagerfeld…


En realidad, son dos ejemplos extremos y, extremadamente próximos. Y, quizás tengan más que ver teniendo en cuenta que vuelven los ochenta y, en los ochenta lo más, Lo Más, era combinar unos Levis 501 con una de las clásicas chaquetas de Chanel de tweed. En realidad el cambio de rumbo de una marca aterra y gusta por igual pero es, cuando sus creadores se ponen a innovar cuando la suerte está echada y nadie sabe porqué pero el resultado no es siempre el deseado. A veces sí. A veces no. Hagan juego podría ser la expresión más certera.


Por ejemplo el caso Versace o el caso Burberry son otros dos de lo más punteros. Burberry una firma clásica, de esas que venden pasado e historia. De esas que venden almuerzos campestres los domingos, tardes de lluvia al lado del mar cogida del brazo de un caballero, trincheras para la caza y estilo de vida se convirtió de la noche a la mañana en una firma estrella. Tanto que, se dice “hacer un Burberry” a lo que una firma con trayectoria hace para encontrar el éxito tras sumirse en una periodo de vacas flacas. La firma que olvidó pronto a Rosemarie Bravo, esa señora que hizo el Burberry ella sola y derrochando talento e ingenio y que, consiguió cuadriplicar en su estancia el precio de la firma y a la que, ahora todos han olvidado por Christopher Baley que con sus mezclas entre Agyness Deyn y Kate Moss y sus coqueteos con el universo fotologero-moderneo ha hecho que “aquel Burberry de Bravo” quede opacado por el Burberry moderno, moderno de Londres, de ahora. Burberry, aún así, ha seguido manteniendo su línea clásica en la que venden arte de vivir, en mayúsculas, de ese de dama inglesa de toda la vida con criados con librea y mañanas de domingo regando las rosas del jardín. Y es que nos encanta Burberry. Ha conseguido ser moderna y clásica, y sin traicionarse.


El caso de Versace es diferente aunque similar. De estar en crisis y tener que retirar el mármol de las boutiques y cambiar el barroquismo por el minimalismo para subastarlo en Sothebys y Christies y conseguir reflotar la casa de la medusa tras la muerte de Gianni Versace a ser La Marca para estrellas y estilistas. El Ave Fénix. Donatella Versace, la hermanísima, se encargó de la casa de las amantes y de las queridas hasta que consiguió dar rentabilidad, ahora se sigue ocupando a su manera que, se resume en salir a saludar tras el desfile y acudir a eventos; cambiando el aspecto absolutamente glam, excesivo y casi corrosivo de Versace por una “elegancia” adecuada a los tiempos. Señoras en Versace. Tops. Mujeres. Lo que ocurre con Versace es que cuando vendía historia italiana con la imponente Medusa era auténtica ahora, qué más da si es bonito o no, eso no es Versace.


Las diferentes revistas de moda “especializadas” -sigh- han aplaudido a todas las firmas. Cambia que seguro que es bueno aunque lo que quieran decir, en realidad es que tienes que afrontar una situación que voluntariamente nunca hubieras tomado pero, ahora, con optimismo. Por ejemplo, Donatella Versace se enfadó cuando publicaron aquello de “Armani viste a las señoras, yo a las queridas” como si su hermano, el Señor Gianni, nunca hubiese podido decirlo. Carine Roitfeld aplaude Burberry, y Anna Wintour también, en versión moderna: La Nueva Gabardina, dicen. O, la gabardina de Siempre. Siguen publicando titulares acerca de cómo vuelve el Balenciaga de antes con sus damas o cómo el fenómeno del exceso por Versace vuelve a despuntar en ciertas pasarelas mientras “visualizan” inversiones -ejem- en el nuevo Balenciaga con señoritas sacadas de un mundo estéril y a Versace como una nueva forma de ser elegante y, acaparar flashes al tiempo.


Y, la pregunta es ¿Cómo es posible? Nadie lo sabe puede ser, la respuesta aunque tampoco es muy exacto. Quizás es más adecuado decir que el pasado nos encanta pero que el presente nos gusta, más, mucho más. Quizás sea verdad que las marcas tienen un pasado glorioso pero, si no es en un febril o encarnizado arrebato de pasión por el vintage no suele interesar. De hecho, es una cuestión -¿casi cósmica?- porque ciertas marcas no ahondan en su pasado con exposiciones, libros o colaboraciones y porqué sólo interesa algo del pasado cuando sirve para vender el presente. El nombre de Halston hacía décadas -casi- que no se oía por las revistas de moda, de repente, todo era Rachel Zoe en Halstons y, posteriormente se sabría que junto con Tamara Mellon se haría cargo de la firma. Vuelven los ochenta y todas las revistas hablan de “shows” donde antes hablaban de pasarelas y, “casualmente”, vuelve Mugler a la temporada siguiente. El pasado vuelve pero, solo para vender en el presente. Y, esa es la tendencia. Flecos, setentas, ochentas, plataformas, Chanel, Prada, París o Milán son minucias. Amigos, la tendencia es vender. No importa cómo o cuánto. Pero vender. Y, esa tendencia no se pasa de moda.