jueves, mayo 29, 2008

El Trazo De La Vida


Dicen que hay pocos modistos que dibujen en los tiempos que corren, Alber Elbaz para Lanvin dibuja sus maniquíes con grandes ojos y cuerpo escurridos sobre los que caen, a la francesa, los esbozos de las prendas que luego recorrerán la vibrante pasarela. Madame Vionnet directamente sobre la prenda pero, a escala reducida por el elevado coste de la tela; Gabrielle Chanel sólo escribía y todo su taller de costureras y “modistillas” interpretaban sus palabras como si fueran los versos más bellos jamás escritos y sabían exactamente qué deseaba La Dama De La Moda; quizás por eso, tras su muerte hubo Chanel de Gabrielle sin Chanel…


Ahora sólo Karl Lagerfeld dibuja, colorea compulsivamente y crea, a trazos fuertes y seguros con rotulador permanente, colorea el satén con tippex o viceversa e impone su grandeza en un gran trazo irregular que se transformará en cisne. Consuelo C., la doña de la pequeña Marni coloca en cajas todo lo que encuentra: conchas, collares, retales, fotos, imágenes, recortes etc, para servir de inspiración a su colección. ¿Han cambiado los tiempos o sólo la moda?


Antes Balenciaga fue “eliminado” por sus engendros, los bocetos estaban tachados y escritos y, al mismo tiempo, en Dior decidieron quitarle a Saint Laurent las pizarras porque no querían que sus bocetos fueran borrados por su maestría. Ahora nadie dibuja, bueno, Saint Laurent sigue dibujando; a veces se sienta en su antiguo despacho y dibuja pantalones amplios y hombros marcados sobre finísimas cinturas de los inertes maniquíes. Antes, las colecciones se dibujaban; las portadas se dibujaban; las modelos se dibujaba; las publicidades se dibujaban y, ahora…. ¿Quién dibuja? Nadie y todos.


Lo más curioso es que un boceto es tan personal e íntimo como un segmento de la vida de su autor. Saint Laurent fue primero príncipe, después maharajá, luego desnudez, luego negro, luego brillante, luego fugas y, luego, tesoro patrio y; eso en sus bocetos se notaba. Es como el trazo de la vida, el delirio inerte del lápiz; la palabra escrita e irrefutable, la verdad perdida y la respetabilidad perdida.



Dicen que ya la gente no escribe a mano porque es demasiado cansado, poco perfecto y porque el ordenador ha sustituido al buen hacer de la mano pero, a mí me gusta. La letra es un reflejo de la personalidad, una mezcla de influjo y efluvio imbuido de otros tiempos, demasiado complejo, demasiado difícil de leer, demasiado antigua y con un complejo deja vu a otros tiempos. Al dibujo le ocurre lo mismo, no tiene un trazo claro, es imperfecto técnicamente hablando pero tiene un toque personal. C´est la vie. Es el precio de los tiempos de la modernité.


A veces se puede ver, en lo que escribe el creador, el argumento de su colección. En Chanel es una sutil etiqeuta tipográfica; en Sonia Rykiel la creadora explica el porqué sus mujeres sonríen y se divierten; en Dior, Galliano colorea y escribe, vapuleando las palabras con un grueso rotulador negro el qué de Dior; en Prada, no escriben. En Cavalli, lo sellan en dorado -quizás porque aún no se puede escribir en leopardo- y en Valentino, con una estilográfica egra. Anna Wintour firma con Montblanc; Carine, escribe con un Bic. C´est la vie, c´est Carine.


El boceto es una declaración de intenciones; el dossier escrito es una confesión. Antes en los desfiles sólo se podía escribir, era un sacrilegio dibujar pues era como traicionar a un creador y, eso en un mundo de moral reputada y laxa, al mismo tiempo, como es la moda era terrible. Ahora, ¿A quién le importa?. Quince minutos después del desfile, la imagen, el vídeo y el dossier de prensa está en la calle o, por lo menos, en la red. Antes el valor del dibujo era, sencillamente, rutilante e imponente; ahora es tímido y poco comercial o, comercial hasta caer en lo anecdótico. La Dama Del Galgo dicen, otros tiempos sentencian. Una firma lo sella y, el lacre lo encierra.

lunes, mayo 26, 2008

Festival De Cannes


Dicen que la Alfombra Roja con más prestigio del mundo son los Oscar porque, además de ser el evento social más importante, donde todo el que es, ha sido o será alguien dentro del mundo del espectáculo está invitado es el mejor escaparate para todas las firmas de moda del mundo. Dijeron, hace años que, “todo el que era alguien, llevaba Armani”. Aunque, hay muchos que piensan que los Oscar están sobreexpuestos y demasiado publicitados porque, en ellos, ya no hay cine. Sólo negocio. Por eso, dicen que queda Cannes que, además, es un verdadero reducto del glamour francés. Eso sí, cada vez más comercializado, cada vez con más “porque yo lo valgo” y con menos encanto francés y más modelos y socialities que estrellas y divas pero… ¿no es todo así? Un sucedáneo de lo que era Cannes antaño cuando los flashes de los fotógrafos no eclipsaban a ninguna estrella, cuando Adrien se encargaba del vestuario, cuando eran damas y no camareras de bar y, cuando una actriz podía ser princesa. No es lo mismo pero, aquí está Cannes. La Alfombra Roja más elegante de Europa.


Si hay una de las estrellas que haya brillado por encima de todas las demás ha sido Natalie Portman que, se ha paseado y ha conquistado la Alfombra Roja como si se tratase de devolverla el glamour perdido. Natalie Portman que es una estrella de antaño nacida en Israel siempre ha mantenido una estrecha relación con Alber Elbaz, un compatriota que ha sabido sacar lo mejor de ella. Desde que la vistiera en los Oscar con una túnica griega actualizada de color arena ensombrecida y decorase su melena con una cinta griega impulsando el regreso a la femineidad sin perder la inocencia y sin necesidad de unas manos lacadas en rojo y el cabello tapando un ojo a lo Verónica Lake; el creador de Lanvin, ahora alzado en genio, se ha convertido en su diseñador de cabecera y, tanto en Cannes como en otras tantas Alfombras Rojas, ha vestido a la actriz, a la mujer, a la dama y a la estrella.


Muchos han alabado a Natalie Portman por todo su encanto en la Alfombra Roja, por haber escogido la mejor de las colecciones de París (Lanvin primavera verano) y por decantarse por una mezcla de encanto francés deliciosamente sutil e inocencia de estrella terrenal. Otros, en cambio, han criticado que la rutilante actriz ha escogido un estilo del que no se desmarca. Escote apenas resaltado, cuerpo con volantes y un vestido por encima de la rodilla. Es cierto, la actriz ha cogido una línea favorecedora y constante en la Alfombra Roja pero, ¿le critica alguien a Dita Von Teese por ser siempre la eterna pin up? Lo cierto es que Natalie Portman estaba muy bella, adecuada y elegante.


Para la premiére más importante del festival, Indiana Jones Y El Reino De La Calavera De Cristal, la actriz escogió un vestido de Chanel vintage del año mil novecientos setenta y tres de corte recto, ampuloso, geométrico que la convertía en mujer y no en niña. Cambió radicalmente de look, pues desde el espectáculo vaporoso de Lanvin no la habíamos visto como Mujer, aunque, en mi opinión, dada su altura y constitución, está más favorecida de corto y con un maquillaje más inmaculado y menos Hollywood Años Dorados.


A la Gala de Amfar acudió con un inmaculado y prístino traje blanco de corte estructurado de Givenchy. Estaba encantadoramente delicada, elegante, refinada, exigente y sin perder el halo de candidez e inocencia que la rodea siempre. Aunque el vestido era exagerado, con un diseño muy importante, y con cortes audaces y magistrales, Natalie Portman estaba soberbia.


Otra de las mujeres que brilló con luz propia fue Gwyneth Paltrow que acudió espectacular, engarzada en el brazo de Valentino, con un diseño de la colección crucero de Chanel en azul noche combinado con un profundo escote y un sencillo recogido que acentuaba su maravillosa figura. Un detalle de excepción fueron los zapatos, altos inusitadamente, barrocos curiosamente, lejanos presumiblemente. Radiante.


Probablemente, desgraciadamente y, ciertamente la única estrella del Festival De Cannes no era una actriz. Era Dita Von Teese, Dama. Parecía sacada del embrujo del pasado, cuando las cenicientas de Europa aún no habían sido despertadas y arrebatadas de su sueño por la cruel realidad de Hitler, Mussolini y Franco que adelantaban las campanadas que anunciaban las doce.


Dita visitó al dúo italiano Dolce&Gabbana en la fiesta que los diseñadores italianos ofrecieron en Cannes. Estaba excepcional, sigue revisitando las clásicas pin ups de los Estados Unidos de los años cuarenta con su tez de porcelana, los labios rojo sangre y el tupé decadente que corona su cabeza pero sin dejarse conquistar por el espíritu de Betty Page y decantándose por un vestido con sabor años cuarenta, (algo que podrían tener los soldados colgando de su taquilla y con una firma escueta y algo de pintalabios) pero que tiene el inconfundible sello de D&G puesto que es una versión del exagerado corsé que llevó al tándem del sexo a conquistar al star system cuando sólo Madonna se atrevía con sus creaciones. ¿Mujer objeto? Sí pero, también mucho más.




Ella es la culpable de la vuelta de cánon, del cliché y del estereotipo pero lo hace de forma tan realista y tan magníficamente, se deja convertir -voluntariamente- en la vil y vapuleada pero siempre hermosa mujer florero que te da la sensación de estar viendo a otra Scarlatta O´Hara pero revisada para los tiempos que corren y con un torrente de pasión escondido bajo una cortina de frialdad y un halo, sutil, de indiferencia.


Acudió a la gala que luchaba contra el sida, Amfar, con un vestido púrpura de Jean Paul Gaultier que recordaba a los trajes goyescos españoles y que realzaba su delirante belleza, arrolladora que, aunque sin atrezzo y personaje no sería una dama, es, precisamente, el personaje el que ha elevado a la Dama sin devorarla, y dejándola intacta con toda su belleza al descubierto. Fría, magnética, femenina y culpable de la vuelta de la femineidad.


Eva Herzigova estaba sencillamente espectacular en la Alfombra Roja de Cannes con un diseño de John Galliano para Dior que la convertía en una femme fatale de los años cuarenta envuelta en encaje de dama del cine negro y en fantasía de mujer perfecta al mismo tiempo. Ya prometía Eva cuando se hizo famosa por ser chica WonderBra, por aquel entonces, una Eva en ropa interior miraba desafiante, altiva por encima de un ¡Mírame a los ojos!, nadie siguió aquel eslogan y ella se hizo célebre. Ahora, ocurre lo mismo.



A la fiesta de Chopard, la modelo lució un sobrio diseño de color negro de corte recto coronado por un soberbio collar rígido de rubíes y perlas salvajes. Dicen que vuelven las Top Models, después de ver a una habitual del Festival de Cannes, no cabe duda de porqué. La única explicación es que, las Top Models siguen provocando que la cascada de flashes no apague su brillo y que su belleza sobrenatural desvíe las miradas a su paso. ¿A alguien le cabe duda de que eso sólo pasa con las viejas-nuevas tops? No, a nadie. Y, si no, trata de mirarla a los ojos.


Diane Kruger que el año anterior fue la musa, reina, diva y presentadora del festival de Cannes y de la Alfombra Roja del evento acudió a la gala Amfar con un diseño años 20 que recordaba al corte inspirados del punto de Chanel con un delicioso sabor vintage. Lo tengo que reconocer, sé que Diane Kruger es un producto de la contemporaneidad, una obra y gracia de estilistas, un mero envoltorio pero, me encanta. La prefiero a ella sobre a otras y, ¿queda algo auténtico en el mundo? Por lo menos, ella brilla. Y, no será una diva, no será el animal más bello del mundo, no será Audrey Hepburn pero ¿necesita el mundo otra Holly Golightly?


Carine Roitfeld también apostó por Lanvin -antes decían que Versace vestía a todas las actrices y socialities por tener un servicio completo y apetecible para la Alfombra Roja dedicado a satisfacer todos los caprichos de las estrellas, también que era Armani el hombre de American Gigoló y que llevaba todo el que era alguien- y ahora nos ha explicado el porqué es Lanvin la marca it. Es la marca it porque a Carine le encanta, es sexy sin ser vulgar; femenino sin convertirte en una dama y con un punto starlette sin ser una más de las listas de Rehab. C´est la vie, C´est Carine.


En otra aparición, la editora más de moda, la otra guardiana de la moda, la otra mujer que desechó el cánon pero que propició otro, más sexual, más ardiente, más francés, más femme fatale, más petite robe noire, más tacón, más cuero, más Chalayan, más Lanvin; vistió de Balmain demostrando su apoyo a la tendencia natural, a la vuelta de los setenta, a la droga chic pero sana, a la naturaleza real de Aristóteles. -Quizás es demasiado citar a Aritóteles pero, pensaba en ello mientras tecleaba y reflexionaba sobre el porqué de “Metafísica” y de Andrónico de Rodas, la desidia de la vida, supongo…- De cualquier forma, si alguien quiere una reflexión más banal para poder seguir tachando a la moda de frívola, algo que comparto y detesto a partes iguales, Carine lleva acoplada a su hija, Julia, que no sé porqué pero ya no mira con los mismo ojos a Tom Ford. Será porque ahora todo es más natural y menos cuadrado, duro y negro.


Milla se presentó en la gala Amfar con una propuesta arriesgada que combinaba un sugerente escote que deja al descubierto la zona -erógena- de la espalda con una sugerente apertura hasta el muslo que recordaba a los antiguos Versace, los de Gianni. Milla me recuerda a las jóvenes díscolas de Cannes, a aquellas estrellas de cabellos rubios y vestidos cortos que recorrían la Costa Azul comprando y surtidas de porteadores con bolsas y, ellas parando el flash con usan enormes gafas de sol. Los buenos tiempos de Cannes.



Milla Jovovich acudió al Festival de Cannes con un estilo particular, que mezcla lo bohemio con el mítico chic francés, y se presentó en la fiesta de Dolce & Gabbana con un diseño que recordaba a cuando a Cannes no iba nadie para ver una película, sólo iban por las fiestas y por el lujo, recordaba a cuando Brigitte Bardot se paseaba setentera por la Costa Azul y a cuando el champagne regaba el Festival.


Si me ha gustado Milla Jovovich en el Festival de Cannes es porque no se traiciona. Sigue manteniendo su estilo francés, refinado, encantador, con toque personal y combinando looks arriesgados con un clásico savoir faire francés. Me gusta la versión setentas de Milla Jovovich con sus colores intensos, alocados, de starlette divertida y joven con un concepto de la fama efímero y divertido pero me gusta el lado femenino, chic y francés de la sutil Costa Azul.


Michelle Williams o cómo estar fabulosa en una Alfombra Roja sin necesitar veinte metros de tela, una belleza impresionante, un rostro perfecto, un cuerpo de infarto o un vestido de espectáculo. Un vestido sencillo, muy francés, recatado y femenino, que combina con su personalidad. ¿No les recuerda a Olivia De Havilland? A aquella actriz los trajes de Adrien, los ambientes glamourosos y los guiños y ademanes de mujer fatal le resultaban inútiles y, en cambio un sombrero ridículo y una valla de madera sacaban lo mejor de ella. A Michelle Williams, tanto espectáculo, tanto Dom Perignon, tanta starlette alcohólica, tanto fotolog con niñas de quince años drogadas, tanta repercusión de la Alfombra Roja le resulta ridículo, ella es Olivia. La nueva Olivia y, está mucho mejor que otras en chiffon.


Madonna o cómo pasar de ambición rubia de Gaultier a gataparda de Dolce&Gabbana con un idilio final con Chanel. En Madonna nada queda excesivo ni falso, es como si fuese precursora de cualquier tendencia y, al mismo tiempo, artífice de ella. ¿Llegará el twenties de Madonna o ahora se convertirá en deliciosa afrancesada? Madonna, francesa, de Alta Costura por Chanel, arrogante en la Alfombra Roja y siempre diva. Me encanta Madonna, me encanta Madonna, ¿A quién no? Porque ella fue crucificada, resucita a cada single, descubre cualquier diseñadora y siempre triunfa. Madonna. Sólo Madonna.


El Festival De Cannes ha cerrado sus puertas, recogido su Alfombra Roja y dado sus palmas de Oro; las estrellas se han dormido, agazapadas hasta el próximo espectáculo, hasta el próximo delirio que encierra el emburjo del tiempo pasado y la deliciosa y bulliciosa contemporaneidad. Antaño Cannes era Jackie Onassis, era lujo, era decadencia, era Alta Sociedad, era Alta Costura, era Moda Francesa, era Diva de la gran pantalla, era Hollywood dorado, circuito comercial y no tan comercial, era humo de los puros, estallido de burbujas, cascadas de flashes y glamour, elegancia y espectáculo. Ahora Cannes es otra cosa, ahora Cannes es esto. Cannes, Costa Azul, Alfombra Roja.

sábado, mayo 24, 2008

La Perversión


Anna Wintour lo ha vuelto a hacer. Crónicas de San Francisco reza el título, el subtítulo debería indicar “qué hacer y qué no para ser la perfecta dama de sociedad en los años 50”. Cuando en los años sesenta, los diseñadores entraron en una espiral febril sedienta de modernidad espacial, minivestidos blancos que convertían a la mujer en astronauta y prendas para vivir -veranear- en la Luna no eran capaces de entender -o proyectar- que el futuro es, sencillamente, una regresión al pasado y que, algo que ha pasado así desde el principio de los tiempos no puede cambiar por mucha Luna que se sea, muchos Iwanttobelieve o mucha cara oculta con fábricas norteamericas -sigh-. La diatriba lunar acabó pronto pero dejó su constancia en la moda creando una silueta única sin ceñir que se alejaba de las camareras con faldas voluminosas, gafas con montura de corazón y mascando chicle al servirte el café que sólo se llamaban Candy, Carolina o Cassidy. Ahora, volvemos a los cincuenta.


Vuelven las actrices descubiertas como camareras que pasan de servir huevos fritos en una cafetería con sillones de sky de color rojo y mesas de cuadros de ajedrez a ser estrellas de cine. Las animadoras de instituto pasan a ser damas respetables y la Riviera Francesa o las villas de la Toscana Italiana pasan a ser el lugar de vacaciones. Una carretera con curvas, un descapotable en colores pastel, un caballero con el rostro quemado por el sol y curtido por la edad con un atractivo inconmensurable y ella, vestida con un delicado conjunto de punto y un vestido blanco, con su cabello recogido por un pañuelo estampado. ¿Vuelve el romanticismo? ¿O vuelve el Hollywood dorado? Creo que no sé qué decir, vuelve hasta Indiana Jones…


Probablemente vuelva la pasión desenfrenada, el sexo con amor, la moda femenina y el cánon de mujer siempre perfecta. Si hubiese que poner nombre al culpable de la regresión, el estandarte sería Dita Von Teese. Es una señora que representa a una dama. Sueña con tener una lavadora nueva, peina a sus hijos con colonia, tiene un vestidor con un tocador de madera lacada en blanco y un gran cojín donde se calza, de color rosa empolvado, tiene perros de cincuenta mil dólares y va todos los domingos, religiosamente, a la Iglesia. ¿Perfecta? Quizás no pero lo parece y ésa es la clave.


Durante algún tiempo las mujeres tuvieron un fuerte conflicto con la moda que, bien mirado podría extenderse a sus orígenes. Primero, necesitaron otro tipo de ropa para afrontar la guerra, luego, necesitaron dedicarse al amor, al dinero, a los amantes y a la frivolidad; posteriormente la amaron en la escasez con “un único vestido” y la odiaron “con veinticuatro metros de tela del New Look de Dior” por antipatriótico, excesivo y frívolo y, luego la convirtieron en un símbolo de la cultura pop y, luego la maltrataron. La quemaron en forma de sujetador en los setenta, se apoderaron del “second hand” y del pluralismo multicultural y luego llegó Margaret T. y dijo que “eso de las mujeres sin bolso porque era muy femenino y aludía al machismo era un soberana tontería” y, ahí donde la ven, no se despegaba ni de su bolso ni de su maletín e inventó el emblema de la mujer con una mente para las finanzas y un cuerpo para el deseo. Ahora, la mujer se vuelve a sentir bien con la moda, tan bien, que la moda no sólo se democratiza sino que, la moda está de moda.


Ahora vuelve a sentir una renovada pasión por el consumismo, por la nueva femineidad y por volver a tener lo que ella deseó pero nunca reconoció. Porque al final la escena mítica del cine es aquella bofetada que le pega Glenn Ford a Rita Hayworth en su inmortal papel de Gilda y no al contrario. Al final, queda el “siempre nos quedará París” de Rick que la deja marchar porque sólo la quiere cuando no la puede tener. Y es que ahora se plantea si aquel capítulo de Sex And The City en el que Carrie era soltera y fabulosa con signo de interrogación ya no le parece tan divertido.


Para algunos quizás haya madurado, para otros, lo que ha hecho ha sido adaptarse a los convencionalismos de la vorágine de la sociedad mientras, el Todo Mundo, el Todo femenino la aplaude y el todo masculino la desea. ¿Mal negocio? Probablemente no lo parezca pero quizás lo sea. En fin, siempre puedes acabar como Grace Kelly y morir en la misma carretera con curvas en la que hablabas con Cary Grant, comías pollo y un pañuelo ceñía tu melena para no alborotar su idílica y bucólica perfección. ¿Sería la Princesa Grace Kelly un aviso para todas las mujeres del mundo? Quizás quiso alertar de que el convencionalismo te destroza o, quizás murió en su sueño. ¿Quién sabe?


Quizás el convencionalismo en el mundo real sea acudir a una fiesta con un vestido negro. Vale, es perfecto pero todo el mundo va así. Y eso no es bueno. Por mucho que digan que es precisamente eso, que todo el mundo tiene uno, el motivo por el que es perfecto. ¿Todas las mujeres se casan, tienen hijos y se hacen la manicura con laca de uñas roja? No pero, ¿cuántas no quieren tener una casa con perro y un pequeño jardín y cuidarlo ellas? Muy Hola, más que Vogue Living pero bueno. Un sueño.


Además del problema de la moda en el cine y en la televisión con series -ahora película- de Sexo en Nueva York o Gossip Girl. ¿Es reseñable añadir que vuelve Sensación de Vivir? Como diría mi madre: “ricos, muy ricos, famosos, con mucho estilo y que han pasado su vida preocupados porque no se les cuarteé el esmalte de las uñas o porqué la hebilla de su cinturón ciña el vaquero a la perfección”. Sí, de esa generación que llama al servicio por su nombre de pila y que cree que respeto y rectitud es algo negativo. Las distancias de la cortesía y la educación tienen un porqué. Es como cuando Isabella Blow decía que se ponía esos tocados descomunales para que no la besase todo el mundo porque “ella sólo besaba a quien quería”. Grande. Ya no queda gente así. Lo que sí queda, es gente que quiere ser rica y famosa. Y que quiere ver a otros que también lo son. ¿Ser, Parecer, Ver? Moda.


Los ricos y famosos de ahora son como el resto de tribus urbanas. Si los neonazis llevaban Doc Martens, si las polianas pijas de Nueva York llevaban una hebra de perlas al cuello, si las estrellas de cine iban envueltas en visón y aferradas a un joyero de cocodrilo, si la Jet Set lleva maletas de Vuitton. Los ricos y famosos, el sueño de Vogue USA, el anhelo es una vida de Louis Vuitton. O lo que es lo mismo, si Audrey Hepburn desayunó en Tiffany, ellos quieren vivir con Givenchy y comer en Chanel. ¿Divertido o decadente? Vuelven y, eso es lo que cuenta. Bueno, y que Anna Wintour lo sabe. Y nos hace vivir en un sueño.


Él es el único posible. El hombre. Nada de Jean Paul Gaultier, histerismos de Dolce & Gabbana o modernidad de manual por Slimane. Normalmente es Savile Row, ahora es Tom Ford. Los tiempos cambian pero seguimos deseando lo mismo. Seguimos deseando una mirada sensual pero no sexual, un humor ácido, un toque elegante, una promesa, una carcajada, el humo de un cigarro a punto de encenderse y una mano por encima del hombro que acabe con un beso prolongado.


Porque al final, después de un asedio feminista, después de renunciar al amor, entregarse al sexo, inspeccionar la perdición… Descubre que no se puede investigar la perversión sin sumarse a ella, al final fuma, bebe y se dedica a la indecencia pero. ¿A quién le importa? A nadie. Fin, The End en negro y con las letras en firme cursiva blanca.

miércoles, mayo 21, 2008

El Monstruo. Manual De Cómo Vivir La “Moda”


Porque en Estados Unidos también hay. Porque en Estados Unidos, el territorio de Anna Wintour, de Vogue USA, de Ralph Lauren, de Tommy Hilfiger, de Donna Karan, de Carolina Herrera y de The Sartorialist también hay mujeres que se intentan hacer pasar por damas. Princesas de Manhattan las llaman aunque, como todo el mundo sabe, las princesas sólo lo son de Europa porque, ¿puede ser el príncipe verde -el dólar- el nuevo príncipe azul? Quizás sea una mala pregunta pero bueno. Estados Unidos tiene pequeñas y grandes burguesas que se quieren hacer pasar por princesas y, Europa tiene nobleza que solo ansía poder tener lo mismo que las burguesas. ¿Se intercambian las parejas (de príncipes) las damas de la Jet Set y las del Todo París? No. Pero no porque no las gustase o, apeteciese.


La cuestión es que en Estados Unidos si no te casas de Vera Wang, no eres nadie y si no tienes una casa en Park Avenue (de las que hay que tener el triple en efectivo -no en inmuebles o inversiones- del precio de compra y pasar un examen de los vecinos) y hueles a Chanel Nº5 y eres segunda esposa adherida a un collar de perlas, no eres nadie. Por eso, y por otras cosas, Vera Wanh saca su nueva fragancia: Vera Wang Bouquet para esa ultratribu urbana dedicada a todo y a nada. Dedicada al Prozac. ¿Cómo aliviar mi deseo de culpa por no cuidar a mis hijos y, mi culpa por no tener niñera que cuidarles siempre? Prozac. Creo que Prozac es mejor que Chanel. Sí, probablemente.

Quiero decir que marcas como Vera Wang hay una biblioteca entera y que, se dedican a lo mismo. Ropa bonita, sin pretensiones, para mujeres ricas con buen gusto que buscan estilo a buen precio -alto, se entiende- de una marca con renombre que sea contemporánea para entenderlas pero que comprenda lo que es el pasado y la elegancia perdida y no recuperada del tiempo perdido. Y ésa es la fórmula. Jersey de cachemire a modo de twin set en tonos pastel con una hebra de perlas al cuello, pantalones deportivos de Chanel y zapatos de seiscientos dólares. Ellas tienen un código de lenguaje personal a través de la ropa. Antes quizás tuvieran el mejor ojo rastreando un mercadillo, ahora tienen personal shopper y, aunque no cuidan de sus hijos, hacer caridad con los ajenos. ¡Qué tierno!


Las más ancianas -¿esto puedo decirlo o es una palabra vetada?- bueno, vale, la matriarca tiene la piel de detrás de las orejas tirante como un caimán y no puede exponerse al sol porque se ha pasado media vida pagando los excesos de cuando no tenía apellido (que valiese la pena, se entiende). Ella fue la dama del baile de debutantes, soñaba con coches de charol ingleses y cortinas venecianas en el salón y no se molesta en fingir que las clases sociales existen. A ver, ella tiene doncella que la viste; peluquera que la peina; camarera que la sirve; criada que la atiende; entrenador que la cuida; niñera que la sustituye; psicólogo que la alivia; masajista que la atecla; personal shopper que la compra; reunión a las cinco en el Salón de Té y ama de llaves. Ella es la mujer Vera Wang.


Sus iconos son Grace Kelly y Jacqueline Kennedy a partes iguales. A Grace Kelly la tiene envidia por ser actriz, estar con Cary Grant y, sobre todo, por ser princesa. A Jacqueline Kennedy por su estilo, su grandeza, su nobleza y su leyenda. Sabe de Chanel lo justo: talla cero (uno como máximo), invierno y verano en París para Alta Costura y Pret á Porter, Chanel Nº5 para dormir y para vivir y el 2.55 como emblema. Probablemente sea la persona que más sabe de moda del universo. ¿A quién le importa Chalayan, Vionnet, Fortuny o Poiret si ella puede vivir -literalmente- en Chanel?


Sí, necesita comprar Vogue cada mes para doblar las páginas que contienen prendas que va a adquirir. Necesita tener lo que a Anna Wintour le gusta llamar “sus imprescindibles”; “lo que no puedes no tener” o “¿Qué necesitas ésta temporada sí o sí?: Porque ella no dicta la moda, tampoco es que la siga pero, si hace algo es que la compra. No es que no la guste saber de moda, no es que no tenga un estilo personal es que ¿Por qué ser única cuando puedes ser de un grupo? O lo hace por desdicha y despecho o, es el ser humano elevado al cuadrado en humanidad. Como el sentimiento no es lo suyo, debe ser frivolidad.


Frivolidad de la buena, además. ¿Estás en su casa para robarla el marido, armario, servicio o hijos? Pero, por ése orden. Nunca entenderá porqué Versace es exquisito en su tremenda vulgaridad, porqué Balenciaga es -sencillamente- el maestro o porqué el 2.55 expira la leyenda, el mito, el monstruo, el icono de Chanel con cada pespunte. Jamás entenderá porqué Scott Schuman, porqué el neomodernismo y el postmodernismo o cual son las razones de la vuelta a los setenta, del retomar casas del olvido o de contratar jóvenes talentos que fenecen en un segundo y son intercambiables sin valorar el legado, la esencia del genio. Jamás lo entenderán pero, si algo hacen es desayunar en Tiffany, comer con Chanel, cenar con Valentino y acostarse con La Perla. ¿Quién sabe más de moda? Quien la vive.

lunes, mayo 19, 2008

La Abeja Reina De La Moda


Dicen que el mundo americano (La Alta Sociedad, se entiende) puede dividirse entre las mujeres que son sacrílegas a Chanel y las que prefieren algo más americano, algo más tarta de manzana y bandera americana. Anna Wintour, La Mujer De La Alta Sociedad, en mayúsculas, adora a Karl Lagerfeld y ha transferido su papel de dama de Chanel a Musa y a guardiana y custodia. Los peinados del desfile crucero de Karl Lagerfeld para la legendaria firma francesa eran el imitado y popular bob de Anna, el corte de pelo que una muchachita de catorce años que dijo al mundo “O sabes de moda, o no” escogió como signo de identidad, del mismo modo que Chanel decidió no depilar -al principio de su vida- sus cejas o Madame Bricard llevaba un pañuelo estampado en leopardo a su muñeca. Ahora, el corte de pelo más famoso de la actualidad, de la leona del mundo de la moda, diablo, hada madrina de los jóvenes creadores, cazatalentos y creadora del lady like, ha conquistado a la mujer Chanel o, lo que es lo mismo, a la parisina y ha conseguido que la moda se rinda, una vez más, a sus pies.


Aunque no es la primera vez que la Reina De Las Nieves, la Abeja Reina De La Moda, impone su voluntad sobre la pasarela. Sí, en Estados Unidos también pasa. De una temporada para acá, cuando el nombre de Anna Wintour comenzó a ser conocido por el gran público y cualquiera se atrevía a ver y comentar, y hablar y frivolizar, y maldecir y dar a conocer su gran a) pasión b)gusto c)conocimientos sobre la moda, la editora más famosa y con más repercusión mediática, la mujer que se ha dejado devorar por un personaje al que adora, ha impuesto su estilo en la pasarela. Muchos se preguntan porqué si Anna Wintour es una dama, una señora pero, su estilo personal, es -¿cómo decirlo? ¿Cómo explicarlo?- (…) es maravilloso pero, ¿es el mejor teniendo un armario de firmas y poseyendo al mundo de la moda? No. Pero, no citaremos otros nombres.


Hace años ella fue responsable del lady like. Cuando los percheros se llenaron de faldas, vestidos años cincuenta, carteras de mano, salones, bolsos de cocodrilo y collares de perlas. Quien tuvo la culpa fue ella. Si ahora alguien se pregunta, quién ha lanzado la tendencia del cabello con corte bob, aunque algunos -sigh- (repito -SIGH-) crean que ha sido Victoria Beckham, la señorita Victoria Beckham, sólo ha copiado a Anna Wintour. Sinceramente, para Anna Wintour ser musa era un paso natural, quizás no sea una musa eterna de Chanel pero ha servido para que Karl Lagerfeld la haga un rendevous por ser siempre una fiel seguidora de sus desfiles, lucir siempre sus diseños y amarle sobre todas las cosas como sólo se puede amar a Lagerfeld.


Yo creo que en el fondo se odian. Ella con un ego gigantesco, él, capaz de escribir su propio epitafio y bailar sobre su tumba y, la leyenda de Chanel por el medio. ¿Quién pide más? Y es el odio el que les une. De todas formas, si el Diablo le ha hecho ganar a Prada muchos ceros, Karl Lagerfeld puede estar tranquilo midiendo cuánto ocupan las páginas que hablan de Chanel en Vogue; son muchas. A Anna Wintour la encanta. Si a Valentino le enterrarán en una máquina de sol de rayos UVA, a Anna Wintour la envolverán en un Petite Robe Noire de Chanel y, si nadie dice nada, puede haber hasta fiesta. Todos enlutados y ella, con gafas. Puede ser divertido. Un poco morboso, pero divertido. Anna, la novia en el enlace y el muerto en el entierro. Aunque yo creo que Karl y ella morirán a la vez.


Ella será algo más tirana que Mona Von Bismarck cuando se enteró del fin de Balenciaga y, o manda comprar todas las existencias de Chanel o le pone a Karl Lagerfeld una leyenda negra. O atraviesa su corazón con un puñal, o una camelia o se ahorca con la cadena del 2.55. Ya me lo imagino, el collar de perlas queda estrangulado por el tweed enmarcado en la cadena dorada que cuelga del techo, la señora Wintour sólo se ha descalzado para morir y, en vez de sangre o hielo (eso depende de si se la considera humana o diablo) cae un torrente de Chanel Nº5.