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viernes, marzo 28, 2008

¿Por Qué No Más Diana Vreeland?


Hace años que Diana Vreeland, la moda en sí misma y diva con letras mayúsculas, escribía una columna que se titulaba ¿Por qué no? dónde proponía estrafalarias, satíricas, irónicas y descabelladas propuestas en las que conjugaba actualidad, encanto y moda con ironía y sarcasmo. ¿Por qué no le pones mermelada de frambuesa a tú té helado?, ¿Por qué no pintas un mapamundi en la habitación de tus hijos para que no tengan un punto de vista provinciano?, ¿Por qué no forras el cabecero de tu cama de seda amarilla para que vuelen mariposas en él?, ¿Por qué no llevar mitones violetas con todo tu ropero?, ¿Por qué no pedir a Elsa Schiaparelli un cinturón de celofán con tu nombre y teléfono?, ¿Por qué no una alfombra de piel de leopardo en el baño y otra beige en tu silla?, ¿Por qué no? Ésa era la mujer. Ése es el mito. Esto es moda.


Diana Vreeland es conocida por tener un color en su haber, el navy pink que, en palabras de su definitoria es el azul marino de la india, brillante, exquisito, femenino. También por estar retratada en el personaje de la directora tiránica que “Ve en rosa” de Funny Face que, encuentra su contrapunto en el Avedon del film y con la modelo por excelencia, en todos sus tópicos, Dovima. Además de por ser, una de las pocas mujeres que, dirían frases para la posteridad. Ella dijo: “No temas ser vulgar” y, “Demasiado buen gusto, aburre”.


Al principio, estas sentencias pueden resultar, como poco, curiosas. Lo cierto es que son acertadísimas. ¿Cuándo fue Chanel elegante o lo suficientemente reconocida? Cuando todo el mundo vestía igual que ella porque, antes, ella reconoció que, tuvo que soportar muchas carcajadas. Diana Vreeland no era la más elegante, tampoco la más sofisticada y distaba, mucho, de ser la más bella pero era como Elsa Schiaparelli o como Coco Chanel, mujeres que a pesar de no haber sido verdaderas bellezas, tenían algo, el je ne sais quoi francés, allure, encanto y un poder fatal. Como diría Poiret a Schiaparelli “Una mujer como usted no se preocupa por esas cosas (…)” O, en el otro extremo del mundo, ¿Cuándo cansa una casa pulcramente arreglada, con ramos de rosas de té y una dama y señora -o no- con collar de perlas, bolso Chanel y que sigue el esquema de “soy una mamá muy sencilla con mis pantalones deportivos pero imponente con unos zapatos de cuatrocientos dólares? Al minuto y, eso es porque es perfecto. Quizás sea por eso por lo que Diana Vreeland dijo “Pinta cada una de las puertas de tu casa de los colores de una flor. ¿Qué te vas a cansar de ellas? De eso se trata”


Ahora se echa mucho, muchísimo, de menos a Diana Vreeland y a Carmel Snow. A Diana más, por ser una diva de esas que hay que escribir con mayúsculas, con tinta dorada que no se borra con el paso del tiempo. Diana Vreeland era una verdadera dama, de la generación de mujeres que vieron trabajar como algo divertido pero, una dama fascinante.

jueves, marzo 27, 2008

Carla Bruni, Distinción Francesa


Carla Bruni es una de esas mujeres que triunfaron en los noventa en el clan de las chicas vitamina o las top bombón. No era Claudia, no era Eva, no era Naomi y no era Linda pero era una refinada modelo afrancesada con un toque de artista y cultural musa de la elegancia. No era una dama de belleza típica, una femme fatale ni una diosa escultural pero Carla Bruni era una sensacional maniquí, sobre todo, muy femenina y de una belleza etérea. La pasó algo que a todas las modelos las suele pasar, en un momento de su vida cambian y abandonan la frivolidad por la (pseudo)intelectualidad, fue entonces el momento de Carla Bruni cantante, magnífica en aquella oda a la cotidianeidad con “Quelque´un m´ a dit” y, luego llegaron sus romances que, se pueden ilustrar con una divertida anécdota entre ella y Karl Lagerfeld. Ella, le preguntó “¿Por qué no he sido nunca novia en Chanel?”, Lagerfeld, serio y con media sonrisa la respondió con un “No pareces una virgen” y, ambos rieron; y vino su amor por el Presidente de Francia, Sarkozy. Bella, radiante, Carla Bruni. Y, llegó el escándalo.



Lo que ha hecho Carla Bruni en Francia es un tributo a la elegancia despreocupada y al encanto chic del intelectualismo afrancesado. Si Yves Saint Laurent diseñara, Carla Bruni pasearía por la Rive Gauche del maestro y vestiría un sencillo y sobrio diseño de existencialista de color negro, una sahariana para pasear por Sudáfrica y el vestido de cóctel del Mondrian del maestro Yves. Pero Saint Laurent ya no está y Carla Bruni aun no es Jackie Kennedy. La Primera Dama de Francia, sí es la Primera Dama y no se escandalicen ustedes que Grace Kelly fue princesa y murió en la misma carretera en la que bebió el último martini con Cary Grant, prefiere Hermés. Un tributo a la elegancia clásica y una negación contemporánea del arribismo. Un toque de Dior y algo de Chanel. Pocos lo conocen y, ahora algunos lo han olvidado, pero ella fue nombrada la mejor vestida en 1994 por Vogue. Yo, aún la espero.


Para el día, la que fuera modelo y ahora jarrón de porcelana de Francia o, próxima DuBarry -¿Quién sabe?-, ha escogido un look basado en la sencillez del negro. Quizás demasiado sport chic para ostentar un cargo protocolario pero, muy a juego con ese encanto discreto de Carla Bruni. Aunque, como hemos podido ver en apenas un mes, el estilo de Carla Bruni se va definiendo. Ha acabado revisitando el estilo de Jackie Kennedy, algo común entre las primeras damas, con un conjunto en moiré y lana de color gris de Christian Dior combinado con un exquisito bolso de mano y un tocado a juego de color gris. Bien, Carla, muy bien. Espectacular y muy elegante. Lo que no tenía Carla Bruni era un cuerpo de infarto ni un rostro que te giraras a mirarla por la calle, lo que Carla tenía era clase, porte y elegancia. El chic francés y el allure erótico de dama. Distinción es la palabra de Carla.


Como recomendación personal, un look basado en su estilo, aristocrático, refinado y conceptual. Para la mañana, trajes de chaqueta de color gris, desde el gris perla hasta el aristocrático marengo, y, también camiseros y faldas plisadas de gabardina y sencillos conjuntos de punto, del color nata montada al tierra batida célebre de Chanel, combinado con bailarinas (Carla, un cruce locuaz entre Jackie Kennedy y su pasión por la comodidad, Audrey Hepburn y Jane Birkin con la anécdota de la Reina Noor posando con su marido en distintos escalones del Palacio) y bolsos de mano de Hermés y, el toque de gracia del 2.55 de Chanel. Por la tarde, en otoño el look casi filosófico de Saint Laurent, pero con Pilati y con un tono agresivo pero muy femenino; en invierno, la elegancia austera de un diseño negro de Balenciaga, con privilegios de forma y contenido por Ghesquiére; en primavera, el look marinero de Gaultier (ella se confesó devota en sus tiempos sobre la pasarela y, Gaultier la adoraba) con accesorios de Chanel y algún ligero conjunto de punto con pañuelos de seda de Hermés; en verano, algo de lujo auspiciado por Valentino, vestidos de cóctel, sencillos blusones holgados y vestidos de la Provenza y un toque de la Costa Azul.


Para la noche, Carla Bruni ha escogido diseños de Hermés, la misma marca que diseñó el vestido, aún desconocido, de su boda con Sarkozy en tonos púrpura un tono que, encaja a la perfección con su tez de porcelana. En Inglaterra, ya la han coronado como la nueva Lady Di, título que Sarkozy ha aplaudido y, los tabloides y los periódicos han hecho gala de flema inglesa con un “Francia:1, Inglaterra:0”. Carla Bruni estaba, no hay otra expresión, radiante. Quizás algo estereotipada pero, soberbia y sofisticada. Encanto francés y deformación profesional de supermodelo para los posados mezclada con un plausible savoir faire.


Más Hermés y más Dior ha lucido en Inglaterra, vestidos vaporosos y fluidos, con un toque años 50s y que recuerdan al corte de los diseños de Oleg Cassini y al Balenciaga de los inicios además de a los trajes de noche, rectos de Givenchy. Tonos oscuros para la bella Carla. Quizás a Madame Bruni, o también llamada Primera Rama Chic y Oh La La Madame Sarkozy por los tabloides ingleses, deba llevar alguna joya más importante pero, lo cierto es que está fantástica. Algunos hablan de que Carla Bruni tiene una manía o, una obsesión de estar pendiente del flash, deformación profesional claro. Pero, está radiante.

miércoles, marzo 26, 2008

La Parusía


Vuelven las supermodelos, vuelven las polémicas, vuelven las damas, vuelven las mujeres, vuelven los setenta, vuelve lo liviano, vuelve el chic, vuelve lo francés, vuelve el encanto, vuelve la lujuria, vuelve el color beige, vuelven Los Hamptons, vuelve la tortura erótica del tacón, vuelven las largas melenas, vuelve la femineidad. Eso dicen.


Están las Cory Kennedys, los modernos, los dioses amantísimos del fotolog, las polémicas, los adolescentes, lo vulgar, el sexo, el porno chic, el flúor, lo obvio, las poses naturales fingidas, el trío de bailarinas, Converse y Victorias, el bob (alzado por Wintour y maltratado por Beckham), el falso ego y la excentricidad de la diferenciación homogénea.


Se fueron los genios y llegaron los mediocres. Se fue el ingenio y llego la comercialidad. Se fue Balenciaga y llegó Ghesquiére. Se fue Chanel y apareció Karl. Se fue Carmel Snow y Diana Vreeland y aparecieron Wintour y Carine Roitfeld. Se fue Dior, se fue Saint Laurent, se fue Valentino y llegaron otros que no eran ellos (Facchinetti, ejem, ejem). Se fue Rabanne, se fue Courreges, se fue Ungaro y no llegaron otros o llegaron pero como si nada. Se fue Mugler, se fue Claude Montana, se fue Gianni Versace y llegó Donatella aunque hubiese sido mejor que no hubiese llegado.


El problema de todo lo que se fue y ahora vuelve, de todo lo ido y posteriormente regresado, de todo lo olvidado, lejano y perdido es que ya fue inventado, reinventado, descubierto y popularizado. El problema es que ya hubo modelos adolescentes, que no eran guapas, que no eran femeninas pero que eran hijas de la contemporaneidad, como Twiggy; el problema es que ya hubo rupturistas que adoraron y maltrataron al sexo como Viviane W. y nadie necesita a Tom Ford o al pervertido genio Terry Richardson para descubrir el lado más sexual del sexo y, también el más vendible en revistas de alta gama y para mujeres de Alta Sociedad. El problema es que ya hubo genios no comerciales como Rabanne que miraron al futuro, el problema es que ya hubo modistos arruinados, olvidados y sumidos, aunque como genios, en el injusto filtro de la historia, el problema es que ya hubo maestros de la comercialidad como Cardin o como Dior (en su etapa de euforia de las licencias), el problema es que ya hubo antes musas, el problema es que ya hubo elegancia. El problema es que ahora no hay genios. Sólo hay una parusía.


Pero aquello volverá, volverá el lujo, volverá la pasión, volverán las supermodelos, volverán las golondrinas a tu balcón aunque, aquellas que conocían nuestros nombres, ésas, no volverán. Volverán…

martes, marzo 25, 2008

El Nuevo (Y Viejo) Boho


Ella, Kate Moss, la omnipresente llega a Vogue París. Si alguien no la había visto antes, la chica it por excelencia, la mujer que ilustra el término, llega a las páginas de la alabada Carine Roitfeld con ése estilo que la ha hecho tan popular. Pocos saben que Kate Moss, ahí donde la ven, tiene estilista y que esos consejos que da, esas prendas que vende y esa imagen es, poco menos que, prefabricada. Aún así, todo el mundo la adora. Y, la pregunta es ¿Cómo no? pues claro, porque ella es modelo, drogadicta, aparece en prensa rosa y amarilla, es delgada, está en “la onda” (tanto que ella es la onda), es la mejor vestida, es un icono, su rostro le conocen todos, sin excepción, acapara portadas, tiene línea de ropa, está en todo, conoce a todo el mundo y todo el mundo la conoce. Y es una mujer de un estilo, y ese estilo está de moda.


Kate Moss es, según ella, una fanática del desorden chic. O sea, que cualquier prenda que lleva puede estar sacada de un mercadillo (Portobello), de un outlet o una tienda vintage (segunda mano o “second hand”) o directamente de una pasarela. También es importante saber que eso supone no peinarse (es un concepto que me fascina y me horroriza a partes iguales y, es tan peligroso como chic), no maquillarse, no preocuparse. También es importante añadir que uno coge lo primero que ve, pero lo primero que ve Kate Moss es una pila de ropa escogida por su estilista (para el resto de los mortales esto no es (tan) válido ni (tan) real) y escoge de esa pila, lo primero que ve. La sentencia de Kate es cierta siempre que entendamos lo incluido entre paréntesis. Otra cosa es que ella puede ir en tirantes, sandalias y shorts hoy como si fuera pleno verano y, mañana con abrigo de pelo de mono, botas negras de flecos y bufanda extralarge. Sí, la vida es así y, supongo que es como el dicho inglés: “En Inglaterra no hay clima, hay tiempo”.


En cuanto al estilo del reportaje, Emmanuelle Alt de por medio, es una mezcla de la última tendencia de la pasarela, un toque americano Ruta 66 y el je ne sais quoi francés. Es un concepto de plena actualidad que revisa el naturalismo, la influencia de los setenta y la decadencia del estilo “perfecto”. Aquí ella fuma, no mira a la cámara y no siempre pone su pose típica, para unos cansada y reiterativa y, para otros todo un legado. Naturalismo bohemio podríamos decir, muy luminoso y muy plástico.


El reportaje ha sido muy aplaudido, es uno de los platos fuertes de éste verano. En Balmain, princesas rock, delirio hippie y WoodStock, los setenta están de moda. Los setenta es una década poco explorada por la moda, llega Saint Laurent con África y Kenzo con Japón y el multiculturalismo y la fantasía comienzan a ahondar en la sociedad. Ahora se llevan chalecos de pelo afganos, largas faldas gitanas, ponchos sudamericanos, los flecos hippies, las camisas hindúes de estopilla, la marihuana, la fantasía y la psicodelia. Y antes también, en los setenta. De hecho el Nuevo Boho es, literalmente el concepto de los setenta de “Libera tu mente y, después tu ropa”.


Con verdades como el “Segunda Mano” ya no es “Segunda Calidad”, como la moda es una mezcla de “Informalidad, fluidez y fantasía”, como que las estrellas del pop marcan tendencia, como David Bowie, como el “cada uno era libre de elegir una miríada de estilos” o como el nacimiento y desarrollo de las alternativas económicas a la ropa de diseño. Sí, el renacer de los setenta. Todo vuelve. Se lleva hasta la época oscura de la moda. Y, si lo miras bien… Vuelven hasta a quemar sujetadores. Si antes lo hizo Jane Fonda, ahora lo hace una legión de celebrities que, queman (sí, ¿creías que eran simples y tontas y sólo buscaban escándalo? -Sigh- No. Es una forma de protesta.) su ropa interior. Y, sí. Ésta también es una década que huele a droga aunque no sea tan poético decir que, como los setenta, era un suspiro de marihuana transformado en el cromatismo del concepto de la psicodelia. Mírales bien, Marc Jacobs, tras la rehabilitación ya no es nadie, (hasta una gorda con un rulo y con papada) Suzy Mekes, se mete con él, el que antaño fuera el genio que sucedería a Karl en Chanel. Sí, Kate Moss esnifa coca, sí, Amy Winehouse, heroína; sí, Mischa Barton bebe y fuma marihuana y, Carmen Kaas bebe una botella de vino antes del desfile y, por cierto, Naomi te pega.


Luego, los setenta vuelven. Vuelve el boho pero pasado por un tamiz nuevo. Vuelven las modelos corrientes y molientes que todo el mundo adora y que son el alma de la fiesta, vuelven los vestidos largos, la cazadora de cuero, el lado oscuro de la moda, vuelve el no leer Vogue y leer VogueParís porque ahí, Carine Roitfeld, sabe que los nuevos visionarios no leen Vogue por demasiado frívola pero leen su publicación porque les entiende. Porque a ellas y a ellos ya no les gusta el collar de perlas y la colonia de vieja escuela como Polo o Acqua de Gio. Ahora vuelve lo que se fue. Y, por cierto, vuelve divertirse y no fotografiarse divirtiéndose. O sea, que, mueren, poco a poco, los fotologs. Aunque, como todo, tardará en imponerse. Eso sí, dale un poco de tiempo y verás a los que hoy visten House Of Holland con vestidos ligeros y camperas. Sí, porque la vida es así y, la moda es cruel. Un consejo, borrad el historial. Es casi erótico, y patético. Me encanta lo cruel que es la moda.

lunes, marzo 24, 2008

Su Majestad, El Adolescente


La furia consumista y la jauría de fieras poderosas de los adolescentes se despertó en los cincuenta. En aquella década maravillosa en la que Balenciaga compartía cartel con las amas de casa, ¡tan naturales!, con delantales desprendibles de color blanco y un cardado (muy, muy alto). Ahora, los adolescentes viven un segundo matrimonio con la moda. Sí, se empezaron a conocer en los cincuenta para jugar a los bolos y para tomar batidos de chocolate; coquetearon en los sesenta con la minifalda y cometieron algunos actos impuros con Biba y Viviane W.; en los setenta se divorciaron de la moda; en los ochenta la amaron, vivieron en Studio 54 y acabaron mal, muy mal; en los noventa se volvieron a conocer y se odiaron al mismo tiempo, ¿reconciliación?, con aquel deja vú de Calvin Klein y Armani y aquel odio a morir en Manhattan enterrada con unas zapatillas de deporte y; luego en la década sin nombre llegó Friends, llegó Sex And The City y Gossip Girl y el mundo les amó y ellos se casaron.


Ahora tienen colecciones especiales, publicaciones especiales y prendas especiales. Bien, todo el mundo sabe que no todos son Blair Waldorf y Serena Van Der Woodsen por lo que Teen Vogue, ¿O lo que es lo mismo Anna Wintour en versión púber?, ofrece una versión Do It Yourself para conseguir lucir todas las tendencias de la temporada sin tener que “invertir” (siempre invertir, nunca comprar) una fortuna. Sí, Marchesa y C. Kane, sí, House Of Holland y Agyness Deyn. Debe ser muy extraño ir a comprar a la vez que manualidades para el colegio algo con lo que hacerse un vestido. Pero, aquello es América.



Esos niños precoces, no son apasionados de la moda, ni siquiera les gusta, tampoco les encandila, ni mucho menos. Sólo les gusta la ropa y buscan marcas. Veamos, por medio dólar puedes conseguir vivir un sueño. Un toque de Chanel, polvos de Dior, zapatos de tacón de Gucci y una cartera de pitón; un baby doll de Marc by Marc Jacobs, un abrigo de Michael Kors, un charm de Juicy Couture; una camiseta de House Of Holland, unas Converse All Star y el pelo rubio oxigenado. O un toque Los Ángeles, o el aire desinhibido de San Francisco o un toque cosmopolita neoyorkino. Están desesperados por las marcas.


Bueno, no son ellos los culpables. Es todo un séquito de marcas, de nombres, de series, de diseñadores. Primero llegan las “otras” marcas, que si Marc By Marc Jacobs (que por cierto tiene unos vestidos que son una monada aunque a mí las mujeres vestidas de mujer) que si un tándem llamado Olsen, que si la etapa (pre)Gossip Girl(post) o que si Karl Lagerfeld coquetea con Carlota C, con MK Olsen y con Ashley Olsen, que si están las Zoebots en todos los Vogues, que si la moda llega a los adolescentes, que si el poder del fotolog. Y les echan la culpa. Eso sí, es una aberración. Y, al mismo tiempo es genial.

domingo, marzo 23, 2008

Luces, Cámara, Acción


Es la década de la moda visual, se vende lo que se ve, sin más análisis y ésa es la clave. Antes era Sex And The City, Carrie y sus amigas y, ahora es Gossip Girl, el Upper East Side y sus amigas. Antes, mucho antes, fue Dinastía y Luz De Luna y, antes, muchísimo más atrás, fue Chanel viajando a Hollywood para que la gente viese moda, moda con mayúsculas en la gran pantalla. Ahora es más de lo mismo, las adolescentes se fijan en el estilo despreocupado, juvenil decadente y arribista de la Clase Alta de Nueva York, algo de la vieja escuela (Ralph Lauren), un toque americano (Michael Kors y Marchesa) y un instante de dispendio italiano (Gucci), la vieja Europa (Burberry) y el siempre recurrente chic de París (Chanel). Pero si alguien pensó que Sexo en Nueva York suponía un capítulo cerrado en la historia, no sólo de la moda, estaba equivocado. Todo vuelve, hasta las hombreras y, Sex (Fashion) And The City también. Ahora Carrie, si antes ya tenía un ropero inexplicable, vuelve con Costura de Dior y Chanel. Más adulta, menos sexo, más moda.


Patricia Field, ¿Alguien creía que era Rachel Zoe la chica de moda? (quizás fuera de la pantalla porque dentro es la mujer del cabello rojo), vuelve con ganas de conquistar el mundo. Un espectáculo para la moda dicen aunque, la pregunta es ¿no es la serie una excusa para la moda? Ahora hay hordas de fashionistas que adoran Devil Wears Prada, que sueñan con Vogue y que quieren ser Miranda Priestly; ahora las supermodelos (¿Puedo reír?) se pasean, se desnudan y se caen en la televisión; ahora las colegialas visten de Chanel. El problema es que el filtro de la actualidad de la moda supera la pantalla. La película permanece, la historia permanece, el personaje permanece y, más cuando ha alcanzado ese nivel, pero Patricia Field las viste con la última moda, prendas salidas de las colecciones de primavera verano, del reciente otoño invierno y las fashionistas perecen. ¿Pero no debería apostar por definir la personalidad con las diferentes prendas?



Aquella verdad casi olvidada de Viviane W. que decía “Eres lo que vistes”, aquel legado de sexo, acción, moda y pasión e ira casi decadente. Porque veamos, ¿No es Carrie la amiga fiel, la amante, la esposa, la mujer imperfecta perfecta? Sí, es ella. Entonces no la dejes perecer por una insignificante tendencia. Vístela de Balenciaga, líneas puras para la conciencia; adórnala con el surrealismo de Schiaparelli, para el exceso por el exceso, Viviane Westwood y hazla que coqueteé con la Alta Sociedad del Lanvin para princesas de Alber Elbaz. Porque la moda es aquello, es pasión y es personalidad.


Por eso antes veías a Ava Gardner enfundada en aquella orgía de leopardo y veías la mujer y la pasión, veías a Marilyn Monroe con aquel traje blanco, inocente e icono sexual, en las rejillas del metro volando con su falda o, veías a Audrey Hepburn pasear, melancólica por Tiffanys con aquel vestido negro y aquella figura recta, tímida y solitaria te atraía y te atrapaba. Ahora sólo ves prendas, ves accesorios caros. Ves, en el fondo, disfraces.


Por eso, Chanel dijo “Quien ríe tiene razón”, “Si las amas de casa ríen, cámbiate” Por eso, Carrie Bradshaw es el telón de fondo para vender logo. Pero no es la dama de verdad, es un maniquí. ¿Y era ella un maniquí o era un ídolo? Quizás, parafraseando a Shakespeare, ésa es la cuestión.

sábado, marzo 22, 2008

Ámala, “Sólo Es Moda”


Oscar Wilde dijo que había que amar a las mujeres, no comprenderlas. A la moda la pasa lo mismo, sólo hay que amarla, no hay que descifrarla. Porque por muy bello que sea un vestido, es eso, un vestido. Por muy bello que sea un bolso, es cuero cosido. Y, ahí está la magia. La magia está en el que ama lo que es sólo un vestido como si fuera un emblema, el que ama la Costura, las costuras, el delante y el detrás que diría Chanel. El secreto, la apariencia y la verdad. La mentira, la comercialidad. Lo dominado, lo desconocido. El misterio, la magia y el encanto.


Cuentan que Chanel decía cada colección que la iba a matar, hasta que lo hizo y que, bien mirado, es terrible morir por una Costura, morir, aún peor, por una sisa. Cuentan que decía que la prenda perfecta es bonita por dentro y por fuera y que era tal su perfeccionismo que, la mayoría de días acababa cosiendo ella misma las prendas. Yo no lo creo, murió por un ideal. A Luther King aún le veneran por ello, de forma merecida, y a Chanel parecen enterrarla como a una modistilla…


Pocos son capaces de entender a Chalayan, ése hombre que quiere evitarse del cliché de “conceptual” pero sigue vendiendo limaduras de hierro (literalmente). Pero desde hace dos temporadas, el compañero arruinado de McQ, es el centro de todas las miradas. “Dale diez años” dicen en París, “Compra ahora y en cinco años vende Chalayan” es lo que dicen que especulan los hombres del traje gris y llega Carine Roitfeld, ve su traje conceptual, decide ir a la Semana De La Moda de París con un trench de látex y metal lacado en negro y Chalayan incrementa sus ventas en el diez por ciento. ¿Lo entienden? No, sólo lo aman.


Es triste, por supuesto. Pero es real. Las compradoras adoraron el nobautizado Birkin cuando vieron a Grace Kelly cubrirse el vientre con él, se apasionaron por aquel trench de Burberry cuando vieron a Jacqueline Kennedy luciéndole con el pañuelo Flora de Gucci en la cabeza y las gafas de carey y, perecieron ante cualquiera de los Balenciagas de Mona Von Bismarck. Eso es amor y no entendimiento. La moda no tiene nada que ver con la lógica, de hecho, recomiendan comprar cuando hay una crisis personal. Aunque, quizás sea eso más lógico que otra cosa. La moda no se entiende, no se explica, no se enseña, no se crea. La moda es cruel y eso es fascinante.

domingo, marzo 16, 2008

La Elegancia Despreocupada


Cuando hablan del legado o la cualidad de la elegancia, hablan de una actitud. De una forma de resultar elegante luciendo un caftán a orillas del mar o un sofisticado traje de noche en un cóctel de la Embajada. Capacidad de mimetización, capacidad para impactar. Algunos dicen que la elegancia es que no recuerden qué llevabas tras la velada o que nadie se gire al verte pasar porque “quien ríe, tiene razón”. Personalmente, no lo comparto. La elegancia es, primero, una forma de vida y, segundo, algo que todos quieren admirar.

Elegante es destacar. Quedarse en la retina en una fiesta llena de gente, lucir el consumido Petite Robe Noire como nadie, amar a las firmas y adorar a las “otras” firmas, conocer, comentar y cotillear en el mundo suburbano. Ahora, creo que no podría hablar de alguien elegante que no fuera yo. Quizás sea presuntuoso pero aparte de, los realmente elegantes anónimos, no viene un rostro a mi mente. Sólo Grace Kelly, Audrey Hepburn, Catherine Hepburn o Marlene Dietrich, Wallis Simpson o Mona Bismarck pero nadie actual. ¿Por qué será? Quizás por esa afición a los estilistas, especialmente al fenómeno Rachel Zoe, o por esa pasión devota a una firma que se la ve venir a la estrella, de turno y que no es estrella, carcomida vestida de Chanel o de Dior buscando una campaña, un resort, un anuncio o un mural cargado de logos en el que posar.

Es un fenómeno el de la elegancia que no se puede definir. Como mucho, ilustrar.

martes, marzo 11, 2008

La Casualidad


Hay quien dice que el hombre surge de la casualidad, para otros surge de un ente tan complejo que es difícil de narrar pero imposible de imaginar, lo cierto es que si el hombre viene de la casualidad grandes creaciones y grandes genios vienen de la pura casualidad, de la mano “negra” (o no) del destino, del puro azar o del bello tránsito predestinado del mundo. Muchas leyendas circulan acerca de cada creador, algunas relacionadas con la superstición, que si Monsieur Dior visitaba a un adivino, que si Yves Saint Laurent no salía de casa sin sus amuletos; que si la moda surge de la mirada furtiva del diseñador niño mirando el tocador o el vestidor de su madre o que si las más grandes de las creaciones aparecen por pura casualidad, como diría Valentino, tras una jornada ajetreada, tras mirar una flor o, vienen a la mente como una idea luminosa.


Es celebrado el Siglo de Chanel, inspiración y gran dama de la moda, pero ¿no fue Chanel producto de la pura casualidad? Quizás si nunca hubiese sido huérfana, o abandonada más bien, jamás hubiese aprendido a coser o no hubiese descubierto el privilegio del negro, oscuro, satinado, aterciopelado. Pero la vida de la casualidad de Chanel va más allá, la casualidad la hizo descubrir la moda; la casualidad la hizo crear un bolso mítico, el 2.55 porque “era, sencillamente, como las sillas de montar de los caballos” que tanto gustaban a Chanel. La casualidad hizo que Coco fuese Coco porque las únicas dos canciones que la aspirante a vedette sabía compartían la palabra Coco, mascota en francés, en sus enunciados. Chanel escogió el 5 para su mítica fragancia porque ese era el número que la había tocado al ser creada por la nez de la casa Chanel o, decidió crear un bolso con las pequeñas cadenas que usaba como pesos en sus creaciones. Una mujer nacida en la casualidad. ¡Hasta la casualidad la libró de la pena de muerte tras ser acusada de confraternizar con los nazis!


Christian Dior es otro creador de la casualité. Fue casualidad que se dedicase a la moda, entiéndase, Monsieur Dior ya había diseñado algunos disfraces en su niñez para sí mismo y miembros de su familia pero la posición de su familia le impedía dedicarse a su pasión, las artes. Dirigió y ostentó una galería de arte pero cuando su familias e arruinó, Monsieur Dior comenzó a pintar algunos bocetos de vestidos para ganarse la vida y comenzó como trabajador en la olvidada casa Lucien Lelong. Tanta casualidad se congregó en la leyenda de Dior que cuentan que el New Look surgió de su contrato con un fabricante de telas que le ofreció patrocinarle y mantenerle su maison si usaba la mayor cantidad de tela posible. La casualidad…



La casualidad es la madre de Elsa Schiaparelli, fue Poiret quien la descubrió probándose furtivamente un abrigo negro forrado de seda azul. Y así entró en el mundo de la moda. Ferragamo bebía una botella de vino cuando, se dio cuenta que podía utilizar tapones de corcho para crear el tacón de su nuevo zapato y leía una carta envuelta en cuerda cuando creo su mítica zapatilla de rejilla, en medio del racionamiento. Cuentan que fue Saint Laurent quien en París se paseó por la Rive Gauche del Sena y vio un grupo de betaniks y creó su línea y su colección y que, fue Versace quien al dar su casa enfrente de un burdel, descubrió su pasión por el exceso y que una mujer es más bella vestida que desnuda, pero con poca ropa y que grite ¡sexo! Cuentan que fue Audrey Hepburn quien descubrió a Givenchy porque era demasiado delgada, muy alta y grácilmente bella porque el diseñador no esperaba a nadie vestido con un sombrero de gondolero en su taller y que, tampoco iba a ser para Audrey el papel de Holly Golightly en “Desayuno con Diamantes”. Y luego en moda, se abre el capítulo de las top models, aquellas mujeres descubiertas entre la multitud.


Hijos de la casualidad, herencia para la moda. ¿Casualidad o predestinación?

domingo, marzo 09, 2008

El Prestigio


El prestigio en el mundo de la moda es sinónimo de calidad, una marca es prestigiosa cuando alcanza un status que, implica necesariamente prestigio. El status convierte a una marca en un ente responsable que hace que sus clientes sepan que, si visten algo firmado por esa marca, el lujoso encanto de la elegancia va a rodearles. Cuando dicen lujo, prestigio, moda y calidad sólo una marca viene a mi cabeza, para algunos será el malogrado Vuitton, para otros será Chanel, siempre icónico y para otros será Dior, la maison del pasado y del presente pero; para mí sólo puede ser Balenciaga. La única casa de moda con nombre propio en el mundo de la moda, la única maison con tradición, la única casa que ha dado un nombre con mayúsculas, un genio al que imitar, un hombre al que aplaudir. Eso es lujo y eso es prestigio.


Cuentan, y es verdad, que Balenciaga combinaba un rasgo altivo y un carácter austero y noble con la seriedad notoria, algunos dicen monjil pero yo digo, reflexiva y meticulosa; con la perfección exigible al arte que, era como él concebía la moda. Lo que dicen de Balenciaga era que no vendía ni creaba para quien él no considerase y que no prostituía sus colecciones por la comercialidad porque, él era un artista, un modisto, un genio y, los genios no pierden veleidades ya que sólo se dedican a pasar a la historia. Como Cristóbal Balenciaga.


El prestigio es dudar acerca de qué ponerte para una fiesta y, saber que “sólo se necesita un Balenciaga” para estar fabulosa. “Ponte un Balenciaga y, simplemente asistes” dicen y, si eso dicen, es verdad. Es, como diría Chanel, “si las amas de casa se ríen al verte pasar, pregúntate el porqué. Quien ríe tiene razón.” y, a veces llega a extremos preocupantes. Balenciaga confeccionó incluso unos pantalones de jardín para Mona Von Bismarck y, ella apareció como la mejor vestida del mundo y como ejemplo a seguir. Nadie se rió jamás de Balenciaga, ni de ninguno de sus modelos. Balenciaga podía ser excesivo, podía ser rompedor pero era, sobre todo, elegante.


El prestigio, es saber a quién vas a vender tus diseños. Saber cómo los van a llevar, quién los va a usar y dónde van a aparecer. Balenciaga no vendía a nadie a quien no creyese digno de su marca, de su nombre, de su sello. Balenciaga era un emporio, un maestro, el director de la orquesta que diría Dior o, el hombre al que todos seguimos. Balenciaga es un siglo de moda, Balenciaga es el rey. Aunque opacado por Dior y por Chanel.

viernes, marzo 07, 2008

La Top Model


Claudia es una mujer, una top, una modelo. Quizás la única. Pero lo que más me gusta de ella es cuando era joven, cuando parecía una marquesa joven vestida de Chanel, cuando era una niña que se escapaba con su amante cubierta de oro Chanel y de trajes de chaqueta, cuando era una joven rebelde y tiránica al mismo tiempo, su porte regio, su genialidad.

miércoles, marzo 05, 2008

El Pasado


Cuando la moda era otra cosa, cuando el pasado brillaba lujoso, opulento y decadente. Cuando no habñia nostalgia, había moda.

lunes, marzo 03, 2008

Preciosista Lanvin


A muchos les sorprende Elbaz en Lanvin, sus creaciones siempre son intimistas, dogmas de princesas, encantadoras y con el chic francés que caracteriza a la marca de la perfección y la femineidad. Lanvin es siempre una gran desconocida, una marca que en el pasado hizo mucho por las mujeres y que fue precursora de la dictadura de su majestad, el niño. Tras la explosión de color, de furia y de pasión llega el chic francés. Genial Alber.


Lanvin es el negro, negro de verdad. Negro del pasado de Balenciaga, negro aterciopelado, negro radiante. Negro luminoso.


Para la noche las propuestas de Elbaz son damas soberbias con toques rock, princesas desheredadas, actrices melancólicas. Todo vale pero no todas lo valen.


Preciosa la arrogancia del Petite Robe Noire de Alber Elbaz, la elegante decadencia del misticismo gótico cargado de lirismo, damas frías y miradas furtivas teñidas de negro. Negro espeso y denso.


Un guiño a los despóticos ochenta con sus femmes fatales radiantes con cuero negro y tacones de impresión. Aquella top llamada Nadja deambulando con fetichistas zapatos de tacón o el siempre excesivo Halston.


Grandiosos ochenta, grandiosas mujeres y grandioso Lanvin. Un derroche de ingenio.


El corte recto pero abombado que Albez ha demostrado que domina sin piedad vuelve a hacer maravillas con la tela pero ahora con una nueva textura, satinada y un nuevo color, la sobriedad del lujoso y opulento negro.


Las damas con reminiscencias góticas triunfan, seriedad, un halo sobrenatural y un aspecto tenebroso y lujurioso.


La Alta Sociedad vista por una verdadera elegante y no por una de esas damas que solo poseen dinero y no casta. Para Alber Elbaz, el negro es un privilegio, un juego, una vida y no un aburrido entretenimiento.


Si Chanel revisitase sus largos collares de perlas, viese el dorado como el nuevo negro y el más es más como la nueva consigna de Chanel, en sus años dorados, crearía esto. Todo dicho.


Es cierto que Alber Elbaz es un genio, un verdadero genio con tintes de dictador. Es un hombre grandioso, un mago de la moda, un tirano y un rupturista. Una colección que ha quemado París, ha vuelto a proclamar la genialidad de Elbaz y que revisita los ochenta, el gotiquismo, el lírico encanto parisino, la decadencia, el mundo del negro decadente, glorioso y opulento. Un Lanvin precioso.