Si la
carta de presentación de una persona es, en general, su ropa; podríamos considerar los zapatos como el verdadero punto a tener en cuenta, el
quid de la cuestión. De alguna son el ónfalos de la moda. Casi todas las mujeres se consideran adictas a los zapatos o, como poco, extremadamente tentadas por esos pares de tiras, cuero y tacón que gritan
sexo cada vez que los miras.
Pero si bien uno puede disfrazarse de cualquiera con un poco -
o un mucho- de dinero, los zapatos suelen sacar nuestro
verdadero yo. Precisamente, ése que nos esforzamos por esconder con
promesas. Los zapatos suelen ser una suerte de coup de grace de cualquier combinación y, al mismo tiempo, el punto más revelador de la geología del armario. Son una mezcla entre la selección
canina y la equina. Los
purasangre de Bally son para la
Costa Este como los
esbeltos italianos de Tod´s son para San Francisco o California antes de llegar a Palm Beach y después de visitar los locales de peor gusto. Ferragamo es para los
galgos con casta y Jimmy Choo para los
caniches a lo Paris Hilton. Prada, Miu Miu e YSL para fashionistas con
gatos. Roger Vivier para
Lahsa Apso. Y Dior para un
perro inglés. El
sofisticado mocasín es para los hombres de negocios de vacaciones que lo acompañan con un polo de
Ralph Lauren, un pantalón chino y el
pelo engominado. Para ellas con vaquero y blusa de rayas azules y, quizás, jersey anudado sobre los hombros. Los
Tod´s se quedaron para siempre en la anécdota de porqué un zapato,
falso, caro y feo puede ser el más vendido año tras año y ya, todo el mundo sabe que si no valen lo que cuestan, uno siempre está dispuesto a pagar lo que valen.
Ferragamo es para las señoras que almuerzan con vestido de cóctel, besos al aire y demás
parafernalia. Esas que por la noche leen Vogue o esperan en Antonio´s y por la mañana se hacen las tontas con su marido (y sus amantes).
Jimmy Choo es para la mutación entre
Paris Hilton y niñas ricas-pijas-bien de Nueva York.
Manolo quedó consagrado a las fashionistas recatadas y urbanitas, s
exy pero con carácter y con ese punto chica mala de tacones de diez centímetros que rasgan el -
peor- asfalto del mundo y la peor pista magnética del universo:
la Quinta Avenida. Los zapatos italianos que se
autodestruyen tras ser expuestos una vez al asfalto o que
combustionan -
caídos en desgracia- la temporada siguiente no son para perros. Con ellos no se puede correr. Son para gatos. De esos entre altivos y amarrados a la angustia. De esas dueñas que no saben si quieren ser
Holly con su
"cat" named "cat" o crear su propia historia en la que ellas son las damas a las que una suerte de Lancelot recoge.
Pretty Woman...
Las señoras que siempre pertenecieron al club de la -aburrida- (fascinante) !decadente! alta sociedad calzan algo de lo que sus madres estuvieron orgullosas. Un cuidado código que dice que
su árbol genealógico no miente,
sus zapatos lo confirman. Impecables y alejados de toda tendencia permanecen impolutos pero sin
arribismos. Pasando domingos en la campiña cercana a París y sábados en la ciudad. Aguardando en el atasco mientras el chófer la busca y firmando la chequera en Dior. Y visitas al
Père Lachaise.Dior y Chanel para otro tipo de mujer. Una glamoamazona urbana. Abogada, periodista, artista que pasea por los desfiles de París en septiembre y por el
despacho entre las ocho y las nueve. De esas que combinan el bolso de Hermés con los últimos vaqueros que fotografió
Garancé Doré. De esas de las que pende el
Muse de Yves Saint Laurent y el jersey de mohair. De esas que huelen a
Nº5 y a copas el viernes por la noche.
¿Y las chicas de esmalte rojo, zapatos rosa, tacón empedrado y bermudas de raso morado?¿Dónde quedan ellas?Hagan juego, damas y caballeros.
Ya hemos quemado las negras... porque la vida es rosa.