viernes, julio 10, 2009

Pequeños Placeres


  1. Enterrar la mano en la arena de la playa
  2. Comer un helado de fresa silvestre
  3. Caffé Latte

miércoles, julio 08, 2009

Eterno Retorno


Ellas han venido para salvarnos de una superconspiración secreta descubiertas por los integrantes de la nave espacial JPG-HC. Se pasean por las calles como gente normal pero, ¿son chicas normales?


Cronoviajeras fáciles de desenmascarar por su amor incondicional al uniforme. Desde su observador, miran a la Tierra y no tienen muy claro cómo pasar desapercibidas. ¿De negro, de moderno, de egologero, de Carine Roitfeld?


Y escojen el tono sobrio con un sabor antiguo. Severas, distinguidas, exquisitas, sobrias y, sobre todo, tremendamente sofisticadas. Capitana y coronel. Un deje de mando en la voz, mano dura y disciplina militar. Paso largo, controlado, rítmico, poderoso.


Camufladas entre la sociedad aún descubren sus manías. Monos militares y de reparación de alta tecnología. Actitud paranoica y manía perseguidora. ¿Llegará lady X antes del fin del mundo?



¿O se rendirá ante los corceles del Apocalipsis?


Si todo está preparado para la cuenta atrás, ¿qué hacen ellas todavía aquí?, ¿No deberían volver a su nave y ponerse a salvo?


Probablemente sí pero, sin saber si la tierra está salvada prefieren arriesgarse. Se han dado cuenta de algo, de muchas cosas, de tantas cosas...


Que decide quedarse y unir su destino al del mundo que vino a salvar o destruir sin saber muy bien porqué.


Sin saber si enlutarse...


Si combatir...


Si despedirse...


Si arrepentirse de su decisión y, al final se da cuenta: ha hecho bien.


Hay que tener confianza, de una divina raza están hechos los humanos.

Mármol De Carne, Hueso Y Seda


Las mujeres de Chanel son ninfas irreales. Pertenecen a otro plano, a otro ámbito, a otro espacio y a otro tiempo que se antoja irreal a los mortales. Emparentadas quizás con las Venus impúdicas de Praxíteles respiran esa sensualidad delicada, esa placidez mórbida, esa belleza serena y delicada que, poco tiene que ver con la divinidad, pero que es, irremediablemente, olímpica. O, quizás con las deliciosas ninfas prerrafaelitas que departían bajo veladuras de seda y rimaban con Safo.


Se antojan de otro mundo. Quizás ahí reside su atractivo. Totalmente trascendentes y, al mismo tiempo gélidamente mortales, insufriblemente frágiles casi vulnerables. Damas con una coraza de cristal.


Ángeles de la guardia que custodian el destino de los mortales cada década de la historia. Mirando, desde arriba, abajo y ambos lados. Cruzando como desconocidos al mismo tiempo que los otros hombres. Contemplando cómo gira el mundo y el tiempo pasa.


Peinando sus cabellos en el mismo lago dónde Narciso ahogó sus amores, bajo la montaña por la que Sísifo rodaba, contemplando el mismo cielo que ícaro cruzó con sus alas de cera, bajo el mismo sol que amaneció al principio de los tiempos, con la luna de fondo que construyó Semele.


Paseando entre lo que queda de los laureles aquellos de las metamorfosis, cantando entre sátiros y musas, bailando con la Gracia y la Belleza, nadando en las espumas de Afrodita, acompañada de Diana y Artemisa, custodiada por Hares, deseando no encontrarse con Hel por el Nifltheim.


Charlando con Freya, aquella de las manzanas de oro y el Asgaard de las tierras frias como el hielo. Conectada con el reverdecer del fresno del mundo, girando las vueltas del tiempo que da Cronos.


Sin saber qué parte es principio y qué parte es final. Ella es inmemorial.

Como sus hermanas las valquirias que deambulan por el Valhalla esperando, con hidromiel, la batalla del fin de los tiempos bajo la atenta mirada de Odín.


Mientras ven erigirse y caer imperios. Considerando las preocupaciones de los mortales curiosos devaneos que da el disfrutar de tanto tiempo. Caminando con paso seguro en las líneas del destino que un día tejieron las nornas con hilo de seda.


Mientras los mortales mueren y su sangre mancha sus vestidos. Protegidos y castigados, quizás reencarnados pero siempre elegidos y controlados por ella y su familia. Por ellas.


Hermosas criaturas sacadas de las leyendas más antiguas. Aquellas tejidas con hebras de realidad y fantasía. Aquellas que compartieron monte con los dioses y los humanos.


Aquellas que vieron a Prometeo entregar el secreto del fuego.


Quizás hermanas de las cariátides que contemplan la colina de los dioses, ahora ya petrificadas.


Testigos de lo que un día fue, es y volverá a ser sin que seamos conscientes.


Quizás...

martes, julio 07, 2009

Muerte


Niñas que pasan a mujeres, hijas que pasan a devotas sacerdotisas, hermanas que pasan con dote a otro hombre, bailarinas y oros para la esposa del marajá y luego muerte.


India. Diosas que saben a muerte y a destrucción. Brazos cuajados de brazaletes. Oro. Pobreza sin miseria. Colores. Olores penetrantes. El Ganges.


Purificación. Fuego. Magia. Misterio. Castas. Parias. Brahma. Khali. Destrucción. Regeneración. Llanto. Sangre. Muerte.


Caos alrededor.


Mientras los dioses miran el destino de los mortales y contemplan extasiados sus fuerzas y debilidades.


Desde lo alto. Impasibles. Pronto muertos, casi petrificados pero hermosos.


Llega la muerte. De blanco. En Oriente.

Lujo, Sobriedad, Sexo


Hay veces en las que uno no sabe qué decir.


La situación de Lacroix recuerda terriblemente, como su colección, a aquella serie de princesas, condesas y duquesas rusas tras la toma del palacio de invierno en el 17 y el cambio de valores. De nobiliario azul a leninista rojo.


Deliciosamente bellas, magníficamente elegantes, divinamente exquisitas, genialmente interesantes, fascinantemente delicadas, delirantemente educadas y decadentes. Sobre todo decadentes.


Todas sus virtudes no detuvieron su declive. Lo acrecentaron. Eran muñecas de porcelana en medio de un terremoto. Piezas de cristal en medio de la tormenta de arena. Carne entre el cuchillo.


Y ni su exilio frenó la decadencia. Las afortunadas casaderas contrajeron matrimonio con burgueses que las colgaban de su brazo como curiosos jarrones. Aquellas damas, éstas mujeres...


Y su grandeza quedó eclipsada. Y ni todas las Rusias pudieron hacer nada para aquellas damas que vivían en una bola de cristal que un día hizo crack.


Demostrando que la sangre azul es un mito. La sangre es roja para todos los mortales sin importar cuál es su cuna.

Sirenas De NY, Princesas De Armani


Las ejecutivas de Armani son serias urbanitas con inclinaciones artísticas. Sexys pero cosmopolitas, elegantes pero no divas, resplandecientes pero no apocalípticas Elegancia discreta y contenida que no necesita rabiar para resultar atractiva. Ni son damiselas por rescatar ni provocativas fashion victims de las de resaca y café de Starbucks.


Las señoras de Armani son señoras. Ya no necesitan emborracharse para disfrutar ni viernes por la noche es sinónimo de exceso. Tampoco malviven para comprarse el último tote de Prada ni caminan a saltitos por usar las últimas plataformas de Balenciaga por Ghesquiére.


Desde luego son más Prada que Miu Miu y más Barney´s que Net á Porter. Son más Earl Grey que frappuccino de moca y más Nº5 que Miss Dior Cherie. Más Cartier que Tiffany y más stiletto que botín peep toe. Son más Desayuno con Diamantes que Pretty Woman y más Sex and the City que Gossip Girl.


Prefieren buscar socio a marido y prefieren sexo sin amor a amor sin sexo. Vacaciones en las Maldivas antes que en Cerdeña y Venecia antes que Roma. Lo suyo es desconectar pero bajar a la piscina con la Palm. Quizás cócteles de colores con sombrillas de vez en cuando pero gin tonic habitualmente y, desde luego, más vestidito negro que descosidos by Wang -agh-.


Si creen en algún cuento de hadas no es en el de Cenicienta. Desde luego tampoco en la Bella Durmiente. Si ellas creen en the good and clasic fairy tale es más bien porque ellas pueden ser la protagonista. Sin ser novia en la boda y muerto en el entierro. Feminista, puede. Melancólica, no suele. En armonía, más bien no pero ustedes no saben que un nightdress de Armani une cuerpo y alma. O eso dice ella.


Quizás la guste tanto Armani porque sus trajes siempre se sabe que son de Armani y, al mismo tiempo la permiten ser ella. Se sabe el precio sin mirar la etiqueta e indican que uno es miembro del selecto club que no figura en registros y en el que no hay invitados: sólo pactos de sangre y otros sellados con anillos de Chopard y trajes de Chanel y Savile Row.

lunes, julio 06, 2009

Madame La Querida


Marina, Marguerite y Mimi tienen en común a su marido que, como sus nombres empieza por “m”. El armario de cada una de ellas se componía de las mismas prendas pero de diferentes allures. Si era Karl Lagerfeld para Chanel el que confeccionaba los belicosos petite robes noires con los que Marina se deslizaba por los salones de baile y los restaurantes para el almuerzo mientras besaba a su marido tímidamente en la mejilla pasaron a convertirse en sofisticados conjuntos de Prada con los que Marguerite visitaba las galerías de la zona centro de París y compraba magdalenas y zapatos a partes iguales en Le Marais los viernes por la tarde y, más tarde a sexuales saltos de cama que Mimi lucía en la intimidad.


En esas cuatro paredes tan pequeñas o tan grandes que conformaban el dormitorio. A medida que los años pasaban y las esposas se sucedían, Monsieur M diversificaba sus amantes y sus regalos a mujeres cada vez más… interesantes. Sí, interesantes es la palabra adecuada. Si el anillo de Marina fue un delicado diamante de Tiffany sustituido por otro algo mayor con el primer ascenso, el de Marguerite fue un rotundo solitario que completó al juego de collar, pulsera y pendientes de antes de firmar el divorcio. El de Mimi era de Dior y estallaba en colores y provocaciones. Corazón sangrante.


Si antes las mujeres se vestían por los pies, ahora Mimi empezó por aprender a usar el liguero y luego dio el salto al strapless de Monsieur John. Ahora, tercera esposa de Monsieur Marido M debe ser más respetable. Ya no puedo pasearse con una gabardina sin-nada-más y una botella de champán. Ahora necesita un poco más.


Grandes dosis de… encanto regadas con talones que firma su marido. Su infiel marido que le obliga a ser fiel a Dior. Y John Galliano sonríe. Las suyas ni son las putas de Versace ni las trabajadoras de Armani. Las suyas no son las señoras de Chanel, las praditas de Miuccia, las fashion victims de Balenciaga o las trendsetters pre-post burning de Alexander Wang.


Las suyas son esas damas que se contonean ante su marido. Las dio trabajo conseguirle y ahora quieren retenerle el tiempo suficiente hasta desplumarle o, encontrar a una gallina más gorda y más vieja o un gallo más joven y reluciente.


Primero en ligueros, luego en traje sastre y finalmente de novias -casi- virginales. Siempre con el rojo fuego que reza que son peligrosas, más de lo que imaginas.


No las aceptan en el club social, Marina y sus amigas, ahora desoladas tras saber que Monsieur M no era más que otro miembro del club de los canallas quizás líder de próximas fugas de sus maridos, la repudian. No forma parte del Todo París cosmopolita de Marguerite. No es bien recibida en Colette y no acudirá a la presentación de los últimos grabados de Zorn.


Mimi ya no puede verse con aquellas rubitas escandalosas que alquilaban una casa barata en los Haptons en Misery Street con la esperanza de encontrar o un buen partido o un buen amante. Ellas ya sabían que no se puede tener todo pero, si hay que escoger, penas con Dior son menos penas que con Topshop.


Tampoco forma parte de la élite de ninguna secta de la Alta Sociedad. Sólo la queda tirar de talonario o aparentarlo.


Y, llega John y conquista su corazón. Aún son jóvenes sus propuestas, no son demasiado arriesgadas y están reconocidas. Sus delirios se acallan bajo el nombre de Monsieur Dior y sigue siendo una de las casas más respetadas de Francia. Vogue USA siempre lo aclama y en París siguen besando sus pies deseando escapar de la ciudad de la luz colgando de un racimo de globos de colores tras correr por las calles en bicicleta.


Aunque ella siempre será una querida. Y París no es la vieja madre patria.

viernes, julio 03, 2009

Simplemente Verano


Sol


Ella


Recuerdos


De repente...


Se pierde


Se encuentra


A mil kilómetros de cualquie sitio


Y en todos ellos sin estarlo


Sin hogar


Tampoco quiere que el viaje se quede en recuerdos


Se queda


Allí para siempre. Sin final.

jueves, julio 02, 2009

El Quid De La Questión


Si la carta de presentación de una persona es, en general, su ropa; podríamos considerar los zapatos como el verdadero punto a tener en cuenta, el quid de la cuestión. De alguna son el ónfalos de la moda. Casi todas las mujeres se consideran adictas a los zapatos o, como poco, extremadamente tentadas por esos pares de tiras, cuero y tacón que gritan sexo cada vez que los miras.

Pero si bien uno puede disfrazarse de cualquiera con un poco -o un mucho- de dinero, los zapatos suelen sacar nuestro verdadero yo. Precisamente, ése que nos esforzamos por esconder con promesas.

Los zapatos suelen ser una suerte de coup de grace de cualquier combinación y, al mismo tiempo, el punto más revelador de la geología del armario. Son una mezcla entre la selección canina y la equina.

Los purasangre de Bally son para la Costa Este como los esbeltos italianos de Tod´s son para San Francisco o California antes de llegar a Palm Beach y después de visitar los locales de peor gusto. Ferragamo es para los galgos con casta y Jimmy Choo para los caniches a lo Paris Hilton. Prada, Miu Miu e YSL para fashionistas con gatos. Roger Vivier para Lahsa Apso. Y Dior para un perro inglés.

El sofisticado mocasín es para los hombres de negocios de vacaciones que lo acompañan con un polo de Ralph Lauren, un pantalón chino y el pelo engominado. Para ellas con vaquero y blusa de rayas azules y, quizás, jersey anudado sobre los hombros. Los Tod´s se quedaron para siempre en la anécdota de porqué un zapato, falso, caro y feo puede ser el más vendido año tras año y ya, todo el mundo sabe que si no valen lo que cuestan, uno siempre está dispuesto a pagar lo que valen.

Ferragamo es para las señoras que almuerzan con vestido de cóctel, besos al aire y demás parafernalia. Esas que por la noche leen Vogue o esperan en Antonio´s y por la mañana se hacen las tontas con su marido (y sus amantes). Jimmy Choo es para la mutación entre Paris Hilton y niñas ricas-pijas-bien de Nueva York. Manolo quedó consagrado a las fashionistas recatadas y urbanitas, sexy pero con carácter y con ese punto chica mala de tacones de diez centímetros que rasgan el -peor- asfalto del mundo y la peor pista magnética del universo: la Quinta Avenida.

Los zapatos italianos que se autodestruyen tras ser expuestos una vez al asfalto o que combustionan -caídos en desgracia- la temporada siguiente no son para perros. Con ellos no se puede correr. Son para gatos. De esos entre altivos y amarrados a la angustia. De esas dueñas que no saben si quieren ser Holly con su "cat" named "cat" o crear su propia historia en la que ellas son las damas a las que una suerte de Lancelot recoge. Pretty Woman...

Las señoras que siempre pertenecieron al club de la -aburrida- (fascinante) !decadente! alta sociedad calzan algo de lo que sus madres estuvieron orgullosas. Un cuidado código que dice que su árbol genealógico no miente, sus zapatos lo confirman. Impecables y alejados de toda tendencia permanecen impolutos pero sin arribismos. Pasando domingos en la campiña cercana a París y sábados en la ciudad. Aguardando en el atasco mientras el chófer la busca y firmando la chequera en Dior. Y visitas al Père Lachaise.

Dior y Chanel para otro tipo de mujer. Una glamoamazona urbana. Abogada, periodista, artista que pasea por los desfiles de París en septiembre y por el despacho entre las ocho y las nueve. De esas que combinan el bolso de Hermés con los últimos vaqueros que fotografió Garancé Doré. De esas de las que pende el Muse de Yves Saint Laurent y el jersey de mohair. De esas que huelen a Nº5 y a copas el viernes por la noche.

¿Y las chicas de esmalte rojo, zapatos rosa, tacón empedrado y bermudas de raso morado?
¿Dónde quedan ellas?

Hagan juego, damas y caballeros.
Ya hemos quemado las negras... porque la vida es rosa.


lunes, junio 29, 2009

Las Bicicletas Son Para El Verano


Las bicicletas son para el verano igual que los amores que no acaban rompiendo el corazón.

Uno sólo puede reflexionar sobre el amor subido a una escalera.

Uno sólo puede ser feliz con una cabra que toca el violín.

Uno sólo puede ser feliz de muchas formas.